BARCOS PARA LA HISTORIA: PORTAVIONES DÉDALO

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Alhucemas, 8 de septiembre de 1925

Alhucemas, zona de asentamiento de la cabila de Beni Urriaguel, a la que pertenecía Abd El Krim, constituía un foco permanente de la rebelión rifeña. Por tierra, todas las operaciones militares españolas (…) tuvieron como objetivo la ocupación de Alhucemas, fracasando una tras otra. (…). El propósito de la operación anfibia consistió en el desembarco de dos brigadas reforzadas para ocupar una base de operaciones en la zona de Alhucemas (Juan Vázquez y Lucas Molina, Grandes batallas de España).

Por primera vez en la Historia militar, varios carros de combate fueron desembarcados en Alhucemas en el contexto de la Guerra del Rif, desembarcando a través de barcazas para apoyar el asalto de la infantería. Concretamente, 11 tanques ligeros Renault FT 17 y media docena de los antiguos Schneider CA1. Por su parte, la Armada colaborará con dos acorazados: el Alfonso XIII y el Jaime I, 4 cruceros, 2 destructores, 7 cañoneras, 11 buques guardacostas Uad, 6 torpederos y el portahidroaviones Dédalo, al que dedicamos este artículo.

EL ORIGEN

La Aviación Naval especializada es absolutamente indispensable a la Defensa Nacional, correspondiéndole, entre otros servicios, el de exploración sobre la mar, que no se puede hacer con fruto más que con personal perteneciente a la Marina de Guerra…(Ministro Flórez).

El 13 de septiembre de 1917 se creó por decreto la primera instalación provisional en el aeródromo del Prat, en Barcelona, a la espera de que estuviese lista la base murciana de San Javier, elegida para la Escuela de Aviación Naval. Tardarían aún algunos años para que en 1921 salieran de esta escuela los primeros oficiales alumnos que protagonizaron el bautismo del aire de la Aeronáutica Naval.

En cuanto al Dédalo, su historia arrancó tras la I Guerra Mundial, cuando el gobierno alemán cedió a España en 1917 seis navíos mercantes como compensación por las pérdidas provocadas por sus submarinos durante la I Guerra Mundial. Uno de ellos era el Neuenfels, botado a principios de siglo.

El buque, que España bautizó como ‘España número 3’ lo ocuparon hoy el capitán y la tripulación de la compañía Nervión (ABC, 1918).

          1921. Como consecuencia del Desastre de Annual y la expansión rifeña en los alrededores de Ceuta y Melilla, la Marina de Guerra se planteó valerse de la Aeronáutica Naval para apoyar al Ejército en las misiones terrestres. Así, el coronel de ingenieros navales Jacinto Vez y el capitán de corbeta Pedro María Cardona les correspondió seleccionar un mercante para ser transformado en ‘Estación Transportable de Aeronáutica Naval’, escogiendo al Neuenfels.

El bajel fue cedido por el Ministerio de Fomento al de Marina el 1 de octubre de 1921 y, al poco, la empresa Talleres Nuevo Vulcano de Barcelona arrancó las obras para la transformación definitiva y contrarreloj.

Se habilitó la parte de proa para apoyo a aerostación y la de popa para aviación, se mejoró la instalación eléctrica, se amplió la capacidad de las carboneras y se dotó al buque de dos cañones de 105 milímetros a proa y otros dos de 57 milímetros a popa. Se conservaron su eslora y manga originales, de 127,4 y 16,75 metros, aunque su desplazamiento máximo se redujo de 12.400 a 9.900 toneladas y su calado quedó en 7,4 metros. A proa se instaló un mástil para el atraque de dirigibles; en el castillo se integró un hangar para el transporte de uno de ellos montado, se acondicionó la bodega inferior para llevar otro desmontado y se instaló una planta de producción de hidrógeno y un acumulador para el llenado de botellas. A cada lado del hangar se dejó espacio para transportar un globo cautivo y un camión (para operar los globos desde tierra) (Díaz-Bedia).

En la parte delantera se instaló un mástil para el atraque de dirigibles, diseñado por Leonardo Torres-Quevedo y se acondicionaron cubierta y hangar para portar dos de ellos.

A popa se elevaron las cubiertas: la superior, para el transporte de hidroaviones y vuelo (tenía la posibilidad de despegue de aviones de ruedas de carrera muy corta), conectada mediante un ascensor con un hangar (que disponía de talleres y bancos de pruebas), bajo el que había una bodega para alojar aviones parcialmente montados y una cubierta de habitabilidad. Se colocaron dos palos a popa del puente, con sendas grúas para el izado y arriado de los hidroaviones (Díaz Bedia).

1922

El 27 de abril de 1922, el Dédalo efectuó, por primera vez, la recogida y largado de un dirigible. El 25 de mayo fue entregado oficialmente a la Armada y quedó adscrito a la División Naval de Aeronáutica, en la que también se integraban el viejo crucero Río de la Plata, el destructor Audaz y cinco lanchas motoras (de la H-1 a la H-5), dedicadas al rescate y salvamento de pilotos. Ese mismo día inició su primer viaje de instrucción por la costa mediterránea española, llevando a bordo 23 hidroaviones, un avión de ruedas y un dirigible.

Al poco partió hacia del Rif, aunque iba tan cargado de explosivos que el alto mando aconsejó que estuviese siempre fuera del alcance de la artillería enemiga.

Operando desde este buque, los hidroaviones de la Aeronáutica Naval participaron en diversas campañas en el norte de África, donde recibieron su bautismo de fuego y sufrieron su primera baja. Particular relevancia en la brillante hoja de servicios de la aviación naval española tiene la destacada actuación de pilotos y mecánicos en el desembarco de Alhucemas.

          Su bautismo de fuego lo tuvo en agosto, cuando cuatro de sus hidroaviones bombardearon las posiciones rifeñas de la playa de la Cebadilla. Esta misión continuó durante los tres años siguientes, tiempo en el que sus aparatos acosaron al enemigo, exploraron la zona y colaboraron en bombardeos locales.

           El 20 de junio de 1923 se produjo el primer accidente mortal, en el que murieron el teniente de navío Vicente Cervera y Jiménez-Alfaro y el contador de navío Juan R. Suárez de Tangil, cuando se estrelló, cerca de Mahón, el hidroavión que tripulaban.

El Dédalo vio modernizada su flota de aeronaves en abril de 1924, cuando el buque salió de Barcelona rumbo a Gran Bretaña para recoger 12 modernos hidroaviones anfibios de bombardeo Supermarine Scarab, con los que se dirigió después a Ceuta el 1 de agosto para iniciar su tercera campaña africana, en la que los hidroaviones y el dirigible embarcados efectuaron numerosas acciones de apoyo a nuestras fuerzas terrestres y de protección de su repliegue a la llamada línea Primo de Rivera.

El 2 de octubre, el alférez de navío Jorge Vara Morlán se convirtió en el primer caído en combate de la Aeronáutica Naval, cuando defendía de los ataques rifeños el Savoia, que había tenido que amarar frente la playa de Tiguisas tras sufrir fuego enemigo.

1925

Verano de 1925. Miguel Primo de Rivera decidió plantear el primer desembarco de infantería apoyado por carros de combate y aviación en la bahía de Alhucemas con el objetivo de conquistar el corazón del Rif y vencer a la cabila de Beni Urriaguel, cuna de Abd el-Krim.

El peso del operativo recayó sobre 13.000 soldados divididos en dos brigadas apoyadas por blindados y navíos, entre ellos el Dédalo.

De la gran plataforma del Dédalo izan un hidro, que muy luego es depositado sobre las olas. A poco, tras dos o tres explosiones aisladas, el zumbido poderoso inconfundible del motor puebla los aires, y el aparato comienza a deslizarse a medios gases, proa a tierra, para tomar carrera. Ha virado y, cara al viento, parte disparado como una flecha hacia la boca del puerto, saltando sobre las aguas y dejando atrás blanquísima estela hirviente y espumosa. Los mil rumores de mar y tierra que forman en su conjunto el diario himno del trasurgir un pequeño dirigible amarillento, semejante a un monstruoso pez volador. Tras rápida maniobra, la nave aérea es abandonada a sí misma, e impulsada por sus motorcitos, también ella, herida por el sol que la hace toda de oro, remóntase majestuosa y lenta en grandes espirales airosas (Tomás de Martín-Barbadillo).

El 6 de septiembre, el Dédalo comenzó su participación en el desembarco de Alhucemas, la mayor operación anfibia realizada entre las dos guerras mundiales y la primera en la que se empleó aviación embarcada. Desde el primer momento utilizó sus aeronaves en misiones de bombardeo, observación y corrección del tiro de los buques de la Escuadra, además de utilizar su artillería de 105 mm contra el enemigo.

DESPUÉS DE ÁFRICA

Durante los años siguientes su actividad se vería muy afectada por la situación económica, Su acción bélica se redujo y sufrió varios accidentes, aunque aún participó en diversas tareas, la mayoría de transporte de material de aviación.

El 7 de marzo de 1934 Juan de la Cierva efectuó varias operaciones de vuelo con su autogiro sobre el Dédalo, en el puerto de Valencia, y el 17 de junio de ese año realizó su último viaje, entre Alicante y Cartagena.

El ‘Dédalo’ ha sido dado de baja y fondeado en el puerto de Cartagena, donde será desarmado. (ABC, 29 de abril de1936).

          En julio de 1936, las autoridades republicanas ordenaron desguazarlo y fue remolcado hasta Sagunto, donde los bombardeos lo convirtieron en una chatarra marítima. Al terminar el conflicto fue trasladado a Valencia. Allí, su fondeadero se partió en dos y se hundió.

Después de este último trayecto se determinó que no podría volver a navegar. El 1 de enero de 1935 quedó con dotación reducida y en 1936 comenzó su desarme. Al inicio de la Guerra Civil, las autoridades republicanas decidieron su desguace y fue remolcado a Sagunto, donde los ataques aéreos lo dejaron parcialmente hundido. Finalizada la guerra, se le dio de baja en la Armada y, reflotado, fue remolcado a Valencia para ser reducido a chatarra. Allí, en 1943, se partió en dos en su fondeadero y se hundió. Fue el triste final de un buque que tuvo la singularidad de haber sido el único en el mundo capaz de operar con hidroaviones, dirigibles y globos cautivos (Díaz-Bedia).

Ricardo Aller

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