La Segunda República y la Encíclica “Dilectissima Nobis”

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El que esto escribe no sale de su asombro ante el Nuevo Revisionismo Histórico que se suscita en nuestra Patria España. En concreto me refiero al triste y funesto episodio de nuestra Segunda República. Ésta es, en la actualidad, ensalzada y alabada por la gran mayoría de nuestra izquierda política y social, mientras, desgraciadamente, la derecha calla (y otorga). Incluso hay líderes que para hacerse perdonar el “pecado” de ser de derechas, presumen de tener un abuelo que era republicano.

            Pues bien, personalmente opino que nuestra Segunda República ha sido una de las etapas más desgraciadas y luctuosas en la Historia de España. Empezó con el democrático “echarse a la calle”, tras las elecciones municipales del 12 de abril de 1.931, y terminó en un “baño de sangre”, acaecido durante la Guerra Civil de 1.936 a 1.939. En medio ocurrieron muchas cosas, y según mi parecer, la mayoría malas.

            Consecuencia de las sectarias leyes que se estaban publicando, particularmente contra la Iglesia y sus derechos, y la violencia criminal, también contra la misma, manifestada en los incendios y ataques a templos y conventos, Pío XI publicó Dilectissima Nobis. Esta Encíclica, fechada el 3 de junio de 1.933, fue la respuesta paciente y cristiana a tanto desatino y agravio contra la Iglesia. Los hechos habían sido muy graves, y el Papa no podía guardar silencio ante los mismos. La gota que había colmado el vaso era la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas, de 17 de mayo de 1.933.

            Esta Ley, elaborada al amparo del Artículo 26 de la Constitución de 1.931, era claramente sectaria contra la Iglesia, ministros y fieles, condenaba a la miseria al clero, prohibía que éste pudiera ejercitar la enseñanza, y que las familias, los padres pudieran educar a sus hijos en escuelas y colegios católicos. Ya no se trataba sólo de establecer un Estado laico, con la separación de Iglesia y Estado, de la aconfesionalidad de este, sino de imponer el laicismo total en la enseñanza. Así mismo, llevaba a la ruina económica al clero al impedirle cualquier actividad comercial, industrial y agrícola, amén de la docencia. En resumen, la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas era un claro reflejo del carácter anticatólico de la Segunda República.

            Pío XI no calló, la virtud de la Prudencia tiene también sus límites. Los ataques, incluso físicos, a la Iglesia habían sido continuos desde la Proclamación de la República. Dilectissima Nobis es una denuncia, al modo de los antiguos profetas bíblicos, de lo que había ocurrido y estaba ocurriendo en España, tras dos años del nuevo régimen republicano. Es muy recomendable su lectura, a lo que ayuda su brevedad.

            Hay personas, y medios de comunicación, que piensan que la publicación de la Encíclica se debió a razones pecuniarias y económicas, al sentirse la Iglesia tocada en el bolsillo. Esto se publicaba por Victor Lloret, el 3 de junio de 2.020 en la Cadena Ser:

…“Y lo hizo hablando sobre el país en el que vivimos. Con la llegada de la República a España, el gobierno decidió que la Iglesia no solo tenía demasiado poder en la sociedad española, sino que también tenía demasiadas propiedades. Así que obligó a las autoridades religiosas a entregar estas propiedades al Estado, y a pagar impuestos como lo hacía el común de los mortales.

No sorprenderá a nadie que esto no sentará muy bien en el Vaticano, las oficinas centrales de la Iglesia católica. De hecho, el papa Pio XI cogió tal cabreo que escribió una encíclica, una carta oficial a su rebaño, titulada “Sobre la opresión de los fieles en España”.”…

Sin embargo, si uno se documenta en los Archivos Vaticanos se dará cuenta que no es así. En el mes de Mayo de 1.933, el Nuncio Tedeschini enviaba una circular a los Obispos, en la que recababa su parecer sobre la actitud a tomar frente a los artículos 11 y 19 de la Ley mencionada. En las contestaciones de los distintos Prelados algunos, como Eijo Garay, ya preveían la crítica que se difundiría de importarles más lo material que lo espiritual. Lo que sí fue mayoritario, en el sentir de nuestros Pastores, fue huir del escándalo ante los fieles por callar y mantener el silencio.

            La Encíclica consiguió el efecto pretendido, no sólo de denuncia del nuevo régimen, sino de infundir aliento y valor a los fieles españoles. Desgraciadamente lo que no consiguió fue cambiar el ánimo de los que combatían a la Iglesia de Cristo.

Francisco Iglesias

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2 thoughts on “La Segunda República y la Encíclica “Dilectissima Nobis””

  1. Qué importancia pueden tener unas declaraciones, en tal cadena radiofónica, de un tal Víctor LLoret, muy conocido en ambientes culturales ¿de prestigio? , con las opiniones que, sobre la infausta II República, sostienen personas como Don Gregorio Marañón, Sr. Pérez de Ayala, Sr Ortega y Gasset , o incluso el muy republicano, Don. Pío Baroja.
    Hacerse eco de tales ignorantes declaraciones no hace más que engordar al que las escupe.

    1. El reflejar las opiniones contrarias, de todo tipo, entiendo son importantes para que el lector conozca todo lo que se dice o escribe sobre un tema. No es mi intención dar más peso a unas que a otras, que está claro dependerá de la autoridad del opinador.
      Desgraciadamente, hoy en día, mucha gente desconoce la opinión que tienen, sobre la Segunda República, muchos intelectuales que la sufrieron.
      Atentamente,
      F. Iglesias

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