Alonso de Salazar es graduado Bachiller (22 abril 1584)

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Alonso de Salazar y Frias

Alonso de Salazar es conocido como el abogado de las brujas. No fue un caso aislado pero sí uno de los mayores exponentes de la posición oficial de la Iglesia Católica y de la Inquisición Española, frente al fenómeno de histeria colectiva que rodea el tema de la brujería.

Alonso nació en 1564 en Burgos en el seno de una familia de mercaderes acomodados. Tuvo el privilegio de poder estudiar derecho canónico en Salamanca y Sigüenza. El 22 de abril de 1584 obtuvo el grado de bachiller.

El grado de bachiller era el equivalente a nuestros actuales títulos universitarios. Requería seis años de estudios y no se podían hacer dos cursos en un solo año. De estos datos se infiere que Alonso era buen estudiante. Podía haber utilizado su título para buscar un buen acomodo, pero su vida dio un giro, inició los estudios eclesiásticos y cuatro años más tarde se ordenó sacerdote. Inmediatamente fue nombrado racionero del Cabildo de la Catedral de Jaén y en 1560 obtuvo el grado de licenciado en Cánones.

A partir de este momento su carrera fue ascendente hasta que en 1609 fue nombrado por el Inquisidor General, Don Bernardo de Sandoval y Rojas, como inquisidor para el Tribunal de Logroño. En este momento su vida tomó un nuevo rumbo, cuando en  julio de este año, se incorporó al tribunal de Logroño. Para entonces ya se había puesto en marcha un macro proceso contra la brujería iniciado por los inquisidores Alonso Becerra Holguin y Juan del Valle Alvarado. Este proceso fue la primera y última gran causa por brujería que se produjo en España y tuvo lugar en las localidades navarras de Zugarramurdi y Urdax.

El proceso se había iniciado cuando Maria de Ximildegui testificó afirmando que había participado en aquelarres e identificó a otras personas de la localidad de Zugarradegui como coparticipantes en los hechos. La descripción de ellos, incluyendo relatos de orgias, apariciones demoniacas y detalles de los ritos, fue corroborada y admitida por algunos de los denunciados que a su vez denunciaron a otras personas. Estas descripciones cruzadas, convencieron a Alonso y Juan del Valle de que eran ciertos tales  hechos.

También influyó en el proceso, la fiebre por la caza de brujas que se estaba desencadenando en toda Europa, especialmente en Alemania y que en 1609, en el sur de Francia, el juez francés Pierre de Lancre, dirigiera un proceso que acabó con sentencias de muerte en hoguera de casi 80 supuestos brujos y brujas.

En junio de 1610, el tribunal acordó las sentencias de culpabilidad de veintinueve de los acusados condenándoles a diversas penas. La sentencia se firmó con el voto en contra de Alonso de Salazar, quien al haberse incorporado al tribunal en mitad del proceso, no había participado en los interrogatorios de los principales inculpados y dudaba de la forma en que se habían realizado.

Su actitud no era aislada. El obispo de Pamplona, Venegas y Figueroa, era de la misma opinión y movió ficha para que se hiciera luz sobre los acontecimientos, consiguiendo que el Consejo de la Inquisición ordenara a Salazar que hiciera una visita exhaustiva a las montañas de Navarra e investigara la situación sobre el terreno. Salazar se tomó en serio el encargo y a partir de mayo de 1611 visitó personalmente durante más de ocho meses las zonas donde se extendía la histeria de la caza de brujas. Recogió miles de testimonios y sacó a la luz las contradicciones y falta real de pruebas sobre la existencia de los aquelarres y de la eficacia de ungüentos y conjuros.

En su informe final, redactado en 1613, Salazar puso en evidencia la pobre instrucción, al no anotarse los cambios en las declaraciones ni las contradicciones; y concluyó que no era posible probar la existencia real de ningún acto de brujería, ya que los hechos descritos eran con frecuencia imposibles, como volar por los aires o asistir a un aquelarre mientras se dormía en casa.

Salazar siempre se arrepintió de haber firmado la sentencia condenatoria, aunque fuera con su voto en contra y consideró que había cometido una terrible injusticia y escribió unas recomendaciones a seguir en el caso de procesos de hechos milagrosos. En 1614, la Suprema de la Inquisición promulgó unas instrucciones de obligado cumplimiento basadas en sus recomendaciones. Que no era otra cosa que reglas de sentido común y rechazo a los manuales medievales basados en la superstición.

La Inquisición Española fue siempre muy escéptica en temas de brujería, pero fueron las recomendaciones de Alonso de Salazar las que dieron forma a las reglas de instrucción y pusieron fin a los grandes procesos de brujería en España, cosa que no sucedió igual en el resto del mundo. Baste con recordar que en los condados de Essex, Suffolk y Middlesex en la entonces colonia inglesa de Massachusetts en los actuales Estados Unidos en mayo de 1693, casi ochenta años más tarde, fueron ahorcadas diecinueve personas, acusadas de brujería a consecuencia de los llamados ¨juicios de Salem¨.

En España, por lo contrario, fue la propia Inquisición quien a menudo paralizó e invalidó procesos iniciados por la justicia civil, como sucedió en 1616 en Vizcaya, donde el propio Salazar se opuso valientemente a que se quemara bruja o brujo alguno.

Alonso de Salazar y Frías se destaca como una luz del racionalismo en la Europa de la época y así fue reconocido por autores posteriores como el danés Gustav Henningsen, que en 1980 publicó su extensa obra The Witches’ Advocate (El abogado de las brujas), considerada una de las mejores obras sobre brujería en España.

A menudo, aquí en España hay que esperar el reconocimiento desde el exterior. La realidad es que ni la Inquisición Española fue tan asfixiante ni el mundo protestante tan agraciado con ideas modernas como nos  quieren hacer creer.

Manuel de Francisco Fabre

https://es.wikipedia.org/wiki/Alonso_de_Salazar_y_Fr%C3%ADas

http://dbe.rah.es/biografias/30786/alonso-de-salazar-y-frias

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