Violante de Castilla, la reina mediadora

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Alfonso X y la reina Violante

Alfonso X de Castilla, el gran mecenas, tenía 27 años cuando se casó con Violante, hija del rey Jaime I de Aragón, teniendo ella 12 años, en 1249, previa dispensa de Inocencio IV por razones de parentesco en cuarto grado de consanguinidad. En concreto, Alfonso era bisnieto de Alfonso IX de León, y Violante tataranieta de este por vía materna, es decir, por su madre Violante de Hungría.

La descendencia del matrimonio fue numerosa; Fernando de la Cerca, Sacho, Beatriz, Berenguela y algunos más. si bien, para nuestro interés, son los dos varones a los que debemos prestar atención.

Alfonso X, en sus Partidas—sobre las cuales algún artículo se deberá dedicar— establecía, entre otras muchas otras disposiciones, que el sucesor del rey era el primogénito y en caso de no sobrevivirlo a su fallecimiento, los hijos de éste. Disposición que entraría en contradicción con el posterior testamento de Alfonso, en el cual, dado el fallecimiento de su primogénito Fernando el 25 de julio de 1275, designaría como heredero a su otro hijo Sancho.

Sancho IV

El conflicto era evidente y sus consecuencias también. En un ambiente de hostilidad en la nobleza y los súbditos contra la política fiscal del rey Alfonso, y con una disparidad entre la ley dictada por éste y el derecho consuetudinario de Castilla, Sancho no dudó en reunir en Asamblea a nobles, clero y representantes de las ciudades, en Valladolid en 1282. El juramento de lealtad estaba asegurado y, aún más, la destitución de Alfonso X como rey de Castilla, perdiendo todos sus poderes, tuvo como colofón el reconocimiento de hijo segundón como rey, o sea, Sancho IV. Alfonso marchó a Sevilla, en donde falleció el 4 de abril de 1284, a los 62 años, descansando ya definitivamente en la Catedral de Sevilla, junto a los restos de su padre Fernando III, si bien su corazón fue trasladado a su amada Murcia siguiendo sus expresos deseos.

Entre tales acontecimientos surge la figura de Violante, la cual entiende que debe prevalecer el dictado general: “Los fijos de los fijos del rey o del señor que heredare, heredarán en lugar de su padre, si él fuere muerto, el derecho que había de haber en la heredad del abuelo.”  Y ello dejando de lado la tradición castellana, muy anterior, que establecía como heredero al hijo varón vivo y mayor de edad, al fallecimiento del rey, y no a sus nietos.

Violante

La contienda entre madre e hijo se extendió hasta Aragón, mediando el rey Pedro III, el cual acogió en el castillo de Játiva a los nietos de Violante. La defensa de la causa de los infantes de la  Cerda tuvo un cariz no militar, sino jurídico. Lo pretendido por la reina Violante era la aplicación del derecho romano que subyacía en la Segunda Partida, “de lo que convienes hacer a los reyes, emperadores…”, y en la forma en que el rey sabio concebía la monarquía hereditaria. Es en la Ley 9 cuando se lee;

“Es llamado rey verdaderamente a aquel que con derecho gana el señorío del reino, y puédese ganar por derecho de estas cuatro maneras: la primera es cuando por herencia hereda los reinos el hijo mayor, o alguno de los otros que son más cercanos parientes de los reyes al tiempo de su muerte…”

La carencia de ejército, así como de apoyo por parte de la nobleza castellana, aferrada a su derecho consuetudinario, no pudo ser subsanada con apoyos exteriores, aparte la actuación aludida de Pedro III. La causa de los de la Cerda estaba muy alejada de los intereses temporales de las monarquías francesa o aragonesa, no siendo merecedora de ninguna empresa militar. La persistencia de la abuela Violante la conduce a la deuda, residiendo en Aragón, controlada permanentemente por su hijo el rey Sancho, el cual, según parece, le concede recursos para sobrevivir.

María de Molina

Enfrente tuvo a María Alfonso de Meneses, es decir, a María de Molina, reina consorte de Castilla por su matrimonio con Sancho IV, la cual, después de superadas las dificultades de la declaración de nulidad de su matrimonio, obtener la dispensa papal, también tuvo que hacer frente a las aspiraciones monárquicas de los infantes de la Cerda, apoyadas por la reina Violante. Ambas lucharon, pues, por los derechos sucesorios de sus descendientes, si bien, Maria de Molina lo hizo desde el poder mientras Violante no gozaba de autoridad alguna, fuera de su prestigio como hijo del gran rey Jaime I.  Y por encima de todo ello, María de Molina vio reconocido como rey de Castilla a su hijo Fernando IV, mientras que Violante, arrinconada durante los reinados de Sancho IV y Fernando IV, fue considerada manipuladora, insumisa, fracasada, aunque, este retrato, con el trascurso del tiempo se ha ido desdibujando para dejar paso a una reina que, mediando entre distintas corrientes, supo ser digna defensora de sus convicciones, aún intuyendo que la conducirían al fracaso.

Violante, la reina mediadora, falleció en Roncesvalles el año 1301, cuando regresaba de Roma, después de haber ganado el jubileo de 1300, proclamado por el papa Bonifacio VIII, el primer Año Santo oficial de la Iglesia católica de gran influencia en la religiosidad europea.

Francisco Gilet

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