
PEDRO DE LA GASCA
Año del Señor de 1552, en la Ciudad de los Reyes Pedro de la Gasca lleva toda la noche escribiendo. La lámpara de aceite ilumina su mesa mientras, afuera, Lima respira con un rumor de mar y polvo. Con su “Descripción del Perú” trata de plasmar un mundo que todavía tiembla entre montañas, ríos y memorias rotas bajo el sol implacable de los Andes. Sobre el papel, el Perú se despliega como un cuerpo inmenso: la costa es una franja árida donde el desierto parece murmurar antiguas advertencias, las montañas se alzan ignotas y, más allá, la selva respira






