LOS OLVIDADOS INVENTORES ESPAÑOLES

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España ha sido un país muy rico en inventores, científicos e investigadores. Nuestro territorio ha dado grandes figuras e inventos, que no siempre han salido a la luz o han tenido tanto éxito como habría sido de esperar. De ahí que muchos de estos nombres hayan caído en el olvido. Música electrónica, submarinos, máquinas de vapor, helicópteros o jeringuillas son algunos de los inventos españoles que han quedado en el olvido y no aparecen en los libros de texto. En ocasiones, de hecho, han sido más reconocidos en el ámbito internacional que en su propio país de origen, España.

Resulta muy llamativo observar el olvido general que tienen los inventores españoles. ¿Por qué? Hay varias razones que lo explican. Por un lado, en España a lo largo de los siglos muchas patentes e inventos se dieron con una finalidad eminentemente práctica, es decir, el concepto de comerciarla y difundirla para provocar un avance general en la sociedad era algo más complejo. También influyó mucho el hecho de que muchas de estas invenciones se dieron en el campo militar, con el secreto de estado que eso llevaba asociado. Pero hay otro factor muy importante y es que, ante la falta de inversión y la dificultad de encontrar apoyos, muchas invenciones se quedaron en la nada. Quedaba solo la solución de emigrar o buscar el apoyo fuera, la cual siguieron muchos inventores españoles.

ADRIÁN ÁLVAREZ RUIZ, EL INVENTOR DEL TANQUE SUBMARINO

Nacido en Barruelo de Santullán (Palencia) en 1884 emigró a Madrid desde su pueblo natal en busca de trabajo. En 1932 se había convertido en responsable de los talleres de MZA, la ferroviaria que después de convirtió en RENFE. Era muy aficionado a la lectura, y concretamente a Verne, lo que hizo que se sumergiera de lleno en el mundo de los inventos.

Y así fue como nació el tanque submarino. Se trataba de un sistema que desarrolló en su propia casa, de un generador de aire, un dispositivo inventado por Adrián Álvarez Ruiz, dirigido a perfeccionar los sistemas de generación de aire de los submarinos y que tenía que servir para alargar la vida de los submarinistas que habían sido víctimas de un siniestro.  Aunque se hicieron pruebas con miles de espectadores (más de 15.000 personas, el 20 de octubre de 1932 en el lago de la Casa de Campo de Madrid), el invento nunca llegó a fraguar. En 1947 fue presentado en Reino Unido a la Royal Navy, pero después de la guerra, sus científicos ya tenían entre manos sistemas más sofisticados. Falleció en el año 1950.

RAMÓN VEREA

Ramón Silvestre Verea de Aguiar y García, hijo de Florentina García y Juan Verea de Aguiar nació en el Pazo de Esmoris en Curantes, en el municipio gallego de La Estrada, en la provincia de Pontevedra el 11 de diciembre de 1833. Se benefició de estudiar con un cura sacerdote tío suyo, Francisco de Porto, en su aldea. Luego, a los trece años, marchó al seminario diocesano de Santiago de Compostela, donde permaneció seis años hasta que, pese a su brillante expediente, perdió la beca, lo que supuso para él «una liberación» y afianzó su anticlericalismo. En 1875, ingenió su máquina de calcular, la Verea Direct Multiplier, la primera que realizaba multiplicaciones de forma directa en vez emplear múltiples vueltas de manivela y este mismo año ganó una medalla de la Exposición Mundial de Inventos de Cuba. Su calculadora era una máquina de unos 26 kilos, 14 pulgadas de largo, 12 de ancho y 8 de alto, capaz de sumar, restar, multiplicar y dividir números de nueve cifras, admitiendo hasta seis números en el multiplicador y quince en el producto.

No obstante, Verea no perseguía más que demostrar que los españoles podían inventar igual que los estadounidenses, por lo que su invento solo dejó huella en la historia de la computación como base para futuras máquinas, como la de Otto Steiger. Su máquina se conserva en los depósitos de la sede central de IBM, en White Plains (Nueva York) formando parte de la colección iniciada en 1930 por el fundador de IBM.

ALEJANDRO CAMPOS RAMÍREZ

Conocido con el seudónimo Alejandro Finisterre o Alexandre de Fisterra es un poeta, inventor, editor y anarquista ​español nacido en Finisterre, en 1919 y se trasladó a La Coruña a los cinco años. Falleció en Zamora el 9 de febrero de 2007.​ Fue el inventor del futbolín, versión española del fútbol de mesa.​

A los quince se marchó a estudiar el Bachillerato a Madrid. En noviembre de 1936 quedó sepultado en uno de los bombardeos de Madrid durante la Guerra Civil Española. Lo trasladaron en un primer momento a Valencia, pero como las heridas eran graves tuvieron que llevarlo a un hospital en Montserrat. Allí conoció a muchos otros niños heridos como él, que no podían jugar al fútbol. Fue entonces cuando desarrolló la idea e inventó el futbolín, inspirado en el tenis de mesa. Alejandro Finisterre le confió a su amigo Francisco Javier Altuna, un carpintero vasco, la fabricación del primer futbolín según sus instrucciones.​ Aun así, no pudo conseguir que su invento fuese fabricado y distribuido a nivel industrial porque todas las fábricas de juguetes se dedicaban a producir armas para la guerra. Patentó la invención en Barcelona en enero de 1937,​ a la vez que el primer pasa hojas de partituras accionado con el pie, creado para una chica pianista de la que estaba enamorado. Debido al triunfo del franquismo en la guerra, se exilió a Francia cruzando los Pirineos a pie, con la desgracia de perder durante el viaje el documento de la patente que llevaba.

Regresó a España tras la muerte de Franco, sorprendiéndose de la enorme popularidad que había adquirido su invento. Falleció en 2007, en Zamora, y aún hoy ninguna federación de futbolín ha reconocido su paternidad del invento.

CÉSAR COMAS LLABERÍA

Nacido en la Ciudad Condal en 1874, este médico y radiólogo catalán ha sido uno de los mayores estudiosos de los rayos X y el primero que los introdujo en nuestro país. Fue un pionero y lo fue a costa de su propia salud puesto que dio literalmente su vida por la ciencia falleciendo en 1956. Junto a un familiar médico, Agustín Prió Llabería, crearon su propio gabinete radiológico. Sabían que la exposición a los rayos X era peligrosa, pero desconocían hasta qué punto.

El pacto fue el de manipular las máquinas y hacer experimentos solo con una de sus manos. Expusieron su propio cuerpo a la radiación para saber qué ocurriría. Agustín puso su mano derecha y César, la izquierda. El primero desarrolló un cáncer que se extendió rápidamente por todo el cuerpo. A César tuvieron que amputarle la mano, pero vivió hasta los 80 años.

MANUEL JALÓN COROMINAS

Nacido en Logroño (1925) y fallecido en Zaragoza (2011), Jalón fue un inventor español e ingeniero aeronáutico, que además de inventar la fregona, ideó la jeringuilla desechable, esta que hoy se ha convertido en instrumental imprescindible en los entornos sanitarios y domésticos. La autoría de este invento pasó más desapercibida, pero lo cierto es que se trataba, casi al mismo nivel que la fregona, en una verdadera revolución.

«Tráeme el Rodex, que voy a fregar el suelo». ¿Cuántas veces hemos escuchado esto en nuestras casas? Pues bien, en realidad, lo que hoy conocemos por este nombre es la denominación de marca que Manuel Jalón Corominas usó para comercializar la fregona de toda la vida. La jeringuilla hipodérmica de un solo uso se hizo de plástico, con un émbolo que no se atascaba. Era, además, muy fácil de destruir. Se empezó a producir en Fraga por Fabersanitas, pero al poco tiempo, el invento ya había sido exportado a más de 80 países.

LA NAVAJA

La navaja no es más que un cuchillo cuya hoja se dobla sobre el mango para que el filo quede guardado entre las dos cachas. Y aunque no te lo creas, al igual que la fregona… es un invento español, sin patentar como era de esperar en el siglo XVI, y de haber podido ser patentada, tendría que haberlo hecho un hidalgo albaceteño. La navaja surgió a finales del siglo XVI en España, tras la prohibición promulgada por Carlos I de llevar armas de hoja larga (sobre todo espadas) a gente ajena a la nobleza. La navaja permitía ocultar la hoja; además de ser pequeña, era manejable y mucho más barata que una espada.

Si Roma afianzó su imperio a golpe de Gladius y Japón fortaleció sus shogunatos Katana en ristre, podríamos decir que los dominios del Imperio español no vieron ponerse al Sol gracias a la navaja. Hay muchas interpretaciones sobre la etimología de la palabra «navaja«, pero lo cierto es que proviene del término latino novacula, que significa «cuchillo pequeño». Pronto se convirtió en un arma muy popular.

Desde España se exportó al resto de Europa con gran rapidez y la presencia española en Las Indias hizo que su llegada a El Nuevo Mundo fuese casi instantánea. Los cuchilleros españoles del siglo XVI y, en concreto, los de la ciudad castellana de Albacete situada en el centro de España, se consideran los inventores de las navajas. En el siglo XVIII destacó el trabajo del maestro Juan de Arcos, quien en 1734 inició la actividad de una de las empresas más antiguas de España, la cuchillera Arcos.

Aunque a algunos inventores como Juan de la Cierva o Isaac Peral el público les reconoció su fama e inventos, son muchos de los que, aunque sus inventos son usados frecuentemente, sus inventores pasan por la historia prácticamente desconocidos. Entre ellos podríamos citar a: Antonio Torres Jurado (guitarra española en 1850), Manuel García (el laringoscopio en 1855), José Valle Armesto (el abrelatas explorador en 1906), Gregorio Pérez (la bota de vino en 1873 que formó parte del equipamiento de los soldados de la guerra de Cuba), Ignacio Urresti (en 1945 el sacapuntas).

Enric Bernat (el Chupa chups en 1959), Rafael Marquina (la aceitera antigoteo en 1961), Pedro Ocón de Oro (en 1968 la sopa de letras), Francesc Bonet Dalmau (el primer vehículo propulsado por motor de combustión), Alejandro Goicoechea (el Talgo en 1941), Ángela Ruiz López (el libro electrónico y la enciclopedia mecánica), Mónico Sánchez, (el Tesla español (el primer dispositivo portátil de rayos X), Arturo Estévez Varela (el motor de agua), y el abanico español, y las castañuelas, el botijo, el porrón, y así un largo etcétera….

¡Qué difícil resulta muchas veces ser reconocido en la propia tierra!

Jaime Mascaró

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2 thoughts on “LOS OLVIDADOS INVENTORES ESPAÑOLES”

  1. Ignoro si se perfeccionó en ese año, pero la bota de vino no se inventó en 1873. En 1615 Sancho Panza ya bebía en bota:

    —Por mi fe, hermano —replicó el del Bosque—, que yo no tengo hecho el estómago a tagarninas, ni a piruétanos, ni a raíces de los montes. Allá se lo hayan con sus opiniones y leyes caballerescas nuestros amos, y coman lo que ellos mandaren; fiambreras traigo, y esta bota colgando del arzón de la silla, por sí o por no, y es tan devota mía y quiérola tanto, que pocos ratos se pasan sin que la dé mil besos y mil abrazos.

    Y diciendo esto se la puso en las manos a Sancho, el cual, empinándola, puesta a la boca, estuvo mirando las estrellas un cuarto de hora, y en acabando de beber dejó caer la cabeza a un lado, y dando un gran suspiro dijo:

    —¡Oh hideputa, bellaco, y cómo es católico!
    (Don Qujiote, capítulo XIII de la Segunda Parte).

    En cuanto a Bonet Dalmau, no inventó el motor de combustión, pero fabricó el primero en España, basándose en el invento original de Daimmler y Benz (los creadores de Mercedes).

    Hechas estas precisiones, excelente artículo. Todo lo que se diga es poco para dar a conocer y recordar los innumerables inventos y descubrimientos hechos por españoles, de los que este artículo es apenas un botón de muestra

  2. Ciertamente el gladius era el arma preferida para los romanos en los combates cuerpo a cuerpo, pero ésta, al igual que la falcata eran armas utilizadas por los iberos desde tiempos inmemoriales, pero podemos rastrearlas por la arqueología

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