CEUTA Y MELILLA, PURA ESPAÑA

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Soy valiente y leal legionario/soy soldado de brava Legión,/pesa en mi alma doliente calvario,/que en el fuego busca redención.

Atardece el 23 de julio de 1921. Bajo un sol crepuscular y un calor aún asfixiante, el legionario de la 5ª Compañía de la II Bandera al mando del comandante Fontanés observa desde el barco la fina raya del horizonte que abarca el Atlántico, el Mediterráneo y dos continentes: Europa y África. Y allá a su espalda, Ceuta, una ciudad pequeña y dulce que está acostada en los brazos del mar, como si fuera un niño dormido que tuviera la espuma de las olas por almohada.

El trayecto desde Ceuta a Melilla es corto, o quizás sean las ansias de enfrentarse al enemigo lo que hace que al soldado se le pase rápido el tiempo. Y es que la situación es compleja: tras tomar posiciones en las laderas del monte Gurugú, los rifeños han conseguido desbaratar el dispositivo militar del general Silvestre con fuego de fusil y cañón y ahora Melilla corre serio peligro.

De repente suenan las bocinas, imponiéndose al rumor de los legionarios que ya están cargando mochilas al hombro con renovados bríos y los ánimos enardecidos después de la arenga que el teniente coronel Millán Astray les ha regalado en la misma dársena del puerto para hacerles olvidar las 17 horas de caminata desde Rokba el Gozal al Fondak de Ain Yedida. Calor, sed, cansancio…,nada importa cuando la patria está en peligro.

¡Legionarios!: de Melilla nos llaman en su socorro. Ha llegado la hora de los legionarios. La situación allá es grave, quizás en esta empresa tengamos todos que morir. ¡Legionarios!: si hay alguno que no quiera venir con nosotros que salga de filas, que se marche, queda licenciado ahora mismo… ¡legionarios!: Ahora jurad: ¿Juráis todos morir si es preciso en socorro de Melilla? ¡Sí, juramos! ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva La Legión!

Melilla a la vista, por fin. A una orden de los superiores, legionarios y regulares se preparan para cumplir la misión de ocupar Sidi Amech y el Atalayón, una tarea que promete fuego crudo y balas silbando sobre sus cabezas, pero al soldado no le importa. Al fin y al cabo, piensa mientras el fuerte del Rosario emerge entre la suave bruma, la vida es lo que único que puede perder.

Legionario, legionario,/de bravura sin igual,/si en la guerra hallas la muerte,/tendrás siempre por sudario/la bandera nacional.


Las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla son los últimos supervivientes de una larga tradición de plazas españolas en el norte de África. Cinco siglos de presencia ibérica, una cultura cristiana arraigada y el hecho mismo de ser españolas mucho antes de la propia existencia del reino de Marruecos son argumentos irrevocables para certificar la españolidad intrínseca de esos territorios.

CEUTA, ENCLAVE ESTRATÉGICO

Dada su situación geográfica, Ceuta siempre ha sido un lugar geoestratégico por su privilegiada localización entre dos continentes, el mar Mediterráneo y el Atlántico. Por ello precisamente, por la que han llegado a sus tierras multitud de civilizaciones a lo largo de la historia: fenicios, griegos, romanos, vándalos, bizantinos, visigodos, musulmanes y cristianos…

Tras la dominación romana de la ciudad, a la que llamaron Septem Frates, en 709 el conde visigodo Julián de Ceuta cambia su lealtad hacia el califato Omeya. En 788, fue invadida por el emirato Idrisí y en 931 Abderramán III conquistó la ciudad. Con la instauración de los reinos de Taifas, en 1024 Ceuta permaneció bajo el dominio de la taifa de Málaga, en 1061 Suqut al-Bargawati proclamó la Señoría Independiente y en 1084 los almorávides, dirigidos por Yusuf ibn Tasufin, invadieron la ciudad hasta la llegada de los almohades en 1147.

Todas estas invasiones nos dan una idea de la relevancia geográfica del lugar. En 1232 la ciudad fue capturada por la Taifa de Murcia y en 1233 se convirtió en independiente, hasta que en 1236 los benimerines la ocuparon para ser de nuevo conquistada en 1242, esta vez por los hafsíes. En 1249 la dinastía de los azafíes se hizo con el poder, en 1291 el Tratado de Monteagudo de las Vicarías dejó la ciudad bajo la zona de influencia de Castilla y en 1305 formaría parte del Reino nazarí de Granada.

Ceuta habia estado bajo dominio musulmán durante siete siglos, el 21 de agosto de 1415 el rey de Portugal, Juan I, junto con sus hijos Eduardo, Pedro y Enrique «el Navegante», desembarcó en las actuales playas de San Amaro con la intención de iniciar así el comercio con África y, de paso, frenar la expansión castellana en la zona, convirtiéndola en una simple guarnición portuguesa estrictamente militar.

Ante los despropósitos de varios capitanes para hacerse cargo de la ciudad tras la conquista, Pedro de Meneses se presentó ante el rey y con un palo llamado «Aleo» dió una arrogante respuesta a la pregunta de Juan I de Portugal de si era lo suficientemente fuerte para hacerse cargo de tal responsabilidad:

Señor, con este palo me basto para defender a Ceuta de todos sus enemigos.

Pedro de Meneses fue designado primer gobernador y capitán general de la ciudad., que fue reconocida como portuguesa por el Tratado de Alcáçovas y el Tratado de Tordesillas.

En 1580 Ceuta se convirtió en parte de la Unión Ibérica, cuando el reino de Portugal fue heredado por Felipe II, quien incluso antes de la unión  ya venía ofreciendo ayuda a los ceutíes en su constante lucha contra los magrebinos del Norte de África, lo que contribuyó a crear un ambiente previo de simpatía mutua. No sería 1640 cuando Ceuta, asimiladas las costumbres del sur de España, se incorporaría a la Corona de Castilla durante la confrontación española contra el duque de Braganza , quien en sus aspiraciones para convertirse en rey alzó a todas sus colonias, salvo Ceuta, que permaneció fiel a España: cuando llegaron las noticias de la sublevación, el gobernador Francisco de Almeida optó por no decantarse por uno u otro bando, una indecisión que le costó el puesto, siendo sustituido poco después por el marqués de Miranda de Anta, primer gobernador de Ceuta de origen castellano.

Las noticias del alzamiento portugués causaron estupor e indignación entre sus habitantes. Rápidamente, la mayor parte de la población ceutí tomó partido por Felipe IV como su legítimo rey. El gobernador Almeida y sius alidados e incluso muchos vecinos, incluso, escribieron cartas formales de apoyo a España, incluido el gobernador Almeida y sus aliados. Todos ellos alegaron la calidad de los servicios personales del monarca y afirmaron que morirían por él si fuera necesario. Las razones de tal fidelidad se encontraban en que la ciudad dependía del aprovisionamiento que España le facilitaba a través de Gibraltar y, además, casi todos los ciudadanos dependían en cierta manera de la Real Hacienda española, ya que eran soldados o servidores del Rey, además de beneficiarse de las pensiones que daba la Corona, aunque lo que más contribuyó fue la actuación de las autoridades madrileñas, que dispensaron distintas mercedes a la ciudad e intentaron en todo momento congraciarse con ella, nombrándola ‘muy noble y muy leal’ en 1641 y estableciendo numerosos indultos y compensaciones» (Antonio José Rodríguez).

Así, en 1656 se concedió a la ciudad Carta de Naturaleza y añadió el título de Fidelísima a los que ya ostentaba de Noble y Leal. En 1668 el Tratado de Lisboa reconoció la soberanía española sobre Ceuta.

A finales del siglo XVII, el sultán de Marruecos Mulay Ismaíl dirigió sus miras a desalojar de la costa africana a los españoles, tomando San Miguel de Ultramar (La Mamora) y Larache (al-Arais). Entre 1694 y 1724 se produjo el asedio a Ceuta, uno de los muchos que ha sufrido: así, en 1704, tras ser cercada por tierra, Ceuta resistió a la Marina Real británica que tomó Gibraltar y a los sucesivos intentos marroquíes en 1732, 1757 y 1790–1791.

Por lo que repsecta al siglo XIX, entre 1859 y 1860 tuvo lugar la Guerra de África, lo que supuso un aumento de los límites de la ciudad y en 1912 se instauró el Protectorado Español de Marruecos en su zona norte.

En cuanto al siglo XX, en 1936 se produjo la sublevación militar, llevada a cabo por tropas de Juan Yagüe, en la madrugada del 17 al 18 de julio, sin encontrar gran resistencia. Ceuta tendría gran importancia en los primeros meses de la contienda como punto de paso del Ejército del Norte de África a la península.

En 1956 se produjo la independencia de Marruecos con el fin del Protectorado y Ceuta sirvió como base de repliegue de las tropas. En 1978 la Constitución Española, como otras anteriores, reconoce a la ciudad como territorio componente de la nación española, integrándola en el nuevo modelo de organización territorial como ciudad autónoma (1995) y con la previsión de la posibilidad de constituirse en Comunidad Autónoma.

El viajero peninsular o de tierra adentro lo primero que medita al llegar a esa ciudad es: ‘Esto es España, nuestra Ceuta (ABC, Presencia y evocación histórica de Ceuta,1961)

MELILLA, LA HIJA DE MARTE.

Son tus doradas murallas…
de la historia, el perfil;
tus palmeras son plegarias,
nimbadas alas al viento,
sueños de horas milenarias,
sueños de horas milenarias…
y bandera de un sentir.

(Álvaro Cordón Flores)

Por Melilla, al este de Alhucemas, han pasado muchas civilizaciones desde que en el siglo VII a. C. llegaran los comerciantes fenicios para aprovechar su situación cercana al estrecho de Gibraltar y las rutas comerciales del Mediterráneo occidental. Con la decadencia púnica, la Rusadir fenicia se convertiría en una colona romana incorporada a la provincia de Mauritania Tingitana en el año 42 d. C.

La llegada de los Vándalos al norte de África tiene como consecuencia la destrucción de la Mauritania Tingitana, Rusadir incluida. Posteriormente la ciudad volvería a ser romana, pero esta vez como parte del Imperio de Oriente, en época de Justiniano, quien reconquistó toda la zona, incluida Cartago.

La nueva dominación romana duró poco, pues enseguida llegó el visigodo Sisebuto, incorporándose la ciudad, que todavía conservaba su nombre primigenio, de nuevo a Hispania, restableciendo el pujante comercio y el esplendor que tuvo atrás.

Con la llegada de los árabes a partir de 680, la península de Guelaya fue obviada para continuar la conquista de la antigua Hispania, con Tariq al frente en 711. Por aquella época se produjo una guerra entre las ciudades de Fez y Tremecén, la cual hizo que la población de Rusadir abandonara las ruinas melillenses. Así, el lugar permaneció abandonado hasta que, a partir del siglo X, fue recuperado por Abderramán III, quien mandó una flota desde Málaga en el 927 y creó la taifa de Melilla, que se integró así en el Califato de Córdoba.

La incorporación de Melilla a España se remonta al 17 de septiembre de 1497, cuando Pedro de Estopiñan y Virués, bien secundado por Francisco Ramírez de Madrid, hincó el pendón de la casa de Medina Sidonia, al servicio de los Reyes Católicos, integrándola a la Corona de Castilla.

La tensa relación entre cristianos y musulmanes continuó a lo largo de los siglos, hasta que en 1766, reinando Carlos III, se intentó resolver el conflicto diplomáticamente mediante un tratado con el sultán Muley Mohamed, quien se comprometió a velar por el orden, respeto y buena vecindad con las ciudades españolas de Ceuta y Melilla, pero el 19 de septiembre de 1774, emisarios del sultán Mohamed ben Abdallah se presentaron en Ceuta para declarar la ruptura del tratado y expresar su intención de desalojar a los cristianos. El 23 de octubre, Carlos III declaró la guerra y el 9 de diciembre las primeras tropas enemigas comenzaron el sitio de Melilla, que duraría hasta el 19 de marzo de 1775. La ciudad fue defendida por el mariscal de campo Juan Sherlock.

El siglo XIX madrugó con la invasión francesa y Melilla, hija de Marte, se negó a prestar juramento de lealtad a José Bonaparte, dispuesta a morir antes que rendirse a los enemigos de la Nación, según documento firmado por el gobernador Teniente General Conti y la plana mayor de Melilla. Con el transcurso de la guerra, Melilla se convirtió en refugio de miles de prisioneros franceses tras la derrota en Bailén..

Treinta años más tarde , en 1838 durante la primera guerra carlista, se produjo la sublevación del destacamento del Regimiento del Rey. Se creó la «Junta de Melilla por Carlos V», que duró hasta que consintieron el relevo por una guarnición isabelina para no dejar desprotegida la ciudad.

En 1860, con el Tratado de Wad-Ras, firmado por Isabel II y Mohammed IV, se establecieron los límites fronterizos de la ciudad con Marruecos, trazados hasta donde alcanzaban los disparos del cañón «El Caminante». Tres años más tarde se creó el puerto franco y en 1864 las autoridades españolas permitieron el asentamiento libre de personas en la ciudad. La inmigración de la península fue escasa al principio pero comenzó a tomar fuerza tras el fin de la guerra de Margallo, o Primera Guerra del Rif, campaña de España en Marruecos que tuvo lugar entre 1893 y 1894.

En las postrimerías del siglo XIX Melilla se convirtió en puerto franco y recibió a insurrectos y traidores, traídos presos desde Cuba, debido a su fama como presidio en la península.

Este último hecho provocó que el nombre de Melilla cruzara el Atlántico. Al regreso de estos presos a la isla dieron el nombre de Melilla a varios lugares. Este último hecho provocó que el nombre de Melilla cruzara el Atlántico. Al regreso de estos presos a la isla dieron el nombre de Melilla a varios lugares

En 1894, quince años después de firmada la paz con el sultán, que no con los rifeños, éstos vuelven a atacar asesinando a seis españoles en los trabajos del ferrocarril de las minas del monte Uixan; compradas con capital español y francés en la zona acordada de influencia española, según la Declaración de Londres de 1904. Este hecho desata la guerra de 1909. Es entonces cuando sucede el triste episodio del Barranco del Lobo .

Reforzada Melilla con artillería, más guarnición y una vez establecido el Protectorado en 1912 por el Tratado de Fez con el acuerdo del sultán Abdeljafid de Marruecos, la zona norte quedó bajo influencia española. España comenzaría la construcción de infraestructuras y la penetración pacífica en la zona, pero el levantamiento en 1920 de algunas cabilas, las crecientes deserciones de parte de las tropas regulares indígenas y una escalonada pérdida de posiciones militares españolas condujeron al Desastre de Annual (1921) Se produjo entre el 22 de julio y el 9 de agosto de 1921, cerca de la localidad marroquí de Annual, situada entre Melilla y la bahía de Alhucemas. La batalla ocasionó la muerte de alrededor de once mil quinientos miembros del ejército español, nueve mil españoles y dos mil quinientos rifeños encuadrados en unidades indígenas de las fuerzas expedicionas. El peligro llegó a las puertas mismas de Melilla.

El ejército español trataba de controlar el territorio mediante la construcción de pequeños fuertes, también conocidos como blocaos, construidos en lugares elevados y distantes unos 30 km entre sí, donde el principal problema era el agua, obligando a los soldados a ir a buscarla a diario, convirtiéndose en blanco fácil de los francotiradores, o pacos, llamados así por el ruido de los disparos.. En 1920 cuando se funda La Legión por parte de Millán Astray y Francisco Franco, quienes lacrearon para su utilización en África como unidad militar especial con el nombre de “Tercio de Extranjeros».

En los enfrentamientos que siguieron a Annual, el ejército de Abd el-Krim tomó la ciudad de Chauen,  amenazando Tetuán, pero desde Melilla se inició una dura contraofensiva que permitió recuperar parte del territorio perdido. Desde mediados de septiembre de 1921 hasta el 11 de enero de 1922 se recuperó la línea de Dar Drius,así como Nador, Zeluán y Monte Arruit, el mismo lugar donde Felipe Navarro defendió con honor la posición unos meses ante miles de enemigos, hasta que se vio obligado a rendirse como prisionero de guerra; los rifeños, una vez que los hubieron desarmado, asesinaron a más de 3.000 de ellos.

El 13 de septiembre de 1923, el capitán general Miguel Primo de Rivera se rebeló contra su comando y contra el gobierno. En el tema africano, la Dictadura consolidó la presencia española en Marruecos después del Desembarco de Alhucemas, el 8 de septiembre de 1925, al mando del general José Sanjurjo, Entre los jefes participantes en la acción se encontraba el entonces coronel Franco, quien por su actuación al frente de las tropas de la Legión fue ascendido a general de brigada. El general estadounidense Dwight Eisenhower estudiaría la táctica empleada por los españoles en Alhucemas para trazar el plan del Desembarco de Normandía. Se le considera el primer desembarco aeronaval de la historia mundial

Terminada la guerra del Rif, la ciudad regresó la paz, convirtiéndose en la capital oriental del Protectorado, manteniendo suficiente guarnición militar para asegurar ya definitivamente la tranquilidad de la plaza.

Vienen entonces los tiempos de expansión, urbanización y embellecimiento de la Melilla moderna, que había empezado su magnífico desarrollo urbanístico de la mano de una persona de excepción, discípulo de Gaudí; el Enrique Nieto y Nieto, cuyo legado artístico situará a Melilla como la segunda ciudad modernista española después de Barcelona.

En la guerra civil de 1936, la ciudad se alzaría el 17 de julio a favor de las Fuerzas Nacionales y en contra de la II República; permaneciendo leal a su bando en toda la contienda.

Tras la independencia de Marruecos, en 1956 la ciudad volvería a sus límites originales, cuyas raíces, como las de Ceuta, tal y como se ha analizado en este artículo, son puramente españolas.

Ricardo Aller Hernández

BIBLIOGRAFÍA

*Antonio José Rodríguez en su artículo ‘La ciudad de Ceuta y la monarquía hispánica (1640-1700)

*Pablo Moral, «La hermandad de los asuntos pendientes: España y las reivindicaciones territoriales de Marruecos”, El Orden Mundial, 2014

*Melilla ( Constantino Domínguez Sánchez)

*Ceuta y Melilla, 20 siglos de España.( Antonio Troncoso de Castro)

*Melilla en el corazón (Mª Victoria Santos de Martín Pinillos y Alicia Mª de los Reyes García Fernández)

*Melilla-Apuntes de su historia militar (Severiano Gil Ruiz- Miguel Gómez Bernardi.

*Manuel Lisbona Gil: Casa de melilla en Madrid.

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