Regeneracionismo español del siglo XX

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Cuánto se ha ponderado, de forma interesada, la labor de la Institución Libre de la Enseñanza a principios del siglo XX, como parte fundamental del Regeneracionismo español. Nada más alejado de la verdad, ya que aquella Institución fue sólo una ínfima parte del movimiento que en el marco de la monarquía parlamentaria y confesional católica de Alfonso XIII alumbró la conocida como Edad de Plata del pensamiento y la ciencia españolas. La que sí fue motor fundamental de dicho movimiento, que contó en sus filas con intelectuales y científicos la mayoría de profunda fe cristiana, fue la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, JAE, también de sello católico y cuya constitución fue firmada por el propio monarca.

Tanto esta institución como en general el movimiento que impulsó tenían una clara influencia católica, la antítesis del pensamiento ateo del que presumían los de la ILE y en general, los que han tratado de ocultar la verdad.

Inauguración del monumento por Alfonso XIII. Foto AGA

Para empezar, los mismos masones que amenazaron al rey Alfonso XIII con destronarle, por haber cometido el atrevimiento de consagrar España al monumento del Sagrado Corazón de Jesús, erigido en el Cerro de los Ángeles – actualmente en la diócesis de Getafe, en el centro geográfico del país-, por suscripción popular. Unas amenazas que naturalmente rechazó el rey, pero que a la postre, terminaron costándole la Corona, en 1.931, con el advenimiento de la II República de triste memoria, traída precisamente por la Masonería.

En ese acto amenazante contra Alfonso XIII participó, entre otros, el conocido masón Luis Simarro, profesor de nuestro Premio Nobel Santiago Ramón y Cajal, convencido católico y seguidor del monarca, quien recriminó a su antiguo maestro su vil proceder.

Santiago Ramón y Cajal

Es muy propio de los enemigos del Catolicismo negar los logros de éste y, en cambio, encumbrar los de su cuerda, como es el caso de la falsa atribución a la Institución Libre de la Enseñanza de unos méritos que no le corresponden, o el del magnificado papel que desempeñó el krausismo en España (es cierto que dicha corriente tuvo mayor predicamento en nuestro país que en los de nuestro entorno, en particular en su originaria Alemania, pero no en la proporción que tradicionalmente se le ha atribuido).

Un desprecio hacia el catolicismo que viene de lejos e ignora las grandes contribuciones que esta fe ha aportado a la Humanidad, a lo largo de la Historia. Precisamente, en el Real Decreto fundacional de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, JAE firmado por Alfonso XIII, en donde se recogía el interés por su puesta en marcha, se hacía una somera descripción de dichas aportaciones, en las que se inspiraba la constitución de esa institución:

Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas

“Y sin embargo, no falta entre nosotros gloriosa tradición en esta materia. La comunicación con moros y judíos y la mantenida en plena Edad Media con Francia, Italia y Oriente; la venida de los monjes de Cluny; la visita a las Universidades de Bolonia, París, Montpellier y Tolosa; los premios y estímulos ofrecidos a los clérigos por los Cabildos para ir a estudiar al extranjero, y la fundación del Colegio de San Clemente en Bolonia, son testimonio de la relación que en tiempos remotos mantuvimos con la cultura universal. La labor intelectual de los reinados de Carlos III y Carlos IV, que produjo la mayor parte de nuestros actuales centros de cultura, tuvo como punto de partida la terminación del aislamiento en que antes habíamos caído, olvidando nuestra tradición envidiable, y restableció la comunicación con la ciencia europea que, interrumpida luego por diversas causas, no conserva ahora sino manifestaciones aisladas, como las pensiones para viajes concedidas a los becarios de Salamanca y el Colegio de Bolonia”. 

Respecto a los monjes de Cluny citados en el Real Decreto, conviene recordar su importante contribución a la promoción del conocimiento, y que los cabildos eran instituciones católicas compuestas por presbíteros bajo la obediencia del obispo, situadas en las catedrales, que además de su función religiosa se dedicaban a la enseñanza y a la Beneficencia. De hecho, impartían formación a sacerdotes y a todo aquel que careciera de recursos económicos. Se mandaba a estudiantes al extranjero para ampliar conocimientos e idiomas, y se invitaba a profesores foráneos, a través de pensiones económicas. A partir de los cabildos, se crearon los Studium generale (en el siglo XIII), destinados a alumnos sin distinción de su origen. Estos Studium pasaron a llamarse Universidades, que estaban protegidas e impulsadas por la Iglesias católica.

Studium generale

Las primeras que se erigieron fueron las de Bolonia (en 1158), París (1200), Oxford (1214), y Cambridge (1318). Los papas fundaron, entre los siglos XIII y XIV, un total de 29 universidades. En cuanto al Colegio de San Clemente, al que hace referencia el Real Decreto de Alfonso XIII, fue fundado en Bolonia, en 1364, por el Cardenal Gil de Albornoz, para que jóvenes españoles se formasen en la nueva universidad, que aún sigue funcionando.

Con esta inspiración, nace la JAE. Como no podías ser menos, y con este bagaje, la mayoría de los vocales fundadores de la misma tenían unas fuertes convicciones católicas, entre otros, su presidente Santiago Ramón y Cajal; Marcelino Menéndez Pelayo; Joaquín Sorolla; Joaquín Costa; Ramón Menéndez Pidal; José Casares Gil; Julián Rivera Tarragó; Leonardo de Torres Quevedo; José Marvá; Victoriano Fernández Ascarza… 

Homenaje de JAE a F. García Lorca

Algunos de los miembros de la JAE fueron asesinados por el Terror Rojo, durante la Guerra Civil, aunque otros consiguieron escapar al odio anticatólico. El exilio fue el destino de los que consiguieron librarse del ansia de exterminio por parte del Frente Popular de todo lo que oliera a cristiano, si bien, muchos pudieron regresar al término del conflicto, recuperándose así buena parte del talento científico que prosperó – pese al negacionismo de la nueva Memoria Democrática – durante la posguerra.

Jesús Caraballo

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