Dos herejias en la Edad Media, Cátaros y Valdenses (I)

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INTRODUCCIÓN

La Edad Media no se caracteriza porque haya habido más herejías que en tiempos anteriores, pero sí se distingue porque es el momento en el que la Iglesia determina crear unos tribunales que se encargarán de buscar a los que opinan de forma desigual, es decir a los herejes, pues son varios los movimientos y distintas las herejías que a finales del siglo XII e inicios del XIII coexistieron en Europa, y que no hay que confundir unas con otras.

No expondremos las premisas y creencias de cada una, pero sí mencionaremos, al menos las más importantes.

Distintas herejías en la Edad Media

Desde su nacimiento, la Iglesia católica no se vio libre de personas que pensaban de forma diferente a la que podríamos llamar canónica, según la doctrina eclesiástica.

Los Patarinos, Cátaros o albigenses, de los que nos ocuparemos seguidamente, fueron, junto con los Valdenses, también conocidos como Pobres de Lyon, o Insabattatos, la causa de la instauración de la Inquisición unificada de la Edad Media, como también veremos más adelante.

Los Cátaros, Albigenses o patarinos

Esta herejía dentro de la Iglesia Católica, cuyos adeptos son conocidos como cátaros, o puros en griego, procedía de Bizancio o de Tierra Santa y, al difundirse por toda Europa, durante el siglo XII, se asienta especialmente en el sur de Francia, sobre todo en Carcasota, Agen Tolosa y Albi, por lo que se les conoce también como albigenses.

La doctrina de los Cátaros

Sus creencias se pueden resumir en las siguientes líneas generales:

-El maniqueísmo que defiende la existencia del Bien y del Mal. Siendo el representante de ésta Satán que es el que ha creado el mundo, por lo tanto, toda la creación es obra del Maligno, mientras que el bien se corresponde con el mundo espiritual.

-El neoplatonismo que expone Juan Escoto Erígena del cual bebió el panteísmo que no supo o no pudo evitar éste, ya que en la parte espiritual expone el mundo de las ideas, frente al mundo terrenal o material, creado por Satán, como hemos dicho.

-Del Bogomilismo tomaban el rechazo de algunos sacramentos, como el bautismo a infantes.

-Finalmente hacían una interpretación maximalista de las enseñanzas de S. Pablo respecto a la castidad, al celibato, que podemos considerar como un Paulismo magnificado.

-Negaban, la realidad del cuerpo humano en Jesucristo.

-No admitían la transustanciación ni el poder del bautismo para perdonar.

-Rechazaban totalmente los Sacramentos de la Iglesia Católica, así como la jerarquía eclesiástica.

-También condenaban el Matrimonio.

-Negaban la resurrección de la carne.

-No podían comer carne, huevos ni lacticinios.

-Les estaba vetado el juramento.

-Defendían que la autoridad temporal o civil no podía castigar a los herejes.

-Negaban la existencia del Purgatorio, y finalmente

-No existía salvación fuera de su iglesia.

Niveles jerárquicos

Eran cuatro los grados en los que estaban clasificados los pertenecientes a esta secta:

-Obispos

-Perfectos

-Diáconos y

-Creyentes

Los primeros regían las sedes episcopales de las principales ciudades del Languedoc como: Lombers, Lavaur, Carcassona, Albí, Tolosa, Carbona, etc. Eran asistidos por unos ayudantes conocidos como Hijo mayor e Hijo menor.

Los Perfectos se elegían de entre los diáconos y recibían este nombre por haber llevado su renuncia a lo material y lo mundano a un nivel superior que los acercaba más que a ningún otro a la perfección y la salvación y ellos eran los únicos que podían elegir a otros Perfectos.

El ritual de la ordenación de un nuevo Perfecto era el siguiente:

-Primero se iniciaba el servitium, o confesión general de todos los asistentes a la ceremonia. A continuación, el candidato se colocaba junto a una mesa en la que se encontraba el Evangelio de S. Juan, debiendo de responder a unas preguntas que le realizaba el Decano de los Perfectos. Una vez elegido tenía lugar la confesión de este, o melioramentum y era signado con el Evangelio por el Decano, y ambos recitaban una estrofa del Padre Nuestro. Seguidamente se pasaba al consolamentum que consistía en la promesa del aspirante de renunciar a los alimentos carnales, a la mentira, al juramento, así como a la lujuria. Seguidamente era revestido con una vestimenta negra que en tiempos de persecución fue sustituida por un cordón del mismo color.

-Los diáconos eran equiparables a los sacerdotes católicos, y se encargaban de la administración y de la predicación.

-La misión de los creyentes consistía en venerar y respetar a los elegidos y alimentarlos.

Su culto consistía en una comida ritual, una especie de imitación del ágape de los cristianos primitivos, en la que se bendecía y partía el pan, distribuyéndose a posteriori entre los asistentes.

Aparte del melioramentum mencionado que realizaba el aspirante a Perfecto, cada mes efectuaban todos otra confesión general, llamada con el mismo nombre a la que seguían tres días de ayuno

También el consolamentum, además del mencionado más arriba, era como una especie de sacramento en el que se reunían tres de los sacramentos cristianos: el bautismo, la comunión y la extremaunción. Sin embargo, en el primero no se empleaba agua, solamente se pronunciaban algunas palabras y el evangelio de S. Juan.

La mayoría de los adeptos no recibía el mencionado sacramento hasta que estaban cercanos a la muerte, cosa que les permitía liberarse de todos sus pecados momentos antes de dejar esta vida, ya que les servía como absolución.

En los últimos años, antes de ser condenados por herejes, cuando uno de ellos se encontraba enfermo y estaba a punto de morir, tras recibir el consolamentum, iniciaba un ayuno voluntario y total, denominado endura, que era una forma de suicidio ritual que le llevaba a reunirse con el dios del bien.

También este ayuno o endura, podría valerles para recibir el consolamentum.

Extensión de los Cátaros

Antes de que se instituyese la Inquisición que podríamos llamar moderna, Santo Domingo de Guzmán, de acuerdo con el Papa Inocencio III, dedicó tiempo y esfuerzo a predicar a los cátaros con el propósito de que se integrasen en la Iglesia.

Inicia este trabajo estableciéndose primeramente en el Languedoc donde en el año 1206 funda la primera casa femenina en el Prouillé.

Para continuar con la predicación entre los cátaros y los pueblos apartados de la fe, funda en Tolosa, en 1215, la primera casa masculina de su Orden de Predicadores quienes emprendieron una cruzada misionera por los lugres en los que se encontraban los componentes de esta herejía, con el firme propósito de, mediante la palabra y buenas acciones, atraerlos a la Iglesia católica. Pronto los discípulos del Santo fueron motejados por el pueblo como domini canes, es decir, los perros del Señor, por el empeño que ponían en la conversión de los herejes

Éstos procedentes de Italia, concretamente en la Lombardía se dividen en tres ramas: los Concorezzos, Cátaros y Bagnolenses y se expanden por Tolosa, Carcasona, Cahors y Albi, y así se les conoce también como albigenses, por el nombre de esta última ciudad.

Precisamente es en esta localidad en la que en el año 1119 se celebra un Concilio en tiempos de Calixto II para condenar a los que rechazaban la Eucaristía, el bautismo de los niños, la jerarquía eclesiástica y el matrimonio.

Posteriormente se reproduce este anatema en el Concilio de Letrán de 1139, siendo Papa Inocencio II. En uno y otro, dichos Papas recurrieron a los príncipes cristianos para que lucharan contra las nuevas sectas.

A mediados del siglo XII ya se encontraban los cátaros en Gostar, ciudad de Suavia en la que fueron castigados por Enrique IV.

También llegaron a Colonia, así como se extendieron por el Delfinado, llegando hasta Bulgaria y Esclavonia.

Hacia 1160, ya se encontraban en Inglaterra donde se les conoció como publicanos y según hemos mencionado más arriba recibieron punición por parte de Enrique II.

El área francesa de mayor implantación se extendía entre Carcasota, Albi, Tolosa, así como en otras localidades como Laurac, Mirepoix y Montségur.

En Lombardía se dividieron en tres sectas: Concorezzos, Cátaros y Bagnolenses

De ellos más es lo que se desconoce que lo que sabemos, pues no dejaban de ser una secta misteriosa que ocultaba mucho sus dogmas, por ello, las indagaciones que sobre ellos poseemos hoy, así como los interrogatorios practicados a sus seguidores, la mayoría gente humilde e ignorante, varían totalmente y no penetran en la esencia de la herejía.

El trágico final de los Cátaros

El catarismo bien lo podemos considerar como una expresión de descontento social y religioso que, aunque sus raíces primigenias se hundan en el maniqueísmo, como ya hemos mencionado, también tenía el propósito de regenerar la Iglesia, pero no debemos perder de vista ni minusvalorar los intereses enfrentados especialmente en esta región del sur de Francia en la que se hicieron fuertes los cismáticos, como tampoco el contexto político y las luchas de poder provocadas por la posesión de estas tierras.

Aunque sea brevemente consideramos que hemos de dar un repaso a los poderes públicos que intervenían con el propósito de dominar esta región.

La Corona de Aragón

El condado de Barcelona se integraba dentro de la Marca Hispánica creada por Carlomagno para detener el avance de los musulmanes. Esto provocará que los sucesivos condes de la mencionada ciudad vayan anexionando terrenos del norte de los Pirineos y así tenemos que en 1070 Ramón Berenguer II recibe los derechos hereditarios de su madre, Almodís de la Marche, del condado de Carcaconne. Al morir sin descendencia el conde Bernat III, por un pacto que había entre éste y Ramón Berenguer III, el condado de Besalú pasará a ser dominio del anteriormente mencionado. Cuando éste se casa con Dulce de Provenza forman parte del condado barcelonés los lugares de Millau, Gavaldan y Carlat.

Cuando Petronila de Aragón formaliza matrimonio en el mes de agosto de 1150 con Ramón Berenguer IV de Barcelona, todos los territorios de allende y aquende de los Pirineos se integrarán en la Corona de Aragón, lo que motivará, como veremos más adelante, la intervención de Pedro II de Aragón a favor de los cátaros que, por habitar tierras de su pertenencia, eran sus vasallos.

El reino de Francia

En esta época los reyes franceses apenas si controlaban mucho más de la región conocida como la Isla de Francia.

Tras la unión de Normandía con Anjou y Aquitania y la subida de los Plantagenet al trono de Inglaterra, allá por 1150, los normandos controlaban la mitad de Francia más la totalidad de Inglaterra, aunque de hecho eran vasallos del rey francés por lo que nos encontramos con dos intereses enfrentados y enconados. Por un lado, el rey de Inglaterra desea sacudirse el yugo de vasallaje respecto al rey francés y éste, a su vez, quiere imponer su soberanía sobre las pertenencias normandas, por lo que el motivo para la guerra está más que justificado.

En esta situación cobra importancia la figura de Felipe II Augusto de Francia que quiere consolidar su soberanía sobre los grandes principados surgidos tras la desaparición del imperio carolingio, pero que, para ello precisa apoderarse de los territorios normandos que suponían un formidable escollo para sus pretensiones.

Al mismo tiempo el rey inglés, al ser duque de Guyena, tenía intereses en Aquitania, por lo que el Sur debería de ser tenido en cuenta por Felipe II Augusto.

Tampoco podemos olvidar que la cruzada contra los Albigenses se inició en Normandía y que un normando, Simón de Monfort, conde de Leiscester, aunque en teoría, fue uno de los personajes más destacados de ella.

El Sur de Francia

Esta porción meridional francesa estaba dividida por entonces en distintas entidades políticas con vinculaciones de vasallaje fluctuantes. En 1135 Guillermo IV de Montpellier juraba vasallaje a Alfonso VII de Castilla, y Beziérs, Carbona y Carcasona eran feudos de Pedro II de Aragón.

En este territorio se pueden definir claramente tres grandes bloques:

-Los Sant Géli, en occitano, o Gilles en francés donde nació Raimundo VI conde de Tolosa

-Los Trencável, señores de Carcasona, Beziers y Albi que desde 1179 rendían solemne homenaje a la Corona de Aragón, al mismo tiempo que eran vasallos del condado de Tolosa, cuyo conde era también feudatario de la Corona de Aragón.

-Otros poderes locales:

-El condado de Foix, cuyo primer conde Ramón Roger, así como un gran número de familias con vínculos de sangre, dominaron la parte oeste de la región del Languedoc. Su esposa Felipa estuvo tan unida a los cátaros, que dirigió una de sus casas en Dun, del departamento de Ariège, de cantón de Mirepoix.

-El Vizcondado de Bèarn, cuyo vizconde Gastón VI lo era también de Gabardan, de Brulhois y de Marsan, así como conde de Bigorra.

-El Vizcondado de Narbona, que simbólicamente estaba sujeto al condado de Tolosa, pero en la práctica su titular campaba por su cuenta.

Eran lugares en los que había arraigado fuertemente la herejía cátara.

La protección que los Trencável otorgaban a los herejes preocupaban a los Pontífices que temían que el Sacro Imperio Romano Germánico subyugase al Papado.

En estas circunstancias el Languedoc bullía no sólo desde el punto de vista religioso, sino también político, dados los intereses de poder que entraban en juego, por ello, como más arriba hemos mencionado los dominicos continuaron las prédicas del monje cisterciense Bernardo de Claraval, llevando a cabo reuniones entre cátaros y católicos en las que cada uno exponía sus puntos de vista sobre la religión.

Estos intentos de reconciliación carecieron de éxito cosa que impacientó al Papa Inocencio III y apresuró al rey francés Felipe II Augusto a aprestarse para la batalla frente a Raimundo VI, contra el que el Papa Inocencio III había predicado una cruzada en 1208.

Esta campaña no sólo iba contra los herejes, sino con intención de domeñar totalmente los señoríos rebeldes del Sur de Francia.

En ella se distinguió notablemente Simón de Monfort que conquistó Béziers y Carcasota, convirtiéndose en señor de estas, aunque sometido a vasallaje del conde de Barcelona.

También toma Moisssac y señoríos de nobles que nunca habían apoyado a los herejes. Tolosa resistió tenazmente y el conde de Foix y el vizconde de Bêarn se unieron a Raimundo VI contra los cruzados.

Los señores que injustamente habían sido desposeídos de sus tierras recurrieron a Pedro II que había cobrado gran prestigio por su brillante actuación en la batalla de las Navas de Tolosa de 1212 contra los almohades.

En 1213 los aragoneses capitaneados por Pedro II se enfrentan a los cruzados en Muret donde pierde la batalla y la vida.

A pesar de que Raimundo VI de Tolosa se había retractado de sus creencias cátaras, había hecho penitencia y unido a los cruzados, sin embargo el rey francés no podía pactar con él para no crear perplejidad entre los cruzados, por lo que fue atacado sin piedad y se hacía necesario eliminarlo y destruir el señorío de Sant Pilles, pero no hacer desaparecer a sus titulares legítimos, por lo que se hacía necesario apartar de la escena a Raimundo VI y que fuese sucedido por su hijo Raimundo VII. Éstos en 1216 salen victoriosos en la batalla de Beaucaire, claro indicio de que Raimundo de Monfort va perdiendo terreno, pero reacciona atacando a Tolosa bajo cuyos muros perdería la vida.

Con la desaparición del de Monfort los señores del Sur de Francia consideran que el peligro de ser conquistados y desposeídos de sus territorios esté cada vez más lejos.

Por un acuerdo entre el rey francés y Raimundo VII, éste se compromete a perseguir a los cátaros hasta su total eliminación, cosa que ocurre tras la derrota de éstos en el castillo de Montsegur que, tras un asedio de nueve meses, a partir de mayo de 1243, cae en bajo el poder de los realistas.

La represalia contra los herejes fue sádica, pues el 16 de marzo de 1244, doscientos de éstos fueron quemados a la vez en una enorme pira, hasta que no quedó alguno con vida.

A la toma de ésta sigue la conquista del de Quéribus en la población de Cucugnan, pueblo de Cobieres, del condado de Besalú, y posteriormente del de Barcelona, cuyos habitantes eran vasallos de la Corona de Aragón. La pérdida de ambos señala la desaparición de los cátaros.

El final del Catarismo

Tras lo anteriormente expuesto, llegamos a la conclusión de que no es una sola la motivación de la destrucción de este movimiento hereje.

Son varias y diversas las que causan su exterminio. Unas externas, otras internas.

Entre las primeras encontramos las esbozadas más arriba, y que son:

-Los intereses del Rey francés por apoderarse de las tierras del Languedoc.

-Los motivos de la Corona de Aragón por conservar sus dominios en el antedicho lugar, así como proteger a sus súbditos, aunque fuesen cátaros, y Pedro II hubiese sido distinguido por el Papa con al sobrenombre de El Católico.

-El deseo del Papado para que éste no cayese bajo la influencia y total dominación del Imperio Romano Germánico

-Las Apetencias de Ramón de Monfort que, al haber perdido sus posesiones de Normandía, necesitaba nuevas tierras.

Y como broche final de estas causas materiales la aspiración de los mismos cátaros de no ser desposeídos de los lugares en los que se asentaban.

Con estas ambiciones en contienda la guerra fue encarnizada, cruel y despiadada, tanto que, en la toma de Bézier al preguntarle sus soldados a Arnaud Amaury que cómo distinguirían los católicos de los cátaros, para eliminar sólo a éstos, dicen que respondió: “Matadlos a todos, Dios acogerá a los suyos”. Sea cierta o no esta cruel respuesta, nos da una idea del espíritu que reinaba entre el rey de Francia y lo que los agentes pontificios deseaban: someter a su dominio el Sur de Francia al precio que fuere necesario.

Finalmente, Raimundo VII continuó persiguiendo a los pocos que habían escapado de estas carnicerías, y la Iglesia incrementó la labor de persecución y exterminio mediante la Inquisición y los métodos que fuesen necesarios.

Las internas se encontraban dentro de los componentes de esta herejía y eran entre otras sus disensiones doctrinales, las dudas y desconfianzas entre ellos mismos

Una de la causa de las muchas defecciones y problemas que se presentaron fue la doctrina relativa al estado del Perfecto, pues si éste pecaba todos los que habían recibido el consolamento de sus manos quedaban desposeídos de él de forma que se condenaban irremediablemente. Éstas y otras causas, unidas a la agitación de 1242 planificada en Montségur donde se habían refugiado muchos Obispos y gran número de Perfectos, al ser tomado este bastión entre el verano de 1243 y marzo de 1244, y perecer la mayoría de ellos no había posibilidad de reclutar nuevos adeptos ya que faltaban los que podían imponer las manos y ordenar a nuevos Perfectos.

Manuel Villegas

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