BATALLA DE GIBRALTAR (1407)

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Fizo su oraçion el moço bien cunplida,

de coraçon la fizo, bien le fuera oida;

fizo grandes batallas con la gent descreida,

mas nunca fue vençido en toda la su vida.

(Hizo el mozo su oración bien cumplida,

la hizo de corazón, bien le fuera oída;

hizo grandes batallas contra la gente descreída,

mas nunca fue vencido en toda su vida).

El conde castellano, con todos sus varones,

conbatian las torres a guisa d’infançones,

de dardos e d’asconas peleavan peones,

fazien a Dios serviçio de puros coraçones.

(El conde castellano, con todos sus varones,

combatían las torres a modo de infanzones,

con dardos y con lanzas peleaban los peones,

hacían a Dios servicio con puros corazones).

(Poema de Fernán González)

CONTEXTO HISTÓRICO

La Batalla del Salado de 1340 puede considerarse un punto de inflexión en el proceso conocido como Reconquista.

Recuperación del Territorio hispano invadido por los musulmanes en 711 d.C. que termina con la toma de Granada en 1492 (Definición de Reconquista, RAE, 1936).

Aquella victoria cristiana posibilitó la posterior conquista de Algeciras tras un asedio en marzo de 1344, pero a partir de ese momento el avance se detuvo: el sitio de Gibraltar en1350 se vio frustrado por una epidemia de Peste Negra, mientras el ascenso al trono de Pedro I y el enfrentamiento con sus hermanos provocó cierto debilitamiento de la defensa naval del Estrecho y una situación de creciente inestabilidad en la zona, lo que posibilitó el resurgir de la presencia meriní en aguas de Gibraltar con la ayuda de los nazarís de Granada, recuperando la plaza en 1374 y ocupando Ceuta.

Siguiendo la ofensiva, en 1399 Enrique III el Doliente de Castilla atacó Tetuán para proteger sus barcos de los piratas y corsarios que habían hecho de ella su refugio, a la vez que se culminaba la caída de la dinastía meriní que se venía arrastrando desde mediados del siglo XIV, cuando Abu al-Hasan fue depuesto por su hijo Abu Inán Faris (1348–1358), siendo este a su vez estrangulado por su propio visir en 1358.

GIBRALTAR. DIARIO DE UNA BATALLA

Verano de 1407. El almirante castellano Alfonso Enríquez ha reunido en Sevilla cinco galeras y dos leños con los que se lanza junto a su hijo Juan Enríquez a las costas del reino de Granada, a lo que se le suman ocho galeras más, una urca y tres leños y otras veinte naves de la Hermandad de las Marismas, comandadas por Fernán López de Estúñiga y el normando Robin de Braquemont, lo que forma una flota de trece galeras y veintiséis naves mancas destinadas a patrullar entre Tarifa y Málaga.

Naos e barcos e valongeles, veinte e dos (Los combates navales de 1407 y el asentamiento genovés de Gibraltar, según la Crónica de Juan II).

22 de agosto. Los castellanos avistan una flota musulmana en el puerto de Gibraltar: veintiuna galeras mayores, seis leños e zabras, e otros cáravos de pasaje de cavallos, cuya misión consistía en asegurar el tránsito de socorros desde Berbería al Reino de Granada.

          23 de agosto. La flota mora sale a tantear la fuerza de la flota castellana, produciéndose una escaramuza en la bahía de Algeciras.Las galeras de los capitanes, Pero Barba de Campos y Alvar Núñez Cabeza de Vaca resultan dañadas, por lo que se decide repartir a la gente de armas de las naves mancas entre todas las galeras, en previsión de que la ausencia de viento impida el socorro.

24 de agosto. No hay viento, el día es soleado y mar permanece en quietud, lo que hace suponer a los comandantes nazaríes ―de nombre desconocido ― que las naos castellanas deben haber quedado inmovilizadas.

Son seis las galeras granadinas las que abandonan en formación el puerto de Gibraltar en dirección a la costa de Algeciras, donde se encuentra Juan Enríquez con ocho de sus barcos, mientras el resto de la flota castellana aguarda en el exterior de la bahía.

Avistado el enemigo, Enríquez ordena bogar contra el enemigo, pero cuando observa que las otras cinco galeras aún no se han puesto en movimiento, los castellanos deben desviar el rumbo a babor, pero de repente comienza a resoplar el viento.

Ganada la iniciativa, las galeras se ponen en movimiento, acompasándose con la flotilla de Juan Enríquez. Perdida la iniciativa, el enemigo vira en redondo, tratando de ponerse a salvo al amparo de las murallas de Gibraltar.

Se inicia la persecución, alentada por Alonso Arias de Corbella, cuya galera alcanza al barco musulmán más retrasado. Se inicia el combate, a corta distancia, con bajas por ambas partes. Al final de la jornada, las murallas de Gibraltar resguardan a los musulmanes.

25 de agosto. Arriba a Gibraltar el capitán Fernán Rodríguez de Esquivel con una galera, así que la escuadra castellana está compuesta por catorce naves.

26 de agosto. La galera de Fernando de Medina, que hacía labores de escolta de los bateles que estaban haciendo aguada en Algeciras, descubre la partida de la flota musulmana, que ha zarpado en columna de uno rumbo sur para no ser detectada, y el castellano regresa de inmediato para dar alerta.

Los moros andan ya a la altura de Castil de Genoveses (Punta Europa). Los castellanos actúan deprisa y se dirigen contra ellos, pero el fuerte viento de levante que sopla en esos momentos empuja a las mancas hacia Tarifa. Además, una espesa niebla dificulta la visión, deteniendo las operaciones una media hora. En el rato de boira la flota enemiga ha aprovechado para desviarse al norte, llegando a la altura del arrabal de Gibraltar por el lado este, seguramente con la intención de rehuir el combate y arribar a Málaga.

La escuadra cristiana inicia la persecución, apoyada por su popa por los bateles que estaban haciendo aguada en Algeciras y de la galera que les hacía de escolta, agrupándose a la altura de Torre Carbonera (Punta Mala, en la actual Línea de la Concepción).

Reforzadas las galeras castellanas, cargan en dirección a su oponente, haciendo lo mismo los musulmanes al advertir la maniobra. Barba de Campos se adelanta con su bajel y embiste a una embarcación enemiga, mientras que, por el ala izquierda, Alvar Núñez Cabeza de Vaca hace otro tanto a la vez que una segunda galera musulmana arremete contra éste último por su borda libre, luchando así contra dos barcos a la vez.

La situación es comprometida. Juan Enríquez ataca a la segunda galera para ayudar a Alvar Núñez, mientras Robin de Braquemont carga contra la mayor de las galeras de la flota mora y, con la ayuda de la galera de Diego Díaz de Aguirre consiguen abordarla. Por su parte, las galeras de Alonso Arias de Corbella y Rodrigo Álvarez Osorio también logran tomar galeras enemigas.

Quedan catorce galeras, seis leños, zabras y algunos cárabos de transporte de caballos musulmanes. Sabiéndose superados, se agrupan en la Playa de La Alcaidesa, optando la mayoría por varar allí, mientras que algunas galeras permanecen con la proa vuelta hacia los castellanos, expectantes. Hay tres galeras que sí traban combate, pero al darse cuenta de que sus compañeros no se suman a la lucha, terminan reuniéndose con el resto.

Juan Enríquez y otras siete galeras castellanas se sitúan en línea frente a los musulmanes y esperan la llegada del resto de la flota. Ese momento de incertidumbre es aprovechado por cinco naves granadinas para huir en dirección a Málaga. Algunas embarcaciones castellanas salen tras ellos, pero tienen que desistir al caer la noche, regresando junto a su flota.

La escuadra castellanas se reúne en la Torre de Carbonera, celebrándose un consejo entre los principales, donde se acuerda que, a la mañana siguiente, se intentará desembarrancar y remolcar al mayor número posible de naves musulmanas, poniendo fuego a las que no sea posible, pero antes de poner en marcha el plan, a ora de la primera campana, los moros desembarcan todo el equipamiento de sus naves, incendiándolas.

RESULTADO DE LA BATALLA

El saldo final para la flota musulmana fue de doce galeras destruidas, una hundida, tres apresadas, seis leños y zabras destruidos, así como varios cárabos de transporte de caballos. Solamente cinco barcos lograron salvarse, mientras los castellanos no perdieron una sola nave.

La victoria fue un paso más en la toma de Granada, pero no definitiva: fue necesario que,  en 1408 García Fernández Manrique, saliese de Jerez de la Frontera con 800 lanzas para saquear los campos de Estepona, Casares y Gibraltar, dando muerte a 70 moros para que se formalizara una tregua hasta 1410, que culminó con la toma de Antequera.

Ricardo Aller Hernández

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