Los Tercios españoles

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LA INFANTERÍA EMBLEMÁTICA

Himno de los Tercios

 Oponiendo picas a caballos
Enfrentando arcabuces a piqueros
Con el alma unida por el mismo credo
Que la sangre corra protegiendo el reino
Aspa de Borgoña flameando al viento

Hijos de Santiago, grandes son los tercios
Escuadrón de picas, flancos a cubierto
Solo es libre el hombre que no tiene miedo

Lucha por tu hermano muere por tu reino
Vive por la paz en este gran imperio
Nunca habrá derrota si nos hacen presos
Solo tras de muertos capitularemos

La gola de malla, chaleco de cuero
Peto y espaldar me guardaran del hierro
Levantad las picas con un canto al cielo
Nunca temeré si van columna al tercio

¡¡Disparad!!

                                Introducción

  En la etapa expansiva de la formación del Imperio Español, comenzando especialmente por el emperador Carlos V, habiendo heredado legítimamente unos reinos como Flandes, Alemania, y los territorios descubiertos de América y aunque no habiéndole declarado la Guerra nunca a los reinos de Francia, Inglaterra o al imperio Otomano y a los herejes surge la actitud de aves de rapiña principalmente de los Reinos de Francia e Inglaterra e igualmente surgiendo el cisma protestante y la amenaza del imperio Otomano de apropiarse en todo lo posible de lo que supone el Imperio Español; ante esta situación la Monarquía Hispana se ve obligada a fundar un ejército que salvaguardara el derecho legítimo a proteger el vasto territorio que formó el imperio español; en este ejército sobresale la infantería que es conocida como los Tercios Españoles que destacarían por su audacia, valentía, organización, disciplina, honor, etc.; gracias a estas virtudes España dominó más de siglo y medio Europa entre 1534 y finales del siglo XVII

                                El origen de los Tercios

  Tras la derrota de las tropas españolas en junio del 1495 en la batalla de Seminara ante los franceses, el Gran Capitán ― Gonzalo Fernández de Córdoba ― tomó nota a pesar de que él no estaba de acuerdo con la estrategia ideada por la persona que estaba por encima de él en el mando; el rey de Nápoles, Ferrante. Para subsanar los errores que habían llevado a la derrota, este hizo una serie de modificaciones en sus tropas, sustituyó a los ballesteros por arcabuceros e igualmente redujo el número de jinetes ligeros para darle más relevancia a la infantería, dotándola de una nueva organización dotándola de nuevas coronelías ― unidades de maniobra más potentes que las compañías bajo un solo mando unificado ― . También creó pequeñas unidades de caballería pesada e igualmente fortaleció la artillería. Estos fueron los pilares básicos de los futuros Tercios Españoles.

                                El origen del nombre de «Tercios»

   Hay varias hipótesis referentes al origen del nombre:

1º Una de ellas sugiere que al conformarse en la cantidad de unos 3.000 soldados.

2º Otra hipótesis se fundamenta en las armas básicas que empleaban los Tercios: la pica, el arcabuz y la espada.

3º Esta se basa en el número inicial de guarniciones que conformaban los Tercios Españoles: Nápoles, Sicilia y Lombardía. Son los Tercios viejos que Carlos V creó a lo largo del siglo XVI.

4º En esta hipótesis se basa el número en la batalla del Rosellón en 1503, donde los soldados de infantería se repartían en tres grupos: un tercio armado de picas, otro de escudados (soldados con espadas y escudos) y ballesteros y espingarderos.

                    Particularidades en el nombre 

Tercio de Asturias

Cada Tercio tenía su nombre propio, unos los tenían por el lugar de origen de su creación, como Sicilia, Nápoles, Lombardía, Flandes, Cerdeña, Málaga; etc. En cambio, los Tercios de nueva creación llevaban el nombre de su Maestre de Campo como don Lope de Figueroa ― persona del que hablaremos más adelante ― También con el tiempo se crearon Tercios sin infantería española, donde se puso el nombre de la nación donde fue creado como Tercio napolitano. Otra característica del nombre de cada Tercio era el apodo, como al tercio del Maestre Bobadilla se le apodó el de «Los Colmeneros», al Tercio de Sicilia el de «Los Sacristanes», al del Maestre Íñiguez «Los Cañutos».

    La bandera de los Tercios

 La bandera de los Tercios fue la cruz de San Andrés o aspa roja de Borgoña sobre fondo blanco, esta se puede considerar como la primera bandera de España, se denomina así porque según la tradición el Apóstol San Andrés fue martirizado en una cruz en forma de aspa o X. Dicho Apóstol fue el patrón de la casa ducal de Borgoña

                               Estructura de los Tercios Viejos

  Tras la creación de los tres primeros tercios, Milán, Lombardía y Sicilia, al crearse nuevos tercios, estos primeros pasaron a denominarse Tercios Viejos o Grandes Tercios Viejos. Estos primeros se crearon con una estructura sencilla, un maestre de campo que mandaba sobre su compañía y la de otros capitanes donde llegaría a la cantidad de unos 3.000 hombres; cada tercio podía tener doce compañías de unos 250 hombres o diez compañías de unos 300; aunque en realidad ante las dificultades para reclutar hombres y cubrir las bajas las compañías tenían menos hombres y a lo largo de los dos siglos de existencia de los tercios fue a menos, un reflejo de esto se puede ver en la batalla de Nördlingen en 1634 contra el protestante ejército sueco donde las 33 compañías tenían cada unos 50 hombres.

                                    La evolución de los Tercios

  Es innegable que los Tercios fueron la organización militar más importante de su tiempo; aunque en su estructura fundamental permaneció intacta, si estuvo sometida a lo largo de su existencia a una serie de modificaciones que requerían sus circunstancias y exigencias. En 1560 el rey Felipe II cambió la ordenanza de 1536 para establecer la composición del Tercio en 3.000 hombres repartidos en 10 compañías, de las que 2 eran arcabuceros y los demás eran piqueros. En 1603  un decreto dispuso que el tercio tuviera entre 15 y 20 compañías con unos dos mil o tres mil soldados, posteriormente en 1636 las compañías pasaron a tener unos 200 hombres. En 1567 el Duque de Alba prescribió que cada compañía tuviera 15 mosqueteros como mínimo y a finales del siglo XVI entre los arcabuceros y mosqueteros de los tercios representaban más del sesenta por ciento de su composición.

  En las últimas décadas del siglo XVI los cuatro tercios españoles en Flandes contaban con solo 6.000 soldados y en 1601 había tres que no superaban en total los 1500 hombres. En los años posteriores el número de soldados fue mermando considerablemente debido a la despoblación de Castilla, principal cantera, también por las continuas guerras. Entre 1635 y 1659, España perdió en combate 288.000 hombres entre muertos, prisioneros y desaparecidos.

  En cuanto al factor moral y anímico que siempre prevalecía sobre el técnico, era una responsabilidad que recaía directamente sobre el capitán, los oficiales subalternos y el alférez desde que los soldados novatos entraban a formar parte de la compañía.

  Cinco son las condiciones morales para formar parte de los tercios:

 1º Ser consciente de que uno de los principales preceptos a cumplir las órdenes, es decir, la obediencia.

 2º  Entender del capitán que es un honor el profesar y ser miembro de los Tercios

 3º  Entender del capitán que tienen que guardar y guardar la cristiandad que se ha heredado en España.

 4º Entender del capitán los soldados que van a ser defensores y propagadores de la Santa Fe Católica y guardar los preceptos de esta fe.

  5º  Entenderán del capitán los soldados que van a guardar y a conservar los reinos y provincias de su rey y las que les fueren desobedientes y enemigas, castigarlas y conservarlas por su valor y armas.

 Hay que señalar que la característica que diferencia a los soldados de los Tercios de otros ejércitos es la lealtad al rey, al contrario, como eran los suizos o los lansquenetes.

  Estructura de mando y características de los soldados de los Tercios

 Una de las características con la que se podía catalogar a los soldados de los Tercios era su variado origen como de sangre aristócrata a de sangre plebeya, pues no era esto lo que a la hora de ingresar en los tercios se valoraba, sino que lo que se utilizaba era el viejo principio que cada ejército era una meritocracia donde todos son iguales y nadie es más que nadie. Otra de las normas de riguroso cumplimiento a la hora de ser admitido en los Tercios era que se rechazaba a los ancianos, mutilados o menores de veinte años.

                                    Proceso de reclutamiento

 Otro aspecto que caracterizó a los Tercios es que personas insignes de la literatura española fueron miembros de los Tercios; como Cervantes, Lope de Vega, Calderón. Normalmente, dentro de esta estructura militar, el capitán de cada compañía nombraba a un alférez y que automáticamente se convertía en el abanderado de la compañía. Otros cargos que el capitán nombraba era la de sargento, cabos, tambor y pífanos. Vestidos estos de forma impecable entraban en los pueblos y contactaban con el corregidor o en su defecto con el regidor mostrando la orden del rey para que les cedieran temporalmente un edificio Así pasaban por el pueblo pasando la noticia de que el Rey necesitaba soldados. Normalmente, quien se alistaban eran jóvenes que junto a su nombre se ponía alguna inscripción detallando su aspecto físico.

                                       El ingreso en los Tercios

  El nuevo soldado, a no ser que tuviera conocimiento de las armas, comenzaba de pica seca. A medida que pasaba el tiempo, el “bisoño” -nombre que se le daba al novato- iba adquiriendo el resto del equipo, el casco o el yelmo, peto de cuero de búfalo que también podía ser de acero; cuando progresaba adquiría botas y una rodela ― escudo pequeño y redondo ― . Los piqueros solían nombrar paje para ayudarles a llevar todo el material que solían llevar, el equipaje y las armas.

  Los arcabuceros ganaban mas que los piqueros ya que estos tenían que comprarse el arma y con ella la pólvora y munición. Muchos de los soldados de infantería aspiraban a incorporarse a la caballería.

  Los piqueros podían ascender a cabos con autoridad y responsabilidad sobre una escuadra que en teoría serían 25 hombres. Cada compañía tenía un sargento que era la pieza clave del funcionamiento de la compañía, velaba por el cumplimiento de las órdenes del capitán, por el alojamiento y por el mantenimiento de las armas, de la logística de la munición y de la pólvora.

                                                   El capitán

  Por encima del sargento se encontraba el capitán de la compañía con gran  autoridad en las acciones bélicas y el servicio del rey. Él era el modelo a seguir de sus hombres. El paje del capitán o paje de jineta por la lanza mas corta que la pica, el paje normalmente llevaba las armas y se las entregaba al capitán en el momento del combate, su función contaba con gran riesgo y peligro ya que solía estar desarmado al lado del capitán.

                                                   El alférez

   Estando el capitán presente, el alférez no mandaba, su función era llevar en el combate y defender con su vida la bandera de la compañía, cuando éste en el campo de batalla y la visibilidad por la pólvora era muy limitada su postura inmóvil significaba que la compañía resistía y que iban ganando. Hubo casos de alféreces que perdieron los brazos y sostenían la bandera con los dientes.

                                            El Maestre de Campo

  El maestre de campo era elegido entre los capitanes de más fama y experiencia. El virrey, el capitán general o el gobernador en el momento de su relevo proponía al rey los capitanes más distinguidos, muy pocos podían mandar un Tercio. Entre ellos destacan el accitano Don Lope de Figueroa y Pérez de Barradas como soldado prototipo de los soldados de los Tercios y Cristóbal de Mondragón.

                                   El auxiliar del maestre de campo

   El maestre de campo contaba con un auxiliar principal que era el sargento mayor equivalente al actual jefe de Estado Mayor. Tenía autoridad sobre todos los capitanes pero no tenía compañía propia.

         Cargos complementarios

El furriel mayor se ocupaba de los alojamientos y los almacenes o sea logística.

– El médico, el cirujano y el barbero se ocupaban de la salud física de los soldados.

– El capellán mayor, creó la ordenanza de 1632 de la espiritual, con autoridad sobre los capellanes que contrataba cada compañía.

– El tambor mayor se dedicaba a la instrucción de los pífanos y tambores de las compañías, vitales para transmitir órdenes.

– El oidor y sus auxiliares -escribano dos alguaciles, un carcelero y un verdugo- se ocupaban de llevar a cabo los primeros trámites de los procesos judiciales, así como los testamentos de los miembros del tercio

– El barrachel era el jefe de la policía militar, se ocupaba del orden y limpieza de los campamentos, la seguridad de las instalaciones y de evitar que los soldados se dispersasen.

                                           El sargento Mayor

 El cometido del sargento mayor era de impartir las órdenes a los capitanes, decía como había que formar, donde se alojaría cada compañía y todas las órdenes esenciales para el funcionamiento cohesionado de todos los soldados. Era un mando de gran responsabilidad, no tenía compañía propia. Tenía un ayudante a sus órdenes, mayormente era el alférez de su compañía correspondiente.

                                     Las reformas de los Tercios

  Las bajas que tenían cada compañía en campaña se cubrían reformándola o disolviéndola la compañía que llegaba de España. El maestre de campo general que mandaba el ejército, era el encargado de distribuir los soldados y rehacía las compañías veteranas que tenían menos soldados. El capitán reformado pasaba  en calidad de “entretenido” a su cuartel general, es decir a disposición del capitán general como podía ser servicio de espionaje, en territorio enemigo o una misión en territorio vecino etc. esperando a que el capitán general le diera una compañía en cuanto antes.

 También los tercios se podían ver reformados sobre todo los que se creaban para trasladar tropas de Italia a Flandes por el camino español.

   Las bajas también podían ser cubiertas con los españoles que había en la zona de operaciones. Los tercios en principio sólo admitían soldados españoles pero a los irlandeses se les consideraba también españoles a todos los efectos, no obstante con el paso del tiempo cuando los españoles eran más escasos esta norma no era tan estricta.

                                           Los aventureros

  En torno a los tercios aunque no formaban parte de la unidad estaban los soldados aventureros, que aunque no tenían sueldo si tenían derecho al botín que les correspondía. Había momentos que ser muy útiles o en otros momentos se podían convertir en un verdadero problema como las enfermedades venéreas teniendo que vencer la desconfianza de los mandos y de los soldados.

  Los capellanes

   Los soldados de cada compañía contrataban un capellán, como asistencia espiritual y cuando llegaba el momento de la muerte. El capellán se movía desarmado por el campo de batalla con su cruz y estola, daba los últimos auxilios a los agonizantes, era un trabajo de mucho riesgo ya que los soldados del bando del cisma de Lutero manifestaban un gran odio a los capellanes católicos. A partir de 1587 los jesuitas se hicieron cargo de la atención espiritual de los tercios, lo que elevó el nivel intelectual y moral de los capellanes.

       La moral de los Tercios

  Los soldados españoles tenían conciencia de que su presencia en los tercios era para defender su fe católica, uno de los hechos muy desconocido que lo demuestra es que las guerras de Flandes empezaron para impedir las terribles matanzas y la acción iconoclasta que el calvinismo estaba haciendo en los Países Bajos; por tanto el soldado del Tercio estaba convencido de que luchaba por una causa justa siendo éste el pilar moral fundamental ante la destrucción de la guerra.

  Otro pilar  moral incuestionable era el ser conscientes de que el formar parte del tercio era prestar un servicio a su rey profesándole una lealtad absoluta ya que el monarca representaba todos los ideales, la justicia y el derecho, unido esto a la fidelidad a la fe católica suponía un estímulo y unos principios inmejorables para mantener a los soldados con una moral muy alta. Todo aquel que no compartiera estos principios era obligado a salirse.

                  El honor de los soldados del Tercio

Calderón de la Barca

Este ejército que ves
vago al yelo y al calor,
la república mejor
y más política es
del mundo, en que nadie espere
que ser preferido pueda
por la nobleza que hereda,
sino por la que el adquiere;
porque aquí a la sangre excede
el lugar que uno se hace
y sin mirar cómo nace
se mira como procede.

Aquí la necesidad
no es infamia; y si es honrado,
pobre y desnudo un soldado
tiene mejor cualidad
que el más galán y lucido;
porque aquí a lo que sospecho
no adorna el vestido el pecho
que el pecho adorna al vestido.

Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás
tratando de ser lo más
y de aparentar lo menos.

Aquí la más principal
hazaña es obedecer,
y el modo cómo ha de ser
es ni pedir ni rehusar.

Aquí, en fin, la cortesía,
el buen trato, la verdad,
la firmeza, la lealtad,
el honor, la bizarría,
el crédito, la opinión,
la constancia, la paciencia,
la humildad y la obediencia,
fama, honor y vida son
caudal de pobres soldados;
que en buena o mala fortuna
la milicia no es más que una
religión de hombres honrados.

Pedro Calderón de la Barca

                                                                     

  Tanto el carácter militar de España, como la defensa de la fe, la convicción de estar luchando por una causa justa y la lealtad al rey eran los principios que señalaban el comportamiento de los soldados españoles, comportamiento con el que se realizaron hazañas increíbles. En el siglo XVI el honor era el sello de identidad que llevaba cada soldado donde tenía plena conciencia de su deber y misión. Honor y honra fueron dos principios por los que España dominó casi dos siglos Europa y alcanzar el mayor imperio que ha existido.

                                           La reputación

 Otro principio a tener en cuenta es la reputación del soldado, ellos conscientes de su valía aceptaban sin objetar nada cuando se les pedía realizar, como empresas que para otros eran inalcanzable, así se ganaron la fama de que nada fuera del alcance de los españoles.

               

La ambición de los Tercios    

  Otro principio que rodeaba a los soldados de los Tercios es la conciencia de que todo estaba al alcance de ellos, aunque fuera conquistar un imperio como fue el imperio Azteca, Inca, etc.

  ¿Porque te alistas en el Tercio?         

   Fueron muchos los motivos que llevaron a  personas de diferente estatus social a alistarse en el Tercio, unos lo hacían para huir de la pobreza, ya que por humilde que fuera, tenía la posibilidad de escalar en lo que era la jerarquía militar y ganar fama y riqueza. Tres conceptos principales  fueron los que disiparon las tensiones sociales, las Indias, la Iglesia y los Tercios, en estos últimos, los soldados sabían que a fuerza de valor tenacidad y trabajo podrían alcanzar lo que se propusieran.

  Otros se alistaban por vocación a la milicia y otros por aventuras.

                                  Las propiedades del soldado

  Una de las principales propiedades del soldado era el sueldo, otros por conseguir vivir fuera de España veamos los diferentes aspectos:

– La soldada: al soldado español durante muchísimo tiempo se les pagó con oro; el sueldo básico del soldado eran tres doblas.

– Los soldados rasos o pica seca: Éstos cobraban 3 escudos durante un corto plazo de tiempo ya que en éste acumulaba ventajas, que se ganaban con el valor o con la sangre o se les daba como incentivo; si el soldado tenía coraza recibía un escudo más al mes para estimular la seguridad en el combate.

– El arcabucero: tenía tres escudos más para las municiones y otro mas si disparaba mucho 6 o 7 escudos

– El mosquetero: a estos se les daba lo mismo que al arcabucero, por el peso del arma, 6 escudos.

– Los miembros de la banda (pífanos y tambor): también tenían tres escudos más que el soldado raso, 6 escudos.

– El cabo: tenía 30 escudos.

– El sargento: tenía 35, cinco más que el cabo.

– El alférez: tenía 12 escudos más que el sargento 47 escudos.

– El Capitán de compañía: el sueldo básico era de 40 escudos.

– El Sargento mayor: tenía 25 escudos de sueldo mensual.

– El maestre de campo cobraba 65 escudos mensuales. Felipe II dió a los maestres de campo españoles 80 escudos por mes de sueldo mas 32 escudos para pagarse la guardia de ocho alabarderos

                                    Los gastos imprevistos

 Cuando las compañías tenían gastos imprevistos que no se habían presupuestado los capitanes lo solucionaban aumentando el censo de soldados y cuyo dinero venía a solucionar estos gastos.

                        La administración y control de la economía

 Para el control de la economía la corona organizó un sistema administrativo de inspección y control que era el más avanzado de su tiempo para comprobar que a los soldados que se les pagaba eran reales y no invención escrita en un papel. El sistema consistía en que los soldados de la nueva compañía pasaban muestra ante el veedor -como pasar revista a la tropa-.

                                            Los motines

   Una de las principales causas de los motines era el retraso en la entrega de la paga, ya que aunque había voluntad por parte de la corona, los compromisos se multiplicaban; otra causa de que la paga no llegara era el asalto de los barcos ingleses y holandeses a los barcos españoles cargados de oro y aunque los convoyes españoles iban bien protegidos había ocasiones que conseguían asaltar el barco el monarca español se quedaba sin recursos. Igualmente el monarca francés también conseguía su “tajada” cuando aprobaba el paso por su territorio el paso de caudales de España a Flandes cuando por ejemplo de cada 150.000 escudos se quedaba con 50.000 escudos; era peaje de bandolero.

  En muchas ocasiones los soldados perdían la esperanza de cobrar y se amotinaban. Los motines sucedieron en general en época de escasez y carestía en los países donde se encontraba la guarnición e igualmente no se amotinaban los españoles sino toda la guarnición como hecho peculiar es que en ocasiones los amotinados españoles cedían sus bienes para que se le pagara a los amotinados de otras naciones. Además eran muy peculiares los motines en su realización; se desarrollaban con mucha disciplina, lo primero que hacían era echar a los mandos para evitar el compromiso de elegir lealtad al rey o a sus hombres; después elegían a uno de ellos al que daban autoridad total incluso de vida y muerte y que era asesorado por un consejo electivo, se imponía la más estricta disciplina. Después los amotinados comunicaban sus exigencias como cobrar todo y en oro con un largo periodo de negociaciones; también se exigía la garantía de que no habría represalias, también se exigía que tras acabar el motín cada amotinado podía elegir compañía.

  El resultado de los motines siempre fue desastroso o incluso trágico no es exagerado decir que los motines favorecieron mayormente la victoria del enemigo, a muchos de ellos después del motín se les obligaba dejar el ejército y el país.

                                     Otros medios de financiarse

   Otra forma de los soldados de financiarse era con los prisioneros, con los despojos, el botín y el saqueo.

  Los despojos consistían en el adueñamiento de las pertenencias del enemigo vencido como armas, dinero, joyas, ropa, calzado. Normalmente los mandos prohibían que los soldados abandonaran el combate para despojar al enemigo, entonces esta tarea estaba reservada a los pajes, los pajes solían rematar al enemigo agonizante y malherido y después los desnudaban para apropiarse de su ropa.

                                            Los prisioneros

  Los prisioneros eran “propiedad” de quien lo capturaba. Normalmente los mandos del enemigo, nobles y más pudientes eran el objetivo prioritario de capturar ya que se pediría un rescate por ellos. La práctica ordinaria en Flandes, Alemania y Europa central era «despachar» sobre el terreno a los heridos graves. Con el tiempo estas prácticas se suavizaron.

 En cambio en el Mediterráneo muchos presos como moros, berberiscos, renegados etc. se vendían al Estado para que remaran en las galeras de la corona o a la Orden de Malta. Felipe II cuando se anexionó Portugal prohibió la ejecución de cualquier preso.

                                                  El botín

 Una de las situaciones que podían surgir en el campo de batalla y que alguna se perdió  por esta causa, era cuando los soldados dejaban de luchar para despojar a sus presos, a lo que los generales se vieron obligados a que se uniera el botín en un monte y que se recogiera tras la batalla; los soldados normalmente solían llevar sus propiedades con ellos, con frecuencia eran verdaderas fortunas.  En el reparto del botín se utilizaban unas normas antiguas que en España se habían pasado a la legislación como las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio; cada soldado sabía lo que era suyo y lo que era del botín general, lo de este último se repartía con estricta reglamentación de las Partidas que era de conocimiento común, el rey se llevaba la mitad y  si no había financiado la empresa solo un quinto; el resto se distribuía equitativamente. Así que en una batalla si se apresaba a un noble o adinerado, el soldado que lo apresaba lo despojaba del oro que llevaba y pasaba a ser parte del botín general ―teniendo él su parte ―. Meses después cobraría el rescate del prisionero que podía ascender a miles de monedas de oro.

                                                El saqueo

 Uno de los momentos para enriquecerse era el saqueo posterior a la captura de una ciudad; cuando el soldado llevaba tiempo sin cobrar una de las soluciones era tomar la ciudad al asalto; por eso a ellos no les interesaba que las ciudades capitularan, ya que en esta situación se decretaba respetar la vida y las propiedades de los habitantes de la ciudad.

  También se planteaban diversas acciones a realizar; si el general de los sitiadores concedía el saqueo, los soldados asaltaban con un saco al hombro para apoderarse de todo; dinero, ropas, joyas, alimentos, muebles y enseres de cocina. También si se producían violaciones la autoridad militar castigaba cuando todo se tranquilizaba.

                ¿Como era la vida ordinaria del soldado del Tercio?

  Cuando los soldados no estaban en campaña la vida era muy diferente, todo dependía del lugar donde se encontraran.

                                         El Alojamiento

  Cuando las tropas se acercaban a un pueblo o a una ciudad el furriel se adelantaba al ayuntamiento a pedir las boletas ― hojas ―  de alojamiento donde se asignaba al soldado la casa de un vecino para alojarse. Normalmente los soldados eran bien acogidos pero si anteriormente habían pasado soldados había recelos. En el hogar que le tocaba el soldado sólo podía exigir al dueño agua, sal, aceite, vinagre y asiento cerca de la lumbre. Había dueños que veían al soldado como un hijo y al oficial como al rey procuraban agradar dando la mejor habitación. No obstante no faltaron los abusos.

                                           La camarada

   Cuando la estancia en una ciudad se alargaba  indefinidamente, los soldados vivían en régimen de camaradas es decir que 8 o 10 soldados compartían la misma cámara, habitación o vivienda alquilada contribuyendo por igual a los gastos comunes. Para evitar que esto quedara en desuso, en 1632 se dispuso que las camaradas debían ser restablecidas. Éstas no se establecían sólo entre soldados y mandos inferiores sino entre los maestres de campo y oficiales superiores. Era la manifestación de una convivencia fraterna, esto favorecía el fortalecimiento de las unidades. Con frecuencia en el mismo tercio servían miembros de la misma familia, eran como una gran familia donde todo se compartía lo bueno y lo malo.

                                      El cuartel y el campamento         

  El cuartel en el lenguaje de los tercios era el barrio donde se alojaba el tercio. Había ciudades que construían barracas muy míseras para alojar a los soldados en lugar de tener que hacerlo en las casas.

  En cambio en campaña y sobre todo durante los largos asedios de las ciudades amuralladas de la época la vida se hacía en los  campamentos; al principio se hacía en tiendas de lona pero después se edificaron las barracas de madera. Las tiendas se formaban con paños de lona. La tienda básica era la que tenía forma piramidal de cuatro paños para cuatro soldados.

  El alimento

  La comida era guisada por el paje correspondiente o una mujer contratada para hacer la comida. Cuando comían mojaban pan en la olla común y sacaban las presas de carne con la daga.

  Durante las marchas, combates y asedios el tercio se veía en la necesidad de cuidar de cuidar la logística del alimento. Si los víveres escaseaban y estaban racionados, los furrieles recogían de sus compañias donde les indicara el furriel mayor ocupándose a su vez de distribuirlos en la compañía. 

El distintivo del soldado del Tercio

  En principio el soldado del tercio no tenía uniforme pero estaban obligados a llevar en la coraza una banda roja o a falta de ella si no era coselete, una cruz o un aspa cosida permanentemente en el jubón. El rojo era el distintivo del rey católico por tanto de la infantería española. La prenda distintiva de los soldados españoles solía ser una banda roja y la de los capitanes, una faja roja ceñida a la cintura, que era muy ancha en los maestres de campo y maestres generales.

  El vestuario

   Cuando los soldados estaban recién incorporados al tercio estaban medio desnudos y medio descalzos pero pronto superaban esta situación. Siempre que podían, los soldados vestían trajes espléndidos de colores vivos, con plumas en los sombreros y armas damasquinadas -con dibujos de artesanía-.

  «Pasaban orgullosos como reyes; los capitanes, arrogantes como príncipes; los soldados tan apuestos que parecían capitanes»  Brantôme a la reina Margarita de Francia.

  Pasado el tiempo, para remediar la desnudez de los nuevos soldados, el rey contrató suministros de prendas de paño pardo, el color que daba la lana sin teñir de las ovejas; también el calzado el capitán entregaba al soldado en el momento de ingresar a cuenta se lo entregaba como adelanto. En cambio en 1694 acercándose el fin de los tercios empezaron a vestir de modo uniformado.                         

                    La familia

  La corona reconocía los matrimonios de los soldados en Flandes y en Italia, tanto en la tropa como en los oficiales, no obstante esto añadía mas problemas ya que los actos de guerra ni los alojamientos estaban pensados para sostener una familia; además si el soldado fallecía había que remediar el desamparo de su familia. En 1632 se hizo una ordenanza donde se prohibía expresamente que los soldados se casaran; pero del dicho al hecho……ya que los que quisieron se casaron con la bendición del capellán de su compañía. Los españoles se solían casar con mujeres del país donde pasaban.

  Normalmente las familias de los soldados, los seguían en un gran grupo de personas de diferente índole como, vivanderos,  artesanos, herreros, zapateros, guarnicioneros, sastres, prostitutas, rebaños de animales etc.

La mujer pública

  Para evitar el casamiento de los soldados se aceptó que al tercio acompañasen un contingente de prostitutas que se estima en un diez por ciento del total de toda la tropa, según unas investigaciones se considera que cada compañía necesitaba seis prostitutas. Estas mujeres viajaban y se alojaban gratuitamente aparte de los soldados, pero no podían durante la noche permanecer en el campamento.

  Una de las prácticas que estaba perseguida en todos los países cristianos era la sodomía, según las leyes españolas era un grave delito, que competía a la Inquisición investigarlo y juzgarlo pero su dictamen ejecutarlo correspondía a la la justicia del rey.

  ¿Como afrontaban las enfermedades y otras situaciones dolorosas? 

  Ya con la gran Reina Isabel la Católica que ideó los hospitales de campaña se puede decir que los tercios fueron unos adelantados en su tiempo en la atención a los heridos y enfermos. Había una caja de previsión organizada y gestionada solidariamente que recogía cada mes parte de las soldadas para atender enfermedades y desgracias. Los cirujanos y barberos del tercio que atendían a los heridos dicho ejército disponían de hospitales; para no depender de los boticarios extranjeros, el ejército tenía su propia botica, que la atendía los farmacéuticos militares. La atención sanitaria de los tercios iba muy por delante de la situación de otros reinos. Los soldados tenían el privilegio de otorgar en campaña testamento, éste no tenía necesidad de pasar por notario.

  Cuando un soldado era malherido en batalla, las posibilidades de ser degollado para ser despojado eran bastante altas. La evacuación de los de heridos graves eran muy limitadas ya que dependían del resultado de la batalla y de los carros ambulancias que eran pocos. En cambio los presos de calidad eran trasladados a fortalezas en espera del rescate mientras los presos españoles eran degollados, vendidos como esclavos o enviados a galeras.

                                     Las armas de los tercios

   Como se ha dicho al principio el Gran Capitán hizo una reforma del ejército donde se puso las bases de los tercios. En cuanto a las armas que usaban los tercios eran las siguientes:

– La pica: Lanza de grandes dimensiones de unos 5 metros y de 5 kgr. de peso y rematada con hierros en ambos extremos.

– La espada: Arma blanca, recta, larga de pincha y corta, de filo y corte, era flexible y ligera; la llevaban todos los soldados de los tercios.

– La daga: Arma blanca, relativamente corta con punta y filo. Era como el complemento de la espada.

– La jineta: Lanza corta del tamaño de un chuzo ― palo armado con un pincho de hierro ―. La jineta de los oficiales se llamaba espontón.

– La alabarda: Arma múltiple de dos metros o dos metros y medio de larga que servía de divisa al sargento de la compañía. Tenía en el centro una cuchilla de algo más de un palmo, con punta y filo que cumplía la misma función que la lanza.

– Partesana: La solían llevar los cabos, era una alabarda, modesta sin adornos. Sólo tenía una punta de lanza en el centro.

– El arcabuz: Era el arma larga de fuego individual de la infantería española; este arma tenía una horquilla en forma de U como sujeción al disparar.

– El mosquete: Fue el arma de fuego que fue a sustituir al arcabuz ya que este arma era de más potencia y eficaz a mas distancia.

                               El armamento complementario

 Los tercios usaban pólvora negra, mezcla de carbón, azufre y salitre al arder hacía mas de setecientas veces su volumen en gases que provocaban un empuje muy considerable. El soldado era formado en saber cómo fabricar pólvora y obtener salitre.

 La mecha era una cuerda de cáñamo o estopa, sólo al final de la existencia de los tercios se usó el algodón.

 Las balas eran macizas, esféricas y de plomo, las elaboraba el arcabucero fundiendo el plomo que adquiría del furriel en planchas o ladrillos. Ademas de “los doce apóstoles” y el zurrón con balas, el soldado arcabucero o mosquetero llevaba una banqueta, una varilla que servía para empujar y que estaba provista de un rascador para limpiar el interior del tubo del arma.

                                             Las armaduras

  En cuanto a las armaduras se refiere, eran caras pesadas y quitaban libertad de movimiento, por lo tanto no gustaba mucho a los soldados. Pero había situaciones que era imprescindible ponérsela para protegerse, entre estos era el alférez ya que portaba la bandera.

  El morrión era un casco en forma de media almendra; el coselete yla coraza  cubrían al tronco, este podía ser de una pieza. Los brazos se protegían por guardabrazos y los codos por el codal y sobre codal.

                                     En el campo de batalla

  El combate de la infantería con tiros de mosquete a más de cien metros de distancia seguía con el tiro de los arcabuces cuando la formación enemiga muy cerca y continuaba después bajando las picas que sobresalían un par de metros de la formación. Las formaciones de los tercios estaban concebidas para maximizar y compatibilizar la protección con la capacidad ofensiva de sus armas.

  Una vez conocidas las órdenes de los mandos superiores el sargento mayor del tercio o el sargento de la compañía su preocupación era averiguar cuantas hileras y filas tendría la formación que se le ordenaba. Los tercios formaban en cuadro de gente que tenía tantas filas como columnas que se calculaban, con la raíz cuadrada del número de infantes. El cuadro de terreno era un cuadrado casi perfecto con igual frente que fondo, que requería un cálculo más complicado.

 Un tercio podía tener cuarenta picas de frente; dos tercios pondrían al frente uno 16 picas y otro 14 piqueros. Generalmente los coseletes ― piqueros con coraza ― formaban delante en vanguardia; los mosqueteros y arcabuceros en formaciones sueltas, llamadas mangas, a ambos costados y fuera de la formación; los piqueros sin coraza atrás para cubrir bajas y las banderas en el centro . Las formaciones de cualquier tipo tenían mucha fortaleza contra los ataques de la caballería e infantería enemiga. Cuando se necesitaban más fuerzas que una compañía se procuraba formar un escuadrón de mil a tres mil hombres que reuniese una mezcla equilibrada y flexible con las mejores cualidades.

                                              El choque

 El combate de las formaciones era simétrico porque el enemigo se colocaba de la misma manera y sus efectivos era parecido. El combate comenzaba con cañonazos para abrir huecos en las formaciones enemigas; después atacaba la caballería que se acercaba todo lo que le permitían las puntas de las picas para disparar con sus pistolas o también colarse en los intervalos de las formaciones. Finalmente las formaciones avanzaban una contra otra y cuando estaban cerca abrían fuego los arcabuceros. En ese momento se quedaba una intensa niebla provocada por los disparos.

  Los choques eran frontales hasta que las bajas debilitaban a uno de los dos bandos o cundía el pánico. La habilidad del mando radicaba en desordenar o romper las formaciones enemigas y lograr que volvieran las espalda así eran totalmente vulnerables. El número de bajas en la batalla no era muy grande; las principales matanzas sucedían en la huida de algún bando.

 Las escaramuzas nunca eran decisivas pero ayudaban, como engañar al enemigo.

  En las emboscadas una tropa se escondía para atacar por sorpresa a otra que estaba en movimiento.

  Uno de los usos mas comunes de los tercios eran las encamisadas, éstas consistían en ataques nocturnos en la que los españoles se ponían la camisa entre las ropas exteriores para reconocerse entre sí.

                           Los asedios

  Cuando se llevaba a cabo un asedio el sitiador tenía que impedir que los asediados salieran de la plaza, para eso hacía la contravalación. Para que no le atacaran el por la espalda, construía también otro recinto exterior fortificado la circunvalación y el ejército sitiador se establecía entre ambas. El asedio culminaba con el sitio; si la defensa no cedía y se rendía o capitulaba; el sitiador concentraba su artillería en un sector de la muralla para que sus soldados asaltasen por encima de los escombros y penetrasen. También se intentaba durante la noche acceder con escaleras por la muralla. Cuando los asaltantes accedían a la ciudad tenían derecho a unos días de saqueo.

          Los Tercios y el mar

  La defensa del imperio español con unas dimensiones descomunales , ― algunos lo denominan el primer Imperio global ― donde las posesiones tenían un eje donde estaba Filipinas-América-España-Europa. Así que algunos lugares de acción de los Tercios fueron: Argelia, Marruecos, Libia, Chipre, Malta, el mar Adriático, Montenegro, Grecia, Argel, Túnez, Países Bajos, Inglaterra, Escocia, Brasil, Florida, Filipinas. El Caribe, Cartagena de Indias, la Guayana.

  Para controlar y defender sus posesiones de su vasto imperio no solo por tierra sino también por mar la monarquía española ya que tenía una gran potencia naval necesitó embarcar a los tercios; en 1537 Carlos V dió el primer paso para que algunas compañías de forma permanente embarcaran pero en el reinado de este monarca la infantería realizaría operaciones concretas, pero fue con Felipe II  y sus sucesores fue cuando los Tercios embarcaron siendo el accitano maestre de campo Don Lope de Figueroa el artífice de la creación de la infantería de marina. Los más representativos serían la Santa Liga, con la batalla de Lepanto, el Tercio nuevo del Mar de Nápoles, el Tercio de la armada del Mar Océano, el Tercio de Galeras de Sicilia y el Tercio Viejo del Mar Océano y de Infantería Napolitana, muy activos en el Siglo XVI y XVII .

                        ç La situación en el interior del barco

 La vida de los soldados en el barco era mas dura que en tierra, tenían  una situación difícil; los soldados vivían y dormían a la intemperie en el espacio que dejaban los remeros. Las galeras al tener poca anchura tenían poco espacio para los bancos destinados a los soldados. En la mitad de la galera los pajes ponían los hornillos para cocinar.

 En cambio en los galeones había más espacio y los soldados podían dormir bajo cubierta.

   La lucha en el barco

  La infantería embarcada asaltaba los barcos enemigos, al abordaje o también operaba en tierra una vez desembarcada como tercios ordinarios bajo el mando de sus jefes; el mando siempre correspondía al general de la fuerza. También el combate tanto en el Mediterráneo como en  el Atlántico no eran iguales; en el mediterráneo a bordo de las galeras se combatía desde la proa, sobre las arrumbadas -tejadillo que cubría el espacio triangular en la plaza delantera de la nave-; se peleaba para poner el pie y conquistar la proa enemiga, normalmente con pocos combatientes. En cambio en los galeones del Atlántico el abordaje del barco se hacía poniéndolo al costado con lo que el combate tenía las características de un asalto. Los objetivos eran los castillos de proa y popa.

  Las actuaciones de los tercios embarcados destacaron en el Mediterráneo con la batalla de Lepanto, la toma de la Goleta, o el levantamiento del sitio de Malta en 1565.

  Una de las operaciones anfibias de gran envergadura fue contra la isla Tercera de las Azores en 1583, precedida de un formidable combate naval en el que la escuadra de Álvaro de Bazán hundió una flota franco-portuguesa. En los barcos de este iba el Tercio de Lope de Figueroa llegado de Flandes y los de Bobadilla, Íñiguez y Moreno, junto a cinco banderas de tercios viejos que mandaba Hernando de Toledo.

 En la zona atlántico-americana la misión de los soldados era guarnecer los buques que protegían la comunicación entre España y las Indias sin descartar ataques puntuales contra refugios de piratas.

 En Lepanto (1571), la mayor batalla naval del Mediterráneo, combatieron en las galeras los Tercios de Nápoles y Sicilia y dos compañías del tercio de Lombardía; a estos se añadieron los tercios de Lope de Figueroa y Miguel Moncada que habían participado en la reciente guerra de las Alpujarras (1568-1571) al mando de don Juan de Austria.

  El dominio marítimo de España en el Siglo XVI y gran parte del XVII era absoluto, para los continuos ataques de los piratas contra poblaciones indefensas especialmente en el Caribe, las comunicaciones con las Indias funcionaron regularmente durante más de tres siglos con una gran actividad marítima; entre 1540 y 1650 once mil buques hicieron el recorrido entre España y América. En el mar, España venció a los corsarios, al imperio Otomano, a  los franceses, ingleses y holandeses calvinistas en América.                                  

     El Camino Español

“España mi natura, Italia mi ventura, Flandes mi sepultura”

                                                                       ― Dicho de los Tercios ―

  Habiendo surgido la necesidad de enviar tropas a Flandes debido al levantamiento de los herejes contra el Emperador Carlos V y sus sucesores prolongándose la guerra; ya con Felipe II el Cardenal Granvela fue el precursor del Camino Español diseñándolo para el monarca; la corona Hispana tuvo dos opciones para el traslado de soldados a Flandes; una era el traslado por mar surgiendo así una situación llena de peligros, inestable e insegura, ya que estarían los barcos españoles a merced del ataque de los barcos de los reinos enemigos como Francia e Inglaterra  o de los piratas y corsarios siendo el canal de la Mancha el más peligroso. La otra mucho más segura sería el traslado por tierra, todo consistía en trazar una ruta. Todos tuvieron como punto de salida la ciudad de Milán y su llegada definitiva  Bruselas. Aunque hubo varias rutas del camino, se puede sintetizar en seis las principales rutas con diferente recorrido del Camino Español, que son las siguientes:

Ruta del Duque de Alba (1567); Itinerario: Milán. Turín, Aiguebelle, Chambery, Lons-le-Saunier, Nancy, Metz, Thionville, Luxemburgo, Lovaina y Bruselas.

Ruta del Archiduque Alberto (1595);Itinerario: Milán, Turín, Aiguebelle, Albertville, Annecy, Aripthod. Besancon, Baurne-Le-Dame, Epinal, Baurne le Dame, Epinal, Luxemburgo, Namur, Bruselas.

Ruta del Puente de Gressin (1601); Itinerario: Milán, Ivrea, Aosta, Bourg-St, Maurice, Pont de Gessin, St, Claude, Champagnole, Baurne le Dame, Epinal, Luxemburgo, Namur, Bruselas.

Ruta de Virués (1604); Itinerario: Milán, Lugano, Beellinzona, St.. Gottard, Lucerna, Baden, Rup-sur.Mosselle, Epinal, Nancy, Luxemburgo, Namur, Bruselas.

Ruta de Colmar (1620); Itinerario: Milán, Gravedona, Col du simplon, Briga, Furkapass, Schwyz, Baden, Breysach, Colmar, St, Die de Vosgues, Baccarat, Luxemburgo, Namur, Bruselas.

Ruta de Nordlinguen (1634); Itinerario: Milán, Fuerte de Fuentes, Sondrio, Innsbruck, Munich, Nordlinguen, Bonn, Colonia, Lurnnen, Lovaina, Bruselas.

Los caminos españoles

  Aunque España tenía una firme amistad por todos los estados por donde pasaban, estos eran independientes y cada vez que las tropas querían pasar, había que hacer bastantes trabajos diplomáticos. A partir de 1571 Felipe II decidió abrir embajadas permanentes en todos los territorios menos en Lorena. También en el Camino Español había “tres puntos delicados” tres ciudades-estado que temían que el paso de los Tercios les provocara la pérdida de su independencia, éstas eran Ginebra, Besancon y Metz. A cada expedición le precedía un comisario enviado desde Milán o Bruselas, para indicar a los gobiernos de los territorios, por donde iban a pasar, donde se iban a detener, la cantidad de víveres y el precio.

 En cuanto a la evolución que tuvo el camino español y sus diferentes alternativas fueron verdaderamente una tarea de políticas y luchas por mantener las rutas por parte de los Tercios. A partir de 1593, Francia debilitada por la guerra interna y en 1597 los franceses atacaron el Camino Español, invadiendo el condado de Saboya y los valles de Maurienne y Tarantaise. Desde el tratado de Lyon, Francia aprovechó muy bien el paso de los tercios por su territorio. Otro golpe al camino fue cuando en 1621 se perdió Alsacia así que no quedó un corredor seguro tras los Alpes. El cardenal-Infante don Fernando preparó un contingente, pero pasando por Alemania y por terreno hostil para llegar a Flandes, este hecho es el que provocó la batalla de Nordlinguen (1634).

                                     Algunas batallas emblemáticas

                                        La batalla de Bicoca (1522)

  Batalla llevada a cabo contra Francia, el general Lautrec dirigiéndose a Monza para intentar cortar el paso de Suiza al ejército hispano-alemán de Carlos V; en cambio el general Próspero Colona jefe del ejército español, contaba con 4000 arcabuceros como fuerza principal de su ejército, apoyados por su artillería. Ya en la batalla, los esguízaros -mercenarios suizos- de las tropas francesas sufrieron innumerables bajas con la pérdida de 22 capitanes y 3000 piqueros en cambio las tropas españolas no tuvieron ni una sola baja en la batalla.  La infantería suiza sucumbió ante la eficacia del arcabuz de los Tercios españoles.

 Ante la facilidad de ganar la batalla de las tropas españolas quedó el dicho «esto es una bicoca» o sea fácil de conseguir a bajo precio. Después de la batalla en la tropa española hubo una baja, un soldado muerto por la coz de una mula.

                                     La batalla de Pavía (1525)

               Cuando los tercios humillaron a Francia y a su rey

 En el año 1524 el rey de Francia Francisco I había atravesado los Alpes al frente de un gran ejército para ocupar el Milanesado. Aunque los Tercios españoles estaban en una situación de inferioridad de condiciones, se replegaron a Lodi (Italia) dejando en la ciudad fortificada de Pavía una guarnición de 2000 españoles y 5000 alemanes al mando de Antonio de Leyva. La tenaz defensa de Leyva hizo que los tercios recibieran refuerzos de Alemania y Austria. Ya a mediados de enero del 1525 los Tercios acudieron a socorrer al ejército de Pavía. Eran 4.000 españoles, 10.000 alemanes, 3.000 italianos de infantería más 2.000 jinetes y 16 piezas de artillería. El monarca francés esperaba que los sitiados se rindieran, en cambio Pescara envió compañías de encamisados para abrir brecha en los muros de las defensas francesas. Por ahí se metió el ejército de Pescara  arremetiendo en forma de línea oblicua. En cambio el rey francés Francisco I convencido de su superioridad abandona sus posiciones defensivas y sale al encuentro de los tercios con su caballería pesada creyendo erróneamente  que la batalla estaba ganada; Pescara el mando de los tercios concentra a 1500 arcabuceros en un bosque próximo y abre fuego arrasando a la caballería pesada francesa mientras la infantería acomete a la caballería caída, rematándolos sobre el terreno. Entonces Antonio de Leyva salió de Pavía con 5000 hombres y cayó sobre la infantería francesa arrollándola; seguidamente la caballería de los tercios se rehace y acaba con el resto de la caballería francesa y los lansquenetes de los tercios abordaron a la artillería francesa. La derrota francesa es aplastante, el rey Francisco I primero cae preso tras un arcabucero matar a su caballo, siendo detenido y llevado preso en Madrid.

                               La batalla de San Quintín (1557)

  Recién comenzado su reinado Felipe II  firmó con Enrique II rey de Francia la tregua de Vaucelles que al romperla el monarca francés, provocó una nueva guerra, que tuvo como escenario el territorio francés fronterizo con Flandes, Manuel Filiberto de Saboya «Cabeza de hierro» estuvo al mando de los Tercios españoles. Al principio como estrategia de distracción que tuvo éxito las tropas españolas marcharon sobre Marienburg para atraer allí al ejército francés, poco después los españoles marcharon sobre San Quintín, como reacción acudieron en ayuda un ejército de 28.000 soldados donde se encontraban, condes barones, grandes señores y gentilhombres. El jefe de las tropas español duque de Saboya, salió al encuentro de las tropas francesas chocando las dos caballerías pero la hispana mandada por el conde de Egmont al embestir de flanco a la infantería francesa, mal desplegada, obtuvo una victoria completa el 10 de agosto del 1557. Si se hubiera realizado la persecución del ejército vencido todo este hubiera perecido; pero el Duque de Saboya lo impidió. En conmemoración de la victoria de esta batalla se edificó San Lorenzo del Escorial.

                              La batalla de Lepanto (1571)

Cervantes en Lepanto

«La más memorable y alta ocasión que vieron y verán los siglos, ni esperan los venideros.» Miguel de Cervantes.

  Como todos sabemos la batalla de Lepanto tuvo lugar el  7 de octubre del 1571, entre una flota Otomana de casi 300 naves al mando de Alí Bajá y la armada cristiana -católica- de la Santa Liga, compuesta por 70 galeras, españolas, nueve de Malta, 12 del Papado y 140 de Venecia, el lugar de la batalla está situado en la entrada del golfo griego de Patras, cerrado por las islas de Cefalonia, Ítaca y Zante entre la península de Etolia. El bando católico sumaba unos 30000 combatientes, de los que 20000 eran españoles en su mayor parte infantería de los tercios de Lope de Figueroa, Pedro de Padilla, Diego Enríquez y Miguel Moncada. Don Juan de Austria era el mando supremo de esta flota apoyado por experimentados hombres en la guerra como Álvaro de Bazán, Luis de Requeséns, el genovés Andrea Doria o el maestre de Campo Lope de Figueroa hombre de gran importancia en la victoria de Lepanto.

  La batalla fue un choque frontal de dos infanterías embarcadas, el centro de ambas se enzarzó en una confusa pelea que duró varias horas en las que se combatió sin descanso cuerpo a cuerpo. La galera de Don Juan de Austria se lanzó al abordaje contra la de Alí Bajá, se intentó dos frustradas veces pero a la tercera se consiguió abordarla y aniquilar a los jenízaros -soldados de élite musulmanes-. Herido Alí Bajá de un arcabuzazo, un galeote cristiano le cortó la cabeza con un hacha. A partir de ese momento los otomanos se desmoronaron terminando por dispersarse la flota otomana y huyendo; solo 50 naves de la flota turca consiguieron escapar. Los arcabuceros españoles fueron decisivos en la batalla.

                                 La batalla de Cagayán (1582)

“Cuando unos demonios, mitad pez mitad lagarto de gran fiereza aniquilaron a los piratas samurais” Leyenda Japonesa sobre los Tercios

  Las islas filipinas estando bajo dominio español se vieron asediadas y asaltadas por piratas samurais; por tanto el rey Felipe II encarga a Juan Pablo Carrión con 40 soldados de los tercios, interceptar a dichos piratas y aniquilarlos, con una galera y cinco embarcaciones contra 18 embarcaciones japonesas y 1500 piratas japoneses. Estos hay que tener en cuenta que estaban bien armados ya que el reino de Portugal se encargaba de proveerlos de arcabuces. La capitana -la nave española- intentó al principio el abordaje del barco japones y tomarlo pero fue rechazado posteriormente las naves españolas dan con el grueso de las naves japonesas comandadas por Tai Fuso. Posteriormente se lleva a cabo una fase de batalla naval con la superioridad de fuego de la artillería de los barcos españoles. Tras bajar los españoles a tierra la artillería causa numerosas bajas en el enemigo, los nipones reaccionan atacando por tierra aunque tenían muchas bajas. También los españoles tenían 10 bajas con 30 hombres activos. Finalmente los piratas fueron derrotados y puestos en huida. 

                                     El milagro de Empel (1585)

«Cuando Dios se hizo español y la Inmaculada Concepción su intercesora»

 Tras la toma de Amberes, Alejandro Farnesio, licenció al ejércto y mandó a los tercios a la isla de Bómel. El general rebelde Holac vió la oportunidad de exterminarlos, hizo romper los diques e inundó la isla. Los españoles volvieron en barcazas a la orilla sur, pero allí los campos estaban también inundados. Se encontraban 4000 hombres sin comida, sin leña, se apiñaban en el dique de Empel aislados por aguas profundas. Holac metió sus barcos entre el dique y la ciudad de Hertogenbosch. El día 7 de diciembre la situación era crítica y desesperada y el maestre Bobadilla llamó a todos a rezar, los capitanes le propusieron matarse entre si para no caer en manos enemigas, propuesta que fue totalmente rechazada; entonces un soldado cavando una trinchera encuentra un Icono de la Inmaculada Concepción, entonces viendo esto como una señal sobre natural se encomendaron a la Virgen levantándose la moral de la tropa. Entonces esa misma noche comenzó a levantarse un aire tan frío que heló las aguas y Holac temiendo verse inmovilizado por el hielo tuvo que sacar la flota al río. Esa noche los tercios atacaron de imprevisto aniquilando los barcos y soldados enemigos. Al día siguiente mejoró el tiempo y los españoles pudieron volver en barcazas a Hertogenbosch. A raíz de este hecho milagroso, la Inmaculada Concepción es la patrona de la infantería española.

                                 La batalla de Nördlingen (1634)

 “Cuando los desarrapados ejércitos españoles, vencieron y humillaron al elegante ejército sueco”.

  Al morir Isabel Clara Eugenia, gobernadora general de Flandes, el rey Felipe IV envió a sucederla a su hermano el cardenal-infante Fernando de Austria. La situación  de centro Europa era de la máxima tensión bélica entre el ejército del Imperio español y el ejército sueco-alemán protestante. Con la misión de encaminarse a Bruselas para dirigir una ofensiva general contra las Provincias Unidas y dar apoyo al bando imperial; el cardenal-infante salió de Milán  con un ejército que atravesó el Tirol y en el que figuraban dos tercios españoles mandados por el conde Fuenclara y Martín de Idiáquez; dicho cardenal se unión en Nördlingen con otra fuerza imperial que mandaba el rey Fernando de Hungría y que había puesto sitio a la ciudad.

  El 5 de septiembre se produjo la batalla centrada en la estratégica colina de Albuch que dominaba el campo y estaba defendida por el tercio de Idiáquez, un tercio napolitano y dos regimientos alemanes. La caballería y la infantería sueca del mariscal Gustav Horn cargaron fieramente contra la colina y consiguieron desarbolar a los regimientos alemanes, mientras italianos y españoles mantuvieron la línea. El tercio de Idiáquez que sufrió hasta 15 cargas de la infantería sueca aguantaron con una fiereza que asombró a sus enemigos. En el momento álgido de la batalla cuando en las filas de los tercios se produjo un retroceso de la infantería alemana el tercio de Idiáquez se adelantó para cubrir el hueco ante esto un coronel sueco enemigo asombrado de ver la capacidad de los tercios dijo: «cerrados en masas compactas…eran casi exclusivamente veteranos ben probados; sin duda alguna, la infantería más fuerte con la que he luchado nunca».

La última carga de Martín de Idiáquez

 Los suecos agotados por el intento por tomar Albuch recibieron órdenes de Horn de emprender la retirada, siendo perseguidos colina abajo por la infantería española e italiana y la caballería imperial. Fue una gran humillación para el ejército sueco; murieron 7.000 hombres y 6.000 fueron hechos prisioneros entre ellos el mariscal Horn y gran parte de sus oficiales. El ejército sueco hasta entonces invencible en Alemania se desplomó; los tercios reconquistaron todo el sur de Alemania y el cardenal-infante hizo su entrada triunfal en Bruselas en la primavera del 1635.

  Es de creencia común que el final de los Tercios llegó con la batalla de Rocroi; nunca mas lejos de la realidad. El final llegó cuando el borbón Felipe V en 1704 hizo un real decreto que establecía al Regimiento como unidad básica en perjuicio de los Tercios. No obstante los tercios ya hacía tiempo que llevaban un proceso de decadencia debido a malas políticas e intereses particulares que no eran el bien del imperio español.

                          Lope de Figueroa y Pérez de Barradas

    Fue el prototipo de los soldados de los Tercios, su vida de servicio es un ejemplo de fidelidad, heroísmo, valentía, arrojo, fiereza al servicio de su patria y su rey. Nació en Guadix (Granada) en 1541, muy pronto marchó para alistarse en el ejército, llegó a ser maestre de campo y artífice de la Infantería de Marina. Participó en importantísimas batallas siendo pieza fundamental para la victoria como la batalla de Lepanto, la Guerra de las Alpujarras, en la batalla de Gemmingen, batalla de la Isla de Terceira. Etc. Falleció el 28 de agosto en Monzón de Aragón el 1585

                                  LÉXICO DE LOS TERCIOS

– Arcabuceros: Soldados de infantería armados con un arma de fuego llamada Arcabuz.

Armas de Avancarga: Armas de fuego que se cargan tanto el proyectil como el propelente por la boca del cañón.

Ballesteros: Soldados armados con ballestas.

Coronelías: Formación militar ideada por el Gran Capitán, fue utilizada con gran efectividad a lo largo de las Guerras Italianas (1494-1559). Se formaron por la necesidad de contar con unidades de maniobra mas potentes que las compañías bajo un mando unificado.

Coseletes: Piqueros con coraza.

Los doce apóstoles: Los 12 apóstoles eran aquellos tubos que colgaban en bandolera sobre el pecho del soldado y que este usaba en cada disparo. Se llaman así porque 12 solía ser su número. Están hechos en madera de haya, y son funcionales totalmente. El hueco mide 8 centímetros de profundo y un centímetro de diámetro.

Escudados: Soldados de infantería armados con espada y escudo.

– Espingarderos: Soldados armados con cañones antiguos de artillería.

Furriel: Cabo que se encargaba de la distribución de los suministros de determinadas unidades.

Jubón: Prenda rígida que cubría desde los hombros hasta la cintura muy de moda desde los siglos XV al XVII.

La dobla: Era una moneda de oro que acuñaron los Reyes Católicos, que tenía 4’6 gms. de oro cada unidad. Esta moneda estaba revalorizada en el resto de los reinos de Europa.

Lansquenetes: Soldados alemanes que lucharon junto a los Tercios españoles.

Las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio:Son un cuerpo normativo redactado en el Reino de Castilla durante el reinado de Alfonso X el Sabio con el objetivo de conseguir una uniformidad jurídica del reino.

Piqueros: Soldados de infantería armados con una lanza larga (Pica).

Rodeleros: Unidades de infantería armados con espadas y escudos redondos u ovalados.

–  Vivanderos: personas que vendían víveres a los soldados siguiéndolos en sus batallas o campañas.

Manuel López Gómez

Orden Franciscana Secular

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