
Los árabes, desde los que entraron con Musa, hasta todos los que llegaron después a al-Andalus, constituyeron una aristocracia que se continuó, principalmente porque en al-Andalus no se produjo la ruptura que protagonizó el califato oriental, al sustituirse el arabismo por islamismo, puesto que Abd al-Rahman I continuó con la organización omeya que respetaron sus sucesores. Los árabes conformaron un grupo aristocrático dedicado a la administración, el comercio y a la explotación de grandes propiedades.
Hay que tener en cuenta que, dentro de los musulmanes, los árabes fueron un grupo reducido de un máximo de unos 60.000, frente a los beréberes que fueron unos 100.000. Aun con las fuertes disputas entre yemeníes y qaysíes, los árabes defendieron su derecho frente al de otros musulmanes. La hegemonía árabe se acentuó durante los mandatos de Abd al-Rahman II y al-Hakam II (961-976), fases en las que se produjo una gran llegada de orientales con alta cultura que dieron un giro orientalizante a al-Andalus. También supuso la radicalización de posturas con respecto a los no musulmanes.

Los beréberes formaron el grueso del ejército que llegó al reino visigodo con Tariq. Aunque fueron mucho más numerosos que los árabes, su papel fue esencialmente militar y socialmente secundario. Se les asignaron zonas rurales, despobladas y montañosas sobre todo en la Meseta Norte, con lo que quedaron apartados de los cargos ciudadanos y de las fuentes de riqueza. De ahí, la animadversión que siempre tuvieron hacia los árabes. Incluso, estaban obligados a pagar el jarach, que fue un impuesto territorial.
Por estos motivos, llevaron a cabo importantes revueltas, que fueron alentadas por la doctrina jarichí, venida de oriente, la cual defendía que el poder político debía ser designado por la comunidad, no por linaje hereditario. Se produjeron insurgencias desde Egipto hasta España, en la Península llegaron a asediar ciudades como Toledo y Medina Sidonia, llegando hasta los arrabales de Córdoba. Desde Damasco se envió un contingente de 30.000 hombres para reprimir la insurrección de norte de África, y a España llegaron, a Algeciras, 10.000 sirios que se impusieron a los rebeldes.

Muladíes,
El tercer grupo étnico importante de al-Andalus fue el de los muladíes, que fueron los conversos al islam de origen hispano. En general, la situación de los muladíes fue muy parecida a la de los beréberes, nunca fue de plena integración. También protagonizaron rebeliones destacables, aunque pretendían alcances sociopolíticos más amplios que los de los beréberes.
Entre los españoles convertidos al islam existían dos grupos sociales que ya se diferenciaron en el reino visigodo. El primero es la aristocracia que quedó sometida al dominio musulmán pero mantuvo una posición elevada sobre el resto de los hispanogodos, y con un distanciamiento con la aristocracia árabe. El incremento de conversiones a lo largo de los siglos IX y X terminó por acercar a ambas aristocracias, que se tradujo en pactos comunes contra los que les disputaban el poder. Aunque hubo parte de los aristócratas que fomentaron su origen romano o su origen visigodo.

El ejemplo más claro fue el de la familia Banu Qasi. La figura de Musa ibn Musa ibn Fortún (842-862), gobernador de Tudela, dominó el Valle del Ebro, de tal forma, que siempre fue una amenaza para Córdoba. También hay que decir, que supuso una amenaza para los cristianos, cuando construyó el castillo de Albelda, el rey Ordoño I lo atacó y venció (859). Los descendientes de Musa mantuvieron el gobierno de la Marca Superior.
El segundo grupo que conformó a los muladíes fue el de los colonos, pequeños propietarios y siervos que se convirtieron, fundamentalmente, para mejorar su situación socio económica. Tuvieron beneficios importantes; los campesinos dejaban de pagar el impuesto territorial y personal y los esclavos conseguían la libertad. Esto determinó que las conversiones fuesen mucho más numerosas en el campo que en la ciudad, aunque se igualaron a partir del siglo IX. Con todo ello, desde mediados del siglo IX, al-Andalus se configuró como una comunidad islámica, con una lengua árabe con muchas variantes, como religión el islam, y formada por los descendientes de la población hispanoromana e hispanogoda que en otro tiempo constituyó el Reino Visigodo de Toledo.

José Carlos Sacristán
