CONQUISTA DE CANARIAS (Y 2)

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            Los Reyes Católicos estaban decididos a terminar la conquista de las islas, y en 1478 toman la decisión de conquistar Gran Canaria, cuya misión sería encargada a Juan Rejón. En esta ocasión ya no se trataría de una empresa particular, sino una misión de la Corona que sería enfrentada por los caudillos locales Doramas, Maninidra y Adargoma.

            Desembarcado en la Isleta, el ejército plantó el real en un palmeral existente en lo que actualmente es la Plaza de Santa Ana, donde fue erigida la catedral, siendo denominado el lugar como “Real de las Palmas”, de donde derivó el nombre de la ciudad.

Juan Rejón

            Pero volvieron a aparecer viejas rencillas que ralentizaron la labor encomendada. Surgieron desavenencias entre Juan Rejón y Juan Bermúdez, lo que comportó primero el arresto de éste y luego, a la llegada del gobernador Pedro de Algaba, la destitución y el arresto de Juan Rejón, que fue enviado a Castilla, donde ante la Corte se defendió de las acusaciones de que era objeto, señalando a Algaba como traidor, tras lo cual, y como las dudas sobre Algaba eran razonables, fue sobreseído su caso.

            Esas desavenencias habían comportado derrotas notables, como la sufrida por cuatrocientos jinetes y quinientos soldados, que fueron derrotados en Tirajana el 9 de agosto de 1479, de la que Rejón acusaba a sus adversarios, siendo que sus argumentos hicieron que finalmente fuese autorizado a volver a Canaria, donde el 2 de mayo de 1480 ordenó arrestar a Pedro de Algaba y a Juan Bermúdez, a quienes juzgó y condenó por traición. Algaba fue ejecutado y Bermúdez desterrado, tras lo cual fue enviado como gobernador con plenos poderes Pedro de Vera, que procedió al arresto de Rejón, que fue enviado preso a la península.

Pedro de Vera

            Pedro de Vera contaba entre sus oficiales con Hernán Peraza el Joven, señor de la Gomera y del Hierro, y con Alonso de Lugo, que más adelante se señalaría en la conquista de La Palma y de Tenerife. En el curso de la campaña militar durante 1481 ocurrieron dos hechos de importancia capital: por una parte, las tropas de Pedro de Vera acabaron dando muerte a Doramas, caudillo militar que aglutinaba la resistencia canaria, y por otra hicieron prisionero a Tenesor Semidán, guanarteme de Gáldar. Esta circunstancia sería esencial para la pacificación de la isla, ya que Thenesor Semidán fue enviado a la Corte de los Reyes Católicos, donde el mismo rey Fernando sería el padrino de su bautizo. Acababa de nacer Fernando Guanarteme, que jugaría un papel decisivo en la pacificación, siendo que ante los Reyes firmó un pacto de paz que ya no sería roto, y que cumplió en el terreno convenciendo a sus antiguos guerreros para que depusiesen las armas y aceptasen hacerse súbditos de los Reyes Católicos.

            En 1483 finalizaba la conquista de Gran Canaria, tras cinco años de lucha, cuando Fernando Guanarteme convenció a los refugiados en una zona montañosa conocida como Ansite; acuerdo que no fue refrendado por el caudillo Bentejuí, que el 29 de abril de 1483 acabó suicidándose junto al hechicero o faicán.

            La figura de Fernando Guanarteme es presentada por los negrolegendarios, siervos especialmente de los intereses ajenos, como un colaboracionista que ayudó a destruir su propia cultura.

            La historia nos dice que el mestizaje no es practicado por otros pueblos, mientras es ensalzado por el mundo hispánico, y sin duda esa segunda opción es la que detectó Fernando Guanarteme. No sólo el poder militar de Castilla, que sí, pero sin lugar a dudas lo principal era la aceptación de unos principios que no negaban los principios históricos propios de los canarios, sino que los asumían en tanto no eran contrarios al derecho natural. Gracias a él se conservó la idiosincrasia canaria y las leyes protegieron del despojo.

            Y a Gran Canaria le siguió La Palma, conquistada por Alonso Fernández de Lugo, que culminaron las labores de conquista en 1493, si bien para 1492 ya tenían controlada la zona de Tazacorte, donde la flota de Colón recalaría para proveerse de avituallamiento en su marcha de descubrimiento.

            La última isla conquistada sería Tenerife, que ocupó los años 1494, 1495 y 1496, pero ya para 1474, reinando ya la reina Isabel, habían cambiado considerablemente las cosas; hasta el extremo que quienes hasta el momento habían sido vasallos de Herrera, defendían sus derechos y señalaban los excesos que sobre ellos se habían cometido.

Iñigo Manrique, obispo de Mondoñedo

            Su acción llegó al punto que sus acusaciones acabaron comprometiendo los derechos que sobre las islas había venido gozando el Señor de Canarias, Diego de Herrera, que fue puesto en entredicho y fue nombrada una comisión compuesta por Íñigo Manrique, obispo de Mondoñedo, y por Esteban Pérez de Cabitos, vecino de Sevilla, con el encargo de realizar las pesquisas oportunas al objeto de llevar a cabo un juicio de residencia que confirmase las acusaciones que lo señalaban como incumplidor de sus obligaciones

de justicia, dentro de los límites de la legislación vigente, y que abarcaban aspectos como haber exigido excesivos tributos e infligido malos tratos a los naturales, además de intervenciones impropias en intercambios comerciales y excesos en sus intervenciones militares, además de interferencias varias en asuntos que no eran de su competencia.

            Al tiempo, la Corona llamó a la sumisión a aquellos que se habían sublevado contra las acciones del procesado, que finalmente acabó superando el juicio de residencia, que entendía la existencia de abusos menores, lo que le representó sanciones que también fueron menores, siendo conminado a ceñirse a las leyes.

Fray Hernando de Talavera

            El juicio tuvo lugar en Lanzarote, donde los afectados podían defender personalmente las acusaciones, y posteriormente, Diego Herrera e Inés Peraza se desplazaron a la península y se presentaron a la reina, ante quién Fray Hernando de Talavera expuso en octubre de 1477:

Muy poderosa procesada y muy esclarecida reina y señora:
Vimos con diligencia, como Vuestra Alteza mandó, el negocio de las Islas de Canaria, así de las ya conquistadas como de las por conquistar; y vistos los títulos y escrituras de Diego de Herrera y de Doña Inés Peraza, su mujer, sus vasallos vuestros, así como lo que contra ello se debía, y ciertas pesquisas que en diversos tiempos fueron hechas por el reverendo obispo de Mondoñedo (que después fue de Jaén) y por Esteban Pérez Cabitos, y otras escrituras y apuntamientos que por algunos letrados cerca de ello estaban hechos:

Nos parece que los dichos Diego de Herrera y Doña Inés, su mujer, tienen cumplido derecho a la propiedad, señorío, posesión y mero y mixto imperio de las cuatro islas conquistadas, que son Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera y El Hierro; y que en ellas tiene Vuestra Alteza la superioridad y supremo dominio que tiene en todas las otras tierras, villas y lugares que son de los caballeros de vuestros reinos.

Diego de Herrera

Ítem, que los dichos Diego de Herrera y Doña Inés, su mujer, tienen derecho a la conquista de la Gran Canaria, de la isla de Tenerife y de La Palma; y es suya y les pertenece la dicha conquista por merced que de ella hubo hecho, de juro y de heredad, el muy excelentísimo rey Don Juan, vuestro padre de gloriosa memoria (que haya santa gloria), a Alfan de las Casas, ascendiente de la dicha Doña Inés.

Pero, por algunas justas y razonables causas, Vuestra Alteza puede mandar conquistar las dichas islas de Gran Canaria, Tenerife y La Palma; y si se ganaren las dichas islas o cualquiera de ellas, debe Vuestra Alteza hacer equivalencia por lo que se asignare a los dichos Diego de Herrera y Doña Inés, su mujer, por el derecho que a la dicha conquista tienen y por los muchos trabajos y pérdidas que han recibido, y costas que han hecho en la prosecución de ella, y especialmente ganándose la dicha isla de Tenerife, en la cual han tenido y tienen ahora adquirida alguna parte.

            Ya habían empezado los Reyes Católicos a vitalizar los juicios de residencia, que si bien es cierto que datan de finales del siglo XIV, no tenían las dimensiones que acabaron alcanzando en la jurisprudencia desde el reinado de los Reyes Católicos hasta el siglo XVIII.

            Y esa sentencia que tiene cierto carácter exculpatorio, tiene mayor carácter condenatorio en tanto en cuanto quedaron excluidos en la prosecución de la conquista. Quedaba limitada su influencia a las islas que ya gobernaba, en las que estaba obligado a mantener el orden y debían servir de apoyo logístico para la conquista de las tres islas mayores, Canaria, La Palma y Tenerife.

            Los Reyes Católicos no aplicaban un castigo ejemplar, y lo hacían porque el poder real en las islas era muy limitado, dependiendo esencialmente de la voluntad de los señores de las islas, como quedaría demostrado en 1488 con los acontecimientos luctuosos de la Gomera. Pero con la sentencia señalaban las directrices y los límites que debía mantener en el futuro el procesado:

Que, pues no se hallaban con caudales ni fuerzas suficientes para reducir las islas de Canaria, Palma y Tenerife, era su real ánimo ponerlas bajo su protección y adelantar la empresa a costa del erario de la Corona de Castilla. Que, para indemnización del derecho y gastos incurridos, se les daría desde luego quinientos maravedís en contado, el título de Condes de La Gomera, y el dominio útil de las de Lanzarote, Fuerteventura y El Hierro, con las despobladas. Y que el dicho Herrera y Doña Inés renunciarían todos sus derechos y pretensiones sobre las tres islas grandes.

            Esta decisión dejaba fuera de las labores de conquista a los ya Condes de la Gomera, que aunque eran autónomos a la hora de gobernar, estaban obligados a respetar las leyes de la Corona, a cuya supervisión quedaban sometidos.

            Se les concedió autoridad sobre justicia, organización territorial y tributos; algo parecido a una autonomía, lo que ocasionó quejas de la población, que consideraba tal situación como propia de un régimen opresivo señorial.

Tratado de Alcaçovas

            El 4 de septiembre de 1479 los reinos de Portugal y Castilla firmaban el Tratado de Alcaçovas por el que Portugal renunciaba a sus derechos de conquista de las Islas Afortunadas.

            Pero en las islas menores seguían las rencillas, en medio de las cuales, el año 1481 Juan Rejón era asesinado por Fernán Peraza el Joven,  que quedó como señor de la Gomera y del Hierro, mientras sus hermanos se enseñoreaban de Lanzarote y Fuerte Ventura.

            Los habitantes protagonizaron levantamientos en demanda de ser tierras de realengo, pero la Corona no llegó a aplicar las medidas necesarias para acabar con los despropósitos de los Peraza, que controlaban su territorio de forma autónoma mientras la corona, sin otras posiciones militares en la zona, carecía de la fuerza necesaria para controlar la situación.

            Sus constantes abusos ocasionaron en 1488 un levantamiento popular en la Gomera que, encabezado por un guerrero llamado Hautacuperche, acabó asesinando al tirano y a varios miembros de su corte.

Beatriz de Bobadilla

            Su esposa, Beatriz de Bobadilla infligió un severo castigo aplicando la pena de muerte y sometiendo a esclavitud a los vecinos de Agana, mientras el obispo Frías denunció los hechos ante los Reyes Católicos, que nombraron pesquisidor a Francisco Maldonado, quién logró evitar que las islas menores quedasen fuera de la jurisdicción de la Corona, peligro evidente dada la fuerza y la organización de los Peraza, sus gobernadores.

            Pedro de Vera contaba en la conquista de Gran Canaria con alguien que se significaría en acciones por él encabezadas. Se trata de Alonso Fernández de Lugo, conquistador de La Palma y de Tenerife, y con él, Fernando Guanarteme, que continuaría desarrollando su labor pacificadora en Tenerife, donde acompañó a Alonso Fernández de Lugo en la conquista, siendo pieza fundamental en las negociaciones que se dieron con los menceyes.

Alonso Fernández de Lugo

            Cuando el 29 de septiembre de 1492 desembarcaba Fernández de Lugo en Tazacorte, el tinamala (equivalente a mencey) Mayantigo reconoció la supremacía de los Reyes Católicos, y los otros tinamalas se avinieron conforme observaban que se cumplían rigurosamente los acuerdos firmados por Mayantigo. Sólo ofrecieron resistencia los hermanos Jarigua y Garehagua,tinamalas de Tigalate, al sur de la isla, y sobre todo el tinamala de la Caldera de Taburiente, llamado Tanausú, que se hizo fuerte en sus dominios,pero fueron vencidos y también se sometieron.

            Fue una campaña que ocupó cinco meses y se dio por finalizada el 3 de mayo de 1493 con la fundación de Santa Cruz de La Palma.

            Tras haber sometido la isla, Alonso de Lugo reclamó como muestra de paz el envío de veinticinco jóvenes a la corte de los Reyes Católicos. Sin embargo fueron tomados como esclavos por comerciantes locales una vez desembarcaron en Sevilla, lo que ocasionó la inmediata intervención de los Reyes Católicos en atención primero al pacto de Alonso de Lugo, y en segundo lugar porque, además, se trataba de súbditos de la Corona, lo cual significaba que por derecho no podían ser esclavizados.

            Los palmeros fueron liberados y devueltos a La Palma, con lo que aprestaban las instituciones para la creación del Derecho de Indias, con el que se protegía a los indígenas, y del que son una señal imprescindible las Leyes de Burgos de 1512, base de todo el cuerpo legislativo que se desarrolló posteriormente.

Fernando Guanarteme

            Tras la conquista de La Palma,  Alonso Fernández de Lugo partió a la conquista de Tenerife, en cuya empresa fue acompañado por Fernando Guanarteme, que sirvió de enlace con los menceyes tinerfeños, en la continuación de una labor ya desarrollada con éxito durante las dos décadas anteriores por Antón Guanche, personaje que a la llegada de Alonso Fernández de Lugo jugó papel de primer orden como mediador de excepción en una sociedad de la que ya formaba parte.

            Fue pieza fundamental a la hora de tratar con los menceyatos, posibilitando que los de Abona, Adeje, Anaga y Güimar concertasen los que fueron conocidos como “bandos de paz”.

            Por su parte, el mencey Bencomo fue el contrapunto de Antón Guanche, ya que supo utilizar sus artes diplomáticas para superar las tradicionales diferencias existentes entre los menceyatos de Taoro, Tacoronte, Tegueste, Icod y Daute, y convenir una alianza para enfrentarse a Alonso Fernández de Lugo.

Alonso Fernández de Lugo

            Estos dos personajes jugaron un papel de primer orden, ya que su carisma, contrapuesto, tenía un vigor parecido, y si Bencomo llevó a cabo una alianza que en principio parecía imposible, Antón facilitó una base de intendencia que fue decisiva para el éxito de la empresa, en la que tuvo parte principal Añaterve, mencey de Güimar, primer gran aliado de Alonso Fernández de Lugo, ya cristianizado, que no sólo facilitó apoyo logístico y de intendencia, sino que aportó guerrilleros que combatieron con técnicas de la zona a los menceyatos que rechazaban la alianza.

            Los menceyatos que suscribieron los “pactos de paz” se comprometían a no aliarse con Bencomo, mencey de Taoro que ocasionó graves contratiempos a la campaña de conquista, entre los que se cuenta la victoria que obtuvo el año 1494 en la que fue conocida como Matanza de Acentejo, cuando aplicando una táctica de guerrilla, dejó que las tropas españolas se adentrasen en La Orotava, para lanzar un ataque sorpresivo en el barranco hoy conocido como de La Matanza de Acentejo, donde murieron 600 castellanos y 200 canarios que marchaban contra Bencomo.

Batalla de Acentejo

            Tras esta derrota, las acciones militares resultaron contrarias a los menceyes de guerra; Bencomo, el mencey de Taoro murió el 14 de noviembre de 1495 en la batalla de Aguere; Bentor, sucesor de Bencomo presentó batalla en el barranco de la matanza, pero fue derrotado, y a principio de 1496 se suicidó despeñándose; y los menceyes de guerra supervivientes fueron trasladados a la península, de donde nunca volvieron a Tenerife.

            El 25 de julio de 1496 se daba por terminada la conquista de Tenerife.

Cesáreo Jarabo

BIBLIOGRAFÍA:

Hernández, Beneharo. Los menceyes de Tenerife. En Internet https://menceyesdetenerife.blogspot.com/2013/03/capitulo-i-el-mencey.html Visita 1-3-2026

Hispanopedia. https://es.hispanopedia.com/wiki/Sicut_Dudum?utm_source=chatgpt.com

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Los menceyes de Tenerife, los reyes guanches de la isla. En Internet https://marcacanaria.com/los-menceyes-de-tenerife-los-reyes-guanches-de-la-isla/. Visita 1-3-2026

Viera y Clavijo, José En Internet https://bibliotecadigital.bnp.gob.pe/bitstreams/ea06a851-74e4-445a-9c4f-c6bb100d30f8/download Visita 3-3-2026

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