
Fue el año 1569, importante y tumultuoso para nuestro monarca Felipe II.
Tuvo que hacer frente a la rebelión de los moriscos granadinos, ordenando su confinamiento y deportación a Castilla, para dispersarlos y debilitar su resistencia.
Debió enviar socorro a Flandes, ante los ataques de los piratas en el Canal de la Mancha, y ordenó formar una armada al mando del Duque de Medinaceli que protegió el comercio local de las lanas y apoyó las tropas locales.
También debió enfrentarse a la expansión de las herejías en América, con la llegada de extranjeros que trabajaban a las órdenes del Imperio y para ello instauró el Santo Oficio de la Inquisición en las Provincias de Indias, aunque sin jurisdicción sobre los indígenas no conversos.
Felipe II gobernaba su vasto imperio de forma burocrática, a través de diversos consejos que le asesoraban en tan ardua tarea. Nada se dejaba al azar y cualquier tema que surgiera era debatido en diversos estamentos y elevadas las pertinentes conclusiones al monarca, que debía tener una capacidad lectora y de decisión más que notable.
El caso es que en el ajetreado 1569, todavía le quedó tiempo para ordenar la confección de un informe que resumiera las posibilidades botánicas del nuevo continente. No sabemos qué consejo en concreto se ocupó del caso, pero dado que “no hay problema, por muy complicado que sea, que una vez bien estudiado, todavía no se complique más”, el informe aconsejaba que se enviara a América a una persona con capacidad científica demostrada, para que estudiara el problema in situ y redactara el consiguiente documento.

Esta es la razón por la cual el 11 de enero de 1570, se publicara una Real Orden por la que se proclamaba a Francisco Hernández de Toledo, “protomédico general de nuestras Indias, islas y tierra firme del mar Océano “, con una dotación de 60.000 ducados para organizar el viaje.
Para poner las cosas en contexto, un ducado de la época contenía 3.5 gr de oro puro, que al precio actual supondrían más de 25 millones de euros. Si intentamos hacer otra comparación, sabemos que un ducado equivalía a 374 maravedíes y que un marinero que se enrolaba en una de aquellas expediciones suicidas, cobraba 1.200 maravedíes al mes (y normalmente hacia testamento antes de zarpar), con lo cual podemos decir que la cantidad que Felipe II puso a disposición de Francisco Hernández equivalía a una tropa de 1.555 marinos durante un año. En resumen, era una autentica fortuna.

Francisco no perdió el tiempo y el agosto del mismo año ya se encontraba embarcado hacia el Nuevo Mundo, os parecerán muchos meses, acostumbrados como estamos hoy en día a subirse a un avión con dos días de plazo, pero es que en aquella época los tiempos eran distintos. Después de diversas peripecias, no desembarcó en Veracruz hasta febrero de 1572, o sea dos años después de su nombramiento.
En teoría su misión se debía limitar a detectar tratamientos a base de vegetales locales que fueran de utilidad universal, pero Francisco no se auto limitó en el ámbito de las aplicaciones médicas, aunque sí lo hizo en el territorial y prácticamente sus andanzas se limitaron al Virreinato de Nueva España, o sea actual México y América Central..

Durante tres años estuvo recorriendo este vasto territorio junto con geógrafos, pintores, botánicos y médicos nativos. Han llegado hasta nosotros, los nombres de algunos de los dibujantes de campo gracias a los cuales podemos observar las plantas que describía. Entre otros se conocen a Antón, Baltasar Elías y Pedro Vázquez. Muchas de las anotaciones y descripciones se encuentran en lengua Náhuatl lo que demuestra el grado de colaboración que logró alcanzar de sus ayudantes
La suya es considerada la primera de una serie de cuatro grandes expediciones científicas organizadas y financiadas por el Reino de España. Después hubieron la de Hipólito Ruiz y José Pavón en 1777, dirigida a América Sur, a continuación la de 1783 dirigida por José Celestino Mutis y que se centró en la actual Colombia, y finalmente en 1787 otra dirigida por Martin de Sesse y José Mariano Mociño, nuevamente centrada en el Virreinato de Nueva España y que debía complementar los trabajos de la primera de la serie.

Cuando volvió a España, Francisco estaba con la salud muy mermada y nunca llegó a poder publicar todo el material que llevaba consigo. Encima el incendio en El Escorial de 1671, destruyó parte de los trabajos, pero su trabajo se publicó de forma parcial y resumida siendo de gran ayuda para posteriores investigaciones.
Una de las consecuencias fue que debido a su gran curiosidad, llegó a implicarse personalmente en las autopsias que se realizaron durante aquellos años debido a la gran mortandad de indígenas que acaecieron entre 1545 y 1576, dejando descripciones detalladas de los síntomas y aspecto de los cadáveres.

Ha habido muchas discusiones acerca del tamaño de la población en el territorio del Virreinato antes de la llegada de los españoles y del impacto de las enfermedades en la población local. La mayoría de los especialistas afirman que la población rondaba los 22 millones de almas en 1500. En 1520 hubo una primera epidemia de viruela que causó 8 millones de muertes y entre 1545 y 1576, hubo una segundo ola que provocó la muerte de alrededor de 15 millones de personas.

Siempre se había afirmado que la causa primaria habían sido la viruela, el sarampión y el tifus y la secundaria una sequía que duró décadas. Sin embargo las anotaciones de Francisco contradicen estas afirmaciones. Como persona amante de la ciencia, nuestro protomédico no tuvo inconveniente en involucrarse en el centro de la epidemia e incluso presenciar las autopsias que se realizaron. En concreto estuvo colaborando con los cirujanos Alonso López de Hinojosos y el médico Hospital Real de San José en el Hospital Real de San José. Sus descripciones eran de una exactitud clínica y no coincidían en nada con los síntomas de ninguna enfermedad europea de la época.
Sus escritos describen fiebre alta, fuerte dolor de cabeza, vértigo, lengua negra, orina fuertemente coloreada, disentería, fuertes dolores abdominales y torácicos, grandes nódulos detrás de las orejas, trastornos neurológicos agudos y sangrado profuso por la nariz, los ojos y la boca, con una muerte que se producía frecuentemente en 3 o 4 días.

Todos estos síntomas y la rápida muerte no cuadran con la viruela, sarampión a tifus, más bien se asemejan a infecciones provocadas por arenavirus o hantavirus que se transmiten por los roedores. Algo parecido a lo que ocurrió en Europa con la Peste Negra, aunque en aquella ocasión el factor causante fue la bacteria Yersinia pestis pero el vector portador fue el mismo. Los roedores. En el siglo XVI hubo una larga sequía en Mesoamerica y puede que los roedores que vivían aislados en zonas alejadas de la civilización se vieran empujados hacia donde había agua, que eran los mismos sitios que buscaban los humanos. Puede que los indígenas tuvieran menos reparos en convivir con los roedores, pero no era el caso de los europeos, cuya memoria relativamente reciente de la Peste Negra, asociaba roedores con epidemias y tal vez esta fue la causa de que los indígenas se vieran más afectados.

No se sabe cuál fue el causante vírico concreto que provocó la epidemia vivida por Francisco, pero por investigaciones actuales se sabe que tanto arenavirus como hantavirus son dos familias de virus que utilizan a los roedores como agentes transmisores, que causan enfermedades graves en humanos y que se han identificado actualmente nuevas cepas de arenavirus y hantavirus en América. Quién sabe si están esperando escondidos en las selvas para un nuevo ataque cuando las condiciones sociales y climáticas sean propicias.
En todo caso los escritos de Francisco Hernández de Toledo demuestran que:
- La epidemia de 1545 a 1576 tuvo como causa primaria un virus local.
- Este virus se activó por razones no probadas, pero que coinciden en el tiempo con una serie de episodios climáticos de intensas sequias.
- Las autoridades españolas no se desentendieron del problema y pusieron todos los medios disponibles para atajarlo, como hospitales gratuitos para tratar a los enfermos y autopsias para investigar las causas.
- Las autopsias estaban permitidas y se practicaban de forma regular en las instituciones sanitarias y universidades católicas desde el siglo XIV.
Felipe II y su gobierno se tomaban muy en serio la protección de los habitantes que poblaban los territorios que administraban.

Manuel de Francisco Fabre
https://es.wikipedia.org/wiki/Expedici%C3%B3n_de_Francisco_Hern%C3%A1ndez_de_Toledo_(1570-1577)
https://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Hern%C3%A1ndez_de_Toledo
https://www.biodiversidad.gob.mx/biodiversidad/curiosos/francisco-hernandez-de-toledo
