
El 2 de enero de 1492 concluían ocho siglos de sometimiento de España al islam, con la conquista del reino nazarí de Granada, por parte de los Reyes Católicos, quienes entrarían en la ciudad, entregada por el rey Boabdil, el 6 de enero siguiente, festividad de la Epifanía. Previamente un destacamento a las órdenes de Gutierre de Cárdenas había izado la cruz y el pendón de la Orden de Santiago en la ciudad, tras lo cual, tres obispos entonaron, al igual que sucedieran antes en otros sucesos como la victoria cristiana en las Navas de Tolosa, un Te Deum.
Tras el discurso de los Reyes y una salva de cañonazos, se procedió a la liberación de 700 cautivos cristianos de las mazmorras nazaríes, al campamento cristiano de Santa Fe, enclave militar erigido por la reina y que daría origen a la ciudad homónima actual. Allí serían convenientemente proveídos de ropa y comida por el rey Fernando.
Más tarde, el conde de Tendilla, Íñigo López de Mendoza y Quiñones, recibió las llaves de la Alhambra, y a continuación, los Reyes Católicos entraron en la ciudad, al frente de 60.000 soldados.

Pero hubo poco tiempo para celebraciones, en un año que vio la publicación de la primera gramática en lengua vulgar de la Cristiandad, la del español, obra de Nebrija; el descubrimiento de un Nuevo Mundo; el doloroso Edicto de Granada, que significó la expulsión de los judíos que no quisieron renunciar a su fe y optaron por el exilio, y muy especialmente la tarea que se impusieron los monarcas de evangelizar a sus nuevos súbditos, tanto los de más allá del océano Atlántico, como de los recién incorporados de Granada.
Tarea, en el caso de los moriscos, harto difícil y que consiguió prácticamente nulos resultados, impidiendo la asimilación de esa población como leales súbditos del reino de España y, por tanto, revelándose como un serio peligro, por su connivencia con las fuerzas musulmanas del norte de África. En realidad, la Historia demuestra que raramente se han producido conversiones de musulmanes al cristianismo y que es casi imposible que el islam se asimile a la civilización cristiana.
La evangelización que se emprendió de la población morisca recién incorporada al reino de España se basó en la predicación y, pese a la leyenda negro legendaria, no utilizó medios coercitivos, salvó algún clérigo excesivamente vehemente, que rápidamente fue amonestado por los mismos Reyes Católicos y por el Cardenal Cisneros.

De hecho, las mismas Capitulaciones de Granada, que estipulaban unas muy ventajosas condiciones para los nazaríes, son un vivo ejemplo de tolerancia. Predicaciones, catecismos, oraciones o la celebración de misas en árabe fueron algunos de los métodos de evangelización que se utilizaron. El arzobispo de Granada, Hernando de Talavera, fue uno de los principales artífices de esa campaña, que apenas obtuvo frutos.
Inasequible al desaliento, el confesor de la Reina Isabel, Jiménez de Cisneros, no sólo insistió en la predicación, evitando siempre cualquier tipo de coacción, sino que ofreció beneficios a los posibles conversos.

Un éxito relativo fue el del bautizo de los hijos de cristianos renegados, en cuyo caso no era precisa la autorización de los padres, y que llegó a significar el bautizo de hasta 50.000 moriscos, pero que fueron rápidamente respondidas con cruentas rebeliones de los musulmanes, que masacraron a numerosos cristianos y sacerdotes.
La rebelión, que se extendió como la pólvora por Guéjar, Alpujarras y Ronda y que costó arduos esfuerzos y mucha sangre reprimir, significó el final para muchos de los beneficios de que habían gozado hasta entonces los moriscos, recogidos en la Capitulaciones de Granada.

El siguiente paso, visto que la conversión a la fe cristiana era imposible, era que los moriscos admitieran al menos formalmente un “modus vivendi” con los cristianos, aunque conservando sus costumbres, vestimenta, lengua, etc. No es cierto, como pretende la Leyenda Negra, que se precediera a la quema de coranes y otros libros religiosos.
Pese a todo, la asimilación resultaba imposible, pese a los esfuerzos y la tolerancia de las autoridades cristianas. Las pocas disposiciones más negativas para la población musulmana, en realidad, pocas veces se aplicaban y siempre con escaso rigor.

La política emprendida por los Reyes Católicos para tratar de incorporar como unos súbditos más de su reino a los moriscos, se continuaría en el futuro, con intentos como los de Tomás de Villanueva, quien trató de que la declaración formal de aceptación de un modus vivendi con sus vecinos cristianos fuera sincera, también se saldó con un sonoro fracaso.
Y, además, se daba el peligro de la explosiva demografía de los musulmanes, quienes ya no tenían que guerrear y tampoco tenían célibes, mientras que los españoles sufrían bajas en las continuas campañas que debían acometer y también tenían numerosos religiosos.

Todo llegó a su punto culminante cuando, en 1568, los turcos y berberiscos animaron la sublevación de los musulmanes en las Alpujarras, quienes masacraron a numerosos españoles, también a religiosos, profanaron iglesias… Sólo en 1570, Felipe IV , tras ímprobos esfuerzos, consiguió acabar con la rebelión. Visto la imposible asimilación de los moriscos que, en la práctica, ejercían como quinta columna de los enemigos de España, desde las costas norteafricanas, Felipe III se vio obligado a expulsarles del reino.

Jesús Caraballo
