El Montañés (30 de marzo de 1795)

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El Montañes

El Montañés es el nombre que recibió uno de los navíos de línea de la armada española en el siglo XVIII. El 30 de marzo de 1795, se vio envuelto en una acción frente al puerto de San Feliú de Guixols, donde consiguió repeler el ataque de ocho barcos enemigos que pertenecían a la incipiente Francia revolucionaria. Sirva esta efeméride, para glosar el recorrido de este bajel de guerra.

La historia del Montañés comienza en 1792, cuando el brigadier don José de Bustamante y Guerra, que era oriundo de Cantabria, y siendo responsable militar de la plaza y provincia de Montevideo y la escuadra del Rio de la Plata, organizó una subscripción entre sus paisanos en la lejana España, para construir un navío de dos puentes y ofrecérselo al rey de España. El regalo iba acompañado por una petición para que fuera mandado, sobre todo  en tiempos de guerra y de haber «existencias», por un capitán oriundo de Cantabria, o montañés, gentilicio usado en aquellos tiempos.

En 1783, José Joaquín Romero y Fernández de Landa había redactado el “Reglamento de maderas necesarias para la fabrica de los baxeles del Rey”. Dicho reglamento contenía los planos, descripción y métodos de construcción, de los navíos de dos y tres puentes que podían ser adscritos a la armada Real. El Montañés se construyó siguiendo estas directrices, pero su diseño fue modificado por Julián Martín de Retamosa que es considerado como el último innovador español en la arquitectura naval en madera.

Julián Martín de Retamosa, introdujo mejoras en el peso del lastre, afinó las proas y reforzó las popas, logrando un navío que fue considerado como uno de los mejores de la época. De hecho, mantenía una potencia de fuego de 74 cañones, incluso con fuerte marejada, al quedar fuera del alcance de las olas, las baterías de la cubierta inferior y su velocidad de 14 nudos con viento a favor, superaba ampliamente la de otros navíos de su misma talla.

Estas características, le fueron de vital importancia en el combate que se desarrolló en 1795 en la bahía de San Feliú de Guixols. Corrían los primeros días de marzo de aquel año, cuando el Montañés participó en el apresamiento de la fragata Efigenia, pero con tan mala fortuna que, retornando en solitario hacia Mahón, se encontró a una formacion enemiga compuesta por ocho navíos franceses (uno de tres puentes) y dos fragatas. Por mucho valor que se le echara encima, no había forma de ganar la partida y el comandante del Montañés, José Jordán y Maltés, decidió con buen criterio que lo mejor era aprovechar las buenas características marineras de su buque y se dirigió hacia la costa catalana.

 Primaba la velocidad sobre el rumbo más apropiado, a la zaga le seguían dos fragatas, normalmente más veloces que un buque de dos puentes, pero no fue este el caso y el Montañés fue a parar en la bahía de Sant Feliú antes que nadie. Pero la bahía es abierta y de difícil defensa. Jose Jordán colocó al Montañés en el centro de la bahía, alertó a la batería de costa y mando aviso a las tres lanchas cañoneras, que estaban de servicio en aquel puerto. Desafortunadamente, las lanchas habían partido hacia Palamós, en requerimiento de otro servicio. Jose Jordán se encontró solo, frente a unas fuerzas claramente superiores.

A su llegada, los franceses no se atrevieron a intentar rodear al barco español, por miedo a embarrancar y decidieron hacer pasadas frente a la hipotética presa, con la intención de agotarla. No fue el caso. El Montañés llegó a disparar más de 1100 cañonazos y fue secundado eficazmente por la pequeña batería de tierra. Finalmente los franceses se retiraron.

El balance del combate fue irrisorio para el buque español teniendo en cuenta las características del encuentro. Hubo que lamentar tres muertos y algunos daños menores que fueron reparados  en tan solo un día.

Del encuentro hay que destacar algunos datos. Fue la velocidad del buque español, lo que le salvó en primera instancia y esta velocidad era fruto de un buen proyecto de ingeniería naval y de una ejecución impecable en el astillero. Después hay que destacar la formación humana. Disparar 1100 salvas en tan solo dos horas y media que duró el combate, no es de fácil ejecución e indica que la tripulación española estaba bien formada. No cabe decir lo mismo de los franceses. Los insignificantes daños ocasionados en el Montañés, solo pueden ser fruto de una escasa preparaciòn de las tripulaciones francesas revolucionarias. Probablemente la Revolución había cortado demasiadas cabezas y de forma indiscriminada.

Manuel de Francisco Fabre

https://www.todoababor.es/listado/navio-montanes.htm

https://es.wikipedia.org/wiki/Monta%C3%B1%C3%A9s_(1794)

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