
GARCÍA DE SILVA Y FIGUEROA Y LA CIUDAD OLVIDADA
7 de abril de 1618. Hace calor en la ladera de Kuh-i-Rahmat. El viento del sur viene caliente, trayendo consigo pequeñas partículas de arena en suspensión que dificultan la visibilidad. Entre la nube terrosa, el sol tapiza de color ocre las montañas de Marvdasht, perfilando sobre el suelo pedregoso las sombras de la expedición que avanza por el flanco norte en dirección a la llanura de Maru-i Dasht donde, de resultar ciertas las afirmaciones de los lugareños, se erige en todo su ruinoso esplendor una ciudad olvidada por la Historia. El grupo avanza en hilera, silencioso: dos guías al frente
