
A menudo la fe católica es denostada como contraria a la razón, algo absolutamente falso. Basta con ver cómo a lo largo de la Historia, los monasterios fueron centros de saber y conocimiento y son numerosísimos los religiosos u hombres de fe que con su esfuerzo contribuyeron al avance de la Humanidad. Además, las universidades fueron originalmente centros cristianos.

Pero sin irnos tan atrás en el tiempo y centrándonos en España, desmintiendo al gran escritor y pensador Miguel de Unamuno y su “que inventen ellos” (o sea, el resto de los europeos), hay que recordar que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC, el máximo organismo público de investigación científica de la historia de nuestro país, fue fundado por eminentes científicos católicos.

Y en ese clima de efervescencia investigadora de principios del siglo XX, conviene resaltar también la figura de destacadas mujeres científicas españolas, pioneras en nuestra nación, y que eran a su vez fervientes católicas. Es el caso de Pilar Aznar, la primera científica profesional de nuestra Historia en el terreno de la Microbiología, o Josefina Pérez Mateos, en el campo de la Geología, entre otros muchos ejemplos. Ejemplos que desmienten el tópico de que en aquella época y no digamos en el Régimen anterior a la Transición del 78, la mujer estaba enclaustrada en casa y no podía ni siquiera estudiar en la Universidad. Y eso por no remontarnos a La Latina y otras eminentes mujeres de gran formación, en la época de los Reyes Católicos, en pleno siglo XVI y en la transición al Renacimiento.


Fuera del ámbito científico profesional, pero en el docente, se inscribe otra figura excepcional y también de una profunda fe, como es la de Asunción Linares Rodríguez (Pulianas, Granada, 12 de febrero de 1921 — Granada, 21 de abril de 2005—, primera catedrática universitaria de Ciencias en la Historia de España (la primera catedrática de Universidad en España, pero de carrera no científica, fue la madre teresiana María Ángeles Galino, quien obtuvo su plaza en Historia de la Pedagogía, en 1953).
Y es especialmente oportuno resaltar lo de la religiosidad, la catolicidad, de esta mujer, de cuyo fallecimiento se cumple precisamente este año su 20 aniversario, ya que ese aspecto se ha obviado, aunque en distintos momentos sí se haya hecho eco de su excelsa trayectoria como docente científica (el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, se la pone como ejemplo). En ámbitos católicos, tampoco se suele hacer referencia a su religiosidad.
Una brillante trayectoria glosada en el momento de su fallecimiento, por Leandro Sequeiros, sacerdote jesuita, doctor en Ciencias Geológicas y catedrático de Paleontología, a quien Asunción Linares dirigió la tesis doctoral.

Asunción Linares comenzó en 1942, la carrera de Ciencias Naturales, en la Universidad de Madrid, consiguiendo la licenciatura, en 1947. Presentó su Tesis Doctoral “Revisión de los trilobites de España”, supervisada por el profesor Bermudo Meléndez, científico también católico. La defendió brillantemente, en 1952. Comenzó a impartir clases en la Universidad, desde 1947, al tiempo que continuó con la investigación científica que había iniciado al preparar su tesis, ocupando puestos de profesora adjunta (entre 1947 y 1961); encargada de cátedra en la Universidad de Granada (1949 a 1961), y de colaboradora científica en el Instituto Lucas Mallada, del CSIC, entre 1958 y 1962 (dicho instituto lleva el nombre de un paleontólogo católico del CSIC, padre del Regeneracionismo).
Además, Linares Rodríguez cursó estudios especiales en Francia (París, Lyon, Lille, Dijon, Rueil-Malmaison) entre 1957 y 1961, con la supervisión de los profesores Albert de Lapparent, M. Lys, Gonzague Dubar, Paul Fallot, Durand Delga, Jean Cuvillier y René Mouterde.

En el año de 1.961, Asunción obtuvo la Cátedra de Paleontología de la Universidad de Granada. Durante 26 años, su labor docente incluyó la dirección de 18 tesis doctorales, otras cien de Licenciatura (similares a los actuales Trabajos Fin de Grado) y más de cien trabajos de investigación paleontológica, relacionados especialmente a los moluscos ammonites, del Jurásico.
Además, introdujo en su Granada natal la especialidad de Micropaleontología, es decir, el estudio de los fósiles microscópicos, en una época en la que estaba de plena actualidad el desarrollo de la geología del petróleo. También era miembro de Honor de la Sociedad Española de Paleontología. Tras su jubilación, en 1.987, ingresó como profesora emérita de la Universidad granadina. Asimismo, fue Académica de número de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Granada y se desempeñó como directora de Asistencia Estudiantil, directora del Instituto de Ciencias de la Educación y Vicerrectora de Ordenación Académica de la Universidad de Granada, entre 1980 y 1981.

Pero, por encima de esa extraordinaria trayectoria profesional, sin duda, ejemplar, el jesuita Leandro Sequeiros, añade su perfil de devota católica, y la gran labor social que desarrolló en su tierra natal. Junto con el padre Rogelio Macías Molina (1921 – 2009), creó una red de Institutos Juan XXIII, todavía operativa, cuyo Patronazgo llegó a presidir, para proporcionar educación a los niños pobres granadinos. Una tarea a la que se dedicó a fondo, con su esfuerzo e incluso económicamente, pese a que su salario como catedrática no daba para muchas alegrías. De hecho, vivió con gran modestia y murió pobre. También era frecuente verla ayudando a mujeres maltratadas o ayudando a otras a salir de la prostitución.

Jesús Caraballo
