El General Juan Prim y Prats

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Sin duda alguna, empero sonar su nombre de vez en cuando, el General Prim no puede decirse que haya sido un personaje con un papel definido en la Historia de España. Seguramente es con la lectura de los famosos “Episodios Nacionales” de Benito Pérez Galdós cuando se descubre no solamente la admiración del escrito canario por Prim, sino también que este fue uno de los tres protagonistas del reinado de Isabel II. Los otros dos fueron Ramón Narváez y Leopoldo O`Donnell. Pues bien, de una lectura de la narración de Galdós, con espíritu crítico y con perspectiva histórica, se trasluce que el personaje de Juan Prim ha sido uno de los grandes responsables de la tragedia de España que desembocó en la I República.

¿Quién fue Juan Prim y Prats? Nació en Reus en diciembre de 1814, hijo de del notario Pablo Prim y Estapé,  quien luchó contra los franceses durante la Guerra de Independencia, alcanzando el grado de capitán, y posteriormente, durante la Primera Guerra Carlista, contra las partidas carlistas catalanas. Es en esta época, cuando su hijo Juan, ingresó en el ejército del general Espartero, destacando por su valentía y cualidades militares.  Al terminar la guerra, en 1840, y con tan sólo 26 años, ostentaba el grado de coronel. A partir de este momento inició su carrera política, que terminó trágicamente el 30 de diciembre de 1870, en Madrid, tras haber sufrido un atentado mortal tres días antes. Durante estos treinta años de actividad política y militar, como se dice vulgarmente, “estuvo en todas”, buenas y malas, heroicas y villanas: Caída y fin de la Regencia de Espartero, “Vicalvarada”, Guerra de África, Expedición a México, y en todas las intentonas revolucionarias y golpistas de 1863 a 1868, que culminan en “La Gloriosa”. Con esta terminó el reinado de Isabel II. La reina, que había apoyado y defendido a Prim, en su manifiesta insubordinación contra O`Donnell, presidente del gobierno, no acatando las órdenes de éste en su Expedición a México – que le pudieron costar consejo de guerra por la gravedad de los hechos -, sufrió de esta manera cómo Prim le devolvió su magnanimidad. El general Prim, valeroso militar, “héroe de Castillejos”, fue también un masón conspirador, que no fue leal ni con Espartero, su primer valedor, ni con O`Donnell, ni con su reina Isabel II. Esta, probablemente, le salvó de ser fusilado por su desobediencia. Acabó siendo víctima, en la calle del Turco (hoy Marqués de Cubas) de Madrid, de los revolucionarios violentos que él mismo había alentado, de alguna manera.

Ante tal trayectoria cabe preguntarse el porqué del mito del general Prim y con más intensidad ante la admiración de Galdós por el personaje. Y ello empero no ocultar ni la vida ni las andanzas revolucionarios del general, así como sus deslealtades. Buscar la razón de su ensalzamiento puede inducir a motivarlo en su abrazo a la masonería o a su carácter chaquetero o a un insistencia conspiradora o quizás por ser un simple amante de la revolución. No compartir tal impresión favorable no resulta difícil si le confrontamos con su compañero y rival, don Leopoldo O’Donnell; un gran patriota español, que aportó todo su empeño y profesionalidad en intentar que España volviera a recuperar el prestigio internacional, perdido medio siglos atrás, “poniéndola en el mapa” otra vez.

Francisco Iglesias Guisasola

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