
La población de al-Andalus estuvo muy lejos de ser homogénea, pues la formaron, los hispanovisigodos compuestos por los de ascendencia goda y romana, y que profesaban la religión católica. Y, en segundo lugar, los musulmanes que estaban formados por distintos grupos étnicos, como árabes y beréberes. Sin olvidarnos de los judíos y del creciente número de esclavos provenientes de Europa que junto con los mercenarios beréberes constituyeron el núcleo de la aristocracia militar en tiempo de Hisham II, bajo las órdenes de Almanzor.
Aunque resulta difícil dar una cifra sobre la población existente en el momento de la invasión, se viene estimando el número de habitantes entre 4,5 y 5,5 millones en el año 711, de los que, aproximadamente, el 50% se quedó en la Península Ibérica. Los contingentes militares que llegaron fueron alrededor de treinta y cinco mil efectivos que, sumados a las mujeres y los niños, podrían haber alcanzado la cantidad de cuarenta o cincuenta mil musulmanes llegados a España en el momento de la invasión.

Aunque las cifras son aleatorias, se estima que la población total que pudo tener al-Andalus, entre los años de la conquista y el final del califato, fue de 3 millones de habitantes. Principalmente concentrados en las ciudades, estando la mayor densidad en los valles del Guadalquivir y del Ebro.
La estructura de la sociedad se diferenció en dos partes bien delimitadas: la jassa o aristocracia y la amma o pueblo llano. La aristocracia no era un grupo cerrado definido por el nacimiento; la instrucción y el poder económico abría las puertas a la jassa. Tampoco era un grupo homogéneo pues estaba integrado por la nobleza de sangre de la familia omeya, que recibía cuantiosas donaciones exentas de tributación, y también estaba integrada por la nobleza árabe que proporcionaba los altos funcionarios civiles y militares. En este grupo podían estar esclavos liberados con influencia social, siendo algunos de origen muladí o judío.
Existía otro grupo social que, aunque no por nacimiento ni por riqueza o posesiones, podía entrar en los niveles inferiores de la jassa. Eran los religiosos y conocedores de leyes, jueces y teólogos alfaquíes que tenían influencia en la sociedad; también intelectuales que dependían de los grandes aristócratas y mercaderes acomodados. En este grupo la pertenencia a la jassa no era hereditaria.

La amma estaba constituida por un grupo de población muy heterogéneo como: artesanos, pequeños comerciantes, jornaleros de la ciudad y el campo, beréberes, muladíes y libertos, mozárabes y judíos no acomodados. Fue un grupo que vivió con condiciones económicas precarias y con cultura nula, fueron los protagonistas de violentas agitaciones provocadas por motivos económicos y religiosos. Además, era el grupo que soportaba la fiscalización y las oscilaciones de los precios, junto con salarios muy precarios. Una de las revueltas más conocidas fue la del arrabal de Secunda en Córdoba y el complot descubierto en 805 para acabar con la vida de al-Hakam.
La forma en que se constituyó al-Andalus, propició la existencia de grupos de población diferenciados por aspectos étnicos, religiosos y jurídicos. Esto provocó una serie de diferenciaciones que marcó la delimitación entre los grupos. En al-Andalus vivieron dos sociedades claramente diferenciadas: la de los conquistadores y la de los conquistados, situación que explica las agitaciones de los siglos IX y X, y también los enfrentamientos entre musulmanes que estaban desunidos. Tanto los árabes como los beréberes mantendrán sus estructuras tribales de origen y por ello la rivalidad entre ellos no decayó.
La historia de al-Andalus estuvo repleta de enfrentamientos tribales entre árabes qaysíes y yemeníes y entre éstos y los beréberes.

José Carlos Sacristán
