
LA VIDA MONÁSTICA SEGÚN LAS CONSTITUCIONES DE SANTA TERESA
Lerma, 1637 El amanecer apenas asoma por encima de la gran tapia del monasterio de la Madre de Dios cuando las campanas vibran en el aire frío. En las cocinas, sin embargo, el día hace rato que ya ha comenzado. Inclinado el enjuto cuerpo sobre el hogar, la hermana Inés aviva el fuego y las brasas responden con un resplandor rojizo que ilumina su rostro, mientras el olor a leña se mezcla con el de las cebollas, el de las especias y el de las verduras con las que el Señor ha bendecido el huerto del convento. La cocina es




