
1564
El amanecer no llega nunca del todo en la bodega de una galera. Aquí abajo, la luz no es más que una esperanza que apenas se cuela entre las tablas de la galera en la que Lope de Figueroa lleva cuatro inviernos y cuatro veranos encadenado al remo de una galera otomana cuyo crujir de jarcias se ha convertido en su forma de marcar el tiempo.
Sintiendo los ojos del cómitre sobre él, Lope siente la madera húmeda bajo los pies desnudos. Huele a sal, sudor y hierro. A su lado, un griego murmura una oración; más allá, un muchacho de Ragusa apenas puede levantar el remo. Y de fondo, el mar murmura al chocar contra el casco.
Han sido cuatro años de infierno, pero por fin todo ha terminado: hoy va a ser liberado por cuatro mil ducados. Es entonces cuando, aceptada su nueva realidad, Lope cree detectar en el mar un olor distinto. Luego respira hondo.
No es el mismo que fue encadenado en La Piedra. Ahora es más duro, más silencioso, más consciente del precio de la libertad.
EL PERSONAJE

Lope de Figueroa nació en Guadix hacia 1541, en una casa de noble linaje. Hijo de Francisco Pérez de Barradas, alcaide de La Peza, y de Leonor de Figueroa, descendiente de Fernando III, como segundón eligió el apellido materno y la milicia.
«Siendo muy mozo, y movido del natural esfuerzo de su ánimo, dejó la casa de sus padres y se fue a Italia, donde comenzó a servir en las compañías españolas que estaban en Milán, y desde entonces mostró el valor que después le hizo tan conocido.» (Luis de Salazar y Castro, Historia genealógica de la Casa de Lara,1697)
Según varios estudios, se cree que su carrera militar se inició hacia 1555-1558, cuando contaba alrededor de quince años de edad, sentando plaza en Milán en alguna compañía del Tercio de Lombardía. Allí sirvió como soldado en la compañía de caballería ligera de Lope de Acuña y Avellaneda, y poco después pasó al servicio directo del marqués de Pescara.
Hacia 1558 ya cobraba como capitán al servicio del duque de Sesa, quien al año siguiente le confió el mando de la compañía de Pedro de Vargas tras ser este nombrado gobernador de Novara. Meses más tarde fue destinado a Trípoli al frente de una compañía.
LOS GELVES
A mediados del siglo XVI el Mediterráneo era un espacio disputado entre la Monarquía Hispánica y el Imperio otomano, siendo la isla de los Gelves —la actual Djerba— un lugar estratégico. Situada en la entrada del golfo de Túnez, permitía controlar rutas, vigilar corsarios y proyectar poder hacia el norte de África.
En 1559, Felipe II autorizó una expedición para ocupar la plaza y reforzar la presencia española en la región con fuerzas procedentes de Sicilia, Nápoles y España. Entre los capitanes que participaron en la operación se encontraba Lope de Figueroa.

La respuesta otomana fue inmediata. Una poderosa escuadra enviada desde Constantinopla cayó sobre Gelves y encerró a los defensores en un asedio que terminó en derrota y con Figueroa, como tantos otros, prisionero.
Figueroa pasó cuatro años de cautiverio al remo de una galera otomana llamada La Piedra, sometido al ritmo de la boga y al castigo del mar. Fue llevado a Constantinopla, donde sobrevivió hasta que su padre pagó un rescate de cuatro mil ducados en 1564.
VÉLEZ DE LA GOMERA
Ese mismo año participó como capitán del Tercio de Sicilia en la toma del Peñón de Vélez de la Gomera.
El Peñón de Vélez de la Gomera era un enclave rocoso que servía como base para incursiones que amenazaban las rutas marítimas españolas y la seguridad de las plazas del norte de África. Felipe II ordenó su recuperación, y la operación recayó en fuerzas veteranas procedentes de Italia y de los tercios de la Corona.

Las fuerzas españolas desembarcaron bajo fuego enemigo. Figueroa, entonces capitán del Tercio de Sicilia, dirigió a sus hombres en los combates iniciales, asegurando posiciones clave que permitieron a la infantería avanzar hacia las defensas principales.
La resistencia enemiga se quebró en pocas horas, el Peñón cayó en manos españolas y quedó guarnecido de inmediato, convirtiéndose en una pieza esencial del dispositivo defensivo del Estrecho.
Después de la toma del Peñón de Vélez de la Gomera, Lope de Figueroa fue enviado a Córcega al frente de trescientos arcabuceros. Allí participó en la conquista del castillo de Istria, una posición fortificada que dominaba la localidad de Sollacaro. Los españoles avanzaron por terreno abrupto, bajo fuego enemigo, y Figueroa mantuvo la cohesión de su tropa en los momentos más tensos del asalto.

En 1565, cuando la isla de Malta resistía el asedio otomano, Figueroa formó parte de las fuerzas enviadas en socorro de los caballeros de San Juan. El granadino tuvo una destacada actuación en el asalto a la torre de Falca, una posición avanzada cuya recuperación resultaba esencial para aliviar la presión otomana sobre los defensores.
<<Figueroa, capitán esforzado, se señaló en la defensa y socorro de Malta>>. (Luis del Mármol Carvajal, Historia del rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada, 1600)
FLANDES
En Flandes, al frente de una compañía de arcabuceros, se destacó en Gemmingen y Jodoigne.
En la batalla de Gemmingen, Figueroa formó parte de la vanguardia. Sus arcabuceros avanzaron bajo fuego enemigo para asegurar los primeros choques, abriendo paso al grueso del tercio. Tres meses después, en Jodoigne, manejó a sus arcabuceros como una unidad de choque, reforzando los puntos donde la línea flaqueaba y sosteniendo el fuego en los instantes decisivos. Las actuaciones combinadas en Gemmingen y Jodoigne le valió que Felipe II le otorgara una pensión vitalicia de cuatrocientos ducados.

Más tarde, ya como maestre de campo del tercio Costa de Granada, combatió en la Guerra de las Alpujarras, donde un disparo en el muslo lo dejó cojo.
Cuando estalló la rebelión morisca en las Alpujarras en 1568, la corona recurrió a Lope de Figueroa, ya entonces maestre de campo del tercio Costa de Granada —conocido también como “de Figueroa” y más tarde “de la Liga”—, cuya experiencia en África, Córcega, Malta y Flandes lo convertía en un oficial ideal para una guerra áspera, de montaña, emboscadas y resistencia prolongada.
“Figueroa, hombre de experiencia y de ánimo, fue llamado para dar fuerza a la empresa”. (Diego Hurtado de Mendoza, Guerra de Granada, 1627)
Figueroa acompañó a don Juan de Austria y participó en las operaciones más duras del conflicto. Su tercio actuó como fuerza de choque en Galera, Purchena, Huécija, Tíjola, Andarax y Serón, donde recibió un balazo en un muslo que lo dejó cojo para el resto de su vida.
<<El maestre de campo Lope de Figueroa acudió donde el peligro era mayor, y con su gente sostuvo el ímpetu de los rebeldes>>. (Luis del Mármol Carvajal, Historia del rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada, 1600)
LEPANTO

Don Juan de Austria
Cuando la Liga Santa reunió su armada para enfrentarse al Turco en 1571, Lope de Figueroa fue embarcado en La Real, la capitana de don Juan de Austria, junto a Miguel de Moncada y Bernardino de Cárdenas.
<<En la capitana peleaban Moncada, Cárdenas y Figueroa, esforzándose en rechazar los muchos turcos que la acometían>>. (Antonio de Herrera y Tordesillas, Historia general del mundo)
El 7 de octubre de 1571, La Real ocupó el centro de la línea cristiana, frente a la galera Sultana de Alí Bajá. En el choque entre ambas naves, los arcabuceros y piqueros de Figueroa formaron parte del contingente que debía sostener el abordaje inicial, repeler los ataques enemigos y abrir paso para que don Juan pudiera dirigir la acción desde la cubierta.
<<Figueroa se señaló en Lepanto entre los capitanes de mayor brío, peleando en la nave del general>>. (Modesto Lafuente, Historia General de España)
Figueroa actuó como capitán de choque, combatiendo en la cubierta entre fuego de arcabuz, empuje de picas, golpes de espada y alabarda en un espacio saturado de humo, astillas y gritos. Después de que la Sultana lograra abordar La Real, el granadino dirigió a sus arcabuceros, conteniendo el avance y permitiendo que las reservas cristianas entraran en acción.
<<Desde 1572 Miguel de Cervantes sirvió en el tercio de Figueroa, que tras Lepanto tomó el nombre de Tercio de la Sacra Liga, al integrarse al mismo la compañía del capitán Manuel Ponce de León en la que estaba enrolado.>>
La muerte de Alí Bajá y la captura de su estandarte terminaron de inclinar la balanza. La Real quedó cubierta de cadáveres, pero en pie. Y con ella, la victoria.
<<Entre los capitanes que pelearon en la capitana de don Juan se hallaba Lope de Figueroa, cuya firmeza contribuyó a sostener el choque contra la Sultana>>. (Cesáreo Fernández Duro, La Armada Española)

ISLA TERCEIRA
Cuando Felipe II decidió asegurar el control de las Azores durante la crisis sucesoria portuguesa, confió la operación naval a don Álvaro de Bazán, siendo uno los capitanes embarcados Lope de Figueroa.
Figueroa embarcó en la galera San Mateo, una de las naves que ocuparon el centro de la formación española. El 26 de julio de 1582, frente a la isla Terceira, la flota francesa del prior de Crato, apoyada por corsarios y voluntarios, se lanzó contra la línea de Bazán. La San Mateo recibió el ataque de varias naves enemigas a la vez, y durante un tiempo combatió prácticamente aislada.
<<La galera San Mateo, donde iba Lope de Figueroa, sostuvo con singular esfuerzo los repetidos abordajes enemigos>>. (Cesáreo Fernández Duro, La Armada Española)
La llegada de refuerzos españoles permitió romper el cerco, y la batalla terminó con un triunfo completo de Bazán, que aseguró Terceira para la corona y consolidó la unión dinástica con Portugal.
ÚLTIMOS AÑOS
Aunque ya veterano marcado por heridas y años de servicio, Lope de Figueroa intervino en operaciones menores y misiones de guarnición antes de retirarse definitivamente.
Tras la victoria en Terceira, Figueroa permaneció un tiempo en la zona como parte de las fuerzas encargadas de asegurar la obediencia de las islas Azores al rey Felipe II.
<<Los capitanes de la jornada de Terceira quedaron por algún tiempo en las islas, afirmando la obediencia al rey>>.(Fernández Duro)
Después de su regreso a la Península, Figueroa fue empleado en servicios de costa y guarnición, especialmente en plazas estratégicas del Mediterráneo.
Lope de Figueroa murió el 28 de agosto de 1585 en Monzón de Aragón, mientras formaba parte del séquito real reunido allí con motivo de la celebración de las Cortes del Reino de Aragón. En aquellos días, la villa sufrió un brote de peligrosas calenturas, una epidemia repentina que causó más de mil quinientas muertes y de la que Figueroa no logró recuperarse.

Según su voluntad, sus restos fueron depositados en el Monasterio de San Francisco de Monzón, donde se celebraron solemnes exequias a las que asistieron numerosos miembros de la corte presentes en la localidad. El funeral estuvo presidido por el propio Felipe II, acompañado por su hija, la infanta Isabel Clara Eugenia.
Pasados unos meses, sus restos fueron trasladados a Guadix, para reposar junto a los de sus antepasados en la capilla mayor de la iglesia de San Francisco. Sin embargo, las vicisitudes sufridas por el convento a lo largo de los siglos llevaron a dar por perdidos todos los enterramientos, hasta que en 2016, durante unas obras de restauración, se descubrió una cripta tapiada cuya existencia no constaba en la documentación. En su interior aparecieron varios restos humanos y una caja metálica, lo que llevó a los investigadores a plantear la posibilidad de que entre ellos pudieran encontrarse los restos de Lope de Figueroa.
EL TERCIO DE FIGUEROA
El Tercio de Figueroa nació en 1566 para servir en Italia y pronto se convirtió en una unidad de referencia, participando en la Rebelión de las Alpujarras, en Lepanto bajo el nombre de Tercio de la Liga, Flandes y en las campañas del Atlántico.

Alejandro Farnesio ordenó su disolución en Namur en 1583.
A partir de entonces, la línea histórica continúa en nuevas denominaciones: Tercio Viejo de la Armada del Mar Océano, Tercio Provincial de Córdoba en 1664, Regimiento de Bajeles en 1704, y finalmente Regimiento de Infantería Córdoba nº 6 en 1718. La tradición militar española sostiene, que el Regimiento de Infantería Mecanizada “Córdoba” nº 10 tiene sus raíces en el Tercio de Figueroa.
LOPE DE FIGUEROA EN LA LITERATURA
La fama adquirida como buen militar suscitó que varios autores del Siglo de Oro lo mencionaran o lo hicieran intervenir como personaje en sus obras: Lope de Vegalo evoca en El asalto de Mastrique —«Que no hay muro que resista al brío de un español» —. También lo incluyen Luis Vélez de Guevara en El águila del agua y El cerco del Peñón; Juan Bautista Diamante en El defensor del Peñón; Agustín Moreto en La traición vengada; el alférez Pedro Alfonso Pimentel en la inédita Guerras civiles de Flandes; y Calderón de la Barca tanto en Amar después de la muerte o El tuzaní de La Alpujarra como en El alcalde de Zalamea.
<<Figueroa, cuyo nombre el mundo admira,
y en quien la espada fue razón y gloria.>>
(Lope de Vega, La Dragontea)

FUENTES:
- https://es.wikipedia.org/wiki/Lope_de_Figueroa#cite_note-12
- https://revistacentinela.es/historia-y-hazanas-del-tercio-lope-de-figueroa/
- https://historia-hispanica.rah.es/biografias/17757-lope-de-figueroa-y-zapata
- https://revistadehistoria.es/lope-de-figueroa-valiente-por-tierra-y-mar/
- https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=9966134
- https://terciosviejos.blogspot.com/2020/03/guerreros-lope-de-figueroa-y-su-tercio.html
