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LA DINASTÍA VIKINGA, ASESINATO TRAS ASESINATO

  • Jaime Mascaró Munar
  • 27/01/2022
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Cuando oímos “Vikingos”, lo relacionamos con el nombre dado a los guerreros germánicos que realizaban incursiones de saqueos, provenientes de los pueblos nórdicos (Escandinavia) y famosos por ser grandes navegantes, por llevar a cabo pillajes y numerosos ataques en Europa, y que se asentaron en la Península Ibérica a finales del siglo V. Desde que atravesaron el Danubio, empujados por los hunos de Atila en 376, hasta que empezaron a instalarse en las provincias romanas de Hispania, avanzaron durante 40 años pasando sucesivamente por Grecia, Italia y Francia donde se establecieron bajo de  su rey Ataúlfo, que raptó a Gala Placidia, hija del emperador y hermana de Honorio, para llevarla como esposa a Barcelona. A Honorio no le hicieron ninguna gracia estos esponsales dado que un bárbaro no podía casarse con una patricia romana ligada a la púrpura imperial. Por ello y para vengar la afrenta los romanos, bajo el mando de Constancio, se enfrentaron a los vikingos que al ser derrotados, iniciaron la emigración visigoda hacia Hispania.

Alarico, fue el creador de la monarquía visigoda, aunque no fue proclamado rey, debido a ello no puede ser considerado el primer rey visigodo en Hispania (porque apenas estuvo en la Península y murió en 412 cuando se disponía a conquistar Sicilia), sino que el primer rey visigodo que llegó a la Península Ibérica fue su cuñado Ataúlfo que intentó controlar todo el territorio desde la ciudad de Barcelona, pero fracasó en su intento, siendo casi dos siglos después cuando Leovigildo consiguió la unidad de Hispania al derrotar a suevos, vascones y bizantinos. La derrota de Ataulfo ante Constancio le había desprestigiado a los ojos de su pueblo y, por supuesto, de aquellos que querían arrebatarle el poder. Y así fue como, fruto de una conjura, cayó asesinado en su palacio en el año 415 por su sucesor, Sigerico, que hizo matar a los seis hijos de Ataúlfo y que no pudo evitar su propia muerte a los pocos días a manos de sus vasallos. Después el nuevo rey, Valia, se comprometió con Honorio en el 416 a expulsar de Hispania a suevos, alanos y vándalos.

Le sucedió Teodorico, como hijo de Alarico, que llegó a reinar 33 años y que participó en la liga que venció a Atila en los Campos Cataláunicos, donde murió. Heredó su corona su hijo mayor Turismundo, que fue asesinado por su hermano Teodorico II quien tras 13 años de reinado fue asesinado por un tercer hermano, Eurico quien murió en Arlés en 484 siendo su hijo Alarico II que se ocupó de seguir la tarea de legislativa de su padre, siendo a su vez muerto en el 507. Reinaron entonces sucesivamente Gesálico, hijo de Eurico, luego Amalarico, hermano suyo, y finalmente Teudis por elección de los nobles.

Le sucedió Teudiselo que murió en Sevilla cuando celebraba un banquete, a manos de un grupo de rencorosos favoritos. Le siguió Agila a quien el fiero Atanagildo asesinó, ciñó la corona y trasladó la capital a Toledo (la primera de España). A su muerte subió al trono Liuva, que se casó con su viuda y volvió a trasladar la capital, a Narbona. Los visigodos españoles se rebelaron y Liuva envió a su hermano Leovigildo para someterlos, pero éste hizo causa común con sus compatriotas y reclamó el trono hispano. A Leovigildo Le sucedió su hijo Recaredo, que podría llamarse el Constantino de los visigodos. pues dejó el arrianismo, aceptó el dogma católico de la Trinidad y estableció la igualdad legal para todos los hispanos. A éste Liuva II quien a los dos años fue eliminado por un golpe de estado encabezado por Viterico quien fracasó en su gobierno de 13 años y en un suntuoso banquete fue asaltado, su cuerpo arrastrado por Toledo y arrijado a una inmunda cloaca.

Entonces los nobles eligieron a Gundemaro, un monarca de transición que murió en su lecho. Le sucedió Sisebuto que mantuvo una estrecha amistad con San Isidoro y combatió a los bizantinos. También este rey consiguió que no le asesinaran y que le sucediera su hijo Recaredo II, quien murió, al parecer, por causas naturales. En 621 eligieron a Suintila, un general victorioso que perdió el juicio al ver morir a su heredero en una batalla, su esposa Teodora quien tomó las riendas del poder y fue depuesta por Sisenando, quien reinó cinco años. Con Chintila volvió la paz, pero tras su muerte prematura, la corona recayó en su hijo Tulga que fue depuesto por una conjura que lo envió a un monasterio.

Para ser rey, el aspirante debía ser varón, de etnia goda y estirpe noble, por lo que eligieron a Chindasvinto quien como empezó a reinar con 80 años, asoció al trono a su hijo Recesvinto. En el 672 eligieron a Wamba quien tras ocho años de gobierno fue depuesto por el conde Ervigio, durante cuyo reinado se dieron las malas cosechas, la hambruna,  y la peste que asoló el reinado de Égica, yerno del anterior, debilitaron a una población diezmada y desmoralizada. En 702 subió al trono su hijo Witiza, personaje turbulento y misterioso que murió antes de los 30 años sin poder dejar la corona a ninguno de sus hijos que eran aún niños. El senado eligió a Rodrigo quien en la batalla de Guadalete perdió más que su propia vida. Con él pereció la monarquía visigoda. La dinastía, a pesar de los continuos sobresaltos, había durado 300 años.

La dinastía hereditaria no había logrado afianzarse, siendo la oligarquía nobiliaria la que elegía soberano y, la mayor parte de las veces, lo imponía con la espada o el veneno. Para cambiar de monarca, los nobles visigodos recurrían frecuentemente al asesinato. La célebre lista de los reyes godos está teñida de sangre ya que sólo 15 de los 33 monarcas murieron pacíficamente. Sólo la mitad de los reyes godos murió en la cama.

Jaime Mascaró


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