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1898. La Tercera Vía: ¿Resistencia Pasiva Militar ante la Capitulación Pactada? (1/2)

  • Vicente Medina
  • 21/07/2026
  • Un comentario
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Análisis del Desastre del 98

La historiografía sobre el desenlace de la Guerra Hispano-Estadounidense de 1898 ha estado dominada tradicionalmente por dos interpretaciones contrapuestas.

La teoría más divulgada sostiene que la derrota española era un hecho inevitable debido a la obsolescencia de los navíos, la precariedad del material de las fuerzas de tierra, la baja capacidad de los ejércitos desplegados en el teatro caribeño y los errores tácticos cometidos por los mandos militares en las Antillas y el Pacífico.

Sagasta

Frente a esta, existe una segunda corriente revisionista en la que se postula la existencia de un pacto político y económico previo entre las élites gubernamentales de Madrid y Washington. Según esta postura, el gobierno del partido liberal, presidido por Práxedes Mateo Sagasta, planificó en la sombra una capitulación controlada para justificar ante la opinión pública la liquidación de las últimas posesiones coloniales, evitando así el colapso del régimen de la Restauración o un levantamiento militar interno.

Sin embargo, un nuevo análisis de la campaña militar abre la puerta a una tercera vía.

Esta hipótesis no niega la existencia de una trama de capitulación política, sino que reinterpreta las decisiones de los cuatro principales comandantes españoles de la contienda: el almirante Pascual Cervera y Topete en Cuba, el almirante Patricio Montojo en Filipinas, el almirante Manuel de la Cámara al mando de la Escuadra de Reserva en España, y el general Luis Manuel de Pando como jefe de Estado Mayor del Ejército en Cuba.

Patricio Montojo y Pasarón

Tradicionalmente tildados de incompetentes o incluso de colaboracionistas en la derrota, un examen de sus correspondencias, informes y tácticas sugiere que estos cuatro militares recibieron, directa o indirectamente, la directriz de entablar una lucha simulada destinada a la derrota.

Al no estar de acuerdo con esta decisión institucional, pero verse obligados por la rígida disciplina militar y la imposibilidad de desobedecer abiertamente al gobierno, sus acciones pueden interpretarse como una campaña de resistencia pasiva y control de daños.

Su objetivo primordial no habría sido facilitar el triunfo estadounidense, sino preservar la vida de sus soldados y marineros, evitar la entrega intacta de la flota nacional al enemigo y dejar constancia documental.

La Tesis de la Inevitabilidad y la Obsolescencia Material

La narrativa oficial de la derrota española se cimenta sobre la premisa del colapso material inevitable.

Desde esta perspectiva, la Armada española era una fuerza anticuada, carente de presupuestos suficientes y con graves carencias estructurales en comparación con la emergente potencia industrial de los Estados Unidos.

En el plano naval, se destaca de forma recurrente que los buques españoles enviados al combate carecían de las protecciones blindadas y la artillería pesada necesarias.

Se argumenta que la pérdida de las escuadras de Montojo en Cavite y de Cervera en Santiago de Cuba fue la consecuencia matemática de enfrentar cruceros de madera o acorazados de segunda clase con armamento defectuoso contra los modernos acorazados de la armada estadounidense.

Tropas españolas en Cuba

En el ámbito terrestre, se afirmaba que las tropas españolas en Cuba estaban desmoralizadas, diezmadas por las fiebres tropicales (como la fiebre amarilla) y desprovistas de suministros básicos debido al bloqueo naval norteamericano.

Las malas decisiones de los comandantes —como el confinamiento voluntario de la flota en bahías estrechas o la falta de coordinación con las baterías de defensa costera— habrían sido el detonante de una rendición que, en cualquier caso, era cuestión de tiempo.

Esta tesis de la impotencia material sirvió históricamente para exculpar al sistema de la Restauración, diluyendo la responsabilidad de la pérdida de las provincias caribeñas en una decadencia histórica e inevitable de la nación española.

El Pacto Político-Económico y los Intentos de Enajenación Colonial

La Liquidación Planificada del Imperio por el Gobierno de Sagasta

La segunda interpretación histórica sostiene que el Desastre del 98 no fue un fallo militar, sino una operación política y económica de liquidación territorial previamente acordada en secreto por el gobierno del partido liberal presidido por Sagasta.

Para la oligarquía latifundista y la burguesía financiera peninsular que sostenían el régimen de la Restauración, el mantenimiento de las colonias de ultramar se había transformado en un negocio deficitario y en una fuente incesante de inestabilidad social debido a los reclutamientos forzosos.

Antes de la guerra, el gobierno español había sondeado activamente la venta de Cuba, Puerto Rico y otros territorios de ultramar a diversas potencias extranjeras como el Reino Unido, Francia o el Imperio alemán, buscando una salida airosa que amortizara la inmensa deuda colonial acumulada, que ascendía a más de 400 millones de dólares.

James Monroe

Al fracasar estas tentativas de venta directa debido a la oposición nacionalista interna y a las presiones de la doctrina Monroe estadounidense, el ejecutivo de Sagasta vio en la intervención norteamericana la oportunidad perfecta para justificar una transferencia territorial forzada.

“La Doctrina Monroe fue una política exterior de Estados Unidos, enunciada en 1823, que estableció que cualquier intervención de potencias europeas en el hemisferio occidental sería vista como un acto de agresión directa. Su premisa central se resume en la frase «América para los americanos».”

El Simulacro de Guerra como necesidad política

Bajo la tesis de la «derrota pactada», la declaración de hostilidades del 25 de abril de 1898 fue gestionada por Madrid como un mero simulacro bélico.

Era políticamente imposible entregar las islas de forma pacífica a los Estados Unidos sin provocar una revolución o un pronunciamiento militar en la península.

Se requería un «tributo de sangre» para convencer a la opinión pública de que España había luchado con honor antes de verse obligada a ceder ante la insuperable fuerza del enemigo.

Esta teoría explica la persistente desidia gubernamental en el suministro de carbón, municiones y repuestos a las unidades del frente, así como la sospechosa destitución del general Valeriano Weyler en 1897.

Valeriano Weyler

“Nombrado capitán general de Cuba en febrero de 1896 por Cánovas del Castillo sustituyó al general Martínez-Campos, con órdenes de zanjar los intentos independentistas”

Weyler había logrado pacificar militarmente gran parte de la isla de Cuba empleando un sistema de trochas y reconcentraciones que estranguló a la insurgencia mambisa, haciendo casi inviable una invasión terrestre estadounidense exitosa.

Su relevo por el general Ramón Blanco Erenas y la concesión de una autonomía tardía debilitaron la posición defensiva española para facilitar la posterior intervención de Washington.

“El Sistema de Trochas

Las trochas eran líneas militares fortificadas que cruzaban la isla de costa a costa para dividir el territorio en secciones aisladas.

  • Función: Frenar la movilidad y los suministros de las fuerzas rebeldes dirigidas por líderes como Antonio Maceo y Máximo Gómez.
  • Estructura: Consistían en una franja de terreno deforestado protegida por vallas de alambre de espino, trincheras, trampas y una densa red de fortines de madera o piedra con guardias armados a distancias visuales cortas.
  • Trochas principales: La más famosa y reforzada fue la de Mariel-Majana (en el oeste), diseñada específicamente para contener a Maceo, junto con el refuerzo de la trocha preexistente de Júcaro a Morón (en el centro).

La Política de Reconcentración

Mediante los bandos dictados en 1896, Weyler ordenó el traslado forzoso de toda la población rural hacia los centros urbanos y pueblos controlados por el ejército español.

  • Objetivo: Evitar que los campesinos proporcionaran alimentos, refugio, información o reclutas a los mambises.
  • Plazo drástico: Se dio un periodo de solo ocho días para abandonar los campos. Quien fuera sorprendido fuera de las ciudades fortificadas tras ese lapso era considerado rebelde y ejecutado.
  • Tierra quemada: El ejército español destruyó e incendió plantaciones, bohíos y cultivos, además de confiscar el ganado superviviente para que los insurrectos no pudieran subsistir en la manigua.

La Tercera Vía: ¿Resistencia Pasiva Militar ante la Capitulación Pactada?

La tercera vía propone un análisis alternativo. Lejos de ser incompetentes o cómplices de la traición gubernamental, los almirantes Cervera, Montojo y Cámara, junto al general Pando, habrían sido militares que se encontraron ante el dilema de tener que ejecutar directrices superiores diseñadas específicamente para perder la contienda.

Al verse obligados por la orden de entablar combates sin garantías de éxito, cada uno de ellos desarrolló tácticas específicas de resistencia pasiva dirigidas a frustrar la destrucción total de la flota nacional, salvando la vida de sus hombres y salvaguardando el honor de la Armada y el Ejército.

Almirante Patricio Montojo en Filipinas

Combate naval de Cavite

La actuación del contraalmirante Patricio Montojo y Pasarón en el combate naval de Cavite el 1 de mayo de 1898 ha sido históricamente ridiculizada por la historiografía oficial.

Se le acusó de negligencia por fondear su flota en una línea estática y presentar batalla en una posición vulnerable.

Sin embargo, la premisa de que la escuadra española en el archipiélago filipino estaba completamente desahuciada es inexacta.

En realidad, las fuerzas navales españolas destinadas en las Filipinas contaban con un número significativo de buques que, de haberse empleado de forma coordinada, habrían podido disputar la victoria al comodoro George Dewey.

George Dewey
Patricio Montojo y Pasarón

“El comodoro (más tarde almirante) George Dewey (1837-1917) fue un héroe naval estadounidense, famoso por su victoria decisiva en la Batalla de la Bahía de Manila (1898) durante la guerra hispano-estadounidense”

La dotación naval en las islas estaba compuesta por un total de 9 cruceros, 16 cañoneros y torpederos, además de 16 lanchas operativas.

A pesar de contar con este potencial, el gobierno de Sagasta limitó los preparativos de defensa y envió directrices restrictivas.

Montojo, al comprender que se buscaba la destrucción rápida de la flota para justificar la entrega de las islas, diseñó una maniobra defensiva que saboteaba el sacrificio estéril de sus tripulaciones:

  • Elusión de la Bahía de Subic: Montojo se dirigió inicialmente a Subic buscando una posición defensiva sólida apoyada por baterías de costa. Al constatar que las baterías gubernamentales no habían sido instaladas deliberadamente, regresó a Manila.
  • Fondeo Estratégico en Aguas Poco Profundas: En lugar de presentar batalla frente a la capital (donde el fuego de los cañones estadounidenses habría arrasado la ciudad civil y provocado miles de bajas), Montojo trasladó su escuadra a la ensenada de Cavite. Allí fondeó sus barcos en aguas de apenas cuatro metros de profundidad. Esta disposición garantizaba que, al ser batidos por la artillería norteamericana, los navíos se hundieran lentamente y permanecieran con sus superestructuras fuera del agua, permitiendo a la marinería abandonar los barcos a nado o en botes y alcanzar la orilla sanos y salvos.
  • Desactivación Voluntaria de Unidades: Montojo decidió no desplegar la totalidad de sus cruceros y cañoneros activos, manteniéndolos en el interior del arsenal de Cavite. Asimismo, el regimiento de artillería que custodiaba las potentes baterías de costa de Manila recibió la orden expresa de no abrir fuego contra la columna de Dewey. Con estas medidas, Montojo consumó un simulacro de combate con una pérdida mínima de vidas (161 muertos españoles frente a una escuadra estadounidense intacta), evitando la masacre de sus tripulaciones y forzando la rendición.

General Luis Manuel de Pando en Cuba

Luis Manuel de Pando en Cuba

El papel del teniente general Luis Manuel de Pando y Sánchez, jefe del Estado Mayor del Ejército de Operaciones en Cuba, representa la contradicción absoluta entre la realidad de las fuerzas terrestres españolas y la voluntad del gobierno central.

A diferencia de lo sostenido por la propaganda de guerra estadounidense, el ejército de tierra español en Cuba no se encontraba derrotado.

Las guerrillas independentistas cubanas ya habían sido vencidas y dispersadas en múltiples ocasiones bajo el mando de Weyler, careciendo de capacidad operativa para tomar por sí solas las grandes capitales o los centros estratégicos de la isla.

En el mes de julio de 1898, las fuerzas expedicionarias terrestres estadounidenses al mando del general Shafter se hallaban en una situación crítica tras las batallas de El Caney y las Colinas de San Juan.

“Oficial del Ejército de la Unión durante la Guerra Civil, quien recibió la máxima condecoración de Estados Unidos, la medalla de honor, por sus acciones en la batalla de Fair Oaks. Shafter también jugó un papel destacado como general-mayor en la Guerra Hispano-Estadounidense”

Las comunicaciones de los propios oficiales de los Estados Unidos dirigidas a Washington eran de desesperación absoluta: admitían encontrarse militarmente atascados por la feroz resistencia española, diezmados por las enfermedades y solicitaban de forma perentoria refuerzos masivos o la autorización para reembarcar y abandonar la isla ante el temor de un colapso inminente.

Cavite

En este escenario de clara superioridad táctica española en el reducto de Santiago, el general Pando exigió al capitán general Ramón Blanco el envío inmediato de una columna de refuerzo de 10.000 soldados regulares desde el centro de la isla, cruzando la línea fortificada de la trocha de Júcaro a Morón, para aplastar de manera definitiva al ejército estadounidense cercado.

Capitán general Ramón Blanco
General Nelson A. Miles.

Sin embargo, Ramón Blanco se negó tajantemente a autorizar el traslado de estas tropas de refuerzo.

Al percatarse de que el Estado Mayor y generales como Pando no tolerarían una capitulación política estando el ejército en disposición de vencer. El general Pando fue apartado de sus funciones y enviado fuera de la isla de Cuba en plena guerra bajo el pretexto de una imprecisa misión diplomática secreta en México.

La anomalía histórica de que el propio jefe de Estado Mayor del ejército de Cuba terminara personándose en Tampa (Florida) —el principal centro de adiestramiento e invasión del enemigo norteamericano— en el momento exacto del final de la contienda sugiere que Pando fue deportado o extraído del teatro de operaciones para impedir que, con su liderazgo militar y su rechazo a la rendición, desbaratara la capitulación acordada con el general Nelson A. Miles.

“Comandante general del Ejército de los Estados Unidos en 1895, puesto que mantuvo durante la guerra hispano-estadounidense. Miles lideró fuerzas en posiciones cubanas como Siboney y, tras la rendición de los españoles en Santiago de Cuba, él mismo acaudilló la invasión de Puerto Rico, llegando inicialmente a Guánica”

Almirante Manuel de la Cámara

Manuel de la Cámara

La Escuadra de Reserva, comandada por el almirante Manuel de la Cámara y Livermore, representaba la fuerza de disuasión más moderna y letal de la que disponía la Armada española en la península.

Esta flota contaba con naves de gran porte como el acorazado Pelayo (de 10.000 toneladas, cuyas especificaciones y artillería superaban a los buques norteamericanos de su clase) y el moderno crucero acorazado Emperador Carlos V (de 9.300 toneladas).

De acuerdo con los planes de contingencia de la Armada y los principios básicos de la guerra naval, la estrategia lógica para emplear este formidable contingente consistía en lanzar una ofensiva rápida contra la costa oriental de los Estados Unidos.

Un ataque directo contra los puertos del este norteamericano, desprovistos de defensas navales debido a la concentración de la flota de Sampson en el Caribe, habría desatado el pánico en la población civil de Boston, Nueva York o Filadelfia, forzando a la marina de guerra estadounidense a levantar el bloqueo sobre Cuba para replegarse en la defensa de su propio territorio nacional.

“William Thomas Sampson, almirante estadounidense, participó en la guerra de Secesión en 1860 y en la guerra hispano-estadounidense de 1898, en la que bombardeó San Juan de Puerto Rico, dirigió el bloqueo de Santiago de Cuba, destruyó la flota del almirante Pascual Cervera y tomó posesión de la ciudad, cuya guarnición mandaba el general José Toral y Velázquez”

En lugar de autorizar esta incursión atlántica, se obligó al almirante Cámara a emprender un errático e incomprensible viaje a través del mar Mediterráneo con el destino teórico de reforzar las defensas de Filipinas, cruzando el canal de Suez.

Esta marcha se dilató de forma deliberada mediante negociaciones diplomáticas infructuosas y trabas artificiales en el suministro de carbón en puertos intermedios de control británico.

Cámara, atrapado entre las demandas de acción de la opinión pública peninsular y las instrucciones del Gobierno de Sagasta (que ya negociaba el acuerdo de paz con EE.UU. a través de la mediación francesa), estiró los tiempos de navegación.

No cruzó el canal de Suez hasta el 7 de julio de 1898, justo cuando la escuadra de Cervera ya había sido destruida en Santiago, sirviendo de pretexto al gobierno para ordenar el inmediato regreso de la flota a la península sin haber disparado un solo cañonazo.

Almirante Pascual Cervera

La campaña del almirante Pascual Cervera y Topete al mando de la Escuadra de Operaciones de las Antillas ofrece los indicios más contundentes del dilema de la tercera vía.

Desde el primer instante, Cervera se opuso tenazmente a partir de Cabo Verde hacia el Caribe, denunciando por escrito que su escuadra era enviada a una carnicería inútil.

Ante la inflexibilidad del ministro de Marina, el almirante recurrió a una serie de maniobras de ralentización y preservación del material que la historiografía oficial consideró erróneas, pero que responden a una lógica de resistencia pasiva ante una orden gubernamental de autodestrucción.

Vicente Medina Prados

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1 thought on “1898. La Tercera Vía: ¿Resistencia Pasiva Militar ante la Capitulación Pactada? (1/2)”

  1. José María Manrique García dice:
    07/08/2026 a las 11:10 pm

    Esta tercera vía parece inducida por la necesidad de salvar la cara a los traidores y al sistema liberal borbónico de paso.
    Algunos detalles que ignora o elude el autor.
    Montojo: Dependía del Capitán General, quien, junto a su estado mayor (todos del Ejército de Tierra, que no hay aquí corporativismos, engañó a Montojo no comunicándole que no se habían montado los cuatro obuses Ordóñez. Ese punto es vital, aunque la responsabilidad de Montojo está en que no supo enterarse de ello por sus subordinados directos, los traidores que mandaban en el Arsenal de Cavite (Capitán de Navío de 1ª Clase Sostoa y en el destacamento que iba a sustituirlo en Subic (Estación Naval: Capitán de Navío Julio del Río): a ambos debió fusilar y, en lugar de ello, y que el capitán general Augustin no le permitió entrar en el puerto de Manila, “comprendió” que solo se trataba de “figurar” la defensa. Por eso presentó batalla en el peor sitio posible y, cuando los yanquis se retiraron a mediodía, buscó aguas poco profundas, desembarcó y dio orden de abrir grifos si volvían.
    La traición quedó más clara aún cuando, la noche previa, la artillería de costa de la Marina instalada las islas de la bahía, a las órdenes directas de Sostoa, apenas hizo tres disparos contra una fila de barcos a marcha lenta y a corta distancia. Ni siquiera tocaron a los barcos de transporte que iban en último lugar y al día siguiente entregaron las piezas a los yanquis sin inutilizarlas. Sostoa remató la jugada rindiendo el Arsenal y la Plaza de Cavite (esta última no dependía de él), porque el americano les bombardeaba mucho. Un enemigo que no contaba con tropas de desembarco y pudo hacerlo sin pegar un tiro. Sostoa, que ni siquiera destrozó el arsenal y ni incendió el carbón, llegó a Almirante.
    Este es solo el primer caso, pero los demás son similares: los Capitanes Generales de Cuba (y Linares especialmente en Santiago) y Puerto Rico facilitaron los desembarcos, no contraatacaron, debilitaron sus defensas y pusieron mil excusas para la rendición.
    De las excusas de Cervera (no carbón, mala artillería, estar embotellado, etc), el Ministro Auñón las desmonta con toda contundencia.
    Podría hacer un sucinto artículo sobre el tema, pero no sé si es lo que realmente se espera.

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