
Para Almanzor fue vital debilitar las fronteras leonesas. Destaca la campaña de 986 en la que parte de Sahagún, donde destruye su monasterio, y continúa hasta atacar la capital del reino causando graves daños. Como delegado en la zona tuvo al conde García Gómez que provenía de la estirpe de los señores de Saldaña, Carrión, Liébana y los Campos Góticos.
Un segundo episodio sucede con el apoyo de algunos miembros de la nobleza gallega en 990. Se viven unos años turbulentos en los que el príncipe Vermudo buscará la alianza del conde de Castilla, con una de cuyas hijas se desposa. Esta unión provoca que el hijo de Almanzor, Abd Allah, desencadene una nueva razzia contra León, cuyos habitantes huyeron hacia el norte. El soberano leonés se refugió en Astorga y hacia allí se encaminó Almanzor. Destruyó las murallas de la ciudad y la contienda acabó con un pacto de no agresión a cambio del pago de ciertos tributos por parte de los cristianos.

En el año 995, la frontera castellana es atacada y en la campaña muere el conde García Fernández. El siguiente paso que dio Almanzor fue conquistar Santa María del Carrión, donde murieron de sed setecientos musulmanes. Los condes palentinos acabaron aliándose con Almanzor, tras negociar con Córdoba.
La siguiente campaña en 997 se concentró en Compostela, la acción tuvo una gran repercusión por su carácter simbólico, ya que era el ataque directo al corazón de la cristiandad peninsular. Santiago ya era el centro de peregrinación más importante de España. Para esta campaña contó con el de algunos nobles gallegos opuestos a Vermudo II. El ataque se debió a que el rey de León rompió el pacto del pago de tributos.

La campaña comenzó con el ataque a Coria, pasando a Viseo y Oporto. Arrasó Iria Flavia y sometió a un asedio riguroso a Compostela. Sólo preservó la tumba del apóstol, probablemente para no ofender a sus aliados cristianos. La consecuencia fue un pacto con Vermudo II, cada vez más debilitado, y la instalación de una guarnición en Zamora.
Dos años más tarde muere Vermudo II y le sucede su hijo Alfonso V que fuerza un acercamiento con los nobles castellanos y gallegos. Meses más tarde una coalición cristiana de leoneses y navarros se enfrenta a Ibn Abu Amir en Cervera (1000), donde la habilidad militar de Almanzor invierte el curso de la batalla a su favor, aunque con enormes pérdidas humanas. La crónica silense (siglo XII), narra con realismo el desenlace de la batalla de Cervera:

“Durante doce años la venganza de Dios permitió que (Almanzor) atacase los confines cristianos, tomase León, arruinase la iglesia de Santiago y de los Santos Mártires Facundo y Primitivo, como ya queda dicho. (Destruyó) también otros (templos), lo que sería extenso de relatar. Lleno de audacia, profanó hasta lo más sagrado, dominó todo el reino e hizo que le rindiera tributos.
Durante esta tempestad, el culto de Dios desapareció de España, los cristianos perdieron sus glorias y las riquezas de sus iglesias fueron fundidas. Pero, al fin, la divina piedad se complació de tanta ruina y permitió alzar la cabeza a los cristianos, pues pasados doce años Almanzor fue muerto en la ciudad de Medinaceli, y el dominio que había habitado dentro de él en vida se lo llevó a los infiernos.
La nación goda, a la que Dios había librado de tanta opresión fue recobrando poco a poco sus fuerzas”.
Con respecto a las campañas contra Navarra, hemos de decir que gracias al matrimonio de Almanzor con Abda, hija de Sancho Garcés, señor de Pamplona, se respetó el pacto de no agresión. Pero el pacto se rompió hacia 990, momento en el que las topas amiríes atacaron estas tierras. El monarca cristiano solicitó la paz desplazándose personalmente a Córdoba (992).
Dos años después, el ahora soberano, García Sánchez, se niega a pagar el tributo y comienzan de nuevo las algazúas. En 999, Ibn Abu Amir, ataca Pamplona, Sobrarbe y Aragón. Llega hasta Ribagorza y Pallars ocupando los condados pirenaicos. En el año 1000, Navarra sufre un golpe directo al corazón, los amiríes conquistan Pamplona.

En el año 985, Ibn Abu Amir, coordina un asalto por mar y tierra que culmina con la toma de Barcelona. Deja la ciudad arrasada y toma a cientos de esclavos capturados. El efecto psicológico fue de tal magnitud que las tierras catalanas no volvieron a rebelarse contra Almanzor.
Esta etapa se caracterizó por las destrucciones masivas, matanzas y consecución de botines. Alianzas de intereses, con aliados beréberes y cristianos, que precedieron al estallido del sistema y a su desaparición: el Califato.

José Carlos Sacristán
