Conquista de Canarias (1)

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Noticias de Canarias existen desde la antigüedad, cuando eran conocidas como Islas Afortunadas, así denominadas por Plinio el Viejo y por Claudio Ptolomeo, y hasta se especula que Sertorio, en el siglo I antes de Cristo, y según refiere Plutarco, recaló en ellas cuando era perseguido por el general Cayo Annio.

            Ya en el siglo XV eran conocidas como Canaria, Islas de Canaria o Islas afortunadas. Es a finales del siglo XV cuando Gran Canaria pasa a der denominada de tal modo.

            El interés por las islas no alcanzaría la suficiente importancia hasta este mismo siglo, calentado por las referencias que a lo largo del siglo XIV dieron varios navegantes que habían recalado en  las mismas en busca de esclavos.

Estatua de guanche

            Sus habitantes tenían desarrollado cierto orden social que era gestionado por diversos jefes que en Canaria eran denominados guanarteme, en Tenerife mencey, y en la Palma tinamala. Los tinerfeños eran guanches, y los de Canaria, canarios.

            El poder del guanarteme se estableció en las postrimerías del siglo XIV, en dos demarcaciones: la de Gáldar y la de Telde, cada una con su guanarteme, siendo hereditario el cargo por vía matrilineal a través de la hermana del guanarteme fallecido. Hasta entonces el poder estaba diseminado en pequeños cacicatos.

            En Tenerife, el territorio estaba dividido en nueve demarcaciones gobernadas cada una de ellas por un mencey, siendo cada uno de sus territorios conocidos como menceyato, que se extendían por Anaga, Güímar, Abona, Adeje, Daute, Icod, Taoro, Tacoronte y Tegueste, y la jerarquía de cada mencey abarcaba tanto el ámbito militar como el civil y el religioso.

Alvise de Cadamosto

            En el primer cuarto del siglo XV, un comerciante veneciano, Alvise de Cadamosto, encomiaba la fortaleza tanto de la naturaleza como de los habitantes de las tres islas mayores, y relataba que estaban habitadas por unas quince mil personas Tenerife, por unas nueve mil Canaria, y por algo menos La Palma, y que la poligamia era común.

Juan de Bethencourt

            Fue en 1402 cuando, en nombre del rey de Castilla, Enrique III el doliente, tuvieron ocasión las primeras acciones de conquista, llevadas a cabo por el normando Juan de Bethencourt, quién, con Gadifer de la Salle como lugarteniente y dos esclavos tomados con anterioridad, completó la conquista de Lanzarote, Fuerteventura y el Hierro, de las que obtuvo el señorío por parte de Castilla.

            La Gomera sería conquistada en 1404 por pacto llevado a cabo por Hernán Peraza, y la conquista de las islas mayores tendría lugar bajo el reinado de los Reyes Católicos, siendo que no se culminaría la conquista sino en 1496, con la toma de Tenerife.

            Prácticamente se llevó un siglo la conquista, en el que se produjeron todo tipo de relaciones; así, Juan de Bethencourt recibió del guanarteme Guadarfía su beneplácito cuando desembarcó en nombre de Enrique III. Construyó en el sur de la isla, en la zona de Rubicón un castillo que llevó su nombre, y desde el cual coordinaría incursiones sobre Fuerteventura, que finalizaron en enero de 1405 con la entrega de la isla por los jefes locales, Guize y Ayoze.

Grabado de Le Canarien de Gadifer de la Salle

            Tras la conquista de Lanzarote, Bethencourt viajó a la corte dejando el mando a Gadifer de la Salle, quién sufrió la sublevación de parte de la tropa, que se alió con unos piratas que visitaban la isla en busca de esclavos; sublevación que comportó una revuelta de los habitantes de la isla, denominados majos.

            A la vuelta de la Corte, en octubre de 1405 Bethencourt llevó a cabo una expedición sobre Canarias. Desembarcó en Arguineguín, pero no permaneció en la isla.

            A continuación, conquistó El Hierro, donde sus habitantes, denominados bimbaches, se rindieron a las huestes de Bethencourt ante la imposibilidad de resistencia tras haber sufrido sucesivas incursiones de piratas y traficantes de esclavos normandos y bereberes principalmente.

Fernando de Antequera

            Juan de Bethencourt marchó a Normandía y no volvió más a Lanzarote. Le sucedió su sobrino Maciot de Bethencourt, que infligió gravísimas acciones a los naturales, a quienes sometió a esclavitud, lo que le comportó sublevaciones a la par que serios enfrentamientos con Mendo de Viedma, obispo de San Marcial de Rubicón, que en 1417 denunciaba ante las Cortes de Castilla el comportamiento tiránico de Maciot, provocando que Catalina de Lancaster y Fernando de Antequera, regentes durante la minoridad de Juan II de Castilla, encargasen el control de la situación al obispo Pedro Barba de Campos, que sustituyó al obispo Mendo de Viedma, pero no sería sino en 1431 cuando un nuevo obispo, Fernando Calvetos, acabó gestionando del Papa Eugenio IV la bula Sicut dudumde 1431, que condenaba la esclavitud.

            Consiguientemente, Calvetos publicó un decreto por el que prohibía la venta de canarios como esclavos y ordenaba la liberación de quienes se encontraban esclavizados. Pero Maciot, que tenía en sus manos la fuerza, despreciaba al prelado y sus denuncias, lo que motivó que el obispo plantease el asunto a Juan II de Castilla, a quién exigió el destierro de Maciot, lo que ocasionó que éste pidiese ayuda a Carlos VII de Francia, mientras vendía sus derechos patrimoniales, a la vez, al conde de Niebla, a Guillen de las Casas, esclavista y tío de Bartolomé de las Casas, y al infante don Enrique de Portugal, creando una discordia que tardaría en ser resuelta.

Enrique el Navegante

            Discordia que en 1445 comportó el apresamiento de Maciot por parte de Fernán Peraza el Viejo, que actuaba como consorte de Inés de las Casas, hija de Juan de las Casas, pero en apoyo de Maciot desembarcaron tropas portuguesas enviadas por Enrique el Navegante, que permanecerían en Lanzarote durante dos años, cuando fueron expulsados por los naturales, los majos.

            En 1454 Enrique IV confirmó los derechos de Inés de Peraza, hija de Fernán, al tiempo que Alfonso V de Portugal renunciaba a sus pretensiones sobre Canarias y Enrique el Navegante abandonaba Lanzarote y Fuerteventura, donde estaba destacado. En 1455 el rey Enrique IVel de las mercedes, concedía la merced de conquista de Canaria, La Palma y Tenerife a los nobles portugueses Martín de Atayde González de Castro, y a Pedro Meneses de Castro, que se limitaron a pleitear.

            Hasta 1479 continuarían las acciones estériles; así, es de destacar la acción que Diego Herrera, casado con Inés Peraza, que ejerció sobre las cuatro islas menores, en las que elevó fortificaciones al tiempo que intentaba tomar posiciones en las islas mayores, consiguiendo tan solo tensiones tanto con la población como con la Corona.

Diego Herrera

             En 1464 hizo tratados de paz con los guanartemes de Telde y Gáldar, en Canaria, de quienes confundió con sumisión los obsequios que le brindaron, lo que llevó a Diego Herrera a entender que había tomado posesión de la isla, extremo que puso en guardia a los guanartemes, que rompieron las relaciones con el mismo.

            Ante esa situación, marchó con tres embarcaciones y quinientos hombres sobre la isla de Tenerife, donde los menceyes dijeron que estaban muy conformes en ser amigos suyos, del Rey de Castilla y de todos los reyes del mundo, y el 1 de junio de 1464, los menceyes de Taoro, Güímar; Anaga; Abona; Tacoronte; Icod; Adeje; Tegueste y Daute, reconocieron la soberanía de Diego Herrera, al tiempo que éste reconocía la soberanía de Castilla.

            La conquista por parte de Diego de Herrera parecía tener éxito cuando en 1466 emparentó con Diego de Silva al casar éste con la hija de Diego de Herrera. Por estas fechas, el infante Fernando de Portugal envió una armada contra Gran Canaria. A ella se uniría Diego de Herrera. Diego de Silva fue vencido en Gáldar por el guanarteme Tenesor que obligó a la retirada de las tropas.

            Por su parte, Herrera se enfrentó al guanarteme Bentaguayre, que fue socorrido por Tenesor y amparado por Diego de Silva, acabando el enfrentamiento con una retirada.

       En Tenerife, los guanches rendían culto a una imagen de la Virgen María que, antes de tomar tierra los marineros de Castilla, habían recuperado del mar.

            En este punto entra en juego un suceso acaecido una década atrás, cuando un barco de expedición por la zona capturó a un niño que acabó en Mallorca, donde fue bautizado y aprendió castellano, mallorquín y latín, y por supuesto fue cristianizado.

Cartografía de África siglo XIV

            Acompañando una expedición de misioneros mallorquines, volvió siete años después a Tenerife, donde se integró en la sociedad que le había visto nacer, y que quedaba admirada por la formación cultural de la que sin duda daba muestra.

            En presencia de la imagen que sus compatriotas habían recuperado del mar, explicaba el significado religioso de la misma, y les decía que representaba a la Madre de Dios.

            Se ganó la confianza y recuperó el cariño de su familia natural, con cuyas prendas se convirtió en protector de los misioneros, que transmitieron conocimientos de gran valor para los naturales, lo que les reportó la seguridad que les fue brindada por el mencey de Güímar, y que perdieron posteriormente, cuando el mencey de Taoro, Bencomo, asaltó la misión en 1493 y los asesinó despeñándolos por los barrancos.

            Este hecho acabaría acelerando la conquista de Tenerife; justificaba la intervención ya que era elemento indudable de guerra justa, dando fin a la diplomacia que se había venido ejerciendo desde mucho antes, cuando se habían firmado pactos que garantizaban la protección de Castilla contra los cazadores de esclavos, y se facilitaron herramientas agrícolas y ganados desconocidos en la isla.

            Y por supuesto se gestionaba la vuelta de guanches que habían sido secuestrados con anterioridad por traficantes de esclavos.

Idealización de un indígena canario según el litógrafo A. de Saint-Aulaire

            Estas medidas obtuvieron buenos resultados en el sur, pero los menceyatos del norte se mantuvieron esquivos a cualquier medida de acuerdo.

            Antón Guanche se sometió a Acaymo, mencey de Güimar, a quién predispuso a favor de Fernán Peraza, reconocido como su padrino y señaló como rey (o mencey) de las islas menores, por concesión del Gran Monarca de los españoles, a los que señalaba con gran fortaleza de soldados, navíos, caballos y armas de fuego.

            Acaymo se vio inclinado a dar crédito a las explicaciones de Peraza, y con él arrastró los ánimos de su sucesor, Añaterve, que veían reforzadas sus inclinaciones por el hecho de que los castellanos veneraban la misma imagen, la de la virgen María, que ellos mismos veneraban.

            Pero esa simpatía por parte de Acaymo no era compartida por los otros menceyes, que reforzaron la vigilancia que para prevenir la llegada de piratas y traficantes de esclavos ya efectuaban sobre la costa en previsión ahora de la llegada de naves con intención de conquista.

            En medio de esos debates llegó una escuadra comandada por Sancho de Herrera, hijo de Diego  que para 1464 debía contar veinte años de edad y no tuvo otra ocurrencia que, después de haber sido recibido magníficamente, y tras haber sido llevado a ver la imagen de la Virgen, acabó robándola y trasladándola a Fuerteventura, de donde posteriormente sería devuelta.

Mencey Serdeto

            Otras actuaciones negativas llevó a cabo Sancho Herrera, a quien se permitió construir un fuerte en Añaza. Convino con el mencey Serdeto entregarse mutuamente a quienes cometiesen alguna infracción. Los castellanos no tardaron en tener un mal encuentro con un cabrero; fueron entregados y el castigo consistió en una reprimenda. Como la situación se repitiese, llegó el momento en que el infractor recibió una paliza, lo que ocasionó que fuese reclamada la entrega de los agresores, que fueron condenados a garrote. Seguidamente un ejército guanche acabó destruyendo la fortaleza.

            Ya no volvió Sancho de Herrera a usar esos métodos violentos. Los menceyes lo recibieron en son de paz. Hubo intercambio de prisioneros y los guanches exigieron les fuesen entregados como rehenes treinta niños, a cambio de lo cual colaboraron en la construcción de una torre, a cuyo comandante encargó Herrera que crease la discordia entre los guanches.

            No tardaron en surgir los problemas, y en 1470 los guanches mataron a cinco españoles que habían salido a forrajear. Fue el inicio de una guerra de guerrillas que se cobró la vida de un gran número de soldados de Herrera, cuyas vestimentas fueron usadas por un jefe subordinado guanche, un guayre llamado Maninidra, para vestir a sus propios guerreros, que avanzarían hacia Gando, donde destruirían la posición de Sancho de Herrera.

            Este acontecimiento resultó de gran importancia para el futuro, ya que los familiares de las víctimas se marcharon a la península para presentar quejas por las actuaciones de Sancho de Herrera.

Orchila

            Paralelamente a esta expedición, Pedro Ghemida llevaba una acción diplomática en Canaria que comportó la ratificación de acuerdos anteriores a los que se añadían varios extremos de importancia entre los que figuraba la puesta en libertad de los rehenes de cada una de las partes y el derecho de Diego de Herrera a recoger un alga roja denominada orchila que se utilizaba para la obtención de colorante.

            Se trataba de un acuerdo que destaca por su positividad en medio de un cúmulo de actividades inconexas; pero la multiplicación de los errores que se habían acumulado a lo largo de los tres primeros cuartos del siglo XV conocería su final cuando accedió al trono de la reina Isabel I de Castilla en 1474.

            Todo tomaría un nuevo ritmo y unas nuevas formas en 1479 cuando finalizada la guerra civil, Castilla y Portugal firmaban el Tratado de Alcáçovas, en el que Castilla veía reconocida la soberanía sobre Canarias.

            A partir de ese momento se agilizó la conquista, siendo que para 1483 era conquistada Canaria (hoy Gran Canaria), donde sin embargo algunas zonas montañosas resistieron hasta 1487, cuando se pacificó la isla.

Cesáreo Jarabo

BIBLIOGRAFÍA:

Hernández, Beneharo. Los menceyes de Tenerife. En Internet https://menceyesdetenerife.blogspot.com/2013/03/capitulo-i-el-mencey.html Visita 1-3-2026

Hispanopedia. https://es.hispanopedia.com/wiki/Sicut_Dudum?utm_source=chatgpt.com

Gran Enciclopedia Virtual Islas Canarias. En Internet https://www.gevic.net/indice_Global.php?modo=1 Visita 1-3-2026

Los menceyes de Tenerife, los reyes guanches de la isla. En Internet https://marcacanaria.com/los-menceyes-de-tenerife-los-reyes-guanches-de-la-isla/. Visita 1-3-2026

Viera y Clavijo, José En Internet https://bibliotecadigital.bnp.gob.pe/bitstreams/ea06a851-74e4-445a-9c4f-c6bb100d30f8/download Visita 3-3-2026

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