Erupción del Timanfaya (1 de septiembre de 1730)

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Mucho de nuestros lectores habrán viajado a las Islas Canarias para pasar algunos días de agradable asueto. Seguramente, bastantes de ellos, habrán aprovechado para hacer una visita rápida a la isla de Lanzarote y observar sus maravillosas vistas. En un mundo acelerado, pocos habrán prestado atención a las apresuradas explicaciones del guía electrónico de turno y el caso es que los paisajes que hemos podido admirar, son relativamente recientes. A principios del siglo XVIII, la fisonomía de la isla era muy distinta, la zona que hoy vemos como la más verde, era en aquellos momentos la mas árida y lo que hoy vemos como llanuras torturadas dignas de una película de ciencia ficción, eran en aquel momento lo más fértil de la isla. Todo el cambio se produjo debido a la erupción volcánica de 1730 y conocemos los detalles del acontecimiento gracias a las descripciones dejadas por un humilde párroco de la localidad de Yaiza.

La historia de Lanzarote fue bastante placida. El primer europeo del que se conoce documentalmente su arribada a la isla fue Lancelotto Mallocello, genovés, probablemente a las ordenes de la corona portuguesa, que en la década de 1330 desembarcó en sus costas, construyóo un castillo y permaneció ahí alrededor de veinte años. El nombre actual de la isla procede del nombre del explorador.

Medio siglo más tarde, en 1402, el normando Jean de Bethencour, desembarca en la isla, esta vez a las ordenes de Castilla, para establecer una base regular en la carrera para encontrar un camino marítimo hacia el país de las especies. La isla de Lanzarote no tuvo finalmente ningún impacto en aquella carrera y fue la Gomera que utilizó Colon en su viaje de descubrimiento de América. La economía de la isla transcurrió tranquilamente basada en la agricultura, la pesca y la ganadería caprina. Hasta 1730.

El 1 de septiembre de este año, cerca de Yaiza, entre las 9 y las diez, se abrió la tierra y una enorme lengua de lava se abrió paso hacia el mar, arrasando lo que hasta hacia poco eran campos de cultivo. Era solo el comienzo. Una serie de erupciones volcánicas se sucedieron hasta el 17 de abril de 1736. Fueron seis años durante los cuales se transformó totalmente la superficie de la isla y se formaron las bases para el turismo actual, pero para los habitantes de aquellos años, fue una pesadilla de la cual poco se sabría, dada la marginalidad de la isla, sino fuera por el registro excepcional de un humilde párroco de aldea.

En 1730, al frente de la parroquia de Yaiza se encontraba Don Andrés Lorenzo Curbelo Perdomo. En la historiografía actual que nos venden los progres de hoy en día, un cura párroco era un ser atrasado y que no sabía nada más que de ritos católicos. Nada más lejos de la realidad. Incluso el más humilde párroco debía ser capaz de leer y escribir, pues entre sus competencias se encontraba la del registro de bautizos, bodas y defunciones, además de infinidad de documentos legales derivados de los testamentos.

Poco sabemos de Andres, pero lo cierto es que era un relator escrupuloso y de curiosidad extendida. Nos dejó un documento muy preciso con la descripción de lo sucedido durante el periodo 1730 y 1731, cuando se embarcó con sus feligreses hacia Gran Canaria, ya que todo el mundo daba por imposible toda actividad humana en la isla de Lanzarote. Posteriormente volvió en 1740 y se estableció en Haria.

Su relación fue encontrada posteriormente por Leopoldo de Buch en Santa Cruz de Tenerife y es una mezcla de finos detalles técnicos y análisis anímico de las personas que sufrieron el cataclismo. En ella se detalla día a día los acontecimientos principales con abundantes datos. Insistimos. No era la obra de un iletrado, sino la de una persona con conocimientos técnicos y formacion adecuada que daba siempre explicaciones científicas a lo que sucedió y sin prestar la menor atención a intervenciones diabólicas, a las cuales eran tan aficionados tanto ciertos escritores civiles como muchos predicadores protestantes.

Como hemos dicho, en 1736, las erupciones cesaron y Lanzarote quedó prácticamente con la fisonomía que hoy podemos admirar y que a partir de la década de 1960 es la fuente de su riqueza. EL turismo.

Sirvan estas líneas de homenaje a aquellos lejanos curas del siglo XVIII, que lucharon contra la incultura y tan poco reconocimiento tienen hoy en día.

Manuel de Francisco Fabre

https://es.wikipedia.org/wiki/Parque_nacional_de_Timanfaya

https://www.miteco.gob.es/es/red-parques-nacionales/nuestros-parques/timanfaya/historia/default.aspx

http://www.historiadeharia.com/HISTORIA/Berriel/Andres-Lorenzo-1.htm

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1 thought on “Erupción del Timanfaya (1 de septiembre de 1730)”

  1. Muy acertada la propuesta del Sr. de Francisco de poner en valor la preparación de aquellos curas. Mucho me temo que más de uno….y de dos de los que les menosprecian tengan una preparación siquiera parecid a la de aquéllos,

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