
AMBROSIO SPÍNOLA
Madrid, 1634 Diego Rodríguez de Silva y Velázquez observa el lienzo en blanco con su cuaderno de apuntes en la mano. La historia del sitio de Breda le ha sido contada por los mismos soldados que estuvieron allí, pero él desea pintar un cuadro más allá de las gestas. Busca un instante, un momento suspendido en el tiempo. Sobre la mesa de trabajo se acumulan bocetos y estudios de rostros. Incluso ha observado a Ambrosio Spínola en persona: su porte, su mirada, su gesto contenido. Quizá, piensa por un momento, sea precisamente eso, el gesto, lo que merezca ser recordado.


