Las tres conspiraciones contra Recaredo

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  Leovigildo Recaredo

En el año 586 el trono del Reino Visigodo de Toledo pasa de Leovigildo a su hijo Recaredo, de forma natural y sucesorio. El apoyo de la aristocracia visigoda tuvo que ser casi unánime, ya que la sucesión fue vista como una continuación del reinado de Leovigildo.

Recaredo es uno de los reyes que mejor han sido tratados y alabados porque en el año 587 tomó una decisión que determinó la historia de España: se convirtió al catolicismo. En palabras de san Isidoro, escritas en su Historia Gothorum: “Leovigildo era más proclive a la guerra y era “irreligioso”, Recaredo era distinto, ya que su arma principal era la fe y desde ésta iba a engrandecer el reino”.

Recaredo intentó atraer  a muchos miembros del clero arriano para convertirlos, no por la fuerza, sino por el convencimiento. Se produjeron conversiones, pero también hubo resistencia. Los principales escollos que tuvo Recaredo fueron tres.

obispo arriano Sunna

El primero sucedió en la capital de Lusitanía, Mérida, que era una ciudad estratégica por contar con una cantidad importante de población perteneciente a la aristocracia visigoda. En Mérida se produjo una rebelión, que fue más una conspiración encabezada por el obispo arriano Sunna y el noble Segga. El objeto de la conspiración era acabar con la vida del obispo de Mérida, Masona, quien se convirtió tiempo atrás al catolicismo. El otro objetivo fue el duque Claudio, que era uno de los hombres más importantes de la capital extremeña, quien estaba bien instruido y tenía un buen conocimiento en cuestiones militares. Es creíble que los conspiradores considerasen que, una vez eliminados Masona y Claudio, Recaredo atacaría Mérida provocando una guerra civil, que podrían ganar y colocar a Segga en el trono. La realidad fue muy distinta, el noble Witerico avisó a Claudio de las intenciones contra él. Este actuó rápido y detuvo a los líderes de la conspiración. El castigo fue ejemplarizante: el obispo Sunna fue exiliado al norte de África y a Segga le cortaron ambas manos para que no pudiese empuñar nunca más la espada.

Goswinta

Gracias al cornista Juan de Bíclaro conocemos la segunda conspiración que se dio en el corazón de Toledo. En esta caso los líderes fueron el obispo Uldila y la reina, y madrastra de Recaredo, Goswinta. Ésta ya había demostrado que no estaba dispuesta a tolerar el catolicismo en el reino, pero fracasó en el intento. Uldila, como le sucedió al obispo Sunna, fue desterrado, mientras que Goswinta, viuda de Atanagildo y de Leovigildo, murió sin que sepamos si se suicidó o fue asesinada.

La última de las rebeliones ocurrió en el año 589, la lideraron el obispo arriano Athaloc y los condes Wildigerno y Granista. Consiguieron el apoyo del rey franco Gontran, que aunque era católico, vio una oportunidad para invadir la península ibérica. Las fuerzas francas atacaron la zona de la Septimania centrándose en Narbona y Carcasona. Desde Toledo, Recaredo envió a unos de sus mejores generales y hombre de confianza, Claudio, quien recorrió gran parte de Hispania hasta llegar a tierras narbonenses para enfrentarse a la tropa franca. Claudio actuó con firmeza y derrotó al enemigo.

san Isidoro de Sevilla

El triunfo de Claudio quedó recogido en forma de exaltación alegórica en las crónicas de Juan de Blícaro y san Isidoro de Sevilla. La victoria tuvo que causar sensación en la época, san Isidoro la describe como: “logró, en efecto, un glorioso triunfo sobre casi setenta mil soldados francos, que invadían las Galias, enviando contra ellos al duque Claudio. Nunca se dio en España una victoria mayor de los godos, ni semejante; muchos miles de enemigos, y la parte del ejército que quedó, habiendo logrado huir desesperadamente, perseguida la retaguardia por los godos hasta los límites de su reino, fue destrozada”.

Claudio demostró ser un fiel seguidor del rey Recaredo y un personaje de alta relevancia en el Reino Visigodo de Toledo. Después de estas tres rebeliones o conspiraciones, que tuvieron tanto elementos religiosos como intereses políticos, llegaba el momento de acelerar la conversión del pueblo godo. Para ello, Recaredo convocó el III Concilio de Toledo en el año 589. El Concilio no puede considerarse como un mero y relevante acto religioso, sino que a la vez tuvo un profundo sentido político.

reina Baddo

Sus puntos más importantes empezaron por la firma de las actas que se rubricaron tanto por el rey Recaredo como por la reina Baddo, lo cual le dio una cuota de protagonismo a la reina muy significativa. El arrianismo desapareció por completo del Reino Visigodo de Toledo, con él la liturgia arriana y de forma paulatina la lengua gótica. Se daba un paso enorme en la política unitaria  comenzada por Leovigildo y continuada por Recaredo; la única nota disonante era la comunidad judía. Tras la adjuración oficial del arrianismo, la monarquía goda y la Iglesia católica sellaron un vínculo casi sagrado que marcó los designios de España.

José Carlos Sacristán

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