
Cada vez que el 23 de abril se asoma por el calendario, se celebra el día de San Jorge. Casi todo el mundo asocia a este santo con Cataluña, puesto que es el patrón de este territorio desde el siglo XV, pero también es el santo protector de Aragón, de Cáceres, así como de otras ciudades y países. Hablamos de uno de los santos más venerados, cuya vida y leyendas incluyen luchas contra dragones y batallas libradas siglos después de haber sido decapitado.
EL PERSONAJE

San Jorge es el nombre de un soldado romano ejecutado en Nicomedia a causa de su fe cristiana, por lo que se lo venera como mártir. Jorge de Capadocia fue un soldado que vivió en el siglo III en la actual Turquía. Fue mártir por su condición de cristiano y posteriormente uno de los santos más venerados de la cristiandad. Su nacimiento se sitúa alrededor del año 270 en Capadocia (actual Turquía), perteneciente por aquel entonces al Imperio Romano, Palestina, donde es considerado un héroe, y no es de extrañar que en Oriente Medio sea también una figura importante en la religión musulmana.
Según la leyenda originada años después de su muerte, fue hijo de Geroncio, un oficial del ejército romano y de Policronia, una cristiana que lo educó en esta fe. Poco después de cumplir la mayoría de edad se alistó en el ejército y no tardó en ascender ya que antes de cumplir los 30 años fue tribuno, siendo destinado a Nicomedia como guardia personal del emperador Diocleciano, pero se negó a perseguir a los cristianos por su propia condición.

En 303, el emperador emitió un edicto autorizando la persecución de los cristianos por todo el imperio, que continuó con Galerio. Jorge, que recibió órdenes de participar, confesó que él también era cristiano y Diocleciano ordenó que lo torturaran para que apostatase, aunque sin éxito. Se dice que Jorge, cuyo nombre tiene un origen griego que significa «agricultor», cuando se inició la persecución contra los cristianos, el guerrero donó todos sus bienes a los pobres, se plantó ante el emperador, rompió el edicto de persecución y le aseveró que jamás renunciaría a su fe, lo que le valió el martirio por decapitación.
Según la tradición la muerte del Santo data del 23 de abril de 303 en Nicomedia (actual Turquía), no sin antes sufrir un martirio que duró siete años en los que no renunció a su fe y fue decapitado frente a las murallas. En este país se le considera el Santo Protector de Constantinopla y el Bósforo, el estrecho que separa las partes europea y asiática del país. Los testigos convencieron a la emperatriz Alejandra y a una anónima sacerdotisa pagana a convertirse al cristianismo y unirse a Jorge en su martirio.

Fue sepultado en Lidda, antigua capital de Palestina que hoy es Lod, ciudad israelí a medio camino entre Jerusalén y Tel Aviv. Allí se levantó una capilla para que descansaran sus restos, si es que quedó algo de su cuerpo para enterrar, puesto que hay reliquias suyas a lo largo y ancho del mundo. En España tenemos al menos un brazo y una mano de San Jorge en la Catedral de Valencia, mientras que otras partes del santo se custodian en Italia (Génova, Venecia y Roma), Armenia (Mughni), Alemania (Reichenau ) o Suecia (Estocolmo).
RECONOCIMIENTO
En España cada 23 de abril se celebra el día de San Jorge al ser el Santo patrón de Aragón y Cataluña (Sant Jordi). Sin embargo, la veneración a este Santo va más allá de estas dos regiones, siendo adorado en las ciudades de Alcoy y Bañeres donde la famosa festividad de “Moros y Cristianos” honra su nombre. San Jorge también goza de reconocimiento en localidades del País Vasco, Extremadura, La Rioja, Castilla y León, Castilla-La Mancha y Asturias, así como en otros países alrededor del mundo que celebran la leyenda de San Jorge y el dragón. El país más conocido por su relación con este legendario caballero es Inglaterra, ya que, aparte de ser patrón nacional, tiene representación en la bandera inglesa (cruz de San Jorge).

También es una figura muy importante en Portugal donde se cree que fue introducido por los cruzados franceses que ayudaron al rey Alfonso I de Portugal, en la conquista de Lisboa por el año 1147 y que desde el siglo XIV es Santo Patrón de Portugal. En Bélgica se celebra anualmente la fiesta de Doudou, declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO, en la que se representa la batalla del Santo y el dragón en la Grand-Place de Bruselas. En Alemania, San Jorge tiene más de cinco siglos de tradición al ser patrón de Hannover y Firburgo, y está representado en los escudos de armas de varios pueblos y ciudades.

En países de Europa del este como Serbia, Bulgaria o Bosnia Herzegovina es un santo muy importante en la iglesia ortodoxa, celebrándose su festividad en su nombre el día 6 de mayo. Otros países en los que San Jorge es patrón son Chipre, Grecia, Georgia (que le debe su nombre y la bandera representa su famosa cruz), Rumanía, Macedonia o Hungría, y ciudades que igualmente lo celebran como Moscú, Génova, Ljubljana. En el Líbano es uno de los escenarios en los que se sitúa la legendaria batalla entre San Jorge y el dragón, y la catedral ortodoxa griega más importante de Beirut lleva su nombre.

Entre los documentos más antiguos que hablan de San Jorge está un epígrafe griego del 368, texto hallado en Eraclea de Betania, en el que se habla de la «casa o iglesia de Jorge y sus compañeros, santos y mártires triunfadores». Sobre la existencia del mártir también hay unas inscripciones primitivas en un templo sirio y un catálogo del papa Gelasio I. Precisamente este papa fue quien canonizó a San Jorge de Capadocia en el 494. Su iconografía, especialmente la cruz roja sobre fondo blanco y la del caballero luchando con un dragón, se ha adaptado en diferentes culturas, apareciendo en banderas como la de Georgia o Inglaterra o en escudos como el de Barcelona, Londres o Milán. San Jorge es honrado también por los musulmanes que le dieron el apelativo de «profeta».
LEYENDAS
Se cuentan distintas leyendas sobre San Jorge del que se dice que se enfrentó a dragones y combatió en batallas después de morir. Una de ellas cuenta que San Jorge se apareció ante el Rey Lalibela de Etiopía allá por el siglo XII, a lo que el monarca, como respuesta ordenó construir una impresionante iglesia, excavando de arriba a abajo en una roca, dándole forma de cruz griega. El resultado fue «Bet Giyorgis» (La Casa de Jorge) de Laibela, una de los monumentos más impresionante del país africano, pero no la única dedicada a San Jorge.


En el siglo IX, aparece otra popular historia: San Jorge a caballo como vencedor de un dragón. Esta historia, también es conocida como «San Jorge y el dragón», y es el probable origen de todos los cuentos de hadas sobre princesas y dragones en Occidente y una antigua interpretación cristiana del mito indica que: Jorge sería el creyente, el caballo blanco la Iglesia y el dragón representaría el paganismo, la idolatría, la tentación y Satanás. Existe una tradición cristiana ortodoxa que sitúa el encuentro de san Jorge con el dragón en Beirut donde es el santo patrón de la ciudad.

La leyenda occidental medieval comienza con un dragón que hace un nido en la fuente que provee de agua a una ciudad. Como consecuencia, los ciudadanos, para conseguir agua, debían apartar al dragón de la fuente, ofreciéndole diariamente un par de ovejas. Cuando las ovejas ya no bastaron, comenzaron a ofrecerle diariamente un sacrificio humano, que se decidía al azar entre los habitantes. Un día resultó seleccionada la princesa local. En algunas historias aparece el rey, su padre, clamando por la vida de su hija, pero sin éxito. Cuando estaba a punto de ser devorada por el dragón, aparece Jorge en uno de sus viajes (a menudo a caballo), se enfrenta con el dragón, lo mata y salva a la princesa. Los agradecidos ciudadanos abandonan el paganismo y abrazan el cristianismo.
Según cuenta la leyenda, este caballero del medievo defendió al pueblo de Silca (Libia) y a su princesa y cuando su espada cruzó el cuerpo del animal fantástico surgieron multitud de rosas, flores que Jorge acabaría regalando a la princesa. De ahí que la rosa sea, junto al libro, la protagonista de la festividad de Sant Jordi en Barcelona.

En la versión catalana, la encarnizada lucha entre Sant Jordi y el dragón tuvo lugar en la villa de Montblanc, en Tarragona, y la princesa se llamaba Cleodolinda. Cuando la bestia estaba a punto de zamparse a la hija del rey, apareció el valiente caballero con su armadura y a lomos de su caballo blanco. Jordi hirió al dragón y le ató al cuello un extremo del cinturón de la princesa. Ambos condujeron al monstruo hasta la ciudad, donde Jorge lo remató.
La leyenda de San Jorge creció enormemente tras su canonización y numerosas historias sobre sus milagrosas apariciones se extendieron por Europa. En 1096 las huestes de Sancho Ramírez de Aragón contaron con la ayuda de San Jorge en la batalla del Alcoraz, y posteriormente Pedro I conquista Huesca tras invocar la ayuda del santo.

Ya en el siglo XIII Jaime I el Conquistador cuenta que se le apareció el santo en la toma de Valencia y que en la conquista de Mallorca los sarracenos huyeron despavoridos ante la irrupción de un jinete blanco que identificaron con San Jorge.
Será ya Juan II de Aragón y Navarra en el siglo XV el que nombre a San Jorge Patrón de la Corona de Aragón, festividad fue declarada por las Cortes de Aragón en 1461 por la ayuda que prestó a los cristianos para recuperar Huesca en 1096. Según cuenta esta leyenda, el ejército de Pedro I acabó ganando a los musulmanes gracias a que el santo descendió de los cielos para combatir.

Jaime Mascaró Munar
