OTRA DE PIRATAS: JAMAICA 1600

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Villa de la Vega, Jamaica, 1600.

Con el catalejo en el ojo, Christopher Newport sonríe mientras echa un vistazo el lento bogar del bote que lleva al emisario que ha mandado a parlamentar con los habitantes de la isla. Según ha podido saber, la situación es altamente favorable para sus intereses: una villa cerca de la costa que, por tamaño y aspecto, promete un buen botín y con escasa guarnición defensiva, apenas doscientos españoles se dispersan por la playa mientras esperan la llegada de su hombre, el único que sabe algo de castellano.

La propuesta que el emisario va a hacer a los habitantes de Villa de la Vega es clara: rendición o muerte. Newport sabe que esa amenaza surtiría el efecto deseado en cualquier hombre con un mínimo de sensatez, pero los que les esperan en esa playa son españoles, gente dura, de esos que prefieren morir y luego capitular, así que no las tiene todas consigo.

          Llega el emisario a la playa, enarbolando la bandera blanca. Se le acercan varios españoles y empiezan a parlamentar. Un discurso largo y entrecortado el de su hombre, según aprecia el corsario a través del catalejo, como si le costara hacerse entender. Luego sucede algo que no sorprende a Newport: los españoles aguantan el tipo, muy Bernardos, que dicen en España. Peligrosos.

          Por un momento el corsario presiente una derrota, pero desecha la idea de inmediato. En la flota corsaria hay siete ingleses por cada español. Imposible el fracaso, se dice, ignorando el susurro del viento que parece querer adelantar unos versos que alguien escribirá en el futuro:

Veinte presas

hemos hecho

a despecho

del inglés,

y han rendido

sus pendones

cien naciones

a mis pies.  

                         (José de Espronceda, La canción del pirata)

UN POCO DE HISTORIA

El 3 de abril de 1502, el almirante Cristóbal Colón iniciaba el que sería su cuarto viaje al continente americano. Después de explorar la costa atlántica del Nuevo Mundo y ya de regreso a La Española, fueron sorprendidos por una tormenta que les obligó a desviarse a una isla próxima: Jamaica.

En junio de 1503 Colón desembarcaba en la playa de Santa Gloria. Salvaron la vida, pero los cascos de sus dos carabelas estaban seriamente dañados. Imposibilitados para volver a navegar, se utilizaron los restos de las naves para construir un fortín y se enviaron expediciones al interior de la isla para contactar con los nativos y poder conseguir víveres a cambio de baratijas.

La relación comercial duró poco, ya que los indígenas los nativos se negaron a proporcionar ningún alimentos si los españoles no ofrecían alguna cosa de más valor. La situación era cada vez más acuciante, pero entonces Colón y sus conocimientos de astronomía dieron un giro a la situación.

Gracias al Almanach Perpetuum, del astrónomo sefardita Abraham Zacuto, Colón sabía que el 29 de febrero de 1504 habría un eclipse total de luna. Ese mismo día, se reunió con los caciques locales y les amenazó:

Si no nos suministráis más víveres, mi Dios ocultará la luna esta noche.

Cuando se produjo el eclipse los nativos quedaron atemorizados y reanudaron el suministro. Además, consiguieron una canoa de remos con la que Diego Méndez y siete hombres se aventuraron para llegar hasta La Española. En junio de 1504 consiguieron ser rescatados por un barco enviado por Diego Méndez.

En 1508, Diego Colon, hijo del almirante y ya como gobernador de La Española, ordenó colonizar Jamaica. Al año siguiente se fundaba el primer asentamiento en el mismo lugar donde su padre había construido el fortín. Lo llamaron Sevilla la Nueva, pero a pesar de los intentos por consolidar la nueva ciudad, los manglares que lo rodeaban y la zona pantanosa cercana obligaron a abandonarlo e intentarlo más al sur. Allí establecieron la Villa de la Vega (para los ingleses Spanish Town), que sería la capital de Jamaica hasta el siglo XIX.

PIRATAS

Era habitual que Jamaica fuera saqueada por piratas franceses, holandeses y, sobre todo, corsarios ingleses al servicio de la reina Isabel I de Inglaterra.

«No es infundado el temor a los ataques de bandoleros marítimos que roban y saquean ciudades y puertos, pues durante años trataron de capturar especialmente las mercancías de los buques de transporte españoles en aguas americanas» (Ruiz de Burgos)

Uno de aquellos piratas era Christopher Newport. Este corsario capturó en 1592 el buque portugués Madre de Deus y consiguió́ el mayor botín de la época: una carga de quinientas toneladas de especias, sedas, piedras preciosas y otros tesoros, lo que hizo ganarse el favor de la reina y de su sucesor, Jaime I.

En el mar Caribe, un lugar ideal por la abundancia de islas en las que pueden refugiarse, sus buques atacaban por lo general desde los apostaderos que tenían en el puerto del Manzanillo en el golfo cubano o desde los puertos de Santa Ana y Guabayara en la Isla de Jamaica.

Dentro de su actividad corsaria, Newport dirigió una flota para saquear Villa de la Vega, donde se libraría una inusual batalla.

DIARIO DE UNA BATALLA

Afortunadamente para los habitantes, su llegada había sido apercibida con suficiente antelación (…), dando tiempo a que su gobernador (…) organizara las defensas de la villa con los apenas 200 hombres armados con los que podía contar.

24 de enero del año 1600. Una flota de 16 buques ingleses al mando de Christopher Newport llega a Villa de la Vega, la actual ciudad de Spanish Town.

Desembarca un emisario enarbolando bandera blanca en una chalupa que se acerca a la playa, donde le aguardan los defensores junto a un cañón para impedir un posible desembarco. El representante inglés exige la rendición formal bajo amenaza de pasar a cuchillo a todos los defensores.

El inglés no domina el castellano con soltura, lo que permite a los defensores ganar un tiempo precioso para preparar mejor a sus hombres.

(Los ingleses) decidieron atacar y desembarcaron unos 1.500 soldados. Tras reunirse en la playa, donde ya no había españoles, se organizaron en cinco columnas y empezaron a avanzar hacia la villa con la firme intención de conquistarla.

Son doscientos los españoles que se preparan para la defensa. Son mucho menos que los atacantes, así que tiran de imaginación y atan antorchas encendidas a los cuernos de todo el ganado que hay en la ciudad. Eso enloquece a los animales.

Las bestias son liberadas y estas se abalanzan contra el enemigo.

Los ingleses primero oyeron un terrible estruendo, después, vieron ante sí una inmensa polvareda que no llegaban a entender y, finalmente, sufrieron una imprevista embestida de toros y vacas.

Confundidos y desorientados, los soldados de la vanguardia inglesa retroceden desorganizadamente, provocando una avalancha humana que deja tras de sí una cincuentena de muertos por aplastamiento.

Los soldados desistieron de avanzar hacia el interior y sólo querían ser embarcados en sus buques. Sin haber logrado disparar un solo tiro, las pérdidas se les antojaron excesivas. No sabían bien lo que había sucedido, pero convencidos de que a los defensores no se les podía derrotar, se hicieron a la mar y abandonaron definitivamente la isla.

Ricardo Aller Hernández

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2 thoughts on “OTRA DE PIRATAS: JAMAICA 1600”

  1. Estimado Ricardo, super interesante como siempre. Solo una consulta: a que Ruiz de Burgos te refieres en tu cita?
    Gracias

    1. Buenos dias.

      Agradecido por el comentario.

      Eduardo Ruiz de Burgos Moreno, autor de «La difícil herencia» (Edaf), libro que aborda la situación de España en el siglo XVI.

      Un cordial saludo

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