El cura Merino

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En realidad, dos han sido los “cura Merino” que han pasado a la historia de nuestro país, aunque por diferentes motivos. Martín Merino y Gómez, presbítero nacido en Arnedo en 1789, fue un activista liberal que intentó el regicidio de la reina Isabel II en el año 1852, siendo juzgado, condenado y ejecutado en el mismo año, siendo conocido como el cura Merino o el apóstata Merino.

En cambio, Jerónimo Merino Cob, nacido el mismo año 1789, también sacerdote, se distinguió por haberse convertido en un líder guerrillero durante la guerra de la Independencia y por su concepción absolutista de la monarquía, todo lo contrario que su compañero de sacerdocio. En 1808, ejerciendo como párroco en su pueblo natal, Villoviado, ante el maltrato sufrido por sus feligreses y demás gente del pueblo, tomó la decisión de convertirse en guerrillero, iniciando con ello su renombre como “el cura Merino”.

Fue el 6 de enero de 1809, noche de reyes, cuanto tuvo lugar la primera acción guerrera del presbítero, al atacar un correo francés y toda su escolta en la localidad de Fontioso. El 9 de junio del mismo año, habiendo recibido aviso de la próxima llegada de una patrulla francesa a Lerma, acude a dicha población burgalesa, asalta el Palacio Ducal y rinde a su guarnición. Dicha victoria atrae a sus filas a jóvenes estudiantes de la comarca que se unen a su cuadrilla. Con las fuerzas incrementadas el cura Merino ataca las comunicaciones francesas entre Burgos y Valladolid, hasta el punto de sorprender, cerca de Dueñas, a una división francesa de cuyos 1500 hombres solamente lograron escaparse unos 200.

El 10 de julio de 1810, el general Duvernet ordena se incendie la villa de Almazán, como represalia por la audaz resistencia que dentro de sus muros había dirigido el cura, con sus 1600 hombres. Al año siguiente, funda el Regimiento de Húsares de Burgos, con la participación de diversas futuras personalidades, como Ramón de Santillán, en su momento ministro de Hacienda y primer gobernador del Banco de España. Asimismo, crea el Regimiento de infantería de Arlanza. Los húsares vestían pelliza azul bordada en blanco, y según Fredérick Hardman con “sus armas bruñidas y sus hermosos caballos, podían emparejarse, sin menoscabo, con la mejor fuerza regular de la Caballería francesa». Logró una audaz victoria en Roa, una de los pocas que efectuó Merino sobre poblaciones ocupadas por los franceses. También consiguió victorias en Quintanar de la Sierra y Hontoria del Pinar. En dichas victorias fue relevante su asentamiento en el Monte Carmona de Vilviestre del Pinar y en la cueva de Covarnantes, Regumiel de la Sierra, pero en este último los franceses llevaron a cabo la quema del pueblo debido a que el cura se escondía en aquella cueva y la gente de la localidad no desveló su localización, en represalia los franceses incendiaron la iglesia de san Adrián Mártir y la casa del cura, más tarde el fuego se vio propagado.

El 15 de abril de 1812 recibe aviso de cómo el batallón 1.º del Vístula, formado por soldados polacos al servicio de Francia, salía de Aranda (para efectuar requisa de carnes en el partido de Peñaranda de Duero y caseríos de las inmediaciones), ante lo cual el cura Merino vió la posibilidad de escarmentar a los franceses que, el 2 de abril, habían ahorcado a los junteros en Soria, dejándolos colgados para escarmiento de la población. Determinó salir a su encuentro, atacando en el camino de Hontoria de Valdearados, cerca de Peñaranda de Duero, comunicando de este modo su acción:

«… Tenemos la satisfacción de anunciar a V.E. que el 16 del pasado mes de abril de 1812 han tenido estas tropas la acción más brillante de cuantas han ocurrido desde los principios de su formación: todo el batallón 1.º del Vístula, compuesto de 669 polacos fueron fruto de ella. Habían salido de la villa de Aranda a continuar sus robos y saqueos. El Coronel Merino cae sobre ellos en Hontoria de Valdearados, en tan buena disposición, que ni uno siquiera se les fue. Sesenta y nueve murieron en el ataque, sin que por nuestra parte hubiese más desgracias que cinco heridos, el uno de gravedad, los demás polacos, con sus jefes y oficiales, quedaron prisioneros. Inmediatamente de concluida la acción mandaron los Comandantes degollar a 110 de ellos. El resto de los prisioneros ha sido conducido hacia las Asturias…»

Culminó esta etapa de su vida en 1814 alcanzando el cargo de gobernador militar, con grado de general, de la plaza de Burgos y una vez acabada la guerra renunció a sus honores militares y volvió a sus labores de cura de pueblo. Sus ideas absolutistas le valieron ser recompensado por Fernando VII a su regreso con una canonjía en Valencia.

Aunque no acabaron con tal designación las aventuras del cura Merino. Para él la monarquía debía ser absolutista, sin traba alguna por parte de liberales. Fue durante el llamado Trienio Liberal cuando retoma la guerrilla apoyando a los Cien Hijos de san Luis, cuyo objetivo era acabar con el gobierno liberal, es decir, el Trienio Liberal, para adentrarnos en la Década Ominosa del absolutista Fernando VII.

Fallecido dicho monarca, el cura guerrillero se une al bando absolutista del pretendiente Carlos María Isidro de Borbón, hermano del fallecido monarca. Dirigiendo el alzamiento carlista en Castilla la Vieja, participa en los sitios de Morella y de Bilbao. Por la zona de Aranda de Duero y la Ribera su actividad guerrillera consistía en atacar los correos liberales, alcanzando fama de cruel y sanguinario que los periódicos se encargaron de propagar. Aquella aventura le llevó hasta las puertas de Burgos, el 13 de noviembre de 1833, para exponer a las tropas que se le oponían los verdaderos motivos de su lucha;

Soldados. La causa más santa y la más justa ha reunido este brillante y numeroso ejército que veis a las puertas de la ciudad: la santa religión de nuestros padres y el trono de España; tales son los queridos objetos que queremos poner al abrigo de la persecución de los monstruos infames de la iniquidad…”.

La causa carlista fue derrotada, sin que el cura Merino aceptase en modo alguno el abrazo de Vergara, en 1839, finalizando con ello la primera guerra carlista. El cura Merino se retiró al pueblo francés de Alenzón, donde residían algunos familiares suyos. En dicho pueblo ejerció su ministerio siendo capellán de un convento de monjas.

Falleció en dicha localidad a los setenta y cinco años, el 12 de noviembre de 1844. Y desde su cementerio sus restos se trasladaron a Lerma, en donde el 2 de mayo de 1968 fueron inhumados frente al convento de santa Clara, a unos metros del mirador del Arlanza y el Valle de Solarana. Allí son contemplados por los miles de visitantes de la hermosa villa del valido de Felipe III, el Duque de Lerma, sin que muchos de ellos alcancen a comprender ante qué símbolo de excelso patriotismo se hallan.

Francisco Gilet.

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