
En la dilatada historia del imperio español, tenemos tantos episodios de este estilo que no damos abasto para ponerlos en valor. La acción que vamos a contar sucedió a finales del siglo XVIII. En aquellos momentos el resurgimiento de nuestra flota gracias a las reformas borbónicas fueron bastantes notables, basta con dar algunos números.
Nación Navíos de Línea Buques Totales (aprox.)
Gran Bretaña 140 – 153 300 – 450
Francia 70 – 80 240 – 250
España 70 – 80 190 – 200
Gran Bretaña se encontraba en primera línea y Francia en segundo lugar, pero Francia todavía sufría las consecuencias de la Revolución Francesa, que había provocado un trastorno considerable en su flota y organización. Nuestros buques eran temidos porque estaban bien construidos, utilizando materiales adecuados y de calidad y tanto mandos como marinería tenían los conocimientos adecuados. Una prueba de ello es la acción que vamos a detallar en este artículo.

El actor principal de la acción es el San Francisco de Asís, un navío de línea de 74 cañones, distribuidos en dos cubiertas. Había sido construido en Guarnizo (Cantabria), nada menos que en 1767, o sea que en el momento de la acción contaba ya con treinta años de vida activa y esta no había sido precisamente ociosa. Había participado en la Guerra de Independencia Americana, ayudando a los futuros Estados Unidos, cosa que poco se nos agradeció. Después hizo múltiples viajes entre América y la Península para transportar caudales o pertrechos de alto valor. Participó en la defensa de Rosas (Alto Ampurdan) contra los franceses y largo etcétera.

En 1797 el San Francisco de Asís, estaba frente las costas de Cádiz en labores de patrulla, protección de los barcos que venían de América y defensa general de la zona frente a los ataques de los británicos. Al mando estaba el capitán Alonso de Torres y Guerra que había recibido el mando en 1796 y contaba con Juan de Dios Topete y Fuente como segundo.
Alonso era un sevillano que con 19 años sentó plaza de guardiamarina en el Departamento de Cádiz. Su vida profesional le había llevado combatir a piratas argelinos en el Mediterráneo, realizar tareas rutinarias de cruce del Atlántico para transportar caudales o pliegos de órdenes y también fue en comisión de servicio hasta Filipinas. Gracias a su hoja de servicios en 1792 fue ascendido a capitán de navío y con este cargo tomó el mando del San Francisco de Asís en 1796.
Un año más tarde se encontraba en las costas de Cádiz, patrullando. Un año le había dado tiempo a tomar el temple al navío y terminar la formación de su tripulación. Hay que tener en cuenta que los navíos de aquella época eran únicos e irrepetibles. A pesar de que su construcción seguía cánones escritos, cada uno de ellos tenía sus virtudes y sus vicios y era responsabilidad de su capitán, conocerlos y sacar provecho de ellos. Con la tripulación ocurría lo mismo. El gobierno podía a disposición del capitán las armas y los hombres. Los oficiales estaban formados en las diversas escuelas y respaldadas por sus hojas de servicio, pero los hombres que manejaban velas y cañones debían será adiestrados por el capitán, Era como organizar una gran orquesta. Podías tener los mejores solistas, pero era responsabilidad del capitán que nadie desafinara y según los hechos posteriores, parece que Alonso hizo bien su trabajo.

Volviendo a nuestro 25 de enero de 1795, el San Francisco de Asís se encontraba peligrosamente cerca de las costas de Cádiz y en solitario, cuando divisó cuatro naves que se dirigían directamente hacia su posición. Alonso se identificó e invitó a los nuevos vecinos que hicieran lo mismo, que no respondieron y mantuvieron su rumbo de contacto. Alonso ordenó zafarrancho de combate e izó el pabellón de combate. A las 13:00 estaba claro quién era el enemigo ya que en 1796 había estallado la guerra Anglo-Española.
Se trataban de tres fragatas de 32 cañones y de una corbeta de 20, las HMS Lively, HMS Niger, HMS Andromache y la HMS Bonne Citoyenne. Menos la Niger que era venerable como el San Francisco el resto todas eran de reciente construcción.
La situación de Alonso era de clara inferioridad, sobre el papel. Su barco era más lento, se encontraba cerca de la costa y la potencia total de fuego del enemigo le superaba con creces. Los británicos también eran conscientes de esto e iniciaron lo que era un ataque clásico en estas condiciones, que consistía en aproximarse desde la parte de atrás, y en el último momento virar de bordo y cañonear con las 10 piezas del costado de cada fragata la popa del navío.

La popa de un navío del siglo XVIII era la parte más débil. Las balas no eran detenidas más que por débiles tabiques y se podía hacer mucho daño en los puentes donde se encontraban hacinados los artilleros. En respuesta el navío solo podía responder con los cañones guardatimón, que en general eran solo dos, de 8 libras, o sea muy ligeros.
Hacer esta maniobra de ataque requería que el capitán y la tripulación supieran hacer bien su trabajo, ya que puedes acercarte demasiado al enemigo o incluso llegar a colisionar. Además, también hay que contar con que el enemigo sea un poco pasivo, que no era el caso de Alonso de Torres, que al primer envite, viró de pronto y presentó parte de su lado artillado a las fragatas, causándoles serios daños.

Hacer esta maniobra parece sencillo pero requiere una buena sincronización de movimiento de velas y timón y además un adiestramiento esmerado de los artilleros. A finales del siglo XVIII los cañones disparaban con una secuencia de tres minutos y una precisión muy escasa. Si el San Francisco de Asís provocó daños a sus oponentes, significa que los hombres estaban bien adiestrados.
A las 16:00 los británicos se reagruparon y entraron en contacto y decidieron volver al ataque con la misma táctica y obtuvieron el mismo resultado. Volvieron a reagruparse, cuando vieron que Alonso dirigía al San Francisco directamente contra su formación. A este punto pensaron que ya habían tenido bastante y aprovechando que oscurecía huyeron.
Alonso hizo su informe del combate reportando dos muertos, doce heridos y ligeros daños en el palo mayor. Fue recompensado con la encomienda de la Orden de Alcántara y una asignación de 15.800 reales y posteriormente ascendido a brigadier.
En el bando inglés no se encuentra registro alguno de este hecho, pero es bien conocida la habilidad británica para esconder fracasos y derrotas.
Quisiera de nuevo remarcar el comportamiento de la tripulación del San Francisco. Se encontraba en condiciones de inferioridad tanto desde el punto de cualidades náuticas como de artilleras y sólo salió bien librado del encuentro porque su capitán había sabido adiestrar convenientemente a su tripulación durante el año que había ostentado el mando. En libros y películas deleznables, se presentan a los navíos británicos como modelo de virtudes y a los españoles como pozos de incultura e indisciplina. Nada más lejos de la realidad.

Manuel de Francisco Fabre
https://es.wikipedia.org/wiki/Acci%C3%B3n_del_25_de_enero_de_1797
https://www.todoababor.es/historia/navio-san-francisco-de-asis-contra-cuatro-fragatas-britanicas/
https://es.wikipedia.org/wiki/San_Francisco_de_As%C3%ADs_(1767)
https://todoavante.es/index.php?title=Torres_y_Guerra,_Alonso_de_Biografia
