SEFARAD

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Desplazamientos poblacionales sefardies

Se nos ha llamado españoles sin patria, pero por el ejemplo de nuestros padres, seremos embajadores de un país al que fuimos incapaces de dejar de amar (Isaac Querub, presidente de la Federación de Comunidades Judías de España)

EL HAZINO DESOVEDYENTE. Cuento escrito en judeoespañol (I. Pontremoli)

Un Adam  kayo hazino​ de munço tiempo i vino un mediko savido a verlo i le dyo promeza ke asta tantos dias lo melezina: Basta ke se kudye a bever las melezinas i espesias ke le dara, i ke no koma demazyado, ni kozas ke aze danyo al estomka. İ el hazino no eskuço al mediko, i iba komiendo todo lo ke le dezeava su alma, i no kudyava por azer la melezina del mediko. İ viniendo el tiempo, en lugar de melezinarse, se izo hazino mas munço. İ kuando vino el mediko a ver al hazino, le demando el hazino al mediko:

¿Onde esta tu sensya, ke tienes tu fama grande ke sos dotor valido, ke de sierto me dates palavra ke oy me tenía que melezinar i adrava me ize mas hazino?

Le respondyo el dotor:

Ya es maraviya komo bives ainda, ke para lo ke kargates la estomka, i no kijites bever las melezinas que te dişe, ya kalia ke murieras; i sierto ke, si me eskuçavas a mi de no komer todo lo ke te dişe, ya estavas agora rezyo. Esto no es otro ke tu kijites matar de ti para ti; por eso, si keres eskuçarme de oy endelantre, es ke te akavides en todo lo ke te ordenare i, en akavidandote bien, por sierto ke asta pokos dias te melezinas; ma, si no te guadras en estos dias, no tengas keşa kon mi.

Notas:

adam: hombre. Hazino: enfermo. Estomka: estómago. Adrava: en vez.

LOS SEFARDÍES.

La multitud de los deportados de Israel ocupará Canaán hasta Sarepta y los deportados de Jerusalén que están en Sefarad ocuparán las ciudades del Neguev (Abdías, una profecía sobre un castigo divino que conforma el libro más breve del Antiguo Testamento)

          Se denomina sefardíes a los judíos que vivieron en la Península Ibérica y, en particular, a sus descendientes, aquellos que tras los Edictos de 1492 que compelían a la conversión forzosa o a la expulsión tomaron esta vía, en una diáspora a través de diversos países de Europa, el Mediterráneo Oriental y el Norte de África.

Sefardí proviene etimológicamente de Sefarad, término bíblico con el que las fuentes hebreas designan a la Península Ibérica desde que en el siglo I la palabra Sefarad (ספרד, en hebreo) fue traducida en el Targum Jonathan como Aspamia, uno de los nombres que los judíos daban entonces a la península Ibérica.

El uso entre los judíos de la palabra Sefarad para definir a España comenzó a aparecer en escritos durante la edad de oro del judaísmo andalusí. Así, el filósofo Maimónides firmaba sus cartas con la coletilla «el sefardí», aunque el uso masivo del término no se produjo hasta la expulsión de los judíos en el siglo XV

LA EXPULSIÓN DE 1492

Se tiene conocimiento de la existencia de comunidades judías desde tiempos remotos, así lo atestiguan los restos arqueológicos en Cádiz o Ibiza. Se tiene constancia que su presencia se incrementó durante las guerras púnicas, afianzándose en la época romana. Más tarde, en la Hispania visigoda comenzaron a formarse las primeras aljamas y juderías. Sería a partir de 711, con la invasión musulmana, cuando los judíos alcanzarían su mayor esplendor, especialmente la comunidad andalusí: Mainónides, Yheuda ben Moshe, quien fuera médico personal de Alfonso X, Azraquel de Sevilla, Abenezra de Calahorra… muchos sefardís destacaron en facetas tan diversas como la medicina, astronomía, filosofía o matemáticas.

La expulsión de los judíos de España fue firmada por los Reyes Católicos el 31 de marzo de 1492 en Granada, una decisión que en aquel momento atrajo las felicitaciones de media Europa. Incluso la Universidad de la Sorbona de París transmitió su satisfacción por una medida que afectaba a muchos descendientes de los expulsados siglos antes en Francia e Inglaterra, ya que en esos países se acometieron deportaciones desde el siglo XII, por ejemplo en Francia en 1182, 1306, 1321 y 1394 o en Inglaterra en 1290.

Lo más llamativo del caso español está en lo tardío de la expulsión y en la relativa importancia social de la que gozaban los judíos en la corte de Castilla, mucho menos predominante que en Aragón, donde  en Aragón sí que ocupaban puestos administrativos y financieros importantes, como Abraham Seneor, desde 1488 tesorero mayor de la Santa Hermandad).

En vista de la documentación publicada sobre fiscalidad y actividades económicas, no cabe la menor duda de que los judíos no constituían ya una fuente de riqueza relevante [en Castilla y en Aragón], ni como banqueros ni como arrendatarios de rentas ni como mercaderes que desarrollasen negocios a nivel internacional». (Joseph Pérez, Historia de una tragedia: la expulsión de los judíos de España).

En aquellos tiempos los judíos representaban el 5% de la población de sus reinos con cerca de 200.000 personas. De todos estos afectados por el edicto, 50.000 nunca llegaron a salir de la Península, pues se convirtieron al cristianismo, y una tercera parte regresó a los pocos meses alegando haber sido bautizados en el extranjero. Otros historiadores hablan de un abanico de entre 20.000 y 50.000 expulsados. A todos ellos se les facilitó un documento de seguridad en el que se exigía respeto.

La mayoría de los judíos que abandonaron España tomó la decisión de dirigirse a los reinos de Portugal y Navarra, donde sufrieron nuevas expulsiones en 1497 y en 1498, respectivamente. Desde el país luso, un gran porcentaje se dirigió al norte de Europa, mientras los refugiados de Navarra se instalaron en Bayona en su mayoría, donde también fueron expulsados poco después. Por su parte, los que decidieron dirigirse a Italia gozaron de suerte dispar según el lugar elegido: en Nápoles, a punto de integrarse completamente a la Corona de Aragón, su permiso de residencia fue limitado y en 1541 fueron desplazados definitivamente del territorio.

La fortuna de los europeos fue mejor que la de los que viajaron al norte de África, donde muchos de ellos encontraron la muerte en la travesía, o la esclavitud en los barcos de los moros (Béatrice Leroy). Solo los que se refugiaron en el Imperio otomano pudieron gozar de cierta estabilidad.

Aquellos que les mandan pierden, yo gano (Sultán Bayaceto II).

Los sefardíes encontraron un nuevo hogar, pero nunca se olvidaron de España. El resquemor inicial por la expulsión dejó paso con el transcurso de los siglos a una especie de añoranza por la amada tierra de sus ancestros. Todavía hoy, España es sinónimo de nostalgia para la comunidad sefardí, que ha mantenido vivos sus lazos con la cultura ibérica a través de sus costumbres y su lengua.

(Los sefardíes) guardaron asimismo muchas de sus costumbres ancestrales y particularmente conservaron hasta nuestros días el uso de la lengua española, una lengua que, desde luego, no es exactamente la que se hablaba en la España del siglo XV: como toda lengua viva, evolucionó y sufrió con el paso del tiempo alteraciones notables, aunque las estructuras y características esenciales siguieron siendo las del castellano bajomedieval. […] Los sefardíes nunca se olvidaron de la tierra de sus padres, abrigando para ella sentimientos encontrados: por una parte, el rencor por los trágicos acontecimientos de 1492; por otra parte, andando el tiempo, la nostalgia de la patria perdida. (Joseph Pérez).

LA II GUERRA MUNDIAL

España fue un país neutral en la II Guerra Mundial, si bien no fue indiferente a los horrores de la guerra. El profesor Haim Avni, de la Universidad Hebrea, manifiesta que gracias a España se lograron salvar por lo menos a 40.000 judíos, bien directamente a través de las intervenciones españolas de sus representantes diplomáticos, o gracias a haber abierto España sus fronteras.

Muchos son los héroes españoles de aquella época: Bernardo Roldán, cónsul en París, Sebastián Romero Radigales, en Atenas, , Joaquín Aller en Francia, Julio Palencia Álvarez, Ángel Sanz Briz, ambos encargados de negocios en Bulgaria y Hungría, Ginés Vidal, embajador en Berlín, y su colaborador Federico Oliván, así como otros funcionarios de rango más modesto que les ayudaron evitaron que la tragedia fuera mayor.

El pueblo judío y el Estado de Israel recuerdan la actitud humanitaria adoptada por España durante la era hitleriana, cuando dieron ayuda y protección a muchas víctimas del nazismo. (Golda Meir, por entonces ministra de Asuntos Exteriores. Debate en el Parlamento israelí, Knesset, el 10 de febrero de 1959).

LOS SEFARDÍES, HOY

La desaparición de gran parte de la comunidad sefardí en el Holocausto originó una disminución sustancial en la población hablante de lengua judeoespañola. En la actualidad dos millones de sefardís se encuentran esparcidos principalmente en Francia, Argentina, Estados Unidos y Canadá e Israel, y desde sus lugares de origen intentan preservar la lengua judeoespañola, institucionalizarla y promover actividades científicas y culturales en torno a ella.  A tal efecto existe en Israel la Autoridad Nasionala del Ladino, órgano encargado del estudio del judeoespañol, su protección y conservación, , en Estados Unidos destaca la Fundación para el Avance de los Estudios y la Cultura Sefardíes y en Hispanoamérica existen multitud de templos y cementerios sefardíes las comunidades askenazíes para sobrevivir. También es destacable el trabajo de las emisoras de radio Kol Israel y Radio Exterior de España emitiendo programas en lengua judeoespañola. Por su parte, el Instituto Cervantes de Estambul, en colaboración con la comunidad sefardí residente en la ciudad, imparte cursos de judeoespañol de manera regular. En España, el Instituto Benito Arias Montano de Madrid publica la revista Sefarad y en Miranda de Ebro la Fundación Francisco Cantera Burgos posee la mayor biblioteca en temas sefarditas y hebraicos de Europa.

Varias han sido las iniciativas de abrir de nuevo las puertas de España a los sefardíes. Tras un infructuoso intento durante la dictadura de Primo de Rivera (Real Decreto de 20 de diciembre de 1924), a raíz de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa de 1980 España estableció el reconocimiento de la nacionalidad a los sefardíes que demostraran una clara vinculación con el país, y en 2015 se aprobó la ley 12/2015, de 24 de junio, en materia de concesión de la nacionalidad española a los sefardíes originarios de España.

Los hijos de Sefarad mantuvieron un caudal de nostalgia inmune al devenir de las lenguas y de las generaciones. Como soporte conservaron el ladino o la haketía, español primigenio enriquecido con los préstamos de los idiomas de acogida. En el lenguaje de sus ancestros remedaban los rezos y las recetas, los juegos y los romances. Mantuvieron los usos, respetaron los nombres que tantas veces invocaban la horma de su origen, y aceptaron sin rencor el silencio de la España mecida en el olvido (Preámbulo de la Ley)

Así, 522 años después de la expulsión de los judíos, el rey Felipe VI se congratuló del regreso de los hijos de Sefarad  con un explícito ¡Cuánto os hemos echado de menos! (…) Yo hoy quiero deciros que ya estáis de nuevo en vuestra propia casa, que ya habéis vuelto para siempre a vuestro hogar.

15.000 sefardís aceptaron la mano tendida de España, completando un regreso que comenzó en 1834, cuando en Sevilla, Ceuta y Melilla se formaron las primeras ciudades en tener comunidades judías. La vuelta a casa, en definitiva, de españoles emigrados.

Tras esta Ley, Majestad, más que nunca Sefarad es España (Eli Cohen, el primero de los descendientes de una de aquellas familias de judíos expulsados, nacido ya en España).

Ricardo Aller Hernández

BIBLIOGRAFÍA

*Haim Avni: Yad Vashem Studies on the European Jewish Catastrophe and Resistance. Jerusalem, 1970, VIII, 31-68.

*La España contemporánea y el pueblo judío. Jerusalem, 1975, 292 páginas.

*Federico Ysart: España y los judíos en la II Guerra Mundial. Barcelona, 1973, 231 páginas)

*elpais.com/cultura/2017/04/04/actualidad/1491318007_654549

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1 thought on “SEFARAD”

  1. Qué bonito, qué tierno. Te hace sentir la fraternidad con estos españoles hayan hecho los trámites para adquirir la nacionalidad española o no. Sería muy interesante tener algunas nociones del ladino

    En Murcia, ciudad acogedora, se celebra un festival de las tres culturas que recuerda nuestro entrañable pasado, en el que se han de incluir a los sefardíes

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