
Pero Niño
Laredo, verano de 1436 La luz de la primera hora entra oblicua por la ventana, cayendo sobre la mesa donde Gutierre Díez de Games tiene extendido un pergamino. El alférez tiene la pluma entre los dedos y los ojos cerrados, sintiendo el crujido de las galeras en el Mediterráneo, cuando el protagonista de su obra avanzaba “como si la mar le obedeciese”. Luego cree oír el golpe seco de los escudos en Gijón, cuando el por entonces joven Pero Niño —apenas un mozo— se lanzó a la vanguardia contra el enemigo, y termina su ensimismamiento imaginándose el murmullo de los





