Escultura Peruana

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Carolina Campillay

La introducción de la escultura al virreinato peruano.

La escultura, al igual que todas las artes, fue introducida al virreinato peruano por la iglesia. Desde un primer momento tuvo una función práctica: sirvió como una herramienta eficaz en las campañas de evangelización y de extirpación de idolatrías durante la segunda mitad del siglo XVI y la primera del XVII. Inclusive el Concilio de Trento (2563) se encargó de dar las directrices para la buena utilización de las imágenes en la difusión de la fe católica. Así, la virgen María, Jesucristo y los principales santos debían tener un papel hegemónico en las iglesias y conventos.

Los curas doctrineros llegaban hasta los lugares más recónditos de los Andes y con sus imágenes y cajas-retablo, lograban el entendimiento de los indígenas a pesar de que no hubo una buena comunicación entre ambos grupos a causa del idioma.

En el siglo XVI el renacimiento tardío continuaba inspirando a los artistas locales. Utilizaron para sus primeras obras madera, mármol, piedra, marfiles y metales, aunque muchas veces tuvieron que importar los materiales del reino español. En Lima surgieron varios talleres que satisficieron la demanda de los encomenderos y también de las órdenes religiosas, porque se encontraban necesitadas de producción artística, ya sea para la decoración de sus nuevos templos e iglesias o para el adoctrinamiento de indígenas.

De este periodo resaltan la Virgen de la anunciación (1551), Virgen del Rosario (c. 1555), Virgen Patrona de la orden dominica (1558), todas obras del escultor flamenco Roque de Balduque. Cabe resaltar que la importación de obras fue práctica común durante todo el virreinato peruano. Las regiones preferidas fueron Sevilla, los Países Bajos y, en menor proporción, de Italia.


La presencia de maestros españoles durante el siglo XVI y principios del XVII consolidó a Lima como importante fuente de producción escultórica. Entre los maestros españoles destacan Juan Martínez de Arrona, excelente ebanista especializado en cajonería religiosa. Su obra más importante es la Cajonería de la Catedral (1608) realizada bajo los cánones del renacimiento pues debía armonizar con el estilo de Francisco Becerra, alarife de la catedral. Otro importante escultor fue Pedro de Noguera, autor de la Sillería de la Catedral (1532), acaso la obra escultórica más bella de Lima construida en el siglo XVII. De los talleres del andaluz Juan Martínez Montañez (1568-1649) destaca el retablo del Monasterio de la Concepción (actualmente se encuentra en la Catedral de Lima). Este gran retablo describe en sus relieves la vida San Juan Bautista y fue enviado, desde Sevilla, durante 15 años a la ciudad de los Reyes (1607-1622).

Otra obra importante de las postrimerías del XVII es la escultura de Melchor Caffa titulada «El tránsito de Santa Rosa» (1699). De origen maltés, Caffa se educó en Roma, por lo que la obra en honor a la santa peruana posee bastante parecido con la Santa Teresa de Bernini. No obstante, la escultura realizada en mármol de Carrara posee una sobriedad única y sin duda representa una de las obras cumbre del barroco italiano en el Perú.

El siglo XVIII se caracterizó por la introducción de nuevas técnicas en la elaboración de esculturas. Destacó la llamada técnica de la tela engomada, pues lograba darle un efecto muy realista a la obra. Santos, vírgenes, ángeles y arcángeles fueron realizados con esta técnica que con los años fue muy popular en el virreinato peruano.

En este siglo ocupa un lugar especial la obra del mestizo Baltazar Gavilán. Con un manejo exquisito del barroco, sus obras imprimen un realismo sin precedentes en la plástica peruana. Destacan La dolorosa realizada para el convento de San Francisco y La Muerte, para la iglesia de San Agustín. De 1,95 metros, esta escultura representa el fin de la vida (esqueleto con un arco y flecha en la mano) y según una tradición de Ricardo Palma fue el mismo Gavilán víctima de esta obra, pues, cuenta la leyenda, que tras una pesadilla el autor se levantó y a media luz se encontró con la horrible figura de «La muerte», muriendo de la impresión.

Arte Colonial 

En el Perú se conoce como Arte Colonial al período comprendido entre los siglos XVI y XVIII, es decir, luego de producirse la ocupación del virreinato español hasta la etapa de la independencia. Los periodos históricos no tienen una fecha definida de inicio ni de fin pues este va evolucionando con el paso del tiempo.

Durante la segunda mitad del siglo XVI e inicios del XVII, numerosos cronistas escribieron sobre la riqueza mineral y la producción alimenticia del Perú. Lima se convirtió en la capital de los virreinatos españoles, convirtiéndose en una ciudad cosmopolita de gran importancia. Lima y su Plaza Mayor, se convierte en el centro de las grandes ceremonias cortesanas y eclesiásticas (venida de virrey, nacimientos de príncipes en España, fiestas luctuosas, pomposas procesiones) en ellas participan los intelectuales y artistas más renombrados de la época. Durante este periodo sobresale la labor administrativa del Virrey Toledo.

Desde los primeros años de la conquista se trajeron al Perú muchas esculturas sevillanas de carácter religioso destinadas, entre otras cosas, a apoyar la evangelización de la población andina. Las esculturas de maestros sevillanos como Juan Martínez Montañés se convirtieron en un modelo a seguir por los artistas del Perú.

Comienzos de la escultura

La talla en madera

La mayor parte de las esculturas durante el Virreinato eran de plata o madera. La piedra solo se utilizó para las fachadas de los edificios de la administración virreinal, las universidades, las iglesias y casas de gente importante.

El tipo de escultura que destacó en aquella época fue el de la madera tallada, lo que queda demostrado en los techos de las iglesias menores y conventos coloniales, así como en los siguientes tipos de trabajos:

Sillas para coros. Las sillerías contaban con respaldares totalmente tallados con imágenes de santos o narraciones de historias sagradas. Las muestras más importantes que se conservan en Lima están en los conventos de San Francisco y Santo Domingo, y en la catedral de Lima.

Eran grandes construcciones de madera, recubiertas en algunos casos con pan de oro. Se encontraban detrás del altar o en las capillas laterales de iglesias y conventos. En los retablos, al igual que en las sillas para los coros, se representaban historias bíblicas o la vida de los santos. Uno de los más importantes se encuentra en la catedral de Lima. Es el de San Juan Bautista, realizado por Juan Martínez Montañés y traído desde España.

Púlpitos. Consistían en una especie de plataforma elevada en la parte lateral de la iglesia, desde donde el sacerdote pronunciaba sus homilías. Todos los púlpitos coloniales estaban bellamente tallados. Uno de los más hermosos es el de la parroquia de San Blas, en Cusco.

Los escultores

Entre los escultores más importantes tenemos en la sierra sur a Francisco Titu Yupanqui y a Juan Tomás Tuyri Túpac. En la Lima del siglo XVIII destacó el escultor mestizo Baltasar Gavilán, autor de esculturas funerarias y de La Muerte

Técnicas y Materiales en la escultura

La escultura con bronce no tuvo gran demanda en América y se aplicó la técnica de cera pintada. La escultura con barro consistió en el modelado, cocido y policromado de piezas. Esta técnica funcionó muy bien debido a las tradiciones alfereras y alcanzó volúmenes de producción incalculables. Se dio gran fusión de técnicas prehispánicas con aportes europeos, en la escultura con madera fue común el uso de la pasta de madera (mezcla de aserrín, yeso y cola), que permitió modelar figuras y cubrirlas con paños y telas decoradas. La piedra, el mármol y el alabastro, se usaron para los relieves de fachadas, portadas y estatuas con diversos temas.

 «Virgen de los remedios. El niño Jesús aparece desnudo, y el conjunto denota cierta rigidez. Esta es una de las primeras obras importadas por los jesuitas, siglo XVI. / Capilla de San Francisco Javier. Iglesia de San Pedro, Lima.

 Cristo de la buena muerte. Imagen de Cristo    crucificado sostenido a la cruz por tres clavos. Obra de Juan de Mesa, discípulo de Montañés, de 1625. Por el tratamiento anatómico, la corona de espinas y el sudario movido esta obra de 2,10 metros muestra las características propias del realismo. / Capilla de Nuestra Señora de la O. Iglesia de San Pedro de Lima. Foto: Archivo El Comercio»

 «Retablo lateral de la iglesia de Lari, en Arequipa. Obra de estilo neoclásico de fines del siglo XVIII hecha de piedra y estuco policromado. Bella muestra del arte rural arequipeño de fines del setecientos. Obra anónima. / Foto: Escultura en el Perú. Colección Arte y Tesoros del Perú del Banco de Crédito del Perú (cortesía)».

Carolina Campillay

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