LA PESETA, CARA Y CRUZ

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La peseta fue la moneda de curso legal en España y sus territorios de ultramar desde su aprobación el 19 de octubre de 1868, cuando el ministro de Hacienda del Gobierno provisional del general Serrano, Laureano Figuerola, firmó el decreto por el que se implantaba la peseta como unidad monetaria nacional, hasta el 28 de febrero de 2002,​ cuando se adoptó el euro como la moneda de curso legal, aunque fue retirada definitivamente de la circulación en marzo de 2002 tras un período transitorio. La llegada del euro pone fin a una parte de la historia del papel moneda, la era de la peseta, y siglos de leyenda escrita y estampada en los billetes a lo largo de los innumerables capítulos de la historia de España. En 1737 se definió la peseta como «la pieza que vale dos reales de plata, formada de figura redonda”.

La peseta, la última moneda circulante en España hasta la implantación del sistema monetario único europeo, nació durante el Gobierno Provisional tras el derrocamiento de Isabel II, sustituyendo al escudo como tal. Circuló durante más de cien años que la impregnaron de historia española. La primera con la inscripción “pesetas” fue una pieza acuñada en Barcelona de 2½ pesetas, en 1808, durante la dominación napoleónica. La pieza correspondiente de peseta se acuñó el año 1809, año en que también fue acuñada la de 5 pesetas (del tamaño y peso de las de 8 reales), que funcionaron hasta el final de la Guerra de independencia española. También se realizó una emisión esporádica de una moneda de 5 pesetas en Baleares en 1823. Una peseta estaba dividida en 100 céntimos y las monedas fraccionarias de la peseta estuvieron en circulación hasta 1983, cuando los céntimos dejaron de tener sentido práctico debido a las sucesivas devaluaciones de la peseta.

La elección del nombre se debió principalmente a su familiaridad de uso. Algunas denominaciones como maravedí, real, escudo, …, quedaron sepultadas bajo el término PESETA, comúnmente utilizado en el período de Isabel II. Etimológicamente, peseta viene del catalán «peceta», diminutivo de peça (“pieza”), por lo que equivaldría a “piececita”, nombre con que se conocía desde el siglo XV a algunas monedas de plata y que más tarde designó al real de a dos, aunque existe otra versión que apunta que peseta es simplemente un diminutivo del vocablo peso. Tras la primera acuñación de pesetas siguieron circulando los reales de vellón existentes, que equivalían a 25 céntimos de peseta; aun cuando desaparecieron los reales de vellón, se siguió denominando real a las monedas de 25 centímetros y dos reales a las de 50 centímetros.

La primera pieza acuñada en 1869 es la unidad. Nace con la leyenda de «Gobierno Provisional» en el anverso, en lugar de «España», que figurará en las siguientes acuñaciones y en los valores en plata. El motivo elegido fue la personificación de Hispania recostada sobre los Pirineos, inspirada en las monedas del emperador Adriano. Por su parte, el bronce representaba a España como matrona sentada sobre las rocas. Ambas fueron magníficamente grabadas por Luis Marchionni, que, desde 1861, ocupaba el cargo de grabador principal de la Casa de la Moneda de Madrid. Conforme a lo establecido en 1869, se mantuvo en el reverso el escudo nacional de España, al que se fueron agregando modificaciones. En los anversos se sustituye la presencia de Hispania por la efigie real.

Los catorce valores inicialmente previstos no llegarán a materializarse hasta el reinado de Alfonso XIII, donde se sustituyeron los metales preciosos por nuevos metales y aleaciones, aunque las acuñaciones de oro se mantuvieron hasta 1904 y en plata hasta 1933. La última moneda de una peseta en plata (5 gramos), fue acuñada en Madrid en 1933 durante la Segunda República española, poniendo en circulación 2 millones de estas monedas. Las primeras monedas de una peseta no acuñadas en plata, la peseta amarilla de latón, conocida popularmente como “la rubia” se emitió en 1937, y se pusieron en circulación 50 millones de estas monedas.

A partir de ese momento las acuñaciones se han basado en cobre, aluminio y níquel y los diseños han ido combinando todo tipo de aleaciones y tamaños. A partir de 1989 y por razones puramente económicas, que se añaden al interés de los coleccionistas, se suceden ininterrumpidamente acuñaciones en metales preciosos. El recorrido de una moneda está ligado a la historia de su país y a los acontecimientos del momento de su circulación. Cada moneda arrastra consigo un pequeño y singular trozo de la historia.

Las monedas han sido testigos de excepción, medios de expresión, vehículos de ideologías de cada uno de los episodios que conforman la historia de un país, constituyendo un valioso y querido tesoro, de mucho más valor que el estampado en el reverso. Cada peseta encierra, en sus pequeñas dimensiones, la historia, la política, la religión, la economía y el arte del instante en el que se acuñó. La peseta alberga 134 años de historia de España concentrada. La segunda república marca la ruptura tipológica, introduciendo motivos de inspiración republicana acordes con la condición del nuevo gobierno. En ocasiones los modelos surgen poco elaborados por la apremiante necesidad de acuñación.

La llegada al poder del general Franco supone un giro en este sentido, introduciendo un retrato modelado en 1947 por Benlliure y adaptado por Manuel Marín. El retrato de madurez se debe a Juan de Ávalos. Desde la Transición española las monedas mantuvieron los tamaños y valores, incorporando la imagen del rey don Juan Carlos I, así como el Escudo Real. En 1980 se fabricaron monedas conmemorativas de la Copa Mundial de Fútbol de 1982.

Sin embargo, desde 1990, los tipos se renuevan cada año, en pos de una intención conmemorativa que puso fin a la tradición exclusivamente monárquica, dando entrada a motivos culturales, artísticos o locales. A partir de 1992 se inició un programa de monedas temáticas, lanzándose ese año monedas conmemorativas de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición de Sevilla, y al año siguiente, del Jacobeo; posteriormente, a cada año se acuñaron monedas con nombres e imágenes de las comunidades y ciudades autónomas de España. En sus últimos años de existencia, la peseta tenía tan poco valor (llegando a equivaler 200 pesetas a un dólar estadounidense) que la moneda de una peseta prácticamente había desaparecido de la circulación,​ y la unidad monetaria en la práctica era el duro (5 pesetas).​

El acto simbólico de la última acuñación de la moneda de cien pesetas, el 19 de junio de 2001, constituye el fin de la historia de la peseta, transformando planchas y troqueles en piezas de museo para la memoria del futuro. El adiós a la peseta se inició con la acuñación de la moneda de uso más cotidiano, la de cien pesetas, y la ya clásica conmemorativa de plata, la moneda de dos mil. Ambas reproducen la imagen de Hispania, que encabezó la primera emisión de pesetas en 1869. Esto significó, en edición única, una despedida definitiva, un homenaje, y un pedazo de la historia al alcance de todos a la última unidad monetaria española.

Coloquialmente, la peseta ha recibido otros nombres, como pela, rubia, cala o incluso chufa, a menudo utilizados junto a cantidades grandes para indicar un precio excesivo. Las monedas y billetes de peseta tenían sus propios apodos: la moneda de 5 céntimos era llamada perra chica, la de 10 céntimos, perra gorda, y a la moneda de 25 céntimos se le daba la denominación de real. La moneda de 5 pesetas era conocida como duro (en Galicia, «peso»); el billete de 100 pesetas, simplemente como billete, y al ser sustituido en 1982 por la moneda de 100 pesetas (que, a su vez, era habitualmente llamada moneda de 20 duros o libra), el billete de 500 pesetas, como cien duros; el billete de 1000 pesetas, como talego, napo o billete verde, y el de 5000 pesetas, como boniato por su color marrón, similar al de la piel de esta hortaliza o, por equivalencia, también era llamado el de mil duros.

El real (real de vellón): Una peseta se dividía en 4 reales de vellón. Desde 1927, las monedas de 25 céntimos (un real) y más tarde, durante la época franquista, la de 50 céntimos (los dos reales) de 1951 eran fácilmente reconocibles por su agujero en el centro. Durante el período en el que fueron de curso legal, las monedas de 5 y 10 céntimos eran popularmente conocidas como perra chica y perra gorda, respectivamente. El motivo es el león que aparecía en las primeras emisiones de estas monedas, que el pueblo confundió con un perro. Este apodo de las monedas dio origen a la frase proverbial «Para ti la perra gorda», utilizado para denotar avaricia o testarudez en la persona a la que se le habla, zanjando así la discusión.

La primera emisión de papel moneda en pesetas se realizó en julio de 1874, coincidiendo con la concesión al Banco de España del derecho de exclusividad para emitir billetes. Salvo a lo largo de la Guerra Civil, período marcado por problemas de escasez donde proliferaron todo tipo de medios de pago, la emisión de billetes se ha mantenido en un crecimiento estable acorde con la economía del país, formando parte de la vida cotidiana de los españoles, como seña de identidad nacional. Por las manos de los españoles han pasado más de 50 emisiones diferentes de billetes en pesetas.

Desde la década de 1970, se fueron retirando los billetes menores para ser sustituidos por nuevas denominaciones. La emisión del primer billete de 5.000 pesetas en 1976 fue la primera ocasión en más de un siglo en la que se ponía en circulación un billete superior a 1000 pesetas. En 1979 se introdujo la penúltima serie de billetes de peseta, con un código de distintos colores para cada valor. La misma serie se completó con los billetes de 2000 pesetas (1980) y 10000 pesetas (1985). En 1982 cesó la impresión de billetes de 100 pesetas o inferiores, y 1987 dejaron de fabricarse billetes de 200 y 500 pesetas, empezando a circular monedas de estas cantidades. En 1997 fueron retirados de la circulación todos los billetes de series anteriores a las de 1992. Los cuatro billetes de la serie de 1992 quedaron como los únicos en vigor en los últimos años de vida de la peseta, hasta la entrada del euro en 2002.

Cada billete ha querido rendir homenaje a un hecho significativo, a una personalidad ilustre, a una magnífica obra de arte. Desde monarcas, pintores, escritores, científicos, hasta monumentos, pasajes literarios o acontecimientos como el Descubrimiento de América, han desfilado por los anversos y reversos de los billetes, reflejo fiel del sentimiento, la cultura y la expresión artística del país.

Las siglas FNMT corresponden a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, institución nacida en 1893 como fusión de la Casa de la Moneda y la Fábrica del Sello, que realizó su primera emisión de billetes en el año 1940 e iniciando la producción de papel de seguridad a partir de 1964 para los DNI, pasaportes, y permisos de conducir. Para los billetes utiliza papeles de gran resistencia y longevidad, cuyo principal componente es la borra de algodón sometida a un tratamiento especial.

Históricamente, la impresión calcográfica ha sido la más difícil de falsificar. Esta técnica se utiliza para estampar la viñeta principal y las orlas decorativas, combinándose con impresiones tipográfica y litográfica para las restantes partes del billete. Los métodos de reproducción del grabado original se han perfeccionado con los años, pero la figura del grabador sigue siendo decisiva. Otros elementos como la marca de agua, tintas, fibrillas, hilos y filamentos se incorporan para reforzar la seguridad del billete.

¡Adiós a la peseta, con su cara, y su cruz!

Jaime Mascaró

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