Ermesenda de Carcasona, Regente del Condado de Barcelona

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Es preciso retroceder unos años, hasta el fallecimiento del 18 de octubre de 1035 del Rey de Pamplona, el Mayor, el cual había logrado dominar desde 1004 en Castilla, Álava y Monzón, aumentado con el condado de Cea y los territorios de Sobrarbe y Ribagorzana, desde 1015 a 1018. Pero llegó su muerte, en 1035 con casi cuarenta años y con ella el reparto de sus territorios entre sus hijos; Ramiro, inicialmente estimado ilegítimo, García Sánchez, Fernando Sánchez y Gonzalo Sánchez, junto con su hija Jimena Sánchez, casada en su día con Ramiro III de León.

Es decir, que Sancho el Mayor tuvo que echar mano del derecho navarro y dar en herencia a su primogénito García el reino patrimonial de Pamplona, junto con algunas tierras de Aragón. El condado de Castilla, herencia de su mujer, fue repartido entre dos hijos legítimos, García tomó posesión de Álava y gran parte del condado de Castilla, mientras que Fernando, designado ya conde de Castilla en 1029, recibió mermada la zona burgalesa hasta el Duero. Y dependiendo del rey de Navarra, Ramiro recibió tierras en Aragón y Navarra, mientras el último hermano, Gonzalo, las recibiría de Sobrarbe, Ribagorza y otros puntos distantes de Aragón. En realidad, Fernando ya había recibido el condado de Castilla por sus derechos sucesorios de su tío el “infant” García, trasladados a su vez por su madre doña Mayor. En el Reino de Pamplona, territorios distantes como Aragón y Nájera se mantienen bajo las mismas riendas a la muerte de Sancho Garcés I (905-925). Ahora bien, aun cuando el primogénito era el único que heredaba los bienes patrimoniales, es decir, el Reino, con los acrecentamientos que éste hubiese obtenido, el deseo de dotar a los demás hijos había introducido la costumbre de constituirles un patrimonio con bienes territoriales que podían trasmitir a sus herederos, aunque sin desvincularlos del Reino, ya que éstos estaban sometidos a la fidelidad debida al Soberano, y los bienes eran tenidos «sub manu» del primogénito. Esa “sub manu”, una especie de protección de Sancho el Mayor, se daba con el conde Berenguer, aceptando éste tal hegemonía del navarro sobre el condado de Barcelona.

Una Barcelona que por allá septiembre de 992 se estaba recuperando de los ataques y saqueos del musulmán Almanzor, y que contempló la llegada de una francesa de Carcasona, Ermesenda, nacida en 972, integrada en la aristocracia carolingia de Francia. Su viaje venía motivado por su casamiento con Ramón Borrell, conde de Barcelona. Ermesenda, según las crónicas, era una mujer de gran belleza y de no menor carácter, la cual gustaba de acompañar a su esposo en sus trasterías guerreras, así como de participar en las tareas de impartición de justicia.

En el año 1017 falleció Ramón Borrell, dejando un heredero de doce años, Berenguer Ramón I. En tales circunstancias la madre, Ermesenda, asume la regencia, acompañando a la minoría de edad del heredero una pequeña revolución por parte de los señores tendente a la feudalización del condado. Entre ellos el conde Hugo de Ampurias que reclama tierras a la condesa regente, llegando a solicitar que la disputa se dirima en un combate singular. En este punto, surge el carácter de Ermesenda y alega que ella no está para discutir los negocios por la fuerza del brazo sino por la del derecho, en ese tiempo el derecho gótico. Nos hallamos, pues, ante la necesidad por la condesa viuda de defender su autoridad condal catalana. Hay que resaltar que, en su afán contra la ambición de Hugo de Ampurias, logró los apoyos de importantes hombres como el Abad Oliva, el Juez Ponce Bonfill, el obispo Pedro Roger de Gerona, su hermano, o bien el abad Ripoll.

Dentro de tal mundo de intrigas, ambiciones y respaldos, en 1023 llegó la mayoría de edad del conde Berenguer Ramón I, conocido como el Corvado o sea “el Corbat”, por un defecto físico.  Sin embargo, no por ello finalizó Ermesenda su labor y función en los asuntos de Estado. Su estar en la corte condal merced a la acumulación de tierras, su ímpetu en la repoblación de los territorios sin cultivadores o artesanos fue el impulsor de presuras realizadas en Cervera y Lérida. Se trataba de abrir cartas de población a favor de colonos privados. Estos, primero, habían llegado y ocupado los futuros plantíos para ser, posteriormente, refrendados por el poder político. Así la propia Ermesenda nos deja el relato de haber dado “nuestra tierra yerma en la marca del condado de Osona con cerro y castillo, bajo el nombre conocido de Cervera·. Y lo hace en favor de una tal Guineguilda, sus tres hijos, junto con otro poblador, Bernardo Guifré, mujer e hijos, quienes, defendiéndose de los ataques de los “paganos”, se habían convertido en únicos pobladores de aquellas tierras.  Sin casi apercibirnos, hemos puesto en lo alto la gran empresa de la Reconquista, es decir, la toma de unos terrenos a los moros, para encastillarse definitivamente en ellos.

Pero no todo fueron triunfos ni bienestares en la vida de Ermesenda, ya que abundaron tanto los pleitos con su hijo, Berenguer Ramón I como posteriormente con su nieto, Ramón Berenguer II. Nieto del cual también fue regente al haber fallecido su padre, el rey, el 31 de marzo de 1035 con solo treinta años.

El 1 de marzo de 1057, con ochenta y cinco años, falleció en su castillo del condado de Osona, dejando en su rastro vital fundaciones monásticas, donaciones generosas y un gran impulso a la repoblación de las tierras conquistadas. Aquella francesa se halla enterrada en la catedral de Gerona, rodeada de historia y de carácter.

Una curiosidad; fue madre de Berenguer Ramón I, quién ,según parece, hizo entrega a Ermengol II de Urgel la espada que, por allá, 1090, Ramón Berenguer II,  como prisionero, entregara al Cid. o sea, su famosa Tizona, hierro, que le acompañara en docenas de batallas y escaramuzas contra el moro.

Francisco Gilet.

Bibliografía

José J. Esparza, Moros y Cristianos.

Benito Ruano, Eloy (2003). Sancho el Mayor de Navarra

Manuel Riu i Riu, RAH.

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