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Del pacto del norte de África a la derrota de don Rodrigo

  • José Carlos Sacristán Abad
  • 31/01/2025
  • 2 comentarios
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Tariq ben Ziyad

Podemos intuir que los musulmanes que llegaron al norte de África fueron respetuosos con los oligarcas locales, y de aquí nacería el pacto de colaboración con Tariq ben Ziyad que culminaría en el desembarco y concluiría en la pérdida de España y el comienzo de al-Andalus.

El control del Estrecho estaba en manos del godo Julián al-Gumari cuya sede se inició en Tánger. Éste llegó a un acuerdo, en el año 682, con Uqba ben Nafi; en virtud del cual se le respetaba su estructura de gobierno sin que la integridad de España se viese amenazada. La cosa cambió cuando Musa ocupa Tánger y Julián se ve obligado a cambiarse a Septem (Ceuta). Es en este momento cuando Julián se muestra colaboracionista con los musulmanes frente a su señor natural don Rodrigo.

Los motivos del cambio no están claros, pudieron ser: roces con su monarca, presiones de Tariq, el deseo de controlar la actividad comercial del Estrecho, etcétera. Lo cierto es que firmaron un pacto (´ahd) por el que Julián se comprometía a la entrega de rehenes, el pago de un tributo y prestar ayuda frente a terceros, en este caso España, a cambio de mantener la posición de la que disfrutaba.

La duda de si Julián cumpliría con el pacto, sería el motivo por el que Musa le pidió, como prueba de lealtad, dirigir una expedición contra España. Ésta se produjo en el año 709 con el desembarco en Algeciras, que daría paso a otra el siguiente año, dirigida por Tarif ben Malluk con 400 infantes y 100 jinetes en la que saqueó Tarifa y Algeciras.

Como la incursión fue fácil, Musa puso en marcha otra expedición al mando de Tarif ben Ziyad, con 7.000 hombres ― principalmente bereberes ― aprovechando los cuatro barcos que tenía Julián, comenzando el transporte en Ceuta en abril de 711, y se prolongó durante casi un mes y medio. El punto de llegada sería Yabal Tariq (Gibraltar).

Don Rodrigo

Sorprende que un proceso tan lento no levantase sospechas en la bahía de Algeciras. La verdad es que el señor de Ceuta lo era también de Algeciras y por este lado quedaría justificada. La cuestión es que el total de tropas incorporadas a la Península llegó a los 12.000 hombres. Durante los primeros días los musulmanes se dedicaron a estudiar y tomar información de las poblaciones de la zona, a través de algazúas ―actos de saqueo sobre las nuevas tierras invadidas ―, sobre todo en Tarifa, Barbate, Chiclana y los alrededores de Cádiz. De igual manera, se produjeron en la dirección hacia la sierra y en la que enlazaba con Málaga (Arcos de la Frontera, Medina Sidonia, Alcalá de los Gazules). Estas noticias llegaron a don Rodrigo que en esos momentos se encontraba guerreando con los vascones.

El peligro que suponía la incursión le obligó a desplazarse a la zona con un ejército visigodo de 30.000 hombres que serían derrotados el 19 de julio de 711, ante la traición de los hijos de Witiza que habían prometido a Tariq ben Ziyad prestarle ayuda a cambio de que este les confirmase la propiedad de las posesiones de su padre en España; se desbandaron en el momento crucial de la batalla dejando solo al monarca con sus seguidores. La invasión musulmana no se debió en exclusiva a la deserción de los hijos de Witiza, a esto hay que sumar la indiferencia de la población goda y la ayuda que también prestaron los judíos.

La noticia de la victoria llegó rauda al norte de África, lo que provocó que un importante número de bereberes se alistase al ejército de Tariq con la intención de hacer fortuna.

Arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada

El avance por la Península se produjo alternando los cauces de los ríos con las antiguas calzadas romanas, así llegaron hasta Osuna y Écija. En esta ciudad se habían refugiado los supervivientes del ejército visigodo y se produjo un segundo enfrentamiento con una nueva derrota. Esto marcó la capitulación de Écija y aquí comenzó la verdadera conquista de España. Tariq conquistó Córdoba por sorpresa y, tres meses después, rompió la resistencia que unos nobles visigodos tenían en la iglesia-fortaleza de San Acisclo; este episodio queda recogido con precisión en por historiador y arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada en su Historia de rebus Hispaniae.

Otro destacamento avanzó hacia el norte, para llegar a Toledo, ascender a Guadalajara, alcanzar León y Astorga, y descender de nuevo a la capital visigoda.

Los importantes avances de Tariq, con las noticias de los cuantiosos botines obtenidos, hicieron que Musa quisiera intervenir personalmente, cosa que hizo en 712 con un ejército de 18.000 hombres ― la mayoría árabes ―. De esta forma establecía su autoridad en su calidad de gobernador de Ifriquiya-Magreb.

Musa

La primera decisión de Musa fue la de convocar una asamblea para recabar información y planificar las acciones venideras. Su expedición partió de Algeciras y continuó por Medina Sidonia, Carmona, Sevilla y Mérida. En la comarca de Toledo, Musa y Tariq unifican el ejército de árabes y bereberes y continúan la ocupación del Valle del Ebro, Asturias y Galicia sin encontrar grandes resistencias. El hijo de Musa, Abd al-Aziz, partió hacia el sur y ocupó Málaga, Granada y Murcia, firmó el 5 de abril de 713 un pacto con el godo Teodomiro, el documento diplomático más antiguo conservado de la historia de al-Andalus, mediante el cual Teodomiro aceptaba la ocupación a cambio de su autonomía y las de sus súbditos, así como la de sus posesiones y religión.

En menos de tres años, la casi totalidad de la Península estaba en manos del islam, pero los protagonistas de la gesta, fueron llamados a rendir cuentas frente al Califa de Damasco al-Walid (714), éstos no volvieron a regresar a al-Andalus.

José Carlos Sacristán

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