El puente de Alejandro Farnesio

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El puente de Farnesio sobre el rio Escalda

Amberes, la principal ciudad, con Bruselas,  de las provincias de los Países Bajos, en los tiempos en que acontecieron los sucesos a narrar, tenía unos 100.000 habitantes. Sus grandes defensas y el mismo emplazamiento de la ciudad, permitían considerarla inexpugnable. Sin embargo, entre el 3 de julio de 1584 y el 17 de agosto de 1585, el gran ingenio estratégico de Alejandro Farnesio, acabó con tal consideración. Las ciudades de Gante, Dunkerque, Brujas, Bruselas, Nimega irían cayendo bajo el empuje de los ejércitos españoles, mientras Farnesio con 10.000 soldados de infantería y 1.700 jinetes, se aprestaba en tales fechas a asediar Amberes y devolverla a la soberanía de Felipe II.

Hay que referenciar que Alejandro Farnesio, sucesor del duque de Alba en el gobierno de los Países Bajos, no gozaba de una trayectoria militar, si bien suplía su escasa experiencia con un valor y osadía especiales. La situación en las provincias holandesas no era precisamente tranquila, sino todo lo contrario. Eran todas las provincias las que se habían rebelado contra la corona española, excepción de tres y Luxemburgo. Aquel levantamiento rebelde, tan generalizado, daba a entender a los propios rebeldes que la victoria estaba asegurada. Sin embargo, nada más ser nombrado Farnesio Gobernador de Flandes, se dispuso a acabar con el levantamiento holandés, sin dar pausa a su ejército y estableciendo el objetivo prioritario, Bruselas y Amberes, fijando como lema de su esfuerzo militar un “a degüello contra los rebeldes”.

Lograda la caída de Maastricht, cubierta la retaguardia y los flancos, Farnesio tiene el campo abierto hacia Amberes. Las ciudades rebeldes ya mencionadas van cayendo, sin que la división del ejército rebelde pueda parar el avance de los Tercios españoles. Fue en Maastricht en donde Farnesio se apercibió de la importancia de la paciencia en todo asedio, virtud que utilizaría en Amberes. La ciudad estaba protegida no solamente por su ubicación a las orillas del rio Escalda, sino también por diez baluartes, una ciudadela en forma de estrella, obra ordenada por el Duque de Alba años atr´`ás  y un foso inundado de unos 800 metros de anchura. Asimismo, dos grandes fuertes, a las orillas del rio, y diques dispuestos de tal forma que, al ser destruidos, provocasen la inundación de los campos circundantes con el ahogamiento de las tropas atacantes que se encontrasen en ellos. A tal estructura defensiva se unían 6.000 mercenarios ingleses y franceses, junto con la mencionada población de aproximadamente 100.000 habitantes, al mando del burgomaestre Philippe van Marnix, señor de Santa Aldegundis. Un arrogante van Marnix que se expresaba de Farnesio en estos términos;
“fiaba sobradamente de sí, embriagado del vino de su fortuna, pues pensaba que echándole un puente enfrenaría la libertad del Escalda. Que no sufriría más el Escalda los grillos de esas máquinas, que los flamencos libres el yugo de los españoles. Que si no lo sabía, que el río por aquel paraje tenía de ancho dos mil cuatrocientos pies”.

Enfrente, Farnesio, junto con su infantería y jinetes, contaba con los mejores capitanes de aquel tiempo: el comandante Juan del Águila,  nombrado maestre, Iñiguez, el vencedor en Azores, Pedro de Paz y Mondragón, Maestro de Campo del Tercio Viejo, pacificador de Malinas, Brujas y otras ciudades rebeldes dejadas en la retaguardia, admirado por sus soldados, el cual perdería la cabeza a causa de un disparo durante el asedio.

El campo de la batalla estaba ya fijado, y era el momento de tomar decisiones a la vista de las defensas de la ciudad. El rio, el foso y los diques, junto con los fuertes, eran los grandes obstáculos a salvar.  Para ello, Farnesio adoptó una audaz decisión; construir un puente que permitiese superar el Escalda, asi como el cruce de las tropas y artillería. Previamente, Farnesio, adivinando las intenciones del gobernador de Amberes, construye un baluarte en ambas orillas, a fin de defender a los hombres que debían construir el puente. La madera precisa se consiguió de los bosques cercanos, de la ciudad de Terramunda, e incluso mandada transportar desde Italia y Dinamarca.

El ejército español inicia la conquista de los baluartes que rodean la ciudad, y los rebeldes adoptan la decisión de destruir los diques, lo cual produce la inundación del campo. La intención rebelde era impedir la llegada de la artillería, sin embargo, los españoles, con agua hasta la cintura, transportan las piezas a hombros, para colocarlas en las proximidades de las murallas de la ciudad.

Mondragón, sin descanso alguno, construye un dique que impida el avituallamiento de la ciudad, así como la llegada de ayuda. Los holandeses embisten contra tal dique en diversas ocasiones, sabedores del daño que puede producir en la moral de los asediados. La última embestida holandesa provocó un combate que duró 8 horas. Fueron 160 los barcos enviados contra el dique. Era una estrecha franja en la cual se combatía, hallándose presente, junto con Iñiguez y Mondragón, el mismísimo Farnesio. Se asaltaron las naves holandesas, se luchó cuerpo a cuerpo y los rebeldes huyeron en desbandada, dejando 3.000 muertos, 28 barcos apresados y 75 cañones, mientras, los asediadores perdieron 1.000 hombres.

Comenzó la construcción del puente; se colocaron primeramente postes verticales de madera sobre el lecho del rio. Tales postes se unían con vigas trasversales y sobre ellas iban los tablones. Sin embargo, a 200 metros de la orilla la profundidad del rio no permitía tal sistema, por lo cual se tomó la decisión de utilizar hileras de barcas, sujetas entre si con maderas y cuerdas, para colocar sobre ellas los tablones. Fueron los últimos 600 metros los que se cubrieron con tales barcas.

Pero, Farnesio debía tener presente posibles ataques por los flancos del puente que se iba construyendo. Para evitarlos y repelerlos con éxito, colocó líneas de barcazas a cada lado del puente, unidas entre si y adornadas con fuertes puntas de hierro en la proa de cada una de ellas. De tal ingenio nos ha quedado testimonio documental que permite tomar conciencia de la valía como estratega del duque de Parma, Alejandro Farnesio.

Los acontecimientos se van sucediendo. Tomadas posiciones por parte española, los rebeldes mandan barcas (burlotes) cargadas de explosivos y metralla contra las fuerzas españolas. Estas idean unos largos arpones sobre barcas a fin de desviar el recorrido de las enemigas. No es un éxito absoluto por parte de los asediadores, pues algunas cargas explotan entre las filas españoles causando destrozos y varios muertos. Se trataba de uno más de los artilugios de Federico Giambelli, un ingeniero italiano que, desairado con Felipe II por no contratar sus servicios, se había pasado al bando de los rebeldes holandeses a través de la reina de Inglaterra. Verdaderamente el italiano fue un quebradero de cabeza para Farnesio.

Se tardaron siete meses en construir el puente, inicialmente recibido con jocosidad por los holandeses y posteriormente con pavor. A los pies de las murallas, las tropas cruzadas por el puente de 4 metros de ancho, la artillería, los zapadores, las minas subterráneas, acabaron con el jolgorio y las esperanzas de los sitiados. El 17 de agosto de 1585 se rendía Amberes y la ciudad contemplaba la entrada triunfal de Farnesio. Triunfal pero también diplomática; no lo hizo acompañado de tropas españolas o italianas, evitando el recuerdo del saqueo acontecido diez años atrás. Sus condiciones fueron más bien benévolas; rehabilitación de los templos católicos, expulsión de los calvinistas de la ciudad, juramento de fidelidad a Felipe II y pago de 400.000 florines, con los cuales Farnesio pudo cubrir las deudas que mantenía con sus soldados, por sueldos atrasados por casi tres años. Estos impagos no impidieron el coraje y la valentía de todo ellos a la hora de recuperar, mediante asedio, la supuestamente inexpugnable Amberes.
Philippe van Marnix sería puesto en libertad bajo promesa de no volver a levantarse en armas contra Felipe II por un año, lo que le costó ser acusado de traición una vez regresó a Holanda.

El puente de Farnesio tuvo todavía otra función; servir de escenario a un gran banquete que duró tres días. Poco después, fue desarticulado. Farnesio con los Tercios, sin embargo, prosiguió con su campaña, siendo cinco los años durante los cuales logró la reconquista de todos los territorios rebeldes. Al tener conocimiento Felipe Ii de la toma de Amberes, le otorgó a Farnesio el Toisón de oro.

Alejandro Farnesio falleció como consecuencia de las heridas sufridas en el asedio de Caudebec, durante la guerra de religión contra el francés Enrique IV, en la noche del 2 al 3 de diciembre de 1592, en Arrás,  y sus restos, los del III duque de Parma, por fin pudieron reposar y reposan en la iglesia de Santa María de Steccata de dicha villa italiana.

Francisco Gilet

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3 thoughts on “El puente de Alejandro Farnesio”

  1. Excelente trabajo.
    Gracias por hacernos llegar de forma sencilla la grandeza de nuestra Historia.
    Solo una puntualización; creo que el teclado le jugó una mala pasada, cambiándole un 9 por un 0 en la fecha de fallecimiento de Alejandro Farnesio.
    Gracias de nuevo y un cordial saludo.

  2. Cómo siempre extraordinario y fiel a los acontecimientos sucedidos en esa época.
    Gracias por hacernos comprender la grandeza de los hombres que hicieron grande al Imperio Español

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