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La economía en la sociedad andalusí: la agricultura

  • José Carlos Sacristán Abad
  • 02/03/2026
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La economía andalusí estuvo muy ligada a las ciudades y a la existencia de una agricultura intensa y especializada. Córdoba fue el gran centro comercial y junto a ella Sevilla, Málaga y Almería ayudaron a potenciar la actividad mercantil. Murcia y Valencia experimentaron un importante desarrollo agrícola.

La forma de vida urbana de al-Andalus creó la existencia de grupos que se diferenciaron por su riqueza y por sus funciones. Los artesanos, entre los que estaban maestros, obreros especializados y aprendices, se agruparon en corporaciones, así como los fabricantes (armeros, sastres, zapateros, herreros, peleteros, tintoreros, etc.) y mercaderes urbanos. Cada agrupación artesanal, fabricaba y vendía en una calle determinada, en la plaza, o en el zoco o mercado, en donde se vendían una gran variedad de productos: telas, perfumes, especias, prendas de vestir, zapatos, armas, carne, pescado, aceite, miel, calderos, herramientas, instrumentos musicales, etc. En los mercados también se encontraban los vendedores de esclavos y alfareros.

En los zocos trabajaba el zabazoque o almotacén cuya actividad ya estaba regulada en el siglo IX, y que era un oficial que vigilaba la regularidad de las transacciones y de los procesos de fabricación mediante el nombramiento de un amín para cada corporación, con el fin de que éste vigilase que los integrantes de la misma cumpliesen las reglas establecidas. El almotacén indicaba el lugar donde se tenían que colocar las corporaciones, regulaba los pesos y medidas, fijaba los precios y las tasas, tanto de las alcabalas que gravaban las transacciones comerciales como los portazgos o derechos de entrada de mercancías en la ciudad. De igual forma, castigaba los fraudes en los pesos y los excesos en los precios o la baja calidad de los productos.

El gran desarrollo de las ciudades de al-Andalus no habría sido posible sin la existencia de una próspera agricultura, en la que destacó la captación y almacenamiento de agua, abundando los aljibes, cisternas, presas, azudes, norias, “minas” de agua de origen iranio, balancines de tradición egipcia y complejas redes de canalización de agua para atender al cultivo de las huertas. No innovaron en el desarrollo de técnicas nuevas, pero sí perfeccionaron las existentes.

El cultivo de secano se potenció en los grandes latifundios con la población concentrada, mientras que en las zonas de regadío la población se dispersaba y las propiedades eran medianas o pequeñas. La mayor parte de la tierra cultivada correspondió al cultivo de cereales, vid y olivo, leguminosas y plantas textiles. El cultivo de cereales, sobre todo trigo y cebada, seguía el sistema de rotación bienal en el que tras un año de siembra se dejaba la tierra en barbecho al año siguiente. Se cultivaban otros cereales como la cebada, centeno, mijo, avena y sorgo, y, como novedad, el arroz, cultivado sobre todo en las llanuras del Guadalquivir y en las huertas valencianas.

Junto con los cereales, las legumbres se cultivaron en gran extensión sobre todo las lentejas, garbanzos y judías. La dieta andalusí fue rica en verduras, hortalizas y frutas, siendo las más consumidas los higos, uvas, manzanas, peras, granadas, sandías, ciruelas, membrillos, albaricoques, dátiles, naranjas. La higuera tuvo un amplísimo desarrollo, lo mismo que la vid y el olivo. La uva se consumía fresca o pasa, y también se utilizaba, pese a las prohibiciones coránicas, para la producción de vino, tolerada con el pretexto de abastecer a la población no islámica, aunque de su consumo hay referencias entre los musulmanes, incluso en banquetes califales. La producción de aceite fue muy grande y se llegaba a exportar al norte de África y, en ocasiones, a Oriente.

Además de los cultivos citados, en al-Andalus se cultivaba una gran variedad de colorantes, aromáticas, textiles y medicinales. El azafrán usado para condimentar, en farmacopea y como colorante; el algodón, el lino y el esparto empleado para la fabricación de calzado, cestos y esteras; el cáñamo y el lino se utilizaban para la fabricación de papel y tuvo gran importancia en al-Andalus en los siglos IX y X; la morera para la cría de gusanos de seda. La importancia que tuvo la agricultura se pudo apreciar en los calendarios agrícolas como el que hizo en 961, al-Hakam I.

José Carlos Sacristán

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