
De los abusos en las encomiendas
No obstante, parece que en medio de esta situación comenzó también a desarrollarse el abuso. Pronto empezaron también las denuncias. El dominico fray Antonio de Montesinos, el domingo antes de la Navidad de 1511 proclamaba en su sermón:

¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir, los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine, y conozcan a su Dios y creador, sean bautizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos? ¿Estos, no son hombres? ¿No tienen almas racionales? ¿No estáis obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos? Tened por cierto, que en el estado [en] que estáis no os podéis más salvar que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe de Jesucristo. (En una nueva homilía) amenazó a los españoles con negarles la confesión y la absolución si persistían en el maltrato a los indios, diciéndoles que podían dar cuenta de todo esto a las autoridades españolas. (Monje)
Excesos. Inadmisibles excesos de los (o de algunos) encomenderos… que eran punibles por la ley, como señala Fray Antonio de Montesinos, y que como señalamos, eran perseguidos y castigados.
Estos abusos se achacaban a los encomenderos, y como consecuencia, en lugar de pedir responsabilidades a éstos, algunos denunciantes, como Fray Bartolomé de las Casas, ponían en entredicho la idoneidad de la encomienda; desde un principio se cuestionó si la corona tenía derecho a la misma o no. La cuestión consistía si con la encomienda se privaba de libertad al indio o no. Tal vez si se hubiesen cuestionado si con la encomienda se abría paso a una organización municipal, que a la postre es justo que significó, hubiese sido menor la discusión, y menor la incidencia en la creación de la leyenda negra, porque, al parecer, los enemigos de España lo tenían muy fácil, ya que de España surgía la materia prima de su obra, y en España es donde causaría mayores estragos. Sin embargo, debemos recordar que Colón se excedió en sus atribuciones a este respecto, y por ello, nada menos que el Almirante de la Mar Océano fue hecho preso.

Sin embargo, es la municipalidad el principal logro de la Encomienda.
Según Orlando Fals Borda el principal impulso para reducir los indígenas del Nuevo Reino de Granada en poblados fue instaurado por el Oidor Antonio González el 22 de septiembre de 1593, quien luego nombró a Andrés Egas de Guzmán como visitador. Tras la muerte de este último en 1598, Luis Henríquez continuó la política de nucleación compulsiva, siendo el responsable por los actos de población y localización de decenas de «pueblos de indios» e iglesias para la doctrina. Sólo en la Provincia de Tunja ordenó la nucleación en Sora, Cucaita, Samacá, Sáchica, Oicatá, Soracá, Cómbita, Chivatá, Boyacá, Motavita, Ramiriquí, Viracachá, Siachoque, Pesca, Iza, Cuitiva, Tópaga, Gámeza, Busbanza, Socotá, El Cocuy, Soata, Sativa, Duitama y Paipa durante seis años de visitas: en cada nuevo pueblo se reducirían tres encomiendas en promedio. (Suarez 2014)
¿Era éste un caso aislado?… Parece que no. Baste otro ejemplo.

En el caso del Nuevo Reino de Granada, la aplicación de las Ordenanzas de Felipe II implicó la jerarquización del espacio de los pueblos y del territorio. Como el territorio era considerado una sucesión de superficies bidimensional, las áreas inclinadas no fueron consideradas relevantes para los conquistadores. Esta concepción chocaba con el uso de los nativos americanos, quienes aprovechaban la variabilidad climática causada por la elevación del terreno en las zonas tropicales para conseguir una mayor variedad de productos alimenticios y de uso ritual. En su visita Henríquez encontró la población dispersa, algunas iglesias construidas con bahareque y paja y pocas de adobe con cimientos de piedra. Luego, determinó que los indígenas debían concentrarse en pueblos, localizados en lugares planos con abundancia de agua y madera, con buenas condiciones de temperatura y humedad. En otros casos, eligió entre varios asentamientos indígenas vecinos uno equidistante para que los muiscas pudieran atender los santos oficios sin necesidad de recorrer enormes distancias. A veces mandó mejorar las iglesias de paja y otras veces ordenó su traslado. Un ejemplo de cómo eligió el Oidor el lugar para concentrar los indígenas de varias encomiendas se encuentra en el auto de población de Boyacá: Y para su conversión y aumento conviene se junten todos en un sitio, y consta que Boyacá es bueno, sano, enjuto y abundante de agua y leña, por tanto, mando que los dichos yndios pertenesçientes a Boyaca y sus parçialidades se recoxan, junten y puevlen en este sitio de Boyacá […] y los de Pachaquira, Guatative y Soconsaque se junten y poblen y hagan sus casas y buhíos en el sitio mejor, más cómodo y llano y mas çercano a la yglesia de vahareque, cuvierta de paxa, donde al presente son doctrinados, poblándoles y señalándoles sus casas y solares y la tierra neçesaria por barrios y calles, con distinçión de cada puevlo. (Suarez 2014)
Pero esto, para la Corona era lo que debía ser, por eso no era la normalidad su preocupación, sino otras cuestiones.
Ya en 1501 la Corona, alarmada ante las numerosas noticias de maltratos hacia los indios enviaba a un visitador de excepción, Nicolás de Ovando, exacto conocedor del sistema de encomiendas, con instrucciones precisas para ordenar la administración de La Española. Su obligación sería velar por el buen trato de los indios y atajar los excesos, tratando con los caciques los extremos de la legislación, e instándoles a denunciar los agravios recibidos.
Sobre las referencias que los abusos que los encomenderos cometían sobre los indios, más que referirnos a la fábula contada por Fray Bartolomé de Las Casas, nos referiremos a las denuncias presentadas por otros, que, sin tanta literatura contradictoria, y con datos algo más concretos, aunque cargados de fuentes de dudas al no indicar el lugar exacto ni cuándo ni por quién fueron cometidos abonan que hubo abusos llevados a cabo en algunos lugares sin determinar.
A modo de ejemplo, y sin que ello pueda significar una norma, Javier Matienzo cita la denuncia presentada por el P. Juan Romero según el cual, y probablemente en Córdoba de Tucumán o Santiago del Estero en 1612.

Lo primero: Todos los días en amaneciendo encierran los pobleros [especie de capataz] todas las indias en un corral hasta mediodía, donde les dan tarea de hilar y tejer [algodón], y lo mismo desde mediodía hasta que se ponga el sol; y si no acaban la tarea, las extienden en un suelo y las mandan azotar cruelmente y les hacen acabar [lo que les faltó por terminar] de noche…/…
Lo tercero: Que de la misma manera hacen con los muchachos y muchachas de edad de siete años hasta quince, poniéndoles fiscales para que les hagan trabajar; y si no acaban la tarea los azotan como a sus madres, y por ésta razón no acuden a la doctrina, ni pueden servir a sus padres y madres…/…
Lo séptimo: Los días de fiesta en que pudieran los indios trabajar para sí, en estos los ocupan sus amos en cosas de su servicio. (Matienzo: 83)

Lo noveno: Acostumbran los encomenderos adeudados enviar todas las indias de sus pueblos a trabajar a días, catorce o veinte leguas alquiladas hasta acabar de pagar lo que deben, de lo cual estas pobres reciben grande daño e injusticias, estando ausentes de sus casas y maridos…/…
[Lo undécimo:] Por medio de los pobleros tienen atemorizados a los indios y no se atreven a quejarse de los muchos agravios que reciben de ellos en las mujeres, hijas, hermanas, etc., las cuales les quitan por fuerza enviándolos a ellos a los montes por miel, etc., y a los otros pueblos por hacer lo que ellos quieren y otros infinitos daños y desafueros que todos saben hacen los pobleros. (Matienzo: 83)
Si non e vero… e ben trobato, y las autoridades, como en el caso de Fray Bartolomé de las Casas, y posiblemente por la imposibilidad material de tener perfectamente engrasado el extraordinario mecanismo de las visitas, hacían caso a estas denuncias, con la manifiesta voluntad de posicionarse a favor del más débil, pero, ¿dónde podían corregir estos excesos si no conocían ni lugar ni responsable ni tiempo en que ocurrían esos hechos?
Por si sí, o por si no, el legislador cumplía con su misión de legislar, y es que, aunque los denunciantes no señalasen lugar ni fecha ni autor del delito, los visitadores estaban en la obligación de inquirir el cumplimiento exacto de la ley, y ello les llevaba a detectar que, efectivamente, algo de lo denunciado era cierto, lo que queda manifestado en sus informes, y nosotros dejamos señalado líneas arriba en la relación de las sanciones derivadas de una visita, donde queda reflejado que, efectivamente, algún encomendero se había extralimitado en sus atribuciones y había abusado de sus encomendados… Y fue sancionado con muy importantes multas.

En ese sentido, Juan Ramírez de Velazco, Gobernador, Capitán General y Justicia Mayor del Río de la Plata y Paraguay, el 1 de enero de 1597 emitió unas ordenanzas en las que señalaba:
Y porque…no hay orden ni tasa en el trabajo de los indios y los dichos encomenderos se sirven dellos todo el año…los hacen trabajar en sus labores y granjerías así en sus pueblos como en las ciudades…ordeno y mando que todos más de tan solamente cuatro días cada semana que sean y se entiendan los lunes, martes, miércoles y jueves y en ellos les pueda ocupar en el trabajo de sus haciendas labores y granjerías los viernes y sábados dejen a los dichos indios y a sus mujeres y hijos entender en la labor y beneficio de sus chacras. (Salinas 2008: 23)
Item ordeno y mando que cada dos años salgan de la ciudad visitadores con autoridad de la justicia mayor ….los cuales llevara su escribano…se informen de los agravios que hayan recibido los dichos indios así de los encomenderos como de las personas que han andado por los dichos pueblos (Salinas 2008: 24)
De la mortandad de los indios
Luego vendría Bartolomé de las Casas, cuyas fábulas encandilaron los espíritus, y muy particularmente el de Carlos I y el de Felipe II, marcando con sus insensateces, paradójicamente, una legislación envidiable.
El fraile, curiosamente hijo de esclavista con intereses en el tráfico negrero, propuso la importación de esclavos negros para suavizar el trabajo de los indios, que no eran esclavos, y consiguientemente no podían formar parte del negocio paterno.
Toda su “Brevísima” es una sucesión de disparates como el que sigue:

En estas ovejas mansas, y de las calidades susodichas por su Hacedor y Criador así dotadas, entraron los españoles, desde luego que las conocieron, como lobos e tigres y leones cruelísimos de muchos días hambrientos. Y otra cosa no han hecho de cuarenta años a esta parte, hasta hoy, e hoy en este día lo hacen, sino despedazarlas, matarlas, angustiarlas, afligirlas, atormentarlas y destruirlas por las extrañas y nuevas e varias e nunca otras tales vistas ni leídas ni oídas maneras de crueldad, de las cuales algunas pocas abajo se dirán, en tanto grado, que habiendo en la isla Española sobre tres cuentos de ánimas que vimos, no hay hoy de los naturales de ella doscientas personas. La isla de Cuba es casi tan luenga como desde Valladolid a Roma; está hoy casi toda despoblada. La isla de Sant Juan e la de Jamaica, islas muy grandes e muy felices e graciosas, ambas están asoladas. Las islas de los Lucayos, que están comarcanas a la Española y a Cuba por la parte del Norte, que son más de sesenta con las que llamaban de Gigantes e otras islas grandes e chicas, e que la peor dellas es más fértil e graciosa que la huerta del rey de Sevilla, e la más sana tierra del mundo, en las cuales había más de quinientas mil ánimas, no hay hoy una sola criatura.” (Las Casas, Indias)
Recapitulemos en los que afirma, tres cuentos (tres millones) de indios en La Española. Más adelante multiplicará la cifra… Cuba es casi tan luenga como desde Valladolid a Roma… Y más, que relatamos en capítulos aparte.
Pero para hablar ahora del dominico es mejor referirse a pluma ajena.
Las Casas escribió otra memoria en la que, entre otras cosas, decía: «[…] ninguna cosa los mata sino la tristeza de spiritu de verse en tanta servidumbre y cautiverio y del mal tratamiento que les hazen, tomando es mujeres y las hijas que lo sienten mucho, y hazerles trabajar demasiado y el comer no en tanta abundancia como fuera menester.» Según el clérigo, todos los años se secuestraban entre siete y ocho mil caribes que eran conducidos a La Española. Ciertamente, Las Casas nunca era muy preciso en materia de datos, pero añadía: «item han de dar sus altezas largamente licencia para poder llevar esclavos negros, cada uno quantos quisiere». (Thomas, el imperio español)

Hug Thomas saca a relucir un detalle de Bartolomé de las Casas que había pasado desapercibido: a los indios los mata no otra cosa sino la tristeza… ¿Dónde queda el genocidio multimillonario gestado a base de lanzas? Por cierto, que tampoco la tristeza, por muy profunda que fuese podía llevarse más vidas de las que existían…
Pero la figura de Fray Bartolomé es tratada con más profundidad en otros capítulos de este trabajo. Por otra parte, si el culpable de la mortandad indígena no fue otro que el sarampión y la gripe, el responsable del desarrollo de la vida cultural de los indígenas, sí fue el conquistador español. Y es que
el declive demográfico no supuso la decadencia de la cultura indígena en ningún sentido. Las culturas autóctonas evolucionaron de forma más rápida y radical durante el periodo colonial, como consecuencia del contacto con la cultura española y la necesidad de adaptarse a las nuevas tecnologías, exigencias y métodos.” (Restall)

Cierto es que en algunas partes hubo una gran mortandad, derivada de las infecciones de enfermedades transportadas por los españoles. América fue un encuentro para todo; para lo bueno y para lo malo. Por supuesto es dolorosísimo lo acaecido en esos momentos; algo que, si hubiese existido la penicilina no hubiese sucedido. Los españoles murieron por enfermedades tropicales a las que los indígenas eran inmunes, y trajeron, entre otras cosas, la sífilis. Parece injusto acusar a los indígenas americanos de esa mortandad.
La situación de la Encomienda empeoró con el arribo de la Ilustración, que comenzó a hacer tabula rasa de los derechos adquiridos socapa de aportar una libertad nominal que sólo acabaría beneficiando a quienes acaparaban poder y propiedades al amparo de esas mismas proclamas de libertad, y que dejaban en la indigencia y en la esclavitud real a quienes liberaban con su actuación.
A partir de este momento, los pequeños propietarios se veían abocados a un sistema nuevo de comercio en el que las autoridades provinciales, que mantenían relaciones con ricos comerciantes, facilitaban crédito para la adquisición de diversos bienes, aprovechándose del sistema de repartimiento, y forzando de una u otra manera, al estilo de como lo hacen hoy mismo en todas las sociedades, a la adquisición de bienes superfluos, inútiles, al tiempo que se presentaban como único canal para proyectar la venta de los bienes producidos por esas mismas comunidades, siempre marcando el mejor precio para los compradores.
Cierto que las autoridades virreinales perseguirían esta práctica, pero también cierto que, finalmente, de forma ineficaz, ya que el propio sistema liberal se encargaría de perfeccionar las técnicas que le beneficiaban.

Cesáreo Jarabo
BIBLIOGRAFÍA:
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