
El edificio de la catedral gótica de Palma de Mallorca, considerada «La Catedral de la Luz”, presentaba algunos daños en la fachada ocasionados por un terremoto, lo que sumado a problemas funcionales como la situación del coro en el centro de la nave y el estado inacabado de varias vidrieras que estaban cegadas dio impulso a la iniciativa del obispo Pere Campins para realizar su reforma y reparación.

El obispo visitó a Gaudí y se sintió vivamente impresionado por sus ideas acordes con la reforma litúrgica, muy avanzadas para la época, que conocía a través de sus amistades religiosas, en especial el obispo Grau, para quien había construido el altar de la capilla del colegio de Jesús-María de Tarragona y el Palacio Episcopal de Astorga. Pere Campins era una figura alineada con una nueva concepción de la iglesia, más abierta a la sociedad de acuerdo con los tiempos que corrían, por ello, trabajó en la conservación del patrimonio y fue promotor de la creación de museos eclesiásticos.

EL PERSONAJE
Antoni Gaudí nació el 25 de junio de 1852, hijo del industrial Francesc Gaudí i Serra y de Antònia Cornet i Bertran. Era el menor de cinco hermanos. Cursó arquitectura en la Escuela de la Lonja y en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, donde se graduó en 1878. Para pagarse la carrera, Gaudí trabajó como delineante para diversos arquitectos y constructores.
Gaudí fue un arquitecto con un sentido innato de la geometría y el volumen, así como una gran capacidad imaginativa que le permitía proyectar mentalmente la mayoría de sus obras antes de pasarlas a planos. De hecho, pocas veces realizaba planos detallados de sus obras; prefería recrearlos sobre maquetas tridimensionales, moldeando todos los detalles según los iba ideando mentalmente. En otras ocasiones, iba improvisando sobre la marcha, dando instrucciones a sus colaboradores sobre lo que debían hacer.

El 7 de junio de 1926 Gaudí se dirigía a la iglesia de San Felipe Neri, que visitaba a diario para rezar y entrevistarse con su confesor, pero al pasar por la Gran Vía de las Cortes Catalanas, entre las calles Gerona y Bailén, fue atropellado por un tranvía, que lo dejó sin sentido. Fue tomado por un mendigo, al ir indocumentado y a causa de su aspecto descuidado, con ropas gastadas y viejas, no siendo socorrido de inmediato, hasta que un guardia civil paró un taxi que lo condujo al Hospital de la Santa Cruz. Al día siguiente lo reconoció el capellán de la Sagrada Familia, pero ya era tarde para hacer nada por él. Murió el día 10 de junio de 1926, a los 73 años de edad, en la plenitud de su carrera.
Hombre de profunda religiosidad y de vida ascética, se ha propuesto la beatificación de Antoni Gaudí, por hacer del arte un himno de alabanza a Dios. El proceso que se inició en 1998 fue autorizado en el 2000 por parte de la Santa Sede y el 14 de abril de 2025, el papa Francisco reconoció sus virtudes heroicas, por lo que la Iglesia católica lo considera desde entonces venerable, un paso previo para proclamarle beato.

SU OBRA
Son famosas las obras de Gaudí en Barcelona, como son el Colegio Teresianas, Casa Figueras (Torre Bellesguard), el Palacio Guell, Casa Vicens, Casa Batlló, Casa Milà, conocida popularmente como La Pedrera, así como el Palacio Episcopal en Astorga, Casa Botines en León, o El Capricho en Comillas, pero sin duda, su obra cumbre es la basílica de la Sagrada Familia.
ETAPA MALLORQUINA

Antoni Gaudí, el arquitecto catalán considerado hasta hoy el mayor exponente del modernismo español, llegó a la catedral de Palma de Mallorca el invierno de 1902 para emprender la restauración de una parte del templo. El 7 de marzo de 1902 el cabildo catedralicio encargó a Gaudí la restauración litúrgica de la Catedral y el proyecto fue redactado en 1903 tras varias visitas suyas a Palma. Gaudí trabajó en la reforma de la catedral (La Seu), para adaptar el templo al culto moderno entre 1903 y 1914 invitado por el obispo Pere Joan Campins. Pese a que su trabajo fue muy criticado debido a la eliminación de algunos elementos tradicionales, el resultado asombra y desafía el paso del tiempo. El proyecto, considerado un anticipo de las estructuras de la Sagrada Familia, quedó inconcluso en 1914 debido a diferencias con el contratista y la muerte del obispo.

Su intervención destacó por mejorar la iluminación, despejando ventanales tapiados y diseñó vitrales coloridos, incluyendo el famoso rosetón, conocido como «el ojo del gótico«, uno de los más grandes del mundo gótico, con unos 13 metros de diámetro y más de 1200 vidrios, para crear una atmósfera luminosa y colorida. La restauración incluía el traslado del coro gótico desde el centro de la nave hacia los lados del presbiterio con el objeto de liberar para los fieles el espacio de la nave central y así adaptarlo a las nuevas formas litúrgicas, y retirar los dos retablos mayores, el gótico y el barroco, quedando a la vista la cátedra episcopal del siglo XIII. Gaudí hizo una maqueta de madera del proyecto que no ha sido conservada.

Diseñó elementos decorativos como mobiliario litúrgico, candelabros, lámparas de hierro forjado y cerámica policromada como las piezas que decoran las paredes del presbiterio con los escudos de los obispos de Mallorca y representaciones de ramas de olivo componiendo figuras hexagonales. Las siete lámparas votivas sobre la cátedra representan los espíritus frente al trono de Dios mencionados en el Apocalipsis.
Para el mejoramiento de las condiciones de iluminación interior se proyectó la apertura de las vidrieras que estaban cerradas con mampostería, y se trasladó el altar mayor a una posición más adelantada para dar lugar a la sillería del coro. El conjunto de las vidrieras del presbiterio debía representar las invocaciones “Regina” de la letanía lauretiana. Como es sabido, el sistema de formación de los colores que Gaudí aplicó fue la tricromía con tres cristales superpuestos, concepto profundamente naturalista que hace de la propia luz solar el agente formador de los tonos. En el diseño colaboraron los artistas Ivo Pascual, Jaime Llongueras y Joaquín Torres García.

Creó un baldaquino sobre el altar consistente en una estructura heptagonal que fue suspendido de la bóveda, sobre el altar mayor, con materiales efímeros (cartón, madera, tela) y motivos eucarísticos, y que aún pende en el presbiterio con un gran crucifijo y lámparas colgantes abarrocadas.
Completaron este conjunto artefactos de iluminación, unas elaboradas barandas formadas por cadenas y piezas de forja con los escudos de Mallorca y Aragón y diverso mobiliario litúrgico de hierro y madera. Al adelantar el altar fueron resituados los púlpitos renacentistas. Gaudí proyectó tornavoces sobre ellos, de los que solo uno llegó a construirse.

La capilla de la Trinidad situada en la cabecera, hasta entonces tapada por los dos retablos, fue abierta para ubicar allí las tumbas de los reyes mallorquines Jaime II y Jaime III según el diseño de Gaudi en esta capilla, y según disponía Jaime II en su testamento que se construyera una capilla dedicada a la Trinidad, y que en ella hubiese un lugar para enterrar a miembros de la familia real. La propuesta que incluía la construcción de los sarcófagos bajo los arcos laterales de la capilla con elaborada decoración quedó sin completarse. Es conocida por las maquetas, un dibujo de Gaudí conservado y otros realizados por su sucesor en las obras.
Años más tarde se ejecutaron las tumbas con un nuevo proyecto y esculturas yacentes de Frederic Marès. Las ideas de carácter histórico-patriótico estaban en la mente de Gaudí desde la propuesta de restauración del Monasterio de Poblet, elaborada con dos amigos en su juventud en la que, como lo haría en Mallorca, proponía un homenaje a los reyes allí sepultados.

La capilla iba a estar presidida por un conjunto escultórico simbólico compuesto por la paloma del Espíritu Santo, y a ambos lados el Padre y el Hijo. Se colocaría en el centro la imagen de la Virgen recuperada del retablo gótico. El baldaquino colgante que se dispuso sobre el altar mayor tiene una inclinación que permite que desde la entrada se tenga la visión de la Virgen y la Trinidad enmarcados por este elemento simbólico que representa los 7 dones del Espíritu Santo.
En el exterior se preveía la reforma de las cubiertas de la catedral donde se construirían pináculos y un campanario. Para esta obra Gaudí contó con la colaboración de Joan Rubió. En los aspectos decorativos tuvo importante participación el entonces joven arquitecto Josep María Jujol, especialmente en la decoración del ábside donde la libertad creativa que le otorgó Gaudí provocó algunos roces con los canónigos.
De este ambicioso programa una gran parte llegó a concretarse en 12 años de trabajo hasta que Gaudí en 1914 tuvo diferencias con los constructores y algunos miembros del cabildo.

Tras el fallecimiento del obispo Campins el año siguiente dejó definitivamente la obra y quedó a cargo Juan de la Cruz Rubió y Bellver hasta que fue designado un nuevo arquitecto.
Quedaron pendientes de acabar 6 de las 9 vidrieras proyectadas, parte del mobiliario, las cubiertas y las tumbas reales. La restauración de Mallorca va mucho más allá de una reinterpretación de las formas de la época ya que constituye una aplicación de conceptos de reforma litúrgica.
Gaudí realizó además algunos trabajos menores durante sus estancias en la isla, como las reformas en la galería de la fachada sur del palacio episcopal de Palma, de las que pueden apreciarse un pináculo y merletes de piedra, algunas rejas y una vidriera en la capilla privada.

También se le atribuye el diseño del pavimento de la iglesia de Nostra Senyora dels Àngels en Pollença, que le habría encomendado Ramón Picó Campamar, el secretario de Eusebi Güell quien era oriundo de esa localidad. Se ha sugerido que sería el autor de la casa “Villa Alegre”, ya desaparecida, propiedad de un amigo de Güell, de marcada inspiración en las formas del Park Güell, y se afirma su participación como asesor de Joan Rubió en las reformas en el Monasterio de Lluc.
En cualquier caso, su gran obra en Mallorca fue la restauración de la Catedral, proyecto lamentablemente no llevado a la práctica en su totalidad, que aunó técnica, conocimientos históricos, sensibilidad, habilidad para el reciclado y dominio del arte religioso y la liturgia. Para el año 2026, con motivo del centenario de la muerte de Antoni Gaudi, Mallorca ha preparado actos especiales para reivindicar su legado único en la Seu.

El modernismo tiró de nuevas formas y colores para romper con el clasicismo imperante a principios del siglo XX. En el caso de Palma, la ciudad cuenta con ejemplos vivos y deslumbrantes de ese movimiento rupturista, cuyo máximo representante, Antoni Gaudí, dejó en Mallorca su impronta e influencia a partir de su legado en la Catedral. Pero Gaudí no fue el único cuya estela siguieron luego arquitectos locales: Lluís Domènech i Muntaner también marcó el camino al proyectar el Gran Hotel, uno de los edificios modernistas más importantes de Palma.
Son varios los edificios construidos en Palma de Mallorca mientras Gaudi residía en la isla y bajo su influencia, fueron por ejemplo Can Casasayas, construcción que fue llevada a cabo entre los años 1908 y 1911 cuando el empresario y propietario de la panadería Can Frasquet, Josep Casasayas Casajuana, encargó el diseño a los arquitectos Francesc Roca Simó y Guillem Reynés Font.

O el edificio de Can Forteza Rey y el de los antiguos y desaparecidos almacenes El Águila, que están tan unidos que comparten estructura. Can Forteza Rey, del que José Forteza Rey Aguiló, orfebre de la catedral de Palma, fue el promotor y donde otro miembro de la familia, Ignacio Forteza Rey, tenía su clínica dental, como reza la publicidad eterna de las letras pétreas que luce la segunda planta. El de El Águila cuyo arquitecto municipal fue Gaspar Bennazar Moner, que dirigió el Plan Calvet del Ensanche de Palma, lo proyectó en 1908, colaborando con Jaume Alenyà. Este trabajo fue realizado por encargo del empresario Vicente Ribas. Se trata de un edificio exquisito, que resuelve hermosamente la necesidad estructural de crear grandes vanos y satisfacer los fines comerciales para los que se creó. Por un lado, El Águila recuerda al modernismo vienés, mientras que Can Forteza Rey tiene claras similitudes con la casa Batlló de Gaudí.

Jaime Mascaró Munar
