SALUD PÚBLICA Y VACUNACIÓN EN ESPAÑA

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Dr. Ignacio María Ruiz de Luzuriaga

Considerar en conjunto a los individuos que componen la sociedad entera, examinando los agentes físicos y morales que obran sobre ellos, buscando los medios de dirigir ordenadamente la acción de los que sean útiles, y de evitar la influencia de los que sean dañosos, y señalando el modo de que las instituciones sociales contribuyan a dar a la especie humana el vigor y la energía suficientes para que pueda resistir con facilidad a las causas de destrucción que la rodean [… ]. Mateo Seoane, 1837.

La historia de las vacunas se remonta a la antigua China, donde existen escritos del siglo XI en los que se hace referencia a una forma primitiva de vacunación, concretamente la conocida como «variolización», técnica consistente en la inoculación del pus de la viruela para provocar esta enfermedad en una forma atenuada e inmunizar así al paciente. La variolización fue introducida en Europa, concretamente en Gran Bretaña, en 1721 por Lady Mary Wortley Montagu.

         Por lo que respecta a España, podríamos decir que el nacimiento de la preocupación por la salud pública se encuentra en las mustasaf o mostacén medievales, como, por ejemplo, la que existía en Valencia, una entidad muy similar a la mutashib andalusí: se trataba de un representante del gobierno cuya misión era la vigilancia del medio urbano y las condiciones higiénicas de los alimentos en los mercados, la eliminación de los desechos de las actividades artesanales o la pureza de las medicinas fabricadas en las boticas, además de custodiar los pesos y medidas.

Entre los siglos XIV y XVI encontramos diversas actuaciones referentes a proteger la salud pública: en Mallorca se instauró la Junta de los Morberos, la cual estaba formada, allá por 1475, por un médicomorbero y siete personas sabias y que dependía directamente del Gran i General Consell, el máximo órgano político-administrativo del reino de Mallorca hasta su supresión con los Decretos de Nueva Planta. Por otra parte, bajo el reinado de Felipe II se llevaron a cabo las llamadas relaciones, encuestas sobre poblaciones en las que se incluían aspectos relativos a las enfermedades usuales y que se realizaron en distintos territorios de la Corona, tanto peninsulares como americanos.

En el siglo XVII, las inspecciones sanitarias seguían el modelo de las visitas de la Inquisición, que van en Barca del Tribunal y se informan si llevan o traen pasajeros, de qué lugares y naciones y si llevan libros y cuáles y lo demás que conviene al Santo Oficio.

«La principal obligación y cuidado de los jurados es y haya de ser la guarda de la peste, sin interés, dádiva y gravamen alguno …» Ordenanza de gobierno de la ciudad de Alicante, de 1669.

A lo largo del siglo XVIII se crearon Juntas de Sanidad (1721), compuesta por el Tribunal del Protomedicato, Juntas Superiores Gubernativas, Reales Academias y Subdelegaciones, una iniciativa que supondrían los inicios de una administración sanitaria con la que se pretendía conformar una aduana sanitaria y ordenar la vida ciudadana en situaciones de riesgo epidémico.

A partir de 1720, el sistema de Juntas Locales se complementó con la existencia de una Suprema Junta de Sanidad, dependiente del Consejo de Castilla, creada como Tribunal privativo de la peste, y en 1783 se generalizó la figura del Inspector de epidemias.

La difusión de la inoculación contra la viruela descubierta por el británico Edward Jenner en 1796 fue relativamente rápida en España, si bien no contó con ninguna organización oficial en primera instancia, como quizás hubiera correspondido establecer al Protomedicato, resultando las corporaciones médicas más activas las Academias de Medicina de Madrid y la de Medicina Práctica de Barcelona.

La primera vacunación en territorio peninsular se produjo en diciembre de 1800, en Puigcerdá (Barcelona). En Madrid se vacunó a partir de mayo de 1801 y en Bilbao en agosto. En total, en el primer año se vacunaron más de siete mil personas, y entre 1801 y 1815 se contabilizaron más de 15.000. En relación al Nuevo Mundo, una expedición ordenada por Carlos IV y pagada por la Real Hacienda entre 1803 y 1810 llevó la práctica vacuna jenneriana por los distintos Virreinatos americanos, así como en Filipinas, Macao y Cantón, constituyendo la primera campaña internacional de vacunación. (Véase la Expedición Balmis, en esta misma web).

Llegaría el siglo XIX y la fiebre amarilla era el principal problema de salud generalizado en el país, motivo por el que se creó un sistema de Juntas Sanitarias. En 1847, se creó la primera Dirección General de Sanidad (posteriormente llamada Dirección General de Beneficencia y Sanidad), mientras que la Ley de sanidad se aprobaría en 1855.

El siglo XIX fue, sin lugar a dudas, la época en la que se produjeron los avances epidemiológicos más relevantes de la Historia, gracias, entre otros, a Louis Pasteur, el padre de la microbiología, y Robert Koch, el científico que descubrió el germen que provocaba la tuberculosis. Paralelamente, la segunda mitad del XIX experimentó el auge de la industria farmacéutica.

Y se respetará la vida,

la vida que hemos ganado.

Cuando la tormenta pase

te pido Dios, apenado,

que nos vuelvas mejores

como nos habías soñado

K. O´Meara-Poema escrito durante la epidemia de peste en 1800

Como dato que revela la importancia que se daba a las vacunas ya en ese siglo, sabemos que en 1845 toda la provincia de Murcia fue sometida a una vacunación obligatoria bajo pena de detención y multa.

Durante el siglo XX la vacunación experimentó un importante crecimiento. Desde 1900 a 1973 se produjo un uso masivo de vacunas, fundamentalmente en países desarrollados, entre las que destacamos la de la viruela(1921), la tuberculosis, la de la difteria-tétanos-pertussis (1944), las vacunas atenuadas e inactivadas contra la poliomielitis y la del sarampión.

El descubrimiento en 1955 de las vacunas contra la poliomielitis y el inicio de su empleo masivo supuso el comienzo de la puesta en marcha de programas de vacunación dirigidos a la población infantil, con el objetivo de lograr una amplia inmunidad de la población. Al principio se realizó un estudio piloto en las provincias de León y Lugo, para desarrollarse a continuación la primera campaña gratuita y masiva de vacunación, dirigida a niños con edades comprendidas entre los 2 meses y los 7 años.

En 1965 se inicia una nueva campaña masiva contra la polio, añadiéndose la vacuna contra la difteria, el tétanos y la tosferina. La vacunación se realizaba a los niños entre los 3 meses y los 3 años de vida. El éxito de estas intervenciones determinó que, a partir de este momento, se realizaran de manera continua en forma de dos campañas anuales, una en primavera y otra en otoño.

A modo de ejemplo, la poliomelitis en España causó en 1959 2.132 casos de parálisis permanente y en 1960 la muerte de 208 personas, muchos niños. A partir de 1963 se sucedieron las campañas de vacunación y a día de hoy no hay un solo caso en España.

En 1968 se llevó a cabo una campaña de vacunación frente al sarampión en 11 provincias españolas, vacunándose a niños con edades comprendidas entre los 9 y los 24 meses.

Se estima que la introducción de las vacunas en el mundo ha evitado anualmente 5 millones de muertes por viruela, 2,7 millones por sarampión, 2 millones por tétanos neonatal, 1 millón por tos ferina, 600.000 por poliomielitis paralítica y 300.000 por difteria.

En 1981 se comenzó a vacunar la triple vírica, en el 92 contra la hepatitis B, en 1996 contra la Haemofilus influenze B y en 2000 se aplicaría la antimeningocóquica C.

En los veinte años que llevamos de siglo XXI cuatro son las vacunas más relevantes: la de la varicela (2006), la del papiloma humano (2007), la del neumococo (2015) y la más reciente: la del COVID-19.

REFERENTES ESPAÑOLES

La primera vacunación en España.

Como hemos comentado, la vacuna contra la viruela de Jenner en 1796 no contó con ninguna organización oficial en primera instancia, dejando la responsabilidad a las corporaciones médicas más activas, donde destacaron por su labor Ignacio María Ruiz de Luzuriaga (1763-1822) e Ignacio Jáuregui en Madrid, mientras Francisco Piguillem (1771-1826) y Vicente Mitjavila (1759-1805) lo hicieron en Cataluña.

Sería Francisco Piguillem quien practicó la primera vacunación contra la viruela efectuada en España en Puigcerdá, el 3 de diciembre de 1800, y tradujo una publicación francesa aparecida unos meses antes, después de la primera vacunación efectuada en Francia, seguramente el documento en el que se inspiró para solicitar el pus vacunal a París. Una descripción pormenorizada del procedimiento seguido, junto con la historia de la viruela y de la vacunación introducida por Jenner, fue publicada por Piguillem en las cartas que escribió a la madre de uno de los primeros vacunados.

Como curiosidad, diremos que la vacuna contra la viruela en España no fuese obligatoria hasta 1921, cuando Alemania ya lo hacía por ley desde 1874.

Al otro lado del mundo.

Es Balmis ejemplo de burócrata ilustrado al servicio de la sanidad.

La primera campaña internacional de vacunación se debe a Francisco Javier Balmis (1753-1839) (Véase la entrada La expedición de Balmis en esta misma web, de Francisco Gilet). Este médico alicantino se encargó de la vacunación en México, América Central y Pacífico, mientras José Salvany (1777-1810) se ocupaba de América del Sur, con participación de otros dos médicos, tres practicantes y tres enfermeros, además de la rectora de la Casa de Expósitos de La Coruña, Isabel Sendales, o Zendal,   (Santa Marina de Parada, Órdenes, La Coruña, 1771-Puebla de los Ángeles, Nueva España), considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la primera enfermera de la historia en misión internacional.

Estos pioneros serían los responsables de que se implantara en el Nuevo Mundo las Juntas de Vacuna, un instrumento administrativo para su sostenimiento y continuación, iniciado en la isla de Tenerife y que tuvo continuación en Caracas en abril de 1804. Estas quedaban insertadas en el esquema tradicional hispano, formándose Juntas Centrales y Subalternas, todas dependientes de la Junta Suprema de Sanidad Española.

Otros destacados

         Los médicos municipales barceloneses José Nin y Pullés (m. 1892) y Luis Comenge Ferrer (1854-1916) fueron responsables de la lectura sistemática de los datos del Registro Civil en clave epidemiológica. El primero, durante el congreso médico que acompañó la Exposición Universal de 1888, señaló a la malaria urbana como responsable de la alta mortalidad. Por su parte, Comenge, en 1899, delimitó de forma precisa la interrelación enfermedad/nivel social para el caso de la mortalidad de los menores de 13 años en Barcelona.

Jaime Ferrán y Clúa​ (1851-1929). (Veáse la entrada Epidemias en España, de Ricardo Aller Hernández). Médico y bacteriólogo, descubrió una vacuna contra el cólera y otras contra el tifus y la tuberculosis, aparte de realizar importantes avances sobre sobre las variaciones morfológicas de algunas bacterias, base para su descubrimiento de la vacuna anti-Alfa que trataba de aprovechar para la inmunidad específica, una de las fases evolutivas del bacilo de Koch (Nueva bacteriología de la tuberculosis, 1920).

Más precursor que realizador, estudioso de demasiados temas con escasos medios .Gregorio Marañón.

Pedro Castelló (1770-1850) fue primer médico de cámara de Fernando VII. Consiguió de Fernando VII la autorización para enviar, en febrero de 1832, una comisión médica compuesta por Pedro maría Rubio, Lorenzo Sánchez Núñez y Francisco Paula y Folch, a estudiar los efectos del cólera en ciudades como París, Viena y Múnich, siendo el resultado de su viaje el informe remitido desde Berlín en 1833, donde se recogían medidas sanitarias como los cordones sanitarios, los lazaretos, las cuarentenas y el aislamiento sectorizado de la población.

Francisco Viscarret (1809-1855), abad de Olagüe, en Navarra, quien publicó un Plan Curativo del Cólera Morbo.

Mateo Seoane Sobral (1791-1870). Inspector General de los Hospitales Militares, fue uno de los precursores del higienismo en España duranteel siglo XIX, siendo uno de los primeros de recopilar información sobre el cólera en otros países.

Félix Cerrada Martín (1857-1928), quien publicó en 1898 La fiebre tifoidea en Zaragoza , donde ponía de manifiesto la necesidad de mejorar el alcantarillado y el sistema de abastecimiento de aguas de Zaragoza para prevenir el tifus.

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Diciembre de 1800

A mi señor padre:

Le escribo esta carta desde Puigcerdá, cercana localidad de la Baja Cerdaña, en la provincia de Gerona, donde llevo dos meses participando en la campaña de recogida de pera, para comunicarle que, a Dios gracias, mi Daniel, nieto de usted, ya está vacunado contra la viruela, enfermedad contagiosa que por aquí llaman pigota.

Hará cosa de once días, 3 de diciembre de este año, el nieto de usted y otros tres niños fueron pasados por la aguja del doctor Piguillem en la aplicación de un tratamiento traído desde el mismo París, y hoy, tras comprobar que los nenes gozan de perfecta salud y que solo han desarrollado pequeños síntomas, se ha continuado con otros seis niños más, también de Puigcerdà.

Daniel es muy joven, pero usted, madre y yo vivimos la terrible epidemia de 1791 que causó centenares de muertos. Por eso, con este rebrote, me siento orgulloso de que mi vástago haya sido pionero en esta vacunación realizada por el doctor Piguillem, la cual, según me ha dicho el mismo galeno, ya había sido probada con éxito en Francia, consistente en (sic) la inoculación de materia purulenta obtenida de una plistula de viruela, con el propósito de introducir una viruela debilitada y estimular la inmunidad del organismo. Eso es lo que me ha dicho el buen doctor, literalmente, y así se lo transcribo lo mejor que me dan las entendederas, pues ya sabe que mi cultura no va más allá de las cuatro reglas.

Quizá se sorprenda si le digo que por aquí anda mucha gente en la desconfianza de dejarse pinchar por temor al qué pasará. A pesar por estos lares poca familia hay que no haya sufrido de un modo u otro el azote de la viruela, sé de gente que se niega a recibir la vacuna, como si en lugar de medicina la inyección llevara alguna suerte de pócima preparada por alguna bruixa o el mismísimo Lucifer, pero tengo para mí que lo único a lo que tienen miedo es a la incertidumbre. Y yo me pregunto, si ese desasosiego hubiese detenido el afán de la humanidad por superarse, ¿acaso se hubiera descubierto el Nuevo Mundo?, ¿se habría avanzado en medicina? o hablando de vacunación: ese británico, de apellido Jenner, me parece, ¿hubiera inventado la vacuna?   

Yo le digo que no he tenido miedo a que mi Daniel participara en el experimento, pues confío en la medicina y en el buen hacer de los médicos que, como el doctor Piguillem, han sido bendecidos con un don de Dios, que no del Diablo, pues este anda demasiado ocupado alentando las correrías de ese tal Napoleón, quien anda escabechando Italia, Egipto, Siria, Jaffa y otras latitudes. Como imagino que sabrá, corren vientos de invasión por el continente, aunque espero que no lleguen a España. Al fin y al cabo, por las venas de los Borbones corre sangre francesa, y si eso no fuera suficiente, quiero creer que el buen Carlos IV sabría hacer frente a una guerra. Por eso no me gusta ese Goya, el que pinta a los reyes con cara de ser más simples que el mecanismo de un botijo; no quisiera creer que acaso esos pinceles aguardaran un mal presagio sobre nuestro devenir futuro.

Y sin más noticias, esperando que Dios los guarde por muchos años a usted y a madre, se despide su hijo que les quiere.

Ricardo Aller Hernández

BIBLIOGRAFÍA

Salud Pública en España, desde la Edad Media al siglo XXI. Esteban Rodríguez Ocaña y Ferrán Martínez Navarro.

Real Academia de la Historia.

Mallorcapremiumtours.com/oficios-de-mallorca/la-cuarentena-de-ayer-y-la-de-hoy-morberia-y-lazaretos-en-mallorca/

El periódico.com. La vacuna pionera en la Cerdaña.

Historia de las vacunas. Proyectoavatar.enfermeriacomunitaria.org

Información aportada por Cristina Seiquer de la Peña (directora de la Residencia Psicogeriátrica Virgen del Valle), en Murcia.

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