Espoz y Mina declara estado de sitio en Barcelona (29 de noviembre de 1835)

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Francisco Espoz y Mina es recordado fundamentalmente por sus acciones guerrilleras contra el ejército napoleónico durante el periodo comprendido entre 1810 y 1814. Acciones que le valieron el reconocimiento de la Junta de Regencia, llegando a ostentar el grado de mariscal de campo. Pero poco nos han enseñado de lo que sucedió después de la derrota del ejército francés.

Pero veamos rápidamente su trayectoria antes del acontecimiento que ha dado pie a esta efeméride.

Nació en 1781 en Idocin, un concejo de Navarra. Su familia se dedicaba al cultivo de la tierra, con desahogo económico y no había en ella tradición militar, pero por avatares de la guerra, su sobrino Javier Martín Mina Larrea, que había sido dirigido por sus padres hacia la carrera de leyes, acabó siendo general y enviado por la Junta de Regencia a Navarra para luchar contra las tropas francesas y ahí inicia la guerra de guerrillas en el bosque del Carrascal en agosto de 1809.

Francisco se asocia a la partida de Javier, acabando, substituyéndole cuando su sobrino fue capturado y a partir de este momento, sus acciones fueron un continuo quebradero de cabeza para los franceses, que nunca consiguieron ni derrotarlo ni capturarlo. Pero todo cambió con la llegada de Fernando VII.

Una de las pocas cosas en las cuales tenía razón Fernando VII era en que no se podía gobernar un país con una pléyade de ejércitos herederos de las guerrillas antifrancesas. Estas fuerzas armadas locales, rápidamente derivaban en vulgares bandoleros y desde luego no eran nada eficaces en un país en paz. Pero a Francisco Espoz y Mina esto no le sentó nada bien y se opuso vehementemente. Abrazó la causa liberal, que mantuvo hasta su muerte, y en septiembre de 1814 protagonizó un levantamiento en Puente la Reina que fracasó estrepitosamente y tuvo que huir a Francia.

Tuvo que esperar a 1820, cuando el Pronunciamiento de Riego triunfó y Fernando VII se avino a restablecer la Constitución de 1812 y entonces volvió a España, donde asumió el cargo de capitán general de Navarra, después pasó a Galicia y ahí tuvo problemas con el Gobierno debido a un escrito muy crítico con la situación del país. Se le destituyó, pero entonces se produjo la insurrección absolutista en Catalunya, la llamada Regencia de Urgel, llamada así, porque tenía su sede en la población catalana de La Seo de Urgel en el norte de la provincia de Lérida.

Ahí nos encontramos con una de las contradicciones más grandes de la historia reciente de Catalunya. Una región cuyos actuales dirigentes se proclaman republicanos y amantes de la modernidad, pero que desde principios del siglo XIX estuvo apoyando a lo más rancio del absolutismo.

Espoz y Mina fue llamado de nuevo al servicio militar y en 1822 fue nombrado general jefe del Ejército de Catalunya leal a la causa liberal. La revuelta se había organizado sobre la base de las guerrillas y ese era el elemento donde Francisco se desenvolvía muy bien. Supo comprender la situación y en pocos meses conquistó la Seo de Urgel y desarmó la sublevación, que no olvidemos, pretendía volver a un régimen monárquico y absolutista.

Pero en 1823, la situación dio un vuelco, ya que Francia intervino de nuevo, cuando el 7 de abril, los Cien Mil Hijos de San Luis cruzaron la frontera. Espoz y Mina de nuevo se exilió. No volvió a España hasta 1833, cuando la reina consorte Maria Cristina le amnistió y le permitió volver a España. Se le nombra jefe del Ejército del Norte para hacer frente a la rebelión carlista y ahí fracasa. Después de un descanso en Francia, se le llama de nuevo para ocupar la capitanía general de Cataluña y hacer frente a los absolutistas que ahora se hacían llamar carlistas cuyo líder en Cataluña y parte de Valencia era el general Cabrera.

La lucha se caracterizó por la especial crueldad por ambas partes, donde más contaban los fusilamientos de civiles que las batallas entre tropas regulares.

El 29 de noviembre de 1835, Espoz y Mina publicó en duro bando, donde hacia responsables a los familiares de los rebeldes y a cualquiera que les ofreciera ayuda. La Cataluña amable de los cuentos de hadas independentistas de ahora, no era más que un infierno, donde se podía fusilar a alguien solo por el hecho de ser el alcalde de una población donde hubieran pasado tropas enemigas o pariente de una persona conocida.

Espoz y Mina consiguió sofocar la rebelión, pero poco duró para disfrutar de su éxito. En primavera de 1836, presentó su dimisión y falleció la víspera de Navidad del mismo año en Barcelona.

Atrás quedó un rescoldo de resquemores, mezclado con viejas cuentas mal saldadas. La Cataluña “moderna” que nos quieren vender algunos, se volvió a rebelar dos veces más al grito de “Dios, Patria y Rey” y no fue hasta que, en 1876, que finalizada la tercera guerra carlista, se terminaron los enfrentamientos armados. Pero 60 años más tarde, en 1936, los antiguos demonios, disfrazados con nuevas ideologías, volvieron a romper la paz que habíamos tenido. Esperemos que no vuelva a ocurrir.

Manuel de Francisco Fabre

https://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Espoz_y_Mina

https://dbe.rah.es/biografias/9054/francisco-espoz-y-mina-ilundain

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