Las Navas del Marqués pone en valor sus trincheras de la Guerra Civil

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El Ayuntamiento de la localidad abulense de Las Navas del Marqués lleva desde hace tres años organizando visitas guiadas y teatralizadas a su línea de trincheras y fortines de la Guerra Civil. El pasado 5 de octubre, un grupo de voluntarios, vestidos de milicianos republicanos y de requetés del bando nacional, escenificaron de forma bastante fidedigna cómo fue la vida de los soldados, hace ya más de 80 años, en un auténtico ejercicio de Memoria histórica, sin rencores.

Tras el Alzamiento del 18 de julio de 1936 y tras no pocas vicisitudes, los republicanos con el todavía coronel Mangada –será pronto ascendido a general, por aclamación popular, en Madrid, tras sus acciones en Villacastín- y su columna, se hacen con el control de la zona, estableciendo su cuartel general en Navalperal de Pinares, a donde había acudido avisado por el alcalde socialista, amigo suyo, de que la comarca estaba desguarnecida.

Mangada, personaje singular, a sus 82 años estaba ya retirado del servicio activo, pero tras estallar la Guerra Civil, decidió reincorporarse para servir a la causa republicana. Los lances fueron los propios del inicio de lo que nadie preveía que habría de durar tres largos años de lucha fratricida, incluyendo el fusilamiento de los guardias civiles que fueron enviados desde Las Navas del Marqués y que fueron sorprendidos en una emboscada en Navalperal de Pinares.

Tras un intercambio de marchas y contramarchas, de liberaciones y re ocupaciones de los pueblos de la comarca, fueron definitivamente liberados por las tropas nacionales el 8 de octubre, Navalperal, y el 22, Las Navas del Marqués, en cuya Ermita del Santísimo Cristo de Gracia había establecido su nuevo cuartel general Mangada.

Mangada parte hacia Talavera, para tratar de detener el avance hacia la capital de España del general Juan Yagüe. Los restos de la columna Mangada huyen a Santa María de la Alameda, de ahí pasan a Peguerinos y luego, definitivamente a Madrid, donde se integran en la XXXII Brigada Mixta.

De esta forma, el frente queda estabilizado en la zona, ya que los combates se van a centrar a partir de entonces en Madrid. Pero ante el temor de un posible contra ataque republicano, la 71 División del bando nacional emprende entre finales del 36 y principios del 37, la construcción, al sur de Las Navas del Marqués, de una línea de trincheras y fortines, realizada en hormigón. Copiando el modelo de posiciones y blocaos que tan útiles fueron durante la Guerra en el Norte de Marruecos, en el Rift. Este sistema defensivo navero consistía en un conjunto de posiciones defensivas aisladas (pozos de tirador, búnkers con puestos de ametralladora, parapetos…), a tiro de fusil unas de otras, y que se defendían entre sí; así como puestos de observación para dar cobijo a las tropas y como puesto de mando, y líneas de comunicación o trincheras.

Durante la visita, magníficamente conducida por un guía miliciano, los visitantes han de cruzar provistos del correspondiente salvoconducto, del bando republicano al nacional, defendido por una unidad de requetés, no sin un intercambio de disparos y de improperios. Pero hay ocasión, como ocurría con frecuencia en el frente durante la Guerra, a intercambiar en singular camaradería propia de combatientes de un mismo país, tabaco y viandas, gesto muy aplaudido por los “civiles”. De este tipo de gestos podrían aprender algunos políticos empeñados en levantar viejos odios hace tiempo enterrados y olvidados, sobre todo, desde la Transición.

Fdo. Jesús Caraballo

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