
La rápida evangelización de Nueva España, tras las apariciones guadalupanas
Causa cierta sorpresa la rápida expansión del cristianismo por Mesoamérica, tras las apariciones de la Virgen de Guadalupe en el cerro de Tepeyac, al indio san Juan Diego. Sin embargo, el fenómeno no es tan extraño, si consideramos varios factores. En primer lugar, la semilla que ya habían ido implantando previamente los misioneros españoles, y que habían recibido con agrado los pueblos sometidos por la tiranía de los aztecas. Pero es que el pueblo azteca, aunque politeísta —tenían hasta 140 dioses—, se caracterizaba por una profunda religiosidad, lo que les hizo receptivos a la nueva fe que traían los españoles.

