ISABEL GUERRA, LA MONJA PINTORA

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Isabel Guerra Peñamaría es una pintora realista, de técnica velazqueña y un perfecto hiperrealismo, además de monja cisterciense de clausura española. Es conocida como «la pintora de la luz» y en sus pinturas, aparece una lírica cercana a la teología mística cristiana, cultivando ante todo el retrato y el bodegón dándole una especial importancia a la luz. Interesada en todas las técnicas artísticas, ha llevado hasta sus últimas consecuencias sus investigaciones en el campo de la fotografía, la serigrafía y el grabado.

Isabel Guerra ha cultivado la pintura religiosa, el paisaje, el bodegón y el retrato a través de la luz, la quietud y el silencio. Isabel asegura que no se siente «una monja pintora», sino una monja que pinta y que cumple en su obra con el lema benedictino de «ora et labora» (reza y trabaja).

EL PERSONAJE

Academia de Bellas Artes de San Fernando

Isabel Guerra nació en Madrid, el 30 de abril de 1947, en el seno de una familia culta y acomodada siendo hija única. Sus padres, Joaquín Guerra y Lucía Peñamaría, se muestran especialmente preocupados por su formación. En su duodécimo cumpleaños le regalan una caja de óleos que estrenó pintando en una caja de puros una escena de paisaje con El Viaducto, Las Vistillas y la Sierra de Guadarrama al fondo. No se sintió interesada por las enseñanzas regladas y académicas, Isabel desarrolló su talento de forma personal y autodidacta, pese a haber gozado en su día de la posibilidad de ingresar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Se convirtió entonces en una asidua del Museo del Prado donde descubrió a los grandes genios de la Historia del Arte, especialmente a Diego Velázquez Saavedra, del que se “enamoró”, pasando allí largas horas estudiando a los grandes maestros, así como frecuentando exposiciones y leyendo libros de arte. En 1962, a la temprana edad de quince años, realiza su primera exposición en la sala Toisón de Madrid.

Monasterio Cisterciense de Santa Lucía e

Al cumplir los veintitrés años, ingresó en el Monasterio Cisterciense de Santa Lucía en Zaragoza el 12 de noviembre de 1970, un convento iniciado tras el Concilio de Trento, que se estableció definitivamente en 1588 y que sufrió daños durante la Guerra de la Independencia y la desamortización de 1849, forzando reconstrucciones.  

A lo largo de su trayectoria, Isabel ha cultivado todos los géneros pictóricos desde la pintura religiosa al paisaje, desde el bodegón al retrato. En el lienzo inédito “Bodegón”, destacan las haces de luz, que chocan con superficies refractantes o traslúcidas, siendo la luz el principal polo de atracción del cuadro. Entre sus obras sólo una pequeña muestra podemos considerarla como perteneciente al «género bodegón», del que, ofrecemos «Frutos de la sencillez», «Esplendor de lo cotidiano» y «Frutos de luz y de esperanza». Los bodegones de Isabel Guerra muestran una luminosa sencillez donde los objetos cotidianos son fuente de luz en su pintura. Merece el observar cómo refleja el cristal impregnado de luz. En ocasiones pinta utensilios de cocina, libros, plantas y flores, botes de conserva, fruta, jarrones…

Esta monja es muy conocida en el mundo artístico español debido a la calidad de su obra, por su estilo hiperrealista y su dominio del color y la luz. De hecho, algunas de sus obras parecen auténticas fotografías. Cultiva ante todo el retrato y el bodegón y describe sobre todo momentos cotidianos en el trabajo de mujeres humildes o campesinas, su sueño o el de niñas, dándose una especial importancia a la luz, sublimando el instante captado y trascendiendo lo transitorio haciéndolo eterno y atemporal a través de la luz que envuelve a las figuras y suaviza las formas, y mediante la recreación de unos ambientes de quietud y silencio.

El estilo de sor Isabel Guerra, pegado a la realidad, pero, al mismo tiempo, desvelando la luz y la belleza que hay en ella, descubre una mirada que no está encerrada en sí misma, ni tampoco en la mera expresión técnica de la obra artística. En sus óleos intenta plasmar el mensaje de paz y esperanza que cree que necesita el mundo hoy en día. En muchos de sus cuadros aparecen jovencitas con un rostro lozano, lleno de ilusiones ante la vida, para transmitir frescura, esperanza, toda una serie de valores positivos con candor y pureza. En muchos de sus cuadros aparecen jovencitas con un rostro lozano, lleno de ilusiones ante la vida, para transmitir frescura, esperanza, toda una serie de valores positivos con candor y pureza. Representa a los niños mostrando una expectante e ilusionante esperanza.

Los cuadros de sor Isabel Guerra se caracterizan por un sereno juego de claroscuros, una luminosidad atrapada en los pliegues de un vestido, en los cristales de una ventana, en las hojas de una planta o en los objetos más sencillos de la vida cotidiana. Se puede decir que es la retratista oficial de la Iglesia española y ha llegado a retratar al Papa Francisco en el que recoge «la extraordinaria personalidad» del Pontífice.  El retrato fue acogido por la sede de la Conferencia Episcopal Española en Madrid.  

Su pintura se ha dado a conocer en más de veinte exposiciones de carácter individual y otras tantas colectivas desde 1962. Su obra figura en importantes colecciones de instituciones y empresas privadas de España y de diversos países extranjeros. Sus títulos evocan pasajes bíblicos; también cultiva el tema más estrictamente religioso de la historia sagrada. La representa la galería Sokoa de Madrid.

En el año 2000 una retrospectiva suya en La Lonja de Zaragoza de 78 óleos y dibujos, una parte mínima de su abundante producción, que fue visitada por más de 120.000 personas. En el año 2003 recibió el nombramiento de Académica correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo y en 2005 fue distinguida con el título de Académica de Honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis de Zaragoza.

Aunque no se prodiga en la representación de temas religiosos, Isabel es autora de dos cuadros de la Inmaculada Concepción de María. Entre ellos se encuentran el Descendimiento de Cristo, cuadros sobre santa Teresa de Ávila, retratos de fundadoras o religiosas, de superiores de la orden del Cister.

En torno al 2004 se le encargó la realización de una Inmaculada como cuadro conmemorativo del 150 aniversario de la Proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción, que tendría que formar parte de una gran exposición dedicada a la Virgen Inmaculada en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena, en Madrid, junto con las Inmaculadas de Murillo, el Greco, Zurbarán, y Alonso Cano. En su obra, la estrella, situada en la transición tonal del fondo, simboliza a María como «estrella de la mañana» —esperanza del día definitivo— y «estrella del mar» —orientadora al puerto seguro—.

Escribió y publicó en el año 2005 El libro de la paz interior, Pinturas y mensajes, en el que la autora asocia con especial ternura sus obras artísticas con meditaciones personales, que despiertan la conciencia de la dignidad y su apertura interior hacia el mundo, hacia los demás y hacia Dios y nos lleva al encuentro de la realidad de las cosas, de las personas y de los paisajes. En este libro escribe esta preciosa reflexión: «Abramos los ojos del corazón para percibir la luz que se manifiesta en la sobriedad de la sencillez». El libro ha sido reimpreso diez veces y en él comenta 48 de sus cuadros.

Magdalena Lasala

 En Los colores de luz, junto con la escritora Magdalena Lasala, descubren las reflexiones de dos mujeres muy distintas que comparten inquietudes en torno al mundo en el que viven y analizan desde la perspectiva de sus propias vidas como mujeres de este tiempo, diversos temas relativos a la existencia humana y lo hacen con la sencillez de la amistad y la lucidez de la madurez creativa. Así, ponen el foco de atención sobre cuestiones tan diversas como la diferencia entre fe y religión, la idea de Dios, el amor y la belleza, la vivencia de la verdad y la mentira, la condición de crear dentro de la vida monacal o su visión de la Iglesia como institución hoy. 

La Conferencia Episcopal le encargó en el 2015 un cuadro para la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia y se presentó en el Encuentro Europeo de Jóvenes, que tuvo lugar en agosto de este año en Ávila. La Inmaculada Joven es una nueva versión, moderna y juvenil, de la Inmaculada Concepción, actualizada con todos sus símbolos. Casi adolescente, con una mirada limpia y de gran trascendencia, viste una túnica blanca bajo una capa azul. Tiene una media luna creciente bajo los pies y está coronada con doce estrellas representadas de manera informal, muy estilizadas. Sus manos están en actitud de ofrecerse a la voluntad de Dios.

Isabel Guerra es la pintora de la luz. Es la persecución serena, silente, enamorada y tenaz de la luminosidad y esa luz tiene valor de símbolo religioso. Desde la quietud del claustro cisterciense donde reside persigue la luz que da forma a la belleza de lo cotidiano, a la vida sencilla, al equilibrio de la armonía, al instante infinito y al resplandor de la vida.

Jaime Mascaró Munar   

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