FERNANDO DE BUSTAMANTE, UN COMPLETO TRAIDOR

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Fernando (Hernando) de Bustamante (1488-1532)  fue, al parecer, el único extremeño de los más de doscientos cincuenta  hombres que componían la armada de Magallanes con destino a la Especiería. Fue enrolado como barbero de la nao Concepción, que tenía por capitán a Gaspar de Quejada, y por maestre a Juan Sebastián Elcano.

El barbero era, en esos tiempos y en la mar, a su vez sacamuelas y cirujano; tenía tratamiento de oficial, por ello compartiría mesa con el maestre, siempre que sus respectivas obligaciones lo permitieran. Tal relación apuntala la confianza de Elcano en él, como prueba la posterior cercanía entre ambos.

Fue también uno de los diecisiete supervivientes que, en la nao Victoria, acompañaron a Elcano en su llegada a Sanlúcar de Barrameda, el 16 de septiembre de 1522, culminando su circunnavegación.

Carlos I

Convocado Elcano, con otros dos compañeros, por Carlos I para darle cumplida relación de tan sorprendente aventura, se hizo acompañar por Bustamante, y el piloto Francisco Albo.

Recibió con Albo, de su Majestad por tal hecho, un escudo muy próximo al otorgado a su capitán, el navegante de Guetaria.

Acompañando también a Elcano, formó parte de la delegación española que, para determinar la pertenencia de las Molucas, tuvo lugar en 1524, en la raya Badajoz-Yelves. En esa reunión, no se llegó a alcanzar ningún acuerdo.

Comendador Loaisa

En la armada del Comendador Loaisa, sale de la Coruña con el cargo de tesorero de la nao Sanctispiritus, cuyo capitán es Elcano. Es muy probable que ese cargo le fuera asignado en virtud de los privilegios que el propio rey otorgó a los que, por separado o en conjunto, invirtieran más de 10 000 ducados en el armamento de alguna nao en dicha expedición[1]. Tanto Bustamante como Elcano, y sus familiares y allegados, fueron inversores en esta armada.

Hay quien estima que el propio Emperador también depositaba en Bustamante alta confianza, basándose en que en la Instrucción[2] que le dio para su cargo de tesorero incluye la frase “pero si conviniere avisarme de algunas cosas que toquen á nuestro servicio, que no convenga comunicarlas, podréis escribirme vos aparte.” No me parece una deducción concluyente, ya que con esa misma frase finaliza la Instrucción[3] que también redactó para el contador de esa armada.

Llegados a las proximidades del estrecho de Magallanes, dudas sobre la boca de entrada fuerzan a Elcano a destacar a un grupo, en el que Bustamante, con un piloto, hermano de Juan Sebastián, y el clérigo Juan de Areizaga[4], deben verificar ese extremo. Erróneamente, Bustamante asegura ser esa la entrada, y son sus otros dos compañeros los que, buscando una cumbre que les saque de dudas, consiguen descubrir que aún no han llegado al estrecho.

El naufragio de la Sanctispiritus en la boca del estrecho obliga a gran parte de su tripulación, Elcano y Bustamante incluidos, a pasar a la nao Capitana.

Archipiélago de los Ladrones

Salida la armada (reducida a 4 naves) del estrecho, un temporal las dispersa, de modo que la Capitana, en solitario, se mantiene en demanda de la Especiería. Ya en el Pacífico, el escorbuto comienza a cobrar su tributo. Muerto Loaisa a los dos meses de entrar en el mar del Sur, en los pocos días que fue Elcano capitán general, tiene tiempo para nombrar a Bustamante contador de la nao (plaza vacante por la muerte de quien había tenido ese cargo). A Elcano le sucede, por elección, Toribio Alonso de Salazar que, al no quedar pilotos con experiencia, ordena rumbo al archipiélago de los Ladrones. Poco después de salir de allí en demanda del Maluco, cumplido un mes largo de su nombramiento, también fallece.

Para  la elección del nuevo capitán general, se presentan dos candidatos: Martín Íñiguez de Carquizano, contador general de la armada, y Fernando Bustamante, contador de la nao. Efectuada la votación y antes de su conteo, Íñiguez arrebata la urna al escribano y la arroja a la mar, justificando su acción en que, sin estar ninguna de las demás naves de la armada, la elección no es válida. Y propone esperar a la llegada a la Especiería para hacerla de nuevo.

Mapa antiguo español de Mindanao

Dos semanas más tarde, a la vista de la isla de Mindanao, Martín Íñiguez reúne en su cámara a Bustamante y los demás oficiales de la nao. Hace ver que no es  bueno seguir adelante sin un capitán general, con el riesgo de enfrentamiento con los portugueses, y justifica que debe ser él el elegido, porque es un “oficial del rey”, mientras que Bustamante no lo es. De resultas de esta “plática”, todos los presentes, incluido Bustamante ante la amenaza de “ponerle los grillos”, juran fidelidad al nuevo capitán general

Bajo su capitanía, que dura unos días más de diez meses, se restablecen las relaciones con los sultanes de Tidore y Gilolo[5], represaliados por los portugueses ante su vasallaje a la corona española, y tienen lugar los primeros enfrentamientos con estos, así como las primeras negociaciones de tregua. De resultas de una de ellas, los portugueses consiguen envenenarlo provocando su muerte. Una de las primeras preocupaciones de   este buen capitán general, al haber llegado la nao Victoria sin posibilidad de reparación, fue la construcción de una carabela para enviarla a España con noticias de su llegada al Maluco. La carabela no consiguió navegar con seguridad, fundamentalmente por la falta de buenos carpinteros y una mala elección de las desconocidas maderas del lugar.

Con su fallecimiento, 11 de julio 1527, se inicia en la iglesia de Tidore la elección de capitán general entre Hernando de Bustamante (contador general) y Martín García de Carquizano (tesorero general) con fuertes discusiones entre ambos. En el segundo día, el alguacil tiene que prohibir las armas que los partidarios de Bustamante pretenden introducir en la propia iglesia. No alcanzado acuerdo alguno al llegar la noche, un grupo numeroso de los votantes abandona la reunión y deciden proponer a De la Torre, teniente de Martín Íñiguez en la fortaleza, para el cargo en elección. A pesar de sus protestas iniciales, el acuerdo de la mayoría de los demás oficiales le obliga a aceptar el cargo de capitán general.

En los meses siguientes al nombramiento de Fernando De la Torre, tienen lugar batallas más duras que las anteriores, muchas de ellas libradas a requerimiento de los sultanes aliados a ambas partes.

El 31 de marzo de 1528, en medio de una de esas batallas, arriba la carabela Florida desde Nueva España, un gran refuerzo, en hombres, armamento, munición y ánimos para las fuerzas castellanas. Por esas fechas se detecta y neutraliza una tentativa de deserción de Fernando de Bustamante (seguía siendo contador general), que es detenido por los indígenas de Tidore y apresado por De la Torre.

En el alistamiento de la carabela, preparando su regreso, su capitán, Álvaro de Saavedra, influye para que Bustamante sea liberado, ya que, por su cargo, deberá elaborar alguno de los informes que, dirigidos al Emperador, ha de llevar a Nueva España.

Mapa de las Isla Celebes, Gilolo.

La carabela parte en junio, con relaciones e informes del derrotero de la armada, la situación del destacamento español, y sus combates contra los portugueses. Iban además un hidalgo portugués, que se había pasado a los castellanos, y varios prisioneros enemigos también como testigos de la situación. La nave se ve obligada a retornar al Maluco ocho meses más tarde, tras serle sustraído el bergantín por el hidalgo portugués y algún otro desertor (apresados en la isla de Gilolo, juzgados, condenados y finalmente ejecutados).

Se vuelve a aparejar, con urgencia y grandes obras, el navío en pos de un nuevo retorno.

Se conoce la existencia del informe de Bustamante en ese primer intento de retorno, porque él mismo lo menciona en una segunda carta[6] cerrada el 3 de mayo de 1529 (fecha de la segunda salida de la carabela). En esa carta, repitiendo y ampliando lo indicado en la primera, hace arqueo de los bienes de la armada y relaciona los fallecidos. Incluye la queja de que De la Torre le había apresado, aunque poco tiempo, y que no le ha dado acceso a los libros hasta transcurrido un año, justificando la imprecisa relación que acompaña. Es evidente la inquina contra su capitán general.

Tras la nueva salida de la carabela, Fernando de la Torre se encuentra con fuerzas muy limitadas (sesenta y dos hombres) para mantener el apoyo a sus aliados, defendiendo a la vez sus dos posiciones, Gilolo y Tidore. Por ello se ve obligado a utilizar toda su diplomacia en unas relaciones cada vez más difíciles, siendo consciente de que pueden sobrevivir allí gracias al apoyo económico de sus aliados. Los portugueses, por otra parte, siguen recibiendo refuerzos del gobierno portugués en la India.

Fortaleza de Tidore

En el mes de octubre fallece el sultán de Ternate, y los de Gilolo y Tidore piden nueva ayuda al capitán castellano para, contando con que esa muerte paraliza la acción de sus enemigos, iniciar una campaña en la costa nordeste de la isla de Gilolo. De la Torre no puede negarse esa vez y autoriza la salida de la mayor y más preparada fuerza de la fortaleza de Tidore para esa campaña.

Nueve días después de la salida de la fuerza castellana, contra lo previsto, se presenta una fuerte armada comandada por el capitán general portugués, y toma la población de Tidore, cuyos habitantes indígenas huyen hacia los bosques, sitiando la fortaleza española que ha quedado totalmente diezmada. El ataque se debe a que los portugueses fueron advertidos de la debilidad de las fuerzas castellanas en ese momento, y se achaca tal acción a Bustamante que, desde el momento en que los portugueses sitian la plaza, consigue que los artilleros lombardos al servicio de los españoles se nieguen a pelear, y arrastra a una facción de las fuerzas de la fortaleza a entregarse a los sitiadores. Fernando De la Torre solo consigue poder salir en un bergantín con los pocos castellanos (doce) que le siguen, camino de Zamafo (el primer puerto que tocaron a la llegada al Maluco), tras haber jurado no volver a esa zona hasta que arribe alguna fuerza de España o Portugal. Todos los bienes acumulados en la fortaleza son requisados por los portugueses y desertores castellanos.

Solo han transcurrido seis meses desde la fecha de la carta en la que Bustamante se despedía de su Emperador como “muy humilde y muy leal vasallo de S.C.C.M.[7]

Tras su defección a los portugueses, no se tienen noticias ciertas de Hernando de Bustamante. Al parecer, falleció en 1532 en un barco portugués camino de Goa, envenenado.

Parece que Portugal, siguiendo el ejemplo de Roma, no se dignó pagar a ese traidor.

Juan Manuel Acero Gómez


[1]    FERNÁNDEZ DE NAVARRETE. Colección de los viages y descubrimientos… Tomo V. Doc. nº II. (Pag. 196)  MADRID. Imprenta Nacional. 1837.

[2]    FERNÁNDEZ DE NAVARRETE. Op. cit. Doc. nº VI. (Pag. 215)

[3]    FERNÁNDEZ DE NAVARRETE. Op. cit. Doc. nº V. (Pag. 212)

[4]    “Juan de Areizaga, clèrigo”, España en la Historia, Boletín nº10, 8 de marzo 2026. https://espanaenlahistoria.org/personajes/juan-de-areizaga-clerigo/

[5]    “El joven Urdaneta”. España en la Historia, Boletín nº12, 19 de marzo 2026.

[6]    FERNÁNDEZ DE NAVARRETE. Op. cit. Doc. nº XVI. (Pag. 323)

[7]    S.C.C.M.= Su Cesárea y Católica Majestad,

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1 thought on “FERNANDO DE BUSTAMANTE, UN COMPLETO TRAIDOR”

  1. Una vez más disfruté de esa curiosa historia. Y aún guardando un estricto rigor informativo, me hizo considerar las mil vertientes que implican

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