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IX. A. Isabel la Católica como mujer

  • admin
  • 15/07/2026
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La forja de una mujer:

Para conocer a una persona, su carácter, su personalidad, su forma de actuar, es necesario bucear e indagar en qué circunstancias nace, cómo va creciendo, evolucionando, qué personajes la rodean, en qué ambiente se desarrolla, cómo es su entorno y en qué momento histórico vive.

Para conocer a esta enigmática mujer voy a intentar ir tirando de esta amalgama de hilos que configuró su forma de ser como mujer.

Isabel nace un 22 de abril de 1451 en el extremo norte de la provincia de Ávila, en la comarca de la Moraña, terreno llano agrícola y de secano, Madrigal de las altas Torres que haciendo honor a su nombre está rodeada de altas murallas y torres.

Nació en el Palacio Real de Juan II de Castilla (su padre) y de su segunda esposa Isabel de Braganza, pero, llegado el momento de su nacimiento… ¡oh decepción! ellos deseaban un niño y les nació una niña ya que por el asunto sucesorio necesitaban un varón, aunque ni el rey ni la reina ni los cortesanos hubiesen podido soñar para la infanta recién nacida horizontes más majestuosos y un futuro tan deslumbrante y universal en los años venideros…

Libro de Horas de la reina

Además de haber sido una decepción su nacimiento, sobre todo por parte paterna, lo hizo en una tierra dividida, sin paz, de costumbres relajadas.

Quedó huérfana de padre a los 3 años y su madre comienza con un profundo declive emocional y mental que Isabel tuvo que vivir y asimilar en soledad.

Junto a su madre y hermano Alfonso, dos años y medio menor que ella, fueron trasladados al Señorío de Arévalo lejos de la corte y comodidades de la vida palaciega, rodeada de muros de piedra y campos silenciosos, creciendo con bastante sencillez y austeridad.

Observa desde muy pequeña en los ojos de su madre la melancolía, la ausencia, la soledad. Isabel, ante esta situación, lleva a cabo estrategias buscando refugio en su profunda fe, pidiendo día a día sabiduría, fuerza y valor.

Quizás, a una edad algo menos temprana, escribiese esta piadosa oración pidiendo al Señor valentía para superar el miedo:

 “Tengo miedo, Señor,

 de tener miedo

 y no saber luchar.

Tengo miedo, Señor,

de tener miedo

y poderte negar.

 Yo te pido, Señor

que en tu grandeza

no te olvides de mí

y me des con tu amor

la fortaleza para

morir por Ti.”

En Arévalo recibió una esmerada educación, aunque sencilla en comparación con la educación cortesana habitual, y marcada por la piedad y una vida austera. Si bien su madre en principio se encargó de su educación, la figura de Gonzalo Chacón fue fundamental en su formación y crianza, siendo considerado como un preceptor de absoluta confianza en el círculo de la infanta. Esta etapa en Arévalo que duró desde los 3 a los 10 años fue crucial para formar el carácter de la futura mujer y reina.

Castillo de Arévalo

Su educación estuvo principalmente enfocada al gobierno, a desarrollar una profunda vida religiosa, a dar valor a la justicia, la misericordia, la valentía, la firmeza para la toma de decisiones, proporcionándole todo esto una gran fuerza interior.

Montaba a caballo y cazaba, muy aficionada a la gramática, la filosofía, la retórica, el arte, la arquitectura, gran conocedora de su historia y la historia de los distintos reinos y hasta llegó a aprender latín para tener conocimiento de lo que firmaba.

Estos antecedentes de su infancia y juventud le forjaron un perfil psicológico en sus comienzos como niña, una notable timidez e introversión, guardando en su corazón las tristes vivencias de su infancia que fue superando con una excepcional inteligencia, una profunda piedad religiosa y gran valor ante las adversidades.

Si nos basamos en crónicas de la época y modernos estudios históricos, se pueden deducir los siguientes rasgos:

Mujer inteligente que demostró ser una astuta estratega e implacable en la toma de decisiones políticas y unificación del reino.

Fuerte sentido de la responsabilidad, del deber, gran serenidad y dignidad.

Firmeza y piedad. Educada en su saber estar, con fuerte carácter para superar los retos de su reinado y el hándicap de su condición femenina.

Honesta y pudorosa, distanciándose de las relajadas costumbres de la corte de su medio hermano el rey Enrique IV.

Apasionada, temperamental, emotiva, sensible, responsable. Sufrió celos por las infidelidades de su esposo Fernando de Aragón y se implicó personalmente en la crianza de sus hijos.

Comprometida y consecuente ante el poder y la toma de decisiones, y con las necesidades de los más desvalidos, con el pueblo llano.

Como podemos apreciar evolucionó de ser una niña tímida en Arévalo a una líder con firme decisión, comprometida…, cambiando la sociedad castellana del siglo XV y su visión política.

Su personalidad, inteligencia, valor y piedad religiosa son demostrables en todas las acciones que llevó a cabo a lo largo de su vida.

Rey Enrique IV

Cuando Isabel y su hermano Alfonso fueron trasladados a la corte de su medio hermano Enrique IV, ella tenía 10 años y él entre 7 y 8. Ya pudo apreciar un ambiente de inestabilidad, intrigas políticas y señales de ilegitimidad de la hija del Rey, Juana” la Beltraneja”, un monarca ineficaz conocido como” el impotente” lo que debilitaba la autoridad real y fomentaba la división entre la nobleza. Fue testigo directo de la lucha por la corona incluyendo el derrocamiento simbólico de Enrique y el apoyo a su hermano Alfonso antes de que ella misma fuera reconocida heredera. La duda generalizada sobre la paternidad del rey facilitó que Isabel fuese nombrada sucesora en el Tratado de los Toros de Guisando.

Todas estas experiencias fueron clave para su formación política y su posterior ascenso al trono en 1474.

Tuvo la inmensa valentía y perseverancia de rechazar, (en una época en la que ser mujer era sinónimo de obediencia, sumisión, sin decisión ni responsabilidad) a los pretendientes que Enrique quería imponerle por cuestiones de Estado, alguna suerte también la acompañó, llegándose a casar finalmente con quien ella eligió y quiso, haciéndolo de una forma clandestina, rocambolesca, de película y que ya todos conocemos.

Isabel se mantuvo leal a su hermano Enrique IV durante los 13 años que vivió en su corte desde su llegada en 1461 hasta la muerte del rey en diciembre de 1474, a pesar de que tuvo ocasiones de arrebatarle el trono apoyada por una parte de la nobleza, acto que siempre rechazó mostrando lealtad a lo que es justo, honrado, de integridad moral y como siempre acompañándole la valentía.

Proclamación en Segovia

El 13 de diciembre de 1474 en Segovia y sin la presencia física de su esposo Fernando de Aragón, Isabel fue proclamada reina por derecho propio como heredera legítima, no como consorte de Fernando, aunque a pesar de ello el matrimonio consolidó la unión de Castilla y Aragón convirtiéndose en los Reyes Católicos que gobernarían conjuntamente.

Podemos considerar este hecho como un acto de determinación, seguridad y entereza por parte de una mujer como Isabel en pleno cambio de era.

A lo largo de su reinado mostró el talante humano y femenino de su personalidad, se involucró obligando a la nobleza a tener un trato más humano con sus vasallos, sus campesinos sus guerreros y con todo ser subordinado. Consiguió que dejasen sus rencillas siempre con intereses privados y se fuesen uniendo a la corona haciéndolo con gran destreza y maestría.

Su inteligencia le hizo rodearse de los mejores consejeros, frailes, pedagogos, filósofos, poetas, músicos y pintores para promover la cultura y el progreso del reino.

Creó la escuela palatina, una institución educativa creada dentro de la corte para la formación intelectual de la nobleza, especialmente de mujeres jóvenes, promoviendo la igualdad de capacidades intelectuales tanto de hombres como de mujeres. Fomentó el humanismo, el estudio de los clásicos y el acceso de mujeres a la cultura como alumnas y maestras. Esto refleja el interés de la reina por la educación erudita, a diferencia de las escuelas palatinas medievales.

Isabel la Católica dando sus joyas a Cristóbal Colón. Detalle de un tapiz en el Real Alcázar de Sevilla

Promovía tanto el aprendizaje de saberes clásicos como una formación cristiana sólida foco de renovación cultural y educativa que destacó por la promoción de la mujer en el ámbito intelectual.

Siempre en la retaguardia de sus ejércitos, preocupada por su avituallamiento, por montar hospitales de campaña para atender a los heridos. No deja a sus ejércitos a su suerte, ella siempre da apoyo logístico y humano.

Entierro de la reina Isabel

Mujer creativa, intuitiva, soñadora. el 20 de enero de 1486 los reyes reciben a Cristóbal Colón. Al rey Fernando no le interesó ni el tipo ni su cháchara, considera alucinaciones sus propuestas, habla un soñador, un místico iluminado. En cambio, la reina, también soñadora mística iluminada como él, oye fascinada y embaucada la propuesta de Colón. Una corriente sentimental enlaza desde tal día reina y navegante. Isabel consiguió su propósito contra viento y marea…, carácter perseverante y soñador.

Ni que decir tiene su talante personal ante la conquista de Granada, constante, paciente, y como siempre con el primer objetivo de la evangelización, la cristianización de sus territorios, de sus reinos, así como del nuevo mundo. Su testamento está impregnado de su fe, humanidad, carácter, de su propia vida y consciente de su trascendencia, en consonancia con sus principios.

 Morirá pronto. España, triste, atónita, no puede aceptar que la reina se les muera, la” Madre de España” es aún una mujer de 53 años, pero tocada de tantos sinsabores también ha paladeado en 30 años de reinado, sublimes gozos: España unificada y libre de rencillas, el poder real fortalecido, Granada conquistada y un mundo nuevo más allá del océano.

María del Rosario Sáez Yeguero, que fue rectora de la Universidad católica de Ávila, dijo:” Una de las grandes mujeres de la historia universal en las que se ha manifestado en todo su esplendor el género femenino, es sin duda la reina Isabel I de Castilla”. Mujer con mayúscula, única e irrepetible.

Inmaculada Muñoz Navarrete

Profesora jubilada.

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